logotipo

img_google
la ronda de noche: blog de clemente corona
Acerca de
Qué grande es el mundo.
Sindicación
 
Usted creerá que un hombre puede volar
Era en diciembre de 1977, tenía cinco años. Este es uno de mis recuerdos más completos y tempranos. Había carteles en las calles donde aparecía un hombre volando vestido de azul, con una capa roja. Usted creerá que un hombre puede volar, decían los carteles -si decían algo más, no lo recuerdo. Mi padre me llevó al Albéniz, en las vacaciones de navidad, pero había tantísima gente en la taquilla que nos dimos la vuelta. El cartel del cine era inmenso, y yo no hacía más que pensar en ver la película en la que salía un hombre volando. Fuimos de nuevo a la primera sesión de la tarde del día anterior de Nochebuena, había la misma o más gente pero mi padre se dirigió directo a la taquilla, pidió y pagó dos entradas y nos metimos en el cine. Entre otras muchas cosas, ese hombre podía volar. El ver esa película -consciente de que era una película- fue la cosa más fascinante que me había pasado en la vida.

Ya años más tarde, Christopher Reeve se convirtió en un estupendo senador americano -un personaje capriano, tanto en la película de James Ivory como en la novela de Ishiguro. Al tiempo, su fama y situación darían lugar a macabras y simples interpretaciones de su persona por parte de los medios: el Superman en la silla de ruedas, ese tono sensiblero de mierda que tapaba su dedicación a la vida y a la investigación con células madre: eso es de sentido común, estamos a comienzos del siglo XXI y el mundo, antes de que reviente, se irá pareciendo poco a poco a Star Trek. O a un tebeo de Superman.
Me da mucha pena que Christopher Reeve haya muerto.
Pero ahora, viene Superman otra vez...
 
La Comarca
Aún no sé qué es lo que tiene ese país. Esta casa es de Adare, Irlanda. Un pueblo que pasa por ser el más bonito del país. No todas las casas son así: apenas una docena y media, casi todas ellas convertidas en tiendas de recuerdos turísticos. Pero aquella tarde la luz era la ideal. Por unas horas, dejó de llover en Irlanda. Esa tal vez sea otra de las cosas que me tienen enganchado a ese país: el clima, impredecible de puro ciclotímico, el paraíso soñado de los escapistas y los escondedores de miserias personales -hay unos cuantos allá; siempre se le podrá echar -y siempre con razón- la culpa al clima. Pero no en esas horas de Adare, no señor.
 
Nadie quiere que el verano se acabe
Eso pasa en estos coletazos finales -4 de octubre- del veranillo de San Miguel, el Indian Summer que le llaman en EE UU. La gente no quiere que se acabe. La gente reniega del calendario y suplica más horas de luz, que el sol no se ponga ni deje de calentar la espalda. Que las sandalias no se vean arrinconadas ya -a 4 de octubre- hasta el viaje del puente a la playa, esas mismas sandalias cuyo claquetear contra el piso es un sonido que promete sabor, aunque haya muchas y muchos que no soportan que les toquen los pies... -¿Qué fue de aquella expresión 'chúpame un pie'? ¿es este el lugar adecuado para hablar del fetichismo y del especial valor del pie en el sexo? La gente no quiere mirar al calendario, quiere quitar la razón a Meteo y rezan porque los treinta grados no se vayan más al sur, que el cielo emcapotado, el viento racheado y las primeras heladas que cubren media Europa se detengan ahí -en algún punto de la frontera de Francia e Italia- y nos deje nuestro territorio libre, para poder seguir alternando en terrazas, tomando por la noche ensaladas de tomate aliñadas con aceite virgen y orégano, luciendo escotes, brazos y espaldas, y no permitiendo -en definitiva- que llegue el invierno que tapará los cuerpos, esbozará tus formas y hará que cebemos nuestro deseo en tiros de pantalones ceñidos.

Pero a mí, personalmente, me encanta el invierno. Y además, como hombre de buena fe, no me arriesgo a contradecir el Calendario Zaragozano, que anuncia para este mes en Madrid lluvia, algo de frío y mucho, mucho viento. Un viento que ya no tendrá faldas que ondear. Puede que hoy no, pero ¿quién os asegura que mañana no será el último día del verano?