Laura llegó puntualmente el jueves a las 18.48. Naturalmente el mérito no fue de ella, sino del AVE. En realidad sólo es puntual cuando vuelve de viaje en tren.

Como ha tenido que estar fuera más tiempo del previsto en un principio, le han dado fiesta hasta el lunes. Pero ha decidido quedarse en mi casa, para descansar, me dijo.
¿Y qué va a hacer Laura un viernes por la mañana, ya descansada y sola en casa? ¿Limpiar los azulejos de la cocina? ¿Terminar de una vez Cabo Trafalgar? ¿Leerse enterita Ana Karenina? ¿Decidirse a volver a pintar? ¿Prepararme una paella de las que ella sabe hacer, aunque estemos entre semana?
No. Laura no puede ver sobre una mesa un puzzle sin terminar. Y lo ha hecho. Yo, hasta cierto punto, podría haber estado de acuerdo con Hada Cautiva cuando en su post me decía que sería hermoso que lo termináramos juntos (Laura y yo, claro). Vale: juntos, pero no ella sola. No me gusta que toque mis cosas. Mis cosas materiales, quiero decir, ...las externas al cuerpo.
- Es que me aburría -me ha dicho cuando ha visto mi cara de disgusto.
Y ha añadido, con esa carita suya:
- ...Sin ti.
Falsa. ¡Pero si vive en el campo (a 30 km.) porque dice que en la ciudad no puede descansar! Vale que no limpiara los azulejos de la cocina. Labor tan desagradable hay que hacerla entre dos y una botellita de cava. Puede entenderse que se le haya atascado la novela de Pérez-Reverte o que no se encuentre con ánimos de empezar Ana Karenina. Me cuesta más entender por qué ya no quiere pintar. Bueno.
¡Pero esa paella!
Pero respecto a la paella ¿y si le pides que haga una? o al menos insinuarle ;)
Un beso.
Me ha gustado mucho tu blog, volveré a verte.
Siento no haberte visitado antes. Tampoco he leído los últimos dos posts que publicaste. Te leo de nuevo. Gracias por visitarme. Besos







