Algunos días no me apetece nada recordar...
... y otros días me muero por tener una hora sólo para tumbarme y jugar a recordar cosas, a ver cuántos detalles recupero de la imagen de tal día o de tal otro. Y el juego, que visto así parece muy simple y hasta aburrido, me hace falta. Porque si no, esa vocecita que se parece tanto a la mía me llama la atención, y me dice a modo de reprimenda que hay que ver, que si no recuerdo ya ni tu voz, ni tu pelo, ni la forma esa tan peculiar que tenías de...Mira, ahora no me sale nada. Seguro que es porque tenías una manera peculiar de hacerlo todo. Y la vocecita me dice que no, que eso es que no te prestaba suficiente atención. No sé si es verdad. Lo unico que sé es que ahora el jueguecito de recordar me hace mucha falta, porque si consigo recordar unos cuantos detalles de ti, la voz me deja tranquila un rato, y puedo dormir.
Hoy he estado recordando y me he acordado de cuando estabas malita. Me da mucha rabia acordarme precisamente de eso. Con la de años que estuvimos juntas, y ahora cada vez que intento acordarme de ti te me apareces en el sofá, sentadita, tapada con la manta y con el perrete al lado, que cuando lo recogí dijiste que no lo querías en casa y el muy listo se pegó a ti enseguida y te ablandó en menos que canta un gallo. Y yo que puse el perro a mi nombre y resulta que era tuyo. Cuando te fuiste y se cansó de buscarte vino a mí, tomándome como dueña de repuesto un tiempo, pero ya nunca fue de nadie a partir de entonces. Era de todos, y el cariño que te daba lo repartía a partes iguales. Si acaso un poquito más a mí, que le sacaba más a menudo. Cuando él también se fue, empecé a imaginaros a los dos juntitos entre las nubes. Es curioso, no consigo deshacerme de la idea de que me miras desde alguna parte. Por más que intente convencerme a mí misma de que lo de ir al cielo no es más que una convención cristiana que tengo anclada en mi subconsciente, creo que no lo conseguiré nunca. Siempre te imaginaré entre nubes, mirándome.
Pues quería decirte (si consigo salir de mis divagaciones) que hoy con el jueguecito he recordado muchos detalles, y me siento orgullosa de ello, a pesar de que casi ningún detalle sea referente a ti. Me he acordado, por ejemplo, de que el día que papá me dijo que estabas mala, yo estaba en mi habitación con David. Era el primer día de Selectividad, y yo estaba (como siempre) tan preocupada por las notas. Al día siguiente no me importaban nada (bueno, algo sí, porque quería que estuvieras orgullosa de mí). Y me he acordado de que papá hablaba bajo, para que no le oyeras. Y recuerdo que estaba planchando porque por aquel entonces ya empezaba a echarme a cuestas algunas tareas de la casa. Así que cuando pienso en la noticia me veo a mí misma sentada en la cama, mirando fijamente la tabla de planchar, la silla vieja con la ropa, la pared con las medallas y los sombreros de paja. Ese día ya tiene sus detalles en mi memoria: esa habitación, esa pared, el verde de mi cama.
Te gustaría mi nueva habitación. Tengo el póster de los Beatles al lado de la cama, porque ya no tengo ese trozo de pared al lado de la puerta que hacía el armario empotrado, y esa bata tuya tan larga está colgada de un percherito de Ikea...
Pero para qué te voy a contar, si lo ves.
Por Perséfone

Hoy he estado recordando y me he acordado de cuando estabas malita. Me da mucha rabia acordarme precisamente de eso. Con la de años que estuvimos juntas, y ahora cada vez que intento acordarme de ti te me apareces en el sofá, sentadita, tapada con la manta y con el perrete al lado, que cuando lo recogí dijiste que no lo querías en casa y el muy listo se pegó a ti enseguida y te ablandó en menos que canta un gallo. Y yo que puse el perro a mi nombre y resulta que era tuyo. Cuando te fuiste y se cansó de buscarte vino a mí, tomándome como dueña de repuesto un tiempo, pero ya nunca fue de nadie a partir de entonces. Era de todos, y el cariño que te daba lo repartía a partes iguales. Si acaso un poquito más a mí, que le sacaba más a menudo. Cuando él también se fue, empecé a imaginaros a los dos juntitos entre las nubes. Es curioso, no consigo deshacerme de la idea de que me miras desde alguna parte. Por más que intente convencerme a mí misma de que lo de ir al cielo no es más que una convención cristiana que tengo anclada en mi subconsciente, creo que no lo conseguiré nunca. Siempre te imaginaré entre nubes, mirándome.
Pues quería decirte (si consigo salir de mis divagaciones) que hoy con el jueguecito he recordado muchos detalles, y me siento orgullosa de ello, a pesar de que casi ningún detalle sea referente a ti. Me he acordado, por ejemplo, de que el día que papá me dijo que estabas mala, yo estaba en mi habitación con David. Era el primer día de Selectividad, y yo estaba (como siempre) tan preocupada por las notas. Al día siguiente no me importaban nada (bueno, algo sí, porque quería que estuvieras orgullosa de mí). Y me he acordado de que papá hablaba bajo, para que no le oyeras. Y recuerdo que estaba planchando porque por aquel entonces ya empezaba a echarme a cuestas algunas tareas de la casa. Así que cuando pienso en la noticia me veo a mí misma sentada en la cama, mirando fijamente la tabla de planchar, la silla vieja con la ropa, la pared con las medallas y los sombreros de paja. Ese día ya tiene sus detalles en mi memoria: esa habitación, esa pared, el verde de mi cama.
Te gustaría mi nueva habitación. Tengo el póster de los Beatles al lado de la cama, porque ya no tengo ese trozo de pared al lado de la puerta que hacía el armario empotrado, y esa bata tuya tan larga está colgada de un percherito de Ikea...
Pero para qué te voy a contar, si lo ves.
Por Perséfone

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