1. DS Observation Training - NDS - 94.834 - (94.834)
2. Resident Evil 4 – Wii - 43.771 - (43.771)
3. Oendan 2 - NDS - 33.738 - (113.910)
4. Guilty Gear XX Accent Core - PS2 - 31.773 - (31.773)
5. Wii Sports - Wii - 28.612 - (1.657.818)
¿Qué quiere decir esto? Pues que los cinco primeros juegos en la lista de venta son, técnicamente hablando, MIERDA. En otras palabras, John Carmack se caga en ellos. ¿De qué sirve desarrollar un nuevo motor gráfico que exprime las posibilidades del DirectX10 si ellos, nuestros entrañables amigos de ojos rasgados, con una paleta gráfica propia de un GameBoy Advance se apañan? Dios mío: Guilty Gear XX, me asusta pensar en un juego de lucha en 2D. O por ejemplo el Oendan 2, otro prodigio de la tecnología nipona.
Pero es que…. En occidente también nos las traemos. Ojito con el mercado español o inglés que mierda tras mierda nos las tragamos sin buscar nada de calidad. Piensa en los Need For Speed, Pro Evolution Soccer, sucedaneos de Doom’s o alguna otra saga de periodicidad anual. Nos lo tragamos todo. Eso si, nos lo tragamos pero con una nVidia al rojo vivo.Entonces, qué conclusión sacamos, pues que los japos juegan a mierdas, pero mierdas originales; y nosotros jugamos a las mismas mierdas de siempre: machacando fórmulas inventadas y únicamente lavándole la cara con nuevos motores gráficos.
Y la pregunta que os lanzo a la cara es: ¿cómo te gusta comerte la mierda?
He apagado, vuelto a encender, desconectado el cable A/V, vuelto a enchufar, y nada. He dejado pasar un rato, como si el tiempo solito pudiese vestirse de mecánico de ilusiones y reparar místicamente mi amada consola. No ha funcionado, claro.
Después de sollozar, de abrazar a mi pequeña blanca y de gritar al cielo el típico “¿por qué a mí?”, he tirado la toalla. He comprendido que yo solo no podía hacer más. Me he metido en la página de Xbox, y, oh, sorpresa, en la sección ‘Soporte’, destacado viene un enlace que dice algo así como “Cuatro luces rojas parpadean en mi Xbox360”. Es decir, debe ocurrir tanto que ya le dedican una sección monotemática. Pero, ¡voto a bríos!, he echado cuentas y tres luces no es lo mismo que cuatro. Oh, oh, mi problema no va a ser el habitual.
Al borde del suicidio, con una botella de whisky al lado ya de un bote de barbitúricos, me he arrastrado hasta el teléfono, y lo he hecho: he marcado el 900 94 8952, asistencia técnica de Microsoft. He dado parte de mi desgracia y me ha explicado el asunto un majísimo y pacientísimo Mohamed (juro que me ha dicho que se llamaba así, aunque es probable que, hastiado de que la gente no entienda su nombre, ha decidido bautizarse profesionalmente con el manido Mohamed). Mi pequeña va a tener que emprender un largo viaje a Alemania, sin compañía, en busca de unas manos profesionales que mancillen sus virginales entrañas y le hagan volverse a sentir joven. Irse a Alemania de picos pardos, al más puro estilo Alfredo Landa en sus tiempos mozos, quién me lo iba a decir.
Hasta dentro de 15 días laborables no regresará mi pequeña a la que es su casa (dos incisos: laborable, que no natural, o sea casi tres semanas; y encima primero tienen que venir a por ella, en un par de días, a sumar a esas casi tres semanas). ¡Dios mío, creo que nunca he estado tanto tiempo separado de mi X! ¿Podremos superarlo? ¿Volverá sana como un roble? ¿Se enamorará del alemán que, con la pericia de sus dedos, le haga una cura integral?
Para mayor mofa, ironía del destino, ayer mismo renové mi suscripción a Xbox Live… hace 24 horas soñaba con un año largo de vicios continuos en la red, y ahora sólo puedo viciarme al solitario o al buscaminas, pues hace tiempo que borré de mi PC todos los juegos, al entender, iluso de mí, que con los de la X me bastaban y me sobraban. Y es que ya se sabe, hay que tener siempre un plan B.
Adiós, mi dulce amasijo de cables y chips, mi compañera de desvelos, de alegrías y rabietas, mi inventora de ficciones,… que sea el tuyo un buen viaje, y no te olvides de que aquí queda esperándote tu dueño, que ya no lo es, porque ahora parece que tú mandas y yo obedezco, cabeza gacha, pulgares en los botones e índices machacando gatillos.
Sí, soy lacayo de mi consola, que ha enfermado, y yo no tengo la cura. Sólo me queda suspirar, rezar y sobornar a los de UPS para que traten mi tesoro (el Gollum ese no tiene ni idea de lo que es perder un tesoro) como es debido.
Suerte, dueños de Xbox360, orad al Dios Bill Todopoderoso para que no corráis mi misma suerte, porque, amigos, otra cosa no podréis hacer.

El otro día llegué rendido a casa y en mi mente solo había lugar para una palabra: vaguear. Me senté en mi sofá favorito y encendí la tele. Destrozado por el agotamiento físico decidí convertirme en un espectador pasivo y rendirme ante el embrujo de la televisión. En ese momento comenzó unos de los programas que más están dando de que hablar en la blogsfera nacional: Factor X, un nuevo reality producido por Cuatro. Si aun no habéis oído hablar de este programa, os puedo decir que es una gran cantera donde encontrar diamantes en bruto del zapping nacional y carnaza de youtube. Se cuentan a cientos los clips de estos friki/artistas que buscan una oportunidad para sacar tajada del circo mediático que rodea este reality. Ejemplo de ello es el simpático/paranoico "ponte el cinturón", tema del cual hasta ya existe un politono.
Ante los concursantes hay un jurado especializado que los evalúa. En caso de que el aspirante a "artista" no posea las cualidades que ellos buscan, los consuelan con la frase: "tú no tienes el factor X que buscamos, lo sentimos... pero quedas eliminado".
Entonces, en este punto, es donde me planteo la similitud que tenemos entre este concurso y la industria del videojuego: ¿cuál es el Factor X que buscan las grandes editoras a la hora de producir un juego?
Imagina por un momento un jurado compuesto por Peter Molyneux, John Carmack y Shigeru Miyamoto: tres artistas, tres conceptos de juego, tres continentes con sus respectivas diferencias culturales, pero todos ellos con una misión: encontrar el factor X del juego que están dispuesto a producir. Ante ellos, de pie en medio de la sala, un joven diseñador de juegos senegalés. ¿Serán capaces de encontrar un único factor X en el cual coincidan los tres? ¿Puede darse el caso de que cada uno de estos encuentre su propio Factor X? ¿Existe ese factor X en la industria de los videojuegos o simplemente jugamos con moldes predefinidos?Muy pronto continuaremos con: “la reflexión de Leo”. De momento podéis ir aportando vuestras opiniones.
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