NIEVE SOBRE BERLÍN
Mi cabalgadura me pide la cuarta cuando yo le pido sesenta; muchas he montado, propias, prestadas o alquiladas. Corceles franceses, italianos, de corazón polaco, soviéticos de corazón latino, americanos, japoneses. Viene esto a cuento de que despido 2005 desde la puerta de Brandemburgo, y lo mejor de todo él fue tener ella a mi derecha, 240 caballos bajo mi pie y, por debajo de todos y frente a mí, la interestatal infinita que cruza América.







