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Imaginar la vida es vivirla.
La imaginación construye la realidad paso a paso.
Acerca de
Sindicación
 
terror
Tenía que escribir un cuento de terror y para ello quiso ponerse en situación.
El año anterior se sumergió en los terrores de los cuadros que del cadavérico trayecto se explicitaban en su memoria.
Recogió recuerdos de velas encendidas a lo largo de escalones para orientar a los antepasados que en esa noche visitarían a sus familiares vivos.
Jugó con zapallos que cortados hábilmente eran fantasmales iluminaciones en oscuras estancias.
Mero juego y aspaviento.
Conforme ocupaba su mente de tétricos vaticinios lo real se hacía patente.
Bastaba mirar la pantalla que de forma acelerada presentaba cuerpos calcinados y destrozados, más reales que cualquier pasaje imaginado. De nuevo la realidad superaba la ficción.
Esa mirada suya que se apercibía de lo que otras no veían.
Fantasmales formas acudían a bailar la mascarada en sus largas pesadillas.
Dormía entre silencios de oquedades inmundas la presencia impoluta de martirizadas gentes.
Recordaba lo cruel y deshumanizado de lo humano que mira de soslayo cuando ante él se presenta lo que elude, evitando el compromiso, mientras tanto arguyendo palabras de condolencia, queriendo hacer valer argumentos de solidarias maneras.
Falsas voces acontecen ante la pérdida insostenible que de un mundo en declive se presenta.

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Es nadie
-¿Has visto?
-¿Qué?
Responde de forma autómata él mientras ella inquieta reclama su atención.
-¿No ves?
-¿Qué?
Sigue dándole largas amurallado tras el diario alejado de todo lo que le implica.
Ella le mira con gesto mohín.
-¡Ven aquí!
El niño la mira y sigue en la suya.
Inquieta y a punto de estallar agarra del brazo al hombre que sentado a su lado parece no entender de qué va.
-¿Te das cuenta?
-¡No me hace ni caso!
Él, al fin, contrariado, pliega el periódico con parsimonia y mirándola a los ojos se levanta con un gesto despectivo que a ella aplasta.
-¡Pedro, ven!
El niño de inmediato responde a la llamada.
Ella cada vez más diminuta se siente pura basura.
-¡Papá!
Dice el niño con una mirada tierna abrazándose a sus rodillas.
Él lo coge y lo pone sobre sus hombros.
Ella más empequeñecida se difumina.
Se pierde en medio de las sombras de los árboles de ese parque que se transforma en el más tétrico de los espacios.
Cierra los ojos para no verse.
Se pierde.
Nadie.
Es nadie.
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Desconcierto
Aporreaba las teclas del piano arrancando notas discordes. Escuchaba un silencio acorde con sus pensamientos. Los pies hundidos en los pedales no conseguían moverse. Un profundo dolor le ahogó oprimiéndole hasta que un estertor salto por los aires dejando al público en un hueco oscuro e impreciso.
Saltó sobre el patio de butacas y cogió el camino del pasillo central corriendo como alma que lleva el diablo.
El mundo se paró a su paso.
Las puertas no tenían traba. Al poco tiempo se vio en medio de una calle mojada por una lluvia que caía en demasía. Las gentes guarecidas bajo los soportales improvisados veían atónitas una figura que atravesaba empujada por un impulso inesperado.
Todo quieto a su paso. Veía la escena multiplicada como si de un calidoscopio se tratara. Paraguas, muchos plegados goteando y derramando agua.
Pisaba charcos que aunque le mojaban en nada reparaba.
Los coches que a su paso se cruzaban frenaban en un chirrido producido por un suelo inundado de aquel manantial improvisado.
Llegó al límite que el mar le marcaba y ante él de inmediato quedó parado frotándose las manos insistentemente.
Su alma quebrada lloraba.
Ella le llamaba. La sirena desde el otro lado del mar reclamaba su prenda dorada.
Se había llegado a enamorar. Apenas hacía unos días que escuchaba esas letras que ella escribía y ahora sólo quería estar ante ellas. Nada más, sólo ese palpitar.
Abandonó su vida. Se dejó llevar. Internándose en el agua se metió en el mar que a ella le iba a llevar.
Sobre las aguas caminaba como si nada se opusiera a su paso.
El mundo vio y no pudo explicarse que alguien que lo tenía todo dejara un reguero de sangre y lágrimas.
A la mañana siguiente se leyó en los distintos canales.
Ella miró su pantalla y un escalofrío recorrió su espalda.

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Herido
Estás herido
clavas tu colmillo
sangras

Tu dolor no se aplaca con la muerte que produce

Tu alma llora el desconsuelo del olvido

Golpeas a diestro y siniestro

A ciegas das palos sin norte ni sur

Zaherido
despierto
hundido

No puedes con el peso que arrastras del mástil que alza un estandarte gastado por la incomprensión

A ti que supuras por las heridas ciegas de palabras huecas vendidas al mejor postor

A ti que abres mis venas en la esperanza de que ese impulso destructor se contenga y anime bajo el manto de la persona que más te ame

No provocas lo que buscas
Acaso dolor
La empatía que siento por tu persona me priva de rencor

Te han vendido verdades enlatadas en ciénagas de discordia

Deseo que tus ojos vean y reconozcan

Esos tapices de gloria te tapan la transparencia

La luz no los atraviesa
y bajo tupida niebla en ellos te reconfortas