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la ronda de noche: blog de clemente corona
Acerca de
Qué grande es el mundo.
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más grados celsius
Yo ya lo sé, yo ya sé antes de aparcar que fuera del coche, el bendito coche, el carrazo -the voiture- que me lleva y me trae, que hace mucho calor. Los rayos solares dan la fuerza a Superman; a mí, me pasa lo que a los viejos Ladas, que sólo funcionan por encima de los 30ºC si están en Cuba. Sé de ambas cosas, de Cuba y de Ladas; no es presuntuoso haber conducido un Samara 1500 durante un año. Sí, motor Fiat duro, pero... Mi padre siempre decía que el salpicadero estaba así del calor porque se pensaron para otros climas pero yo decíaa que no, que era por pésimo y tardé un tiempo en darme cuenta de que era verdad, que no es cuestión de materiales si no de actitudes. Y pongo la palanca en su punto y compruebo que lo llevo todo y abro el portón y me sacude, me sacude con la fuerza de los efectos especiales baratos. Algo se funde en algún sitio pero el calor no sólo me cambia el modus operandi, si no que me perturba. Un gato, entonces, no es sólo un gato. Se le encuentran más usos que el de desembrocar. Y ella lo sabe. Rebusco en el bolsillo y meto monedas en el parquímetro. Miro hacia abajo buscando el lugar al que van a parar. Cuartos, cuartos, ¿dónde vais? He conducido desde St. Agustine. El sol de mediodía en Orlando, le hubiera puesto un alumno aventajado de los impresionistas si esto fuera un cuadro. O un encontrador -como los cerdos encuentran las trufas- de poetisas, si no fuera más que esto. Que nunca lo es. Se le culpa al calor, y en paz.
No