De cera y papel
Huele a fotos y a cer(v)eza. A chubasquero sin usar y a pelo mojado. Y no sé cómo he llegado hasta aquí porque resulta que mi casa nunca tuvo ático, y no encuentro el momento de bajar porque te encargaste de quitarme la escalera. Acampo en el recuerdo (¿acaso me queda otra?) y veo migrar palomas que cantan de bar en bar, ojos que pasan y me miran como si fuese una indigente. Por un momento me planteo si no sacar la guitarra y mendigar limones. Dicen que chuparlos previene el mareo. Me desabrocho la verdad amplia mientras se desata otra tormenta. Corre y vuela por encima de las azoteas, como si ya no entendiera mi lenguaje de signos. Algo así como yo y tus susurros al oído. Deriva. Derivo. Derribas. Y escalo cual gato sarnoso por los tejados de la noche, hasta encontrar el punto encendido desde el que se veían nuestras muecas marcadas en el asfalto. El reloj/termómetro/cartelpublicitario que nos hacía ponernos de puntillas en cada avenida en ámbar. Abrir los ojos y zambullirme de cabeza en tu pelo. Los momentos resecos que ahora me parecen recuerdos de niñez, imprecisos y casi difuminados, fantasmagóricos, como vividos en tercera persona. Y lo sabes bien, porque tú lo sabes todo, que intento ir borrando poco a poco los tachones dolorosos, pero las gomas de boli nunca fueron eficaces; los pequeños gestos y las punzadas insignificantes están grabadas a fuego. Y vuelta a lo mismo, lloro y se me escapan las mariquitas amaestradas cuando pienso que ya no queda nada del cine más pequeño del mundo, ¿recuerdas?, cuando te giraste de repente e insistías en que llorabas de frío, y yo me sentí tan diminuta y necesaria que se me puso cara de tirita, y te abrace como lo haría un parche de las bicis o una rodillera, por si te apetecía experimentar la fuerza gravitatoria desde la fila 8, porque no te fueras sin llevarme contigo. Ahora la fila ocho se nos ha quedado grande, enderezamos en paso con la seguridad del veterano y procuramos sentarnos cerca de la salida de emergencia, donde se regeneran erres y huele a jardín podrido. Dos pasos y ya estás fuera. Dos pasos y ya estás fuera... ¿dónde está la señal verde?. Dos pasos y ya estás fuera... ¿dos pasos dices? Mídemelo en pies de hormiga, que me he dejado los zapatos de payasa debajo de la cama.
Comentario:
No,las gomas de borrar boli nunca fueron las mejores.A veces es bueno hacer los borradores a lápiz.Así al menos nunca quedan tantas marcas.
Un beso!
Jen
Un beso!
Jen
Comentario:
Me encanta este post...
Lo de "cara de tirita" me resulta bastante familiar XDDDDD
Lo de "cara de tirita" me resulta bastante familiar XDDDDD
Comentario:
Consigues que, a pesar de la cierta tristeza que me llega a través de tus relatos... esboce siempre una sonrisa.
Gracias.
Mil besosss
Gracias.
Mil besosss
Comentario:
Deja las escaleras. Yo subo a buscarte, que creo q de tu mano puedo volar (no lo creo, lo sé).
Mi payasa favorita, sin duda. :)





