Periodismo Musical: 400 impactos
Una persona cualquiera -en el Primer Mundo- recibe en un día cualquiera cuatrocientas sugerencias para que consuma. La publicidad no sólo representa casi dos puntos de nuestro PIB, es un elemento cotidiano tan irreflexivo e inevitable como el respirar... Y Uno lee una reseña del libro de una amiga que se llama El juego del ahorcado y se mosquea con la tonta de la crítica, recuerda a los niños que jugaban con una soga para ahorcar mientras Kris Kristofferson iba a lo suyo en esa historia de amor que era Pat Garret & Billy the Kid; pero luego Uno lee -por obligación- prensa musical y se encuentra con que todos los músicos de su generación beben de los mismos nombres -o así se lo hace creer el ¿periodista?-, y lo interpreta como un signo de la hecatombe que se avecina.
- ¿Se avecina una hecatombe?
- ¿Que si se avecina una hecatombe? ¿Habías visto antes perder a Ronnie O'Sullivan?
Hoy, perdió Ronnie O'Sullivan. Yo nunca le había visto perder. Ronnie mola. Va a lo suyo: patrocinar marcas de salsas escocesas, tener una casa en Birmingham digna de futbolista -inglés: televisor grande, ventanales amplios y kittin'- y jugar al snooker como nadie.
- Este post no tiene sentido. Sí, sabes puntuar. Pero, ¿quieres decir algo?
- No, no quiero decir nada. No quiero decir una mierda. Sólo, que me gustaría tomarme una cerveza con Ronnie -tío, Ronnie, ¿porqué te has rapado?-, decirle que Tom Wolfe piensa que el periodismo musical está hecho por gente que no sabe escribir para que gente a la que no le gusta leer, y que Egon Schiele se follaba a su hermana antes de pintarla.
- Sigues sin decir nada.
- ¿So?

- ¿Se avecina una hecatombe?
- ¿Que si se avecina una hecatombe? ¿Habías visto antes perder a Ronnie O'Sullivan?
Hoy, perdió Ronnie O'Sullivan. Yo nunca le había visto perder. Ronnie mola. Va a lo suyo: patrocinar marcas de salsas escocesas, tener una casa en Birmingham digna de futbolista -inglés: televisor grande, ventanales amplios y kittin'- y jugar al snooker como nadie.
- Este post no tiene sentido. Sí, sabes puntuar. Pero, ¿quieres decir algo?
- No, no quiero decir nada. No quiero decir una mierda. Sólo, que me gustaría tomarme una cerveza con Ronnie -tío, Ronnie, ¿porqué te has rapado?-, decirle que Tom Wolfe piensa que el periodismo musical está hecho por gente que no sabe escribir para que gente a la que no le gusta leer, y que Egon Schiele se follaba a su hermana antes de pintarla.
- Sigues sin decir nada.
- ¿So?

Guilty
Compulsión y el recuerdo de una exposición de Schiele aún mayor en Viena hace tres años; lo siguiente, imprimir el billete. Amsterdam. Amo la comida rápida -aún basura- si exótica, así que en lugar de fumar veinte porros y comer tres krokettes, comí veinte krokettes y fumé tres porros. Porros livianos para turistas porreros y no. Sinceramente: porros para todos, todos para los porros. Variedad acrisolada, meltin' pot más puro que el americano (¿será por que viven por debajo del nivel del mar?): fuman la escoria inglesa y borracha con tatuajes neonazis y camisetas del West Ham; fuman las señoras vestidas de paño que sostienen con cuidado paquetes de pasteles; fuman las vestidas con marcas cool de a cien pavos la pieza y americanos sobrealimentados de acento arrogante. ¿El ejecutivo? Fuma. ¿El frustrado? Fuma. ¿El transexual? Vende, no fuma. La plaza está repleta y sólo se oyen murmullos y el chirriar que delata la proximidad del tranvía. Es entonces cuando pienso en la ciudad ocupada por los nazis, con los SS entrando a patadas en las casas estrechas, subiendo al trote por las escaleras imposibles abriéndose paso a tiros. La tranquilidad del tazón de sopa de la civilización, soplada hasta ser derramada, luego hecha burbujas con la pajita. ¿De verdad se puede escandalizar alguien porque le salga al paso un camello? ¿Y La ronda de noche? ¿Y los cincuenta tulipanes por cinco pavos? ¿Y el barrio rojo? ¿Y el silencio? ¿Y las krokettes?
Hm, la culpa de todo la tiene Internet.

Hm, la culpa de todo la tiene Internet.






