Sin remite
Debe de ser aquí arriba. Entre estos once tejados a los que volvíamos cuando hacía demasiado frío, la buhardilla de violinista solitario, como tú decías. Algo así como la cumbre de una torre de naipes en la cuerda floja, un buen lugar donde apartarnos las nubes de las rodillas y hacernos cosquillas de mar en los dedos de los pies. Desde la azotea, la ciudad latía y el pulso de aquel que corre sin motivo durante cuatro horas nos pegaba en la cara cuando bostezábamos para coger algo de aire. Sí, era esta ventana. Los coches, los comercios, faros y farolas que parpadeaban cuando veían temblar tu labio, a lo lejos, y todo parecía más pequeño al mirarte en primer plano, y las paredes se contraían para impedir que nos separáramos. Todo se parece demasiado a Tokio, tiene que ser aquí. Intento localizar tu brillo entre las pinzas del tendedero y encuentro, secas y descoloridas, las líneas que colgamos en los balcones cuando, como en un rito, me pedías que cerrara los ojos y acabase tu cuento y yo sólo era capaz de contener la respiración y rebuscar alguna frase perdida en el tintero. Se me caían los ojos; se te volcaban las palabras encerradas en la lengua. Fue justo aquí, a los pies de la cama. Salgo al tejado. Huele a luciérnagas en celo, huele a luciérnagas en celo, vuelves a reírte en mi cabeza. Nuestros nombres en una teja. 7 minutos, 7 horas con los ojos cerrados sin estar muy segura, y de repente un remolino de migajas, retales, fotos, tu cara, tu olor, tu cara, colores, tu cara, pieles, tu cara. Se cierra la noche en mis narices, engulle la luz a cámara lenta y me deja sin contrastes ni colores aparentes. Telones de las últimas funciones. Trenes y vagones vacíos. 6 horas dormida y marcas de tu lado de la cama en la cara. Un globo verde. Un globo verde que me roza la cara después de haber serpenteado 37 pisos más uno hasta encontrarme. Un globo verde mensajero. “¿Cuándo volverás a despegar aviones de letras conmigo?”. Suspiro de menta. Se imprimen páginas recién hechas en mi cabeza. Vuelve a mí todo lo que tenía que saber. Aeropuerto de papel. Se reenumeran las habitaciones de nuestro hotel. Me visto deprisa y tiro por la ventana los juguetes estropeados en la memoria. Sé quién soy. Sé quién eres. Al menos por ahora. Estás más cerca de lo que pensaba, 5 kilómetros hasta nuestro avión de papel del aeropuerto de plastilina. 5 kilómetros. 5 kilómetros y todo flotará de nuevo en el punto fijo y seguro de la ilusión. Tu nariz y la mía tiritando en más de cuatro puntos cardinales. Dos cruces y dos puntos difusos en el mapa. Fenómeno Phi en mi cabeza. 5 kilómetros para que entre “tú” y “yo” sobren los pronombres. 5 kilómetros. 5 kilómetros, al fin, para dejar de perder el tiempo.
Comentario:
que maravilla,que perfeccion,que manera de describir e inventar,que manera de enlazar palabras.pienso que deberias dedicarte a esto,no hay mucha gente que haga lo que tu.encantadisimo de leerte una vez mas.besossss
Comentario:
escribes trozos de películas
tal cual
:*
tal cual
:*
Comentario:
¿Cuándo despegarás aviones de letras conmigo?
(lostreguinho tachando días...)





