Las extrañas compañías
Hace un tiempo tuve en casa un pequeño acuario. O, mejor, una pecera grande. Seis o siete pececillos daban vueltas en aquel miniparque temático que en la tienda de bichos y mascotas habían preparado para ellos: piedrecitas, plantas de plástico... hasta un horrible cofrecillo que
esperaba estúpidamente ser rescatado por un tuerto pirata pata palo.
Hay algo más aburrido que siete pececitos dando vueltas en un acuario de cuarenta litros: siete pececitos muertos.

Quizá pueda alguien preguntarse si no me dio pena. ¡Claro que no! Pero si estaba deseando que llegara aquel momento. Lo lamentable es que no murieron todos a la vez, sino poco a poco, para torturar mi conciencia, supongo.
Y pude hacer que murieran todos juntos: como esas sectas que deciden darse matarile por amor al líder y porque vienen los extraterrestres y se van tan panchos al otro barrio después de cenar un buen potaje y ventilarse una botellita de pacharán o lo que sea que se tercie por esos lugares.
Mis peces murieron de aburrimiento. Pero yo no iba a colocarles un tiovivo en la pecera. ¿O sí? Es más: no les hacía mucho caso. Ciertamente, les daba de comer y de beber... ¿de beber? Les alimentaba. Les cambiaba el agua de vez en cuando y, en ocasiones, los observaba. Vamos, ¡un espectáculo.
Cuando me deshice de la pecera coloqué en su lugar un cactus. La verdad: mucho más interesante que una manada de peces.
Una cosa quería decir... o dos:
En mi caso, la experiencia de "la pecera" fué de lo más triste que me haya podido suceder. Me explico: cuando algo va mal y puedo hacer algo, aunque sea por intuición, doy todo cuanto puedo, me pongo una camisa de once varas y hala, a mejorar lo que se pueda, sea un malentendido, mi madre que está en cama con una gripe, mi hermano que está triste, los vecinos que se disputan por dónde se ha colocado el contenedor... es decir, no sé lo que en realidad ocurre pero algo positivo puedo hacer para que mejore.
Pero con los peces no: se iban muriendo uno a uno, irremediablemente, no importaba la calidad de la comida, la dosis cuidadosamente repartida, la temperatura del agua, la luz... Ellos morían irremediablemente y yo no sabía por qué y la verdad, nunca lo supe. Un amigo mío que tiene no sólo un gran acuario sinó dos perros, dos gatos y hasa un cocodrilo bebé en casa, al verme llorar se sonrió y me dijo: son cosas que pasan.
Que pasan? Claro que pasan! Morimos como vivimos, eso ya lo sé , pero cómo me explicas tú que esos animalitos estaban tratatados como cardenales de la santa sede y se han largado de esta vida así como así?
Nunca más quise tener peces en casa. Creo que aunque me digan que teniendolos es una manera de salvarlos de la muerte en el mar por peces mayores.... pues que así sea, tenerlos en casa me parece un acto anti natural.
Gracias por tu post. Abrazos.
Pero con los peces no: se iban muriendo uno a uno, irremediablemente, no importaba la calidad de la comida, la dosis cuidadosamente repartida, la temperatura del agua, la luz... Ellos morían irremediablemente y yo no sabía por qué y la verdad, nunca lo supe. Un amigo mío que tiene no sólo un gran acuario sinó dos perros, dos gatos y hasa un cocodrilo bebé en casa, al verme llorar se sonrió y me dijo: son cosas que pasan.
Que pasan? Claro que pasan! Morimos como vivimos, eso ya lo sé , pero cómo me explicas tú que esos animalitos estaban tratatados como cardenales de la santa sede y se han largado de esta vida así como así?
Nunca más quise tener peces en casa. Creo que aunque me digan que teniendolos es una manera de salvarlos de la muerte en el mar por peces mayores.... pues que así sea, tenerlos en casa me parece un acto anti natural.
Gracias por tu post. Abrazos.







