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la ronda de noche: blog de clemente corona
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Qué grande es el mundo.
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Síndrome de Houdini
¿Qué relación hay entre un neoyorquino de principios del siglo pasado y un madrileño de comiendos del XXI? Es decir, ¿qué tenemos en común Houdini y el weblogero? Pues unas irrefrenables ansias de escapismo. Igual que Houdini maravillaba a los pijos de la época que se gastaban sus buenos dólares en ver cómo se zafaba de las cadenas que le ataban rompiendo toda ley física, yo dejo que mi ensueño despegue cuando conduzco por las mañanas camino de mi oficina. Veo ante mí el perfil de la sierra, más visible cuanto menos contaminación mancha el cielo -el efecto túner, amigos-, veo también que no hay nube que manche el cielo y es el sol -su fuerza y su luz- los que disparan mi mente y la proyectan por encima del complejo empresarial hasta depositarse en carreteras amplias y vacías de Castilla. Momentos en los que mi mente arrincona a mi cuerpo, y este somatiza el ansia de escapismo desarrollando cuchillas en los nudillos, como un mutante. En eso me convierto en las primeras horas de las mañanas de invierno: en un mutante que añora su perdido poder de teletransportación y abandonar, sí, por unos momentos siquiera, la autovía y aparecer, un blinkear de ojos después, en algun bar-gasolinera de Soria, Zamora o Badajoz. Donde sea que haya espacio ante mí, espacio suficiente para desplazarse -que corra el aire entre el weblogero y los demás cuando éste sufre el ansia de escapismo- y dejar atrás, a miles de metros por detrás, los problemas, a todos y a todo. Porque a ciento ochenta por hora, nada puede alcanzar al escapista.

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