vuelta y vuelta
Vuelvo y vuelvo tras darme vuelta y vuelta; vuelvo rojo como un inglés que visita por primera vez La Manga, vuelvo como si me hubiera vuelto ayer, vuelvo como si nunca quisiera haber vuelto. Esa es la verdad: no quería volver. ¿Añorananza? Ni siquiera -como cuando era más joven, más delgado, menos neurótico- de mis cosas. Añoranza es la que traigo: añoranza de que ya no oiré sisear el motor v12 del Sebring, de que se acabaron los moteles de carretera con ella, de que ya no caeré desplomado por el sol de Orlando.
Vuelvo, y mi espalda me promete mudar de piel con mucho, mucho picor. No todas las espaldas están preparadas para la playa del sur de Miami.
Vuelvo, y mi espalda me promete mudar de piel con mucho, mucho picor. No todas las espaldas están preparadas para la playa del sur de Miami.





