Por allí, ya no resopla
El tipo limpia con un punto de arrogancia. Cuando vuelvo del baño, la ballena ha muerto. Cinco años y cinco arrobas atrás, di la mano al dueño del bar más limpio que yo había visto nunca. Hoy, está de mal humor. Me cobra sin mirarme. Camino hasta el espigón, y esperamos a que aparezca Fungie: el aire mojado apaga los porros. El marinero gallego me dijo una vez que era de la NASA, que no era de verdad. Un delfín robot. Me creo todo lo que me cuentan.


Un hombre llamado Caballo
Aunque para mi temperamento sea media tarde recien comenzada, es el anochecer en Limerick. Estoy en el White House, dando ambiente mientras tomo estas notas porque este pub y no otro -no es la primera vez que se habla del White House en este weblog- es propiedad de los literatos. Los miercoles hay veladas de poesia y a cualquier hora que no sea la de las noches del fin de semana -el ansia de alcohol arrasa a la literatura, como la Guerra de Iraq los restos sumerios- reina, valga la artera palabra, el silencio. Unicamente me levanto para pedir mas cerveza y bajar al bano. Ni el tabaco me aparta de lo que estoy escribiendo.
Detras de mi, hay un programa enmarcado de una lectura publica. Un recital de Richard Harris, hijo de la ciudad, y los suyos propios. Y asi, uno se siente bien, escuchando bajito a Steve Earle, viendo a la gente conversar o leer el periodico; personas que saludan al entrar en el bar como me saludan en el bar de Isidro, con la salvedad importante de que alli me conocen por el nombre y aqui, simplemente soy un irlandes mas.

Detras de mi, hay un programa enmarcado de una lectura publica. Un recital de Richard Harris, hijo de la ciudad, y los suyos propios. Y asi, uno se siente bien, escuchando bajito a Steve Earle, viendo a la gente conversar o leer el periodico; personas que saludan al entrar en el bar como me saludan en el bar de Isidro, con la salvedad importante de que alli me conocen por el nombre y aqui, simplemente soy un irlandes mas.

Nuevo siglo

La prueba no es solo el chaval que arrastra un carrito de supermercado atestado con la prensa del dia. O las obras publicas, entranables de modestas. O que las senoras, tocadas con panuelos probablemente tejidos por ellas mismas, entren en los centros comerciales arrastrando la bibicleta. Todos esos acontencimientos, trasplantados de la Asturias de mi infancia, tienen lugar en Limerick. Las calles son feas, de edificios anodinos de ladrillo, cuatro alturas maltratadas por decadas de agua y viento; O'Connell y William son el eje, hay alguna tienda de ropa de gran cadena, los lideres de la distribucion en las islas, sitios malos de comida rapida. Es en la prensa donde todas estas lineas confluyen: cuatro burros raptados en el condado de Mayo y devueltos a sus duenos, un antiguo ministro que llora ante su fabrica de comida para mascotas reducida a cenizas, el llamamiento del nuevo seleccionador irlandes de futbol a los nacidos fuera de la isla para que defiendan el verde del pais sobre el verde de los campos de futbol. Las calles de Limerick ya no huelen a carbon pero si a carne recien traida de unas pocas millas mas alla. Internet se cae, los coches tienen impresa en la matricula la fecha de matriculacion y de este ano se ven pocos. La tienda que vende basura y no otra cosa, pero en la que siempre algun comic de los noventa, esta cerrada. En el HMV, me hago con Johnny Cash en la Sun Records, y compro en O'Mahony's -fundada en 1902: este ano, Carlos Ruiz Zafon sustituye a Javier Cercas en el mueble de los mas vendidos- el libro de la vuelta al mundo de Ian McGregor y otra historia de Irlanda, la de la Oxford University Press; escondo la unica copia que queda de Fugitives and Refugees: A walk trough Portland, Oregon, de Chuck Palanhiuk. Leo demasiado en Irlanda. Deberia caminar mas.
Movilidad
La oficina portatil, la de Juan Pablo Meneses (www.juanpablomeneses.clubcultura.com) , que lleva anos trabajando desde cibercafes, y escribe muy bien. Yo ya he montado la mia. Un cuaderno azul con la Tierra en la portada, dura, acanalada, de carton holandes prensado con interes. Un ordenador supervisado en Dell por mi hermana: fiable, conectado a la Red –esto es solo el comienzo de Minority Report. Una reproduccion de John Skelton, que no puede ser otra que Men of Aran –Aran, Aran… En Limerick, la gente sigue hablando de la ganadora de no se cuantos millones en el sorteo de los Euromillones, pero al menos han levantado una torre de crystal de 40 metros: algo es algo. En el Kennedy o’Brians no hay mucho movimiento, abre mas tarde; Maximo Park actuan en el Dolan’s –repleto de turistas americanos: era de esperar. Uno de los mejores bares del pais, y tarde o temprano tenia que saberse. De la revista de EasyJet a los folletos oficiales y –damn it: hay lugares que conozco que no aparecen y espero no lo hagan nunca- en mi guia. Ademas, el Dolan’s esta a un paso del Clarion Hotel, una torrecita de otros cuarenta metros de diseno impropio siquiera de la primera version del Sim City. Bueno, si, okay –uppps: aqui no se dice okay, simplemente yes- se ha alojado alguna luminaria -Sheryl Crow, Jimmy Sommerville, John Travolta: algunos dicen incluso que Mel Gibson, porque Braveheart la rodaron cerca de Sligo y el novio de mi hermana estuvo de extra en el rodaje, disfrazado de escoces: ahora se parece a Bono- y luego toda la ralea de los reality del pais. Porque Limerick, aunque no lo parezca –que no lo parece- es la tercera ciudad de la republica, y eso aqui es mucho decir.
Se ve el Castillo y tengo algunos libros. La oficina portatil de Limerick esta montada. Vivan los doctores.

Se ve el Castillo y tengo algunos libros. La oficina portatil de Limerick esta montada. Vivan los doctores.

La mirada de las vacas
Las sabanas siguen el mismo lugar, blancas y tiradas en el suelo. Las ruedas de mi trolley las pisan con sana. Me gustaria haber podido dormir algo mas. Tomo un par de cafes que no saben a nada y fumo dos cigarillos fuera, en la calle, mientras me cae la llovizna y toco, una vez mas, la quemadura de mi forr polar con el simbolo de Superman sobre el Corazon. Las puas de la tapia de la iglesia tienen el toque estetico de las alambradas inglesas pero, salvables facilmente, no amedentran. El hostal esta repleto, todas las Fuentes de informacion –especialmente la Red- lo consideran uno de los mejores, si no el major, de Europa. Por su ambiente, especialmente. Nunca me ha parecido para tanto: siempre lo he visto como un lugar barato para dormer en Temple Bar. Para una sola noche, en la que no hagas mas que abandonarte y caer sobre la cama limpia. Este sabado de enero, soy uno entre miles que disfruta de la revolucion de los vuelos baratos. Hay gente de toda Europa y algunas docenas de americanos. Miles de personas entre 15 y 40 anos tomamos la cantidad parecida de pubs dublineses. Yo simplemente hago escala camino de la estacion de Heuston: pero la Guinness, los albergues y b&b’s, y los apenas 60 yuros que cuesta venir desde Grenoble o Wroclaw o Murcia o la ciudad europea mas absurda que uno pueda imaginar atascan Dublin. Divisas, los que follan, quienes quieren follar, cerveza, pubs repletos. Europa almagamada por los sueldos indirectos no incluidos: aqui y alli siempre ganaras menos de lo que debieras, pero te ponemos en la otra punta de Europa por un par de dias de curro, por poco mas de lo que te gastarias un fin de semana cualquiera, consumas drogas o te lo gastes en ropa. Los universitarios de ciudades que uno solo conocia de su pasion por los mapas, la retransmision de un gran premio de motor o el equipo local caido en dieciseisavos de final de la Copa de la Uefa viajan a sus iguales y hacen transbordo en Londres o Berlin. Las companias reclutan a los pilotos en Internet y los forman en seis meses, dicen algunos. Yo no lo se, pero si se como son las azafatas porque vienen desde tren en Cork vestidas con el uniforme, siempre verde. Las pistas salpican la republica: desde la de Kerry –que es incluso entranable- se puede viajar a Italia.
Hay una tienda de telefonos moviles en el local donde estaba la madrasa de Augier Street. Llovizna, no se atreve a llover del todo. El taxista dice que es un dia malo, y yo le contesto que podria ser peor.
-Podria ser peor, si.
Una pareja jugando con el movil, una mujer que les da conversacion, tres nakers y yo, con un chupachups mirando pastar las vacas y las ovejas. Le mantengo la mirada a las vacas. Que bien, si en Irlanda. Muuuuuu.

Hay una tienda de telefonos moviles en el local donde estaba la madrasa de Augier Street. Llovizna, no se atreve a llover del todo. El taxista dice que es un dia malo, y yo le contesto que podria ser peor.
-Podria ser peor, si.
Una pareja jugando con el movil, una mujer que les da conversacion, tres nakers y yo, con un chupachups mirando pastar las vacas y las ovejas. Le mantengo la mirada a las vacas. Que bien, si en Irlanda. Muuuuuu.

Otra vez en Avalon
Porque ese es el nombre del lugar donde paro cuando vengo a Irlanda: el avion llega de noche y en eire, 'pais mal gestionado' segun el novio de mi hermana, es imposible moverse. a no ser que tengas un coche de alquiler: pero en eire se conduce por la izquierda, no tengo un euro y la unica y ultima vez hubo que darla cana al corsa para zafarse de la garda, como en la cancion de Thomas Dolby. A las nueve, salen los ultimos trenes y autobuses para limerick, pero a esa hora estoy oteando la cinta en busca de mi globalizada e identica maleta a las de las decenas de europeos reconfortados por medio siglo sin guerras, gas natural -argelino o ruso- y -no hay que ser McEwan para verlo- el fenomeno de los vuelos baratos. Asi que paso noche en dublin, en el Avalon de Temple Bar. El Avalon, como siempre; ahora hay visitantes del Este, eslavas preciosas que miran al suelo. Temple Bar: las pintas a 6E, demasiados italianos, la promesa de una cama hace que desista pronto, a la tercera pinta y la segunda ginebra -dosificada ella. Las calles estan atestadas de irlandeses y demas europeos que apuran el whisky con clavo y la guinness antes de que se cierre, que fuman apurando colillas de todas las marcas conocidas en Europa contra las paredes del ayuntamiento. O'Connell, levantado y no de la tumba: la calle M 30 esta creando escuela. Huele a Irlanda, y he encontrado unas antipodas aun mas lejanas. Estoy de vuelta en Avalon, mucho mas seria que la de Brian Ferry, igual de reconfortante que la de Arturo Pendragon.


The Malpica Suitcases Vol. III
- No me gusta hablar mientras masco chicle.
- ¿? ¿Qué?
- No-me-gusta-hablar-mientras-masco-chicle.
- ¿Eh? No, no...
- Necesitas algunas clases de inglés.
- Tengo un hermano que vive en Londres.
Los españoles no sabemos idiomas. En esta mañana de fuga a las antípodas, una familia catalana entró en mi bar: el camarero, un tipo joven, les miró como a apestados. En este avión huele a comida que no es la mía; huele a veal descongelado que cuesta más que el billete. La luna me mira como a un poeta andaluz, me está mirando desde que despegamos. Me mira llena como en un sueño, porque mi sueño es despegar. Pocas sensaciones me producen tanto placer como sentir que me voy del suelo.
Una hora de vuelo, las luces deben ser Francia; la luna me sigue mirando. Auuhhh.

- ¿? ¿Qué?
- No-me-gusta-hablar-mientras-masco-chicle.
- ¿Eh? No, no...
- Necesitas algunas clases de inglés.
- Tengo un hermano que vive en Londres.
Los españoles no sabemos idiomas. En esta mañana de fuga a las antípodas, una familia catalana entró en mi bar: el camarero, un tipo joven, les miró como a apestados. En este avión huele a comida que no es la mía; huele a veal descongelado que cuesta más que el billete. La luna me mira como a un poeta andaluz, me está mirando desde que despegamos. Me mira llena como en un sueño, porque mi sueño es despegar. Pocas sensaciones me producen tanto placer como sentir que me voy del suelo.
Una hora de vuelo, las luces deben ser Francia; la luna me sigue mirando. Auuhhh.

Disparos al aire
Todas mis casas han tenido vistas al tendido. Nunca he visto al vecino de enfrente: en la anterior, el edificio más cercano estaba a unos cien metros, tanto por la parte delantera como por la trasera. En la actual -este apartamento tomado por un par de miles de libros y cada vez más tebeos-, el edificio más cercano está, al frente, a medio kilómetro: hay entre medias un parque, un organismo de la Comunidad y una preciosa vía arbolada. Tras de esa vía está la plaza de la Rendición de Breda, donde en Nochevieja un tipo de mi edad tuvo la mala fortuna de estar asomado a la terraza mientras algún desgraciado disparaba al aire. Naturalmente, cayó fulminado. Ese otro lado -al que voy de cuando en cuando: está el consultorio del médico, los supermercados, el sitio de los kebabs- es Pan Bendito. Recuerdo Pan Bendito porque mi amigo y jefe Jose, el de la tienda de discos, vivía allí; mi padre siempre me habló de Pan Bendito como de un lugar poco conveniente, y el artículo de la prensa del otro día lo presentaba como menos conveniente aún. Me permito opinar, desde mi fortificada urbanización con vistas a la plaza del cuadro de Velázquez, la sierra de Guadarrama y todo Madrid: Pan Bendito es lo que es, un barrio que siempre ha sido conflictivo, pero donde hay gente trabajadora que te da conversación en el super, en el médico y en los bares; donde hay concesionarios de coches, badenes en las calles para que los opel trucados no hagan demasiado de las suyas y ropa tendida en la calle, entre dos árboles a medio crecer. Bloques de realojados y edificios de a trescientos kb's el apartamento; de noche todos los gatos son pardos, en Pan Bendito y en Tirso de Molina. Y los gatos son animales domésticos. Reivindico la dignidad de Pan Bendito, desde mi urbanización de lujo, donde la realidad es distinta y todo es lo que parece: una mentira imbuída en la burbuja de plástico con la que se protegen los televisores de plasma cuyos embalajes hacen rebosar el contenedor de reciclaje. Aquí el PAU, allí Pan Bendito; aquí, los áticos a cien millones de las antiguas, allí los kebabs a tres euros. Aquí, el aspirante; allí, los aspirados. Sé dónde estoy, intuyo dónde están, opino de dónde estamos: pero lo que es cierto, inmutable, irrefutable, es que yo tengo las vistas. ¿Las tienes tú?La puerta de Ishtar
Mis botas de montaña hacen crunck crucnk y no puedo dejar de pensar en el Ejército Rojo marchando sobre un Berlín derruido por los bombardeos aliados. No hay marcas de balas en la capital de Europa porque apenas queda nada construido anterior a 1945, pero los petardos y los fuegos artificiales que salen de las mochilas de niños y mayores hacen que los jubilados pasen el Silvestre en algún pueblo del interior. Más de un millón de personas beben vino caliente al compás de canciones latinas bajo la misma puerta de Brandemburgo que empujó el muro hasta que cayó; un muro que recorre a ras de suelo la Friedrichstrabe enfrente de unos sacos de cemento que recuerdan al chekpoint charlie de las películas de James Bond, donde los turistas italianos compran gorros de invierno con la estrella soviética. La aviación aliada no sólo redujo a escombros los edificios sino también lo que albergaban: personas y enseres y las columnas de la puerta del mercado de Mileto, que pesa 1.500 toneladas y está encajada en el museo de Pérgamo, el del templo. 170 museos, amplias avenidas flanqueadas de edificios grises comunistas, un reloj que marca las horas del mundo y la certeza de que la guerra se empezó aquí. Ahora, los berlineses mancillan el memorial del Holocausto bebiendo, petardeando y vomitando en él. No sé si es bueno –un monumento más, y eso es todo, digno de cualquier acto de vandalismo- o malo –¿puede algo así ser un monumento más en la capital del genocidio?. Le pegué en la cabeza para tirarle el sombrero; tenía cara de haber sido espía de la Stasi y, antes de ello, miembro de las Juventudes Hitlerianas. La puerta de Ishtar casi me hizo llorar, y el vino caliente, casi me hizo vomitar, y el sacrilegio del memorial, casi me hizo jurar que no volvería.


Fast food
O sea... hamburguesas de todo tipo y condición en-pongamos- 30 estados de la unión; buffalo wings, tamales y ceviche -no me gusta el pescado- en el Lexington Market de Baltimore. Arepas a las cuatro de la mañana en Puerto Ayacucho, servidas por una anciana que no sabía español, choripán y cazón -que no, que no me gusta el pescado- en Caracas y siempre, Santa Teresa. Black pudding en al menos seis ciudades -¿ciudades?- irlandesas distintas, Guinnes no porque no la soporto aunque me diga mi cuñado que la orina huela bien. Masa cárnica en La Habana y una cena en una paladar con el Gran Blansky -rey de la ciudad- chapurreando inglés con un productor de Madonna. Desayunos dignos de hombres que trabajan mucho y beben más en Gotham y el Dolan's. Croquetas -docenas- en Amsterdam. ¿Cómo no me iba a inflar de salchichas en Berlín? Ya he dejado dicho que amo la comida basura.




