Pasado, futuro ¿... y el presente?
A veces me gusta pararme a pensar y darme cuenta de cuanto tiempo hace de que llegué al mundo. Soy joven, tan solo hace catorce años que existo. No te das cuenta, en realidad, en catorce años caben gran cantidad de cosas.
Con frecuencia me paro a ver fotos de mi infancia. Cierro, también, los ojos y soy capaz de verme hace años atrás, o no años, no hace tanto de aquel día, pienso. Quizás, me obsesione demasiado mi pasado, pero me resulta bastante placentero recordarme en otros tiempos.
No sé, también me planteo que cuándo soy más feliz, si en el momento o en lo que queda grabado en mi memoría.
Tengo grabada, por ejemplo Split, una isla de Croacia genial, uno de mis lugares favoritos, aunque cuando estaba allí, tumbada en una amaca al lado del mar y rodeada a la vez de una impresionante vegetación, cuando me sumergía en el agua y tras el cristal de las gafas podía ver todos los colores en peces y arrecifes de coral, cuando dormía bajo la luz de las estrellas, cuando me pasaba la tarde entera jugando al ping-pong con mi amigo Eric... ( y resalto todo tanto, porque hoy me parece impresionante, aquellos días fueron realmente encantadores) no me divirtía tanto como se divierte mi memoria.
No, no es que lo pasara mal, porque estaba bien, me encontraba bastante bien, pero con mi cabeza perdida en otra galaxia o en mi pasado, en un momento anterior, igual que ahora recuerdo todo lo que pasaba entonces y quizás me esté perdiendo la belleza de los días de hoy.
El tren, un tren muy antiguo y atestado de gentes, turistas de todas partes del mundo y personas del lugar que tienen la necesidad de trasladarse por un motivo u otro.
Partió hará dos horas de Praga con destino a Suiza, habré de pasar la noche en él. Papá, mamá y mi hermanita están leyendo tranquilos en nuestro compartimento, yo ando de vagón a vagón mirando por las ventanas. Kilómetros y kilómetros de paisajes bellos, paradas en estaciones como las que salen en las películas y describen los cuentos, compañeros de viaje que sin conocer tu lengua te regalan su simpatía en una sonrisa o ofreciendote parte de su merienda, y sin embargo... yo solo estoy esperando llegar a Suiza, solo pienso en los Alpes y en los paseos en bici, quiero llegar y no estoy apreciando del todo el fantástico momento que los viajeros, que las vistas y que el frescor del viento que entra por la ventana cuando asomo la cabeza me ofrecen.
Me siento a ver la televisión un día normal con unos amigos y me digo, "ale, qué guay, como antes", ¿Por qué como antes? ¿No sabes decir como hoy? ¿No sabes decir, "ale qué guay me lo estoy pasando hoy"?
No lo tengo claro, a pesar de todo, me considero una persona bastante feliz, por el ayer o por el hoy, pero feliz.
(Sí, he vuelto, he vuelto para quedarme, no tengo prevista la duración, sí que seré más frecuente en publicar mis artículos)
Con frecuencia me paro a ver fotos de mi infancia. Cierro, también, los ojos y soy capaz de verme hace años atrás, o no años, no hace tanto de aquel día, pienso. Quizás, me obsesione demasiado mi pasado, pero me resulta bastante placentero recordarme en otros tiempos.
No sé, también me planteo que cuándo soy más feliz, si en el momento o en lo que queda grabado en mi memoría.
Tengo grabada, por ejemplo Split, una isla de Croacia genial, uno de mis lugares favoritos, aunque cuando estaba allí, tumbada en una amaca al lado del mar y rodeada a la vez de una impresionante vegetación, cuando me sumergía en el agua y tras el cristal de las gafas podía ver todos los colores en peces y arrecifes de coral, cuando dormía bajo la luz de las estrellas, cuando me pasaba la tarde entera jugando al ping-pong con mi amigo Eric... ( y resalto todo tanto, porque hoy me parece impresionante, aquellos días fueron realmente encantadores) no me divirtía tanto como se divierte mi memoria.
No, no es que lo pasara mal, porque estaba bien, me encontraba bastante bien, pero con mi cabeza perdida en otra galaxia o en mi pasado, en un momento anterior, igual que ahora recuerdo todo lo que pasaba entonces y quizás me esté perdiendo la belleza de los días de hoy.
El tren, un tren muy antiguo y atestado de gentes, turistas de todas partes del mundo y personas del lugar que tienen la necesidad de trasladarse por un motivo u otro.
Partió hará dos horas de Praga con destino a Suiza, habré de pasar la noche en él. Papá, mamá y mi hermanita están leyendo tranquilos en nuestro compartimento, yo ando de vagón a vagón mirando por las ventanas. Kilómetros y kilómetros de paisajes bellos, paradas en estaciones como las que salen en las películas y describen los cuentos, compañeros de viaje que sin conocer tu lengua te regalan su simpatía en una sonrisa o ofreciendote parte de su merienda, y sin embargo... yo solo estoy esperando llegar a Suiza, solo pienso en los Alpes y en los paseos en bici, quiero llegar y no estoy apreciando del todo el fantástico momento que los viajeros, que las vistas y que el frescor del viento que entra por la ventana cuando asomo la cabeza me ofrecen.
Me siento a ver la televisión un día normal con unos amigos y me digo, "ale, qué guay, como antes", ¿Por qué como antes? ¿No sabes decir como hoy? ¿No sabes decir, "ale qué guay me lo estoy pasando hoy"?
No lo tengo claro, a pesar de todo, me considero una persona bastante feliz, por el ayer o por el hoy, pero feliz.
(Sí, he vuelto, he vuelto para quedarme, no tengo prevista la duración, sí que seré más frecuente en publicar mis artículos)





