Del ser y no estar estando y no siendo.
Vivo acompañada de cosas perdidas; de aquello que se tiene, que se supone que te pertenece pero que al final deja de ser tuyo porque tú no paras de buscarlo y aquello no para de perderse. Algo así como la compañía materializada de lo que no hemos hecho; otro acontecimiento perdido por dejadez extrema. Y al final el sentimiento de haber perdido algo que igual no has tenido nunca te persigue, y sabes que te falta, incluso sabes lo que es aunque no puedas darlo forma en tu cabeza ni definir su color. Notas el bolso vacío, el hueco en la garganta y el olor a casa abandonada. Y lo buscas, arriba, abajo, dentro de aquí y de allá, debajo del libro de encima de la estantería que hay al lado del armario de detrás de la puerta, revuelves, remueves el polvo de cien trastos viejos y te asomas a los "detrases" de todos los cachivaches grandes para ver si se coló ahí por descuido, hasta que al final acabas dándolo por desaparecido, por muerto, y lo barres despacito de la cabeza, sacándolo por las orejas. Pero un día abres un cajón y lo encuentras ahí, quieto, mirándote, como si llevara una vida esperándote paciente, y juras, confusa, que miraste en ese cajón y no lo encontraste, que volviste a mirar para asegurarte y, efectivamente, no estaba; y te preguntas desde dónde pudo haber saltado para llegar ese punto, qué estúpido descuido aprovechó para colarse y sorprenderte. Lo coges y lo miras con cariño mientras lo acunas en la mano, le pasas los dedos con cuidado, con mimo incluso, cerciorándote de que es él, mientras sigues pensando en el cómo y el cuándo con una sonrisa en los labios. Así de estúpida y simple es la felicidad humana. Por fin. Vuelves a sentirlo tuyo. Quizás nunca dejó de serlo, aunque no estuviese, o quizás nunca te ha pertenecido, sino que tú le has pertenecido a él. Pero hace falta un descuido, un zis y luego un zas, una prisa, un teléfono que suena y están a punto de colgar para levantarte corriendo y desprenderte, casi sin querer, de la sombra que por fin recuperaste, para dejarlo vayaustedasaberdónde y que, al volver, se haya vuelto a perder y haya dejado de ser tuyo.
Comentario:
Hay tantísimas cosas que aparecen cuando no las buscamos que pueden llegar a saturarnos.El gran problema de este tipo de cosas es que desaparecen con la misma facilidad con que llegaron.Quizás es entonces cuando sentimos de verdad su pérdida,cuando se nos escapan de entre los dedos una vez más.
Un beso grande!
Jen
Un beso grande!
Jen
Comentario:
Ya se sabe, cuando dejas de buscar las cosas... es cuando ellas vienen a ti.
Un besazooo
Un besazooo
Comentario:
Me encantas.
¿Te lo había dicho alguna vez?
Yo, por si acaso, te lo recuerdo, para que no se te olvide.
(¿preparada para la cuenta atrás?)
Comentario:
Pero que bien lo haces. Que bien comentadas esas ansias inventadas de felicidad, esos "que hubierapasadosi", ese lamentar de algo que ni siquiera ocurrió, y yo que se tantas cosas mas.
Mis felicidades.
Mis felicidades.





