Fast food
O sea... hamburguesas de todo tipo y condición en-pongamos- 30 estados de la unión; buffalo wings, tamales y ceviche -no me gusta el pescado- en el Lexington Market de Baltimore. Arepas a las cuatro de la mañana en Puerto Ayacucho, servidas por una anciana que no sabía español, choripán y cazón -que no, que no me gusta el pescado- en Caracas y siempre, Santa Teresa. Black pudding en al menos seis ciudades -¿ciudades?- irlandesas distintas, Guinnes no porque no la soporto aunque me diga mi cuñado que la orina huela bien. Masa cárnica en La Habana y una cena en una paladar con el Gran Blansky -rey de la ciudad- chapurreando inglés con un productor de Madonna. Desayunos dignos de hombres que trabajan mucho y beben más en Gotham y el Dolan's. Croquetas -docenas- en Amsterdam. ¿Cómo no me iba a inflar de salchichas en Berlín? Ya he dejado dicho que amo la comida basura.




