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Y en ésas estamos...
Me dicen que el perro es el mejor amigo del hombre... ¡Y me lo dicen mis amigos! ¿Deberé reconsiderar también la calidad de mis amistades? ¡Claro que no! No pretendo divertir a nadie con estas historias. Me conformo con pasar un rato agradable escribiéndolas.
Sindicación
 
La mujer del café

Acudir todos los días al mismo café y a la misma hora supone encontrarte también con las mismas personas, aunque no siempre repare uno en ellas.

Desde hace un tiempo vengo observando a una señora de mediana edad, siempre sola, que se sienta en un rincón junto al ventanal. Toma un café cortado y una copa de ginebra, y entre sus manos tiene un libro que lee lentamente, pasa una página, mira a la calle, mira a la gente de la cafetería, sin mucho interés, y vuelve a la lectura. Cuando yo llego ella ya está, y cuando me marcho continúa en su sitio, dando leves sorbitos a su copa.

Lo que he observado últimamente es que el libro es siempre el mismo. Tenía curiosidad por saber de qué libro se trataba, pero no me atrevía a acercarme a ella e interrumpir su digna y plácida soledad. Ese interés mío llegó a convertirse en una obsesión, hasta el punto de no quitar los ojos de sus manos para ver si, en un movimiento esperado, lograba distinguir el título.

Ayer, por primera vez en todo este tiempo, la mujer se levantó para ir al aseo. Jamás la había visto abandonar su sitio. Dudé un instante, me lo pensé un momento: era mi oportunidad. Me levanté, me mordí una uña, me giré, me volví a sentar, volví a levantarme. Finalmente, aproveché la circunstancia para, rápidamente, acercarme a su mesa y dar la vuelta al libro.


Debajo de él había una nota:

Leo siempre el mismo libro porque, desde que lo leí la primera vez, creo que ya nadie puede escribir nada más hermoso.


Oí la puerta del lavabo y volví precipitadamente a mi sitio. Se sentó, tomó la nota que ella misma había escrito y, arrugándola, la depositó sobre un cenicero, abrió su libro y continuó leyendo.

Yo me miraba en el espejo que está junto a la máquina del tabaco, y sonreía moviendo la cabeza llamándome inútil cotilla. Con las prisas no pude leer el título del libro.

Por el rabillo del ojo pude ver, también por vez primera, una sonrisa en el rostro de la mujer.

 
Una cosa quería decir... o dos:
Una mujer enigmatica...
 
Una cosa quería decir... o dos:
Gracias por tu visita y tu comentario.
He leído tu último post y me ha encantado, es más, me ha enganchado a tu blog. Prometo volver a menudo, con mucha más calma y devorar el resto.
Un saludo
 
Una cosa quería decir... o dos:
yo también me fijo en la gente, cuando estoy en un sitio concurrido, me fijo en sus movimientos e intento imaginar como serán sus vidas

a mi también me entran una ganas enormes de saber los títulos de los libros que va leyendo la gente.
 
Una cosa quería decir... o dos:
Yo soy también de las que si ven a alguién leer, no pueden evitar esas ganas atroces de saber de que libro se trata.
Precioso post..
Un beso :)
 
Una cosa quería decir... o dos:
me gusto mucho esta historia, tienes un bonito blog, asi ke continuo leyendote, un saludo :)
 
Una cosa quería decir... o dos:
Que bonito tu texto.

Seguro que la señora sabía de tu curiosidad o interés, sabía también que te hubiera gustado hablarle y por ello dejó la nota. Es un interesante personaje esta mujer.

Yo acostumbro exactamente hacer lo mismo que tu, ir a un café casi todos los días (platicaba de esto un dia en mi blog), y es muy cierto, se encuantran personajes especiales, me gusta mucho que asi sea.

Un beso.
No