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la ronda de noche: blog de clemente corona
Acerca de
Qué grande es el mundo.
Sindicación
 
Disparos al aire
Todas mis casas han tenido vistas al tendido. Nunca he visto al vecino de enfrente: en la anterior, el edificio más cercano estaba a unos cien metros, tanto por la parte delantera como por la trasera. En la actual -este apartamento tomado por un par de miles de libros y cada vez más tebeos-, el edificio más cercano está, al frente, a medio kilómetro: hay entre medias un parque, un organismo de la Comunidad y una preciosa vía arbolada. Tras de esa vía está la plaza de la Rendición de Breda, donde en Nochevieja un tipo de mi edad tuvo la mala fortuna de estar asomado a la terraza mientras algún desgraciado disparaba al aire. Naturalmente, cayó fulminado. Ese otro lado -al que voy de cuando en cuando: está el consultorio del médico, los supermercados, el sitio de los kebabs- es Pan Bendito. Recuerdo Pan Bendito porque mi amigo y jefe Jose, el de la tienda de discos, vivía allí; mi padre siempre me habló de Pan Bendito como de un lugar poco conveniente, y el artículo de la prensa del otro día lo presentaba como menos conveniente aún. Me permito opinar, desde mi fortificada urbanización con vistas a la plaza del cuadro de Velázquez, la sierra de Guadarrama y todo Madrid: Pan Bendito es lo que es, un barrio que siempre ha sido conflictivo, pero donde hay gente trabajadora que te da conversación en el super, en el médico y en los bares; donde hay concesionarios de coches, badenes en las calles para que los opel trucados no hagan demasiado de las suyas y ropa tendida en la calle, entre dos árboles a medio crecer. Bloques de realojados y edificios de a trescientos kb's el apartamento; de noche todos los gatos son pardos, en Pan Bendito y en Tirso de Molina. Y los gatos son animales domésticos. Reivindico la dignidad de Pan Bendito, desde mi urbanización de lujo, donde la realidad es distinta y todo es lo que parece: una mentira imbuída en la burbuja de plástico con la que se protegen los televisores de plasma cuyos embalajes hacen rebosar el contenedor de reciclaje. Aquí el PAU, allí Pan Bendito; aquí, los áticos a cien millones de las antiguas, allí los kebabs a tres euros. Aquí, el aspirante; allí, los aspirados. Sé dónde estoy, intuyo dónde están, opino de dónde estamos: pero lo que es cierto, inmutable, irrefutable, es que yo tengo las vistas. ¿Las tienes tú?
No