Fuerza Aérea
Lance Armstrong pasa de pedalear en una Europa aterida de frío y se refugia en una chica que constriñe su bello culo con barras y estrellas de cuero y que pensó y cantó a Clapton que era su error favorito, pero no lo bastante tonta como para dejarse compadecer por sus amigos comunes. Mientras Clapton mueve la mano cansinamente para contentar a urbanitas que podrían ser sus hijos que abogan por la criminalización de la Cocaine, Tonny Bennet se fuma un puro y mira el cheque en su oficina de su galería en Market Street, en esa ciudad donde las Fuerzas Aéreas serpentean bajo los pilares del puente rojo más famoso del mundo para ganar adeptos a su credo. Aquella tarde, los escasos cinco minutos que tardé en atravesar -como un turista más, como un viajero menos, como un chiquillo cualquiera- el puente con una bicicleta me parecieron eternos por la felicidad. Tanta, que tuve que parar, olvidarme de mi amiga y mirar las estelas de los aviones.






