logotipo

img_google
la ronda de noche: blog de clemente corona
Acerca de
Qué grande es el mundo.
Sindicación
 
Guilty
Compulsión y el recuerdo de una exposición de Schiele aún mayor en Viena hace tres años; lo siguiente, imprimir el billete. Amsterdam. Amo la comida rápida -aún basura- si exótica, así que en lugar de fumar veinte porros y comer tres krokettes, comí veinte krokettes y fumé tres porros. Porros livianos para turistas porreros y no. Sinceramente: porros para todos, todos para los porros. Variedad acrisolada, meltin' pot más puro que el americano (¿será por que viven por debajo del nivel del mar?): fuman la escoria inglesa y borracha con tatuajes neonazis y camisetas del West Ham; fuman las señoras vestidas de paño que sostienen con cuidado paquetes de pasteles; fuman las vestidas con marcas cool de a cien pavos la pieza y americanos sobrealimentados de acento arrogante. ¿El ejecutivo? Fuma. ¿El frustrado? Fuma. ¿El transexual? Vende, no fuma. La plaza está repleta y sólo se oyen murmullos y el chirriar que delata la proximidad del tranvía. Es entonces cuando pienso en la ciudad ocupada por los nazis, con los SS entrando a patadas en las casas estrechas, subiendo al trote por las escaleras imposibles abriéndose paso a tiros. La tranquilidad del tazón de sopa de la civilización, soplada hasta ser derramada, luego hecha burbujas con la pajita. ¿De verdad se puede escandalizar alguien porque le salga al paso un camello? ¿Y La ronda de noche? ¿Y los cincuenta tulipanes por cinco pavos? ¿Y el barrio rojo? ¿Y el silencio? ¿Y las krokettes?
Hm, la culpa de todo la tiene Internet.


No