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COCOLADAS
Mundos que imagené con tu película
Acerca de
Cineasta de mi vida.
 
Lo que vino después del senza fine...
Hace días que Mario no llora, que no echa de menos a Alicia. Está orgulloso de ello; pero a la vez, un miedo extraño se ha apoderado de él. ¿Llegará el momento en que le resulte imposible crear en mente su imagen? ¿La está dejando olvidada como dejó a sus juguetes de niño, como los libros de cuentos que cojen polvo en su estantería porque conforme va creciendo carecen de interés, de calidad literaria, de realismo...?
Sería eso lo que faltó en su historia, el realismo. La había idolatrado, la había elevado hasta las estrellas, la había creído lo más parecido al perfeccionismo sin darse cuenta de que aquel, era el primer defecto y sin poder esperar, por consecuente, que todo llegaría a su fin y que le dañaría queriendo o sin querer, como acostumbran a terminar haciendo todas.

Pero la preocupación, hoy no es esa.
La preocupación es Lluvia.
Conoció a lluvia por casualidad, -estúpida expresión "por casualidad" ¿Acaso hay algo en esta vida que no nos llegue por casualidad? Bueno, la disculparemos bajo la excusa de que no es más que una forma de hablar.

El timón que mueve el destino, quiso que una tarde en las que Mario se pierde por las calles en un paseo sin destino, una chica quinceañera y aparente dulce tropezase con él.

-Disculpe, lo siento. Siempre voy igual, debería mirar al suelo cuando camino- decía ella mientras se ponía en cuclillas para recoger las partituras de piano que había tirado sin querer.
A la misma vez, Mario se inclinada y le ayuda a recogerlas.
-No te preocupes, ¡Si ha sido mi culpa!- respondió éste sorprendido por la buena educación y simpatía de la niña tan dificil de encontrar en los tiempos que corren ahora.
Entregó los papeles y cuando ella tendía la mano para guardarlos los observó momentáneamente, no tardó en deducir que era una estudiante de piano, pero aquello no lo espera, una nota al pie de la página escrita en una letra que no podía dejar de resultarle familiar. Un shock repentino hizo que viese unas manos ágiles escribir en sus partituras. Era increible, el profesor de aquella chica debía ser Iñaki Perales, pianista, compositor y profesor de piano en el conservatorio de grado medio de la capital.
Sin haberse percatado de que estaba ante una completa desconocida, menciona: -¡Eh! Estudias piano en el conservatorio,
¿Verdad? Y te da clases Iñaki Perales ¿A que sí?
-¿Cómo? Sí, jejejeje, ¿ pero cómo lo sabes?- con una sorisa en los labios.
-Yo también he estudiado piano, e Iñaki fue mi profesor.
-¿Eres pianista?
-En mis ratos libres. Bueno, toma, llevabas mucha prisa.
-Sí, es que está comenzando a llover.
-Pues a mí me encanta la lluvia.
-Entonces te caeré bien -entre risas- Me llamo Lluvia.
-Yo me llamo Mario.
-Encantada, Mario.
-Igualmente, Lluvia.
-Me marcho, he dejado a mi gato en la azotea y se está mojando.
-Adiós.
-Adiós.

Un encuentro con alguien tan agradable le alegró la tarde a Mario, pero no le dio más importancia.

La sorpresa fue cuando tres días más tarde, un día de trabajo aburrido, (no lo hemos mencionado antes, pero hace un año que Mario trabaja) Lluvia apareció por la consulta.
Lluvia entra en la sala con Otto, el gato.
El veterinario, con su bata blanca se vuelve y la descubre.
Se saludan.
-No sabía que trabajases- dice ella.
-Hay que susistir.
-Sí, bueno, ya. pero creía que estudiabas...

La visita del veterinario terminó con una cita en el cine, en plan amigos, claro está.
Él se acercó a la taquilla a comprar las dos entradas, mientras ella le miraba. Como había sido tan rápido apenas había tenido tiempo de analizarlo detenídamente, como le gusta a hacer con cada persona.
Levis estrechos, abrochados por debajo de la ingle y caídos hasta la altura de las zapatillas, una vans a cuadros blancos y celestes. Manos guardadas en los bolsillos de tal forma que le dan un aspecto de chico relajado y seguro de sí mismo.
Una camiseta azul marina sencilla.
Si le hubiesen pedido describirlo en una sola palabra el primer adjetivo que le habría atribuído sería atractivo.
Claro que era bastante mayor que ella.

Pasó el tiempo, y descubrieron que tenían muchas cosas en común: cinéfilos, buenos lectores, amantes de las artes plásticas, viajeros, despistados, inquietos, pianistas, descubridores, nadadores... en fin, una serie de elementos que junto a otros cuantos les hacen ser especiales.

Ayer, Lluvia dejó de mirar sus vans, le miró a los ojos y se perdió en su mirada mientras él surcaba el los mares de los suyos.

"Delicados labios, mirada que anda perdida tras el cristal de sus gafas, serenidad, cabellos despeinados, pero su tez revela el secreto de que comenzó a vivir nueve años antes que yo."

"Una sonrisa dulce, belleza infantil, bueno, más que infantil adolescente. Me gustan mucho sus ojos.
Me llena tanto que ni quiera deja sitio a Alicia.
Aunque su piel... su piel me dice a gritos que hace poco que comenzó a vivir ¿A vivir? A vivir de verdad, quiero decir, hace poco que empezó a hacer su vida. "

Y ese es todo el dilema, Lluvia ama a Mario y Mario ama a Lluvia.
LLuvia tiene crecer y Mario que envejecer.

Lo más bonito es que no sufren. Lluvia porque es joven para hacerlo y Mario porque gastó tantas lágrimas por el amor pasado que algo interno no le deja hacerlo, algo le obliga a sentirse dichoso y feliz cuando piensa en ella. Pensar en ella le relaja, pensar en ella es soñar, viajar a lugares jamás descubiertos y que sólo puede ver él.


Hoy la besa, hoy se abrazan, hoy se quieren; aunque mañana Mario se preocupará por poder curar el gato de Lluvia, pero no su alma enferma.



 
El camino que no se ve
Quieren pero no pueden.
No se dan cuenta de que avanzan en una carretera que no termina, que atraviesa las ciudades y que sin que te percates ya ha dado toda la vuelta y empieza de nuevo.
Un objetivo inalcanzable, invisible, que no existe, porque no hay comienzo y tampoco final.

Lo que no saben es que la carretera tiene desvios que llevan a lugares inolvadables a través de paisajes desconocidos, los paisajes que nunca han visto y que ni si quiera están esperando conocer.







 
El camino que no se ve
Quieren pero no pueden.
No se dan cuenta de que avanzan en una carretera que no termina, que atraviesa las ciudades y que sin que te percates ya ha dado toda la vuelta y empieza de nuevo.
Un objetivo inalcanzable, invisible, que no existe, porque no hay comienzo y tampoco final.

Lo que no saben es que la carretera tiene desvios que llevan a lugares inolvadables a través de paisajes desconocidos, los paisajes que nunca han visto y que ni si quiera están esperando conocer.







 
Per sognare, per potere ricordare...
Mario llora en silencio. se esconde entre las sábanas y con ellas ahoga su llanto:
La habitación está oscura, la única iluminación son las estrellitas fluorescente que pegó un día en el techo, cuando las lágrimas estaban reservadas exclusivamente para las princesas de cuentos que esperaban en la torre a su príncipe.
Nadie ha visto llorar a Mario, sólo ella, él quiso un día dejarse ver, sincerarse, y ahora se da cuenta del grave error que cometió, no hay que decir del todo la verdad, hay que ser fuerte, o al menos comportarse como si uno lo fuese, "Boys don´t cry" dice su canción favorita, él quiere ser un chico de los que no llora.

Se arropa, pero es en vano, hace frío, un frío que nace en el núcleo de su cuerpo, piensa el chico engañándose quizás.

En su cabeza se repiten las imágenes de la película que acaba de ver, sabe que a Alicia le encanta Isabel Coixet; de hecho, de no haber sido porque sabe lo mucho que le gustó ese film no la habría visto. Tuvo que conformarse con la compañía del pijama de ella, aún conserva su aroma.
Si no está, no hay nadie mejor que su ausencia, no le apetece escuchar los comentarios que cualquier amigo pudiese hacer, todos carecen de interés, sólo Alicia entiende a los guionistas.
Sólo se está bien, mejor así.

Sus ojos ya se han adaptado a la oscuridad, pero siguen ahogados en lágrimas, su habitación no es más que un puñado de imágenes translúcidas.

Mario, el chico de sonrisas, el más enérgico y feliz de todos no puede dejar de lamentarse.
Se siente desgraciado. No cree merecer nada de lo que le ocurre. -Pero, ¿qué le ocure?- Nada, no le pasa nada eso es lo que más le entristece.

El enreda y desenrada todo, la otra se ríe del niño.

Vuelve a desenterrar todos los sueños que guardó.
No puede, no sabe ni explicárselo a sí mismo, la necesita para crear historias nuevas, no puede vivir con las de antes.

Reconoce que es trágico, sabe que su vida no gira entorno a nadie, esconde la cabeza bajo la almoada, se ríe de él momentaneamente y el llanto continúa.

Se siente estúpido otra vez, no quiere llorar más, sabe que ya todo ha pasado porque Alicia no va a volver, ya le ha demostrado que no debe confiar en ella, ya ha perdido la esperanza.
Y cuando no se espera no te defraudan.
Quizás vuelva, vacila. No, no va a hacerlo, y si lo hiciese no va a estar esperando hasta el momento.
Alicia no volverá, aunque antes de dormir, le escribe un cuento, por si acaso.
Por si acaso en vez de volver, regresa.


Senza fine,
Tu trascini la nostra vita
Senza un attimo di respiro
Per sognare
Per potere ricordare...


 
Todo bien
-¿Cómo te va la vida?
-Bien, bien.
-¿Los amigos?
-Bien,bien.
-¿Tus papis?
-Bien, bien.

Hay veces en que las cosas van todas bien.
¿Quién se aburre de que todo vaya bien? ¿Quién se cansa de que todo sea normal?

No quiero complicaciones, no quiero que me saturen la cabeza, me gusta cuando las cosas son normales y van simplemente bie
 
Sin entender
¿Has pensado alguna vez como serían las cosas si las sintieses pero no encontrases el sentido? ¿Si no las comprendieses?

Miras las letras y no ves nada más que formas, garabatitos.
Los olores, no son más que olores, no vienen de ningún sitio y nada los desprende.
Las palabras, nada más que sonidos con ritmo y distintos tonos con la voz de una persona u otra.
Tocas algo, sientes que es suave, no importa que pueda ser, simplemente es suave.

Eres como un bebé en sus primeros días de vida, una mezcla entre el sueño y la realidad.
Quizás por eso no recordemos nada de aquellos tiempos, porque no había motivos, ni razones, ni respuestas, ninguna explicación.
Y no podemos llevar a cabo el concepto de vida sin eso, nadie sabe limitarse a sentir.

Si tú lo sabes, por favor, enséñame.


 
Sábados de normal
El reloj marcaba las nueve y trece minutos, era una noche de sábado normal, como cualquier otra.
Terminé de ver un film; Elephant de Gus Van Sant, concrétamente.
Apagué la televisión, y bajé de casa.

Marqué el número de teléfono de un viejo amigo, avanzaba calle abajo mientras mantenía una agradabilísima conversación, una de éstas en lo que cuentas lo primero que se te pasa por la cabeza y casi sin darte cuenta haces un breve resumen de no más de cuatro o cinco minutos de la actualidad de tu vida.
Cuelgo y me río, la amplia plaza de San Antonio, se haya iluminada por varias farolas, nunca me había fijado en ellas, son sencillas eso es lo que las hace bonitas, me gustan. Algún que otro niño corretea con una pelota entre los pies.

Y allí, en el lateral de la plaza, tras una puerta formadas por cuarterones de cristal se guarda un restaurante de esos de los de toda la vida, pero lo piensas dos veces y dudas lo de "de toda la vida", eres consciente de los pocos que quedan, quizás sea porque tampoco hubo muchos en su tiempo.

Entro, y me siento sumergida en una película de Jean Pierre Jeunet.
Las paredes son de color beige (el color me trajo a la cabeza la conversación telefónica anterior, aquel chico resaltó el color uno de nuestros primeros días de charla).
No hay mucha gente.
El camarero, vestido con pantolones de pinza y pajarita negros haciendo contraste con su camisa blanca, aparta la silla de la mesa que me corresponde para que tome asiento. Con una voz delicada y un tono educado (tono que cualquier persona mayor, lo habría descrito como propio de un hombre "como Dios manda") , me pregunta si deseo tomar alguna bebida mientras me entrega la carta, - Quiero agua, por favor- contesto.
La cubierta de la carta, huele a goma, a plástico, también me gusta ese olor.
Y para mi sorpresa, veo que la carta se dividide en dos, sí, una es para los platos típicos gaditanos y la otra media para los platos chinos, bebo un trago de agua asustada temiendo tener una alucinanción.
Pero, no, las letras siguen tal cuál.
Decido no tomar primer plato, pido tallarines con gambas, y para beber un Nestea.
Observo con detenimiento el lugar, y descubro en las paredes dos cuadros de la plaza que diviso a través de la puerta, uno es una pintura tan realista que me hace dudar incluso de si es una fotografía, se ve en él la plaza soleada, el otro está pintado sobre azulejos.
Hay también una estantería; en lo alto de ella, una coleción de sifones, son antiguos embases de gaseosa.
Llegan mis tallarines. "Ummhm, están deliciosos, es un plato chino, pero tienen un toque muy castellano"

En ese instante, la puerta se abre y entra un chico de cabellos rizados y dorados con aires de despreocupación, lleva un jersey a rombos sobre una camiseta pegada y unos pantolenes con los que se podría usar la incierta expresión de va la moda. Gafas sin monturas y bajo el brazo un monográfico de Mafalda.
Camina hasta la mesa de mi derecha, otro camarero galán retira su silla y él se sienta.
-¿Desea tomar alguna bebida?
-Quiero agua, por favor- contesta, y la frase no puede dejar de resultarme familiar.
Le entregan la carta y noto en él, la misma impresión que tuve hace unos minutos.
Mira a su alredor intentando encontrar una respuesta, y solo me encuentra a mí.
-Eh, ¿Has visto ésto?
-Sí. A mí también me también me ha sorprendido- río.
Un cocinero que ha salido de la cocina momentaneamente nos escucha y nos cuenta que éste fue en Cádiz el primer restaurante chino, que en la antigüedad tuvieron un cocinero de verdadero origen oriental, pero que con el tiempo, habían vuelto a sus platos de siempre, sin olvidar, por supuesto, la influencia de aquel chef.

-¿Lees viñetas de Quino?- pregunto.
-Sí, adoro Mafalda.
-A mí, también me gusta.
Y gira su cabeza hacia la estantería de las botellas de gaseosa.
-No puedo creerlo, mira esto: -
Y vi como en aquella página del cómic, Mafalda utilizaba las botellas como autopropursores de aire comprimido.

Llegó el postre, pastel de chocolate con menta por mi parte, tarta de manzana por la suya.

La cuenta por favor, puede quedarse con la vuelta, intercambio de números de teléfono y hasta luego, espero verte otro día.

Sábado noche, sábado de casualidades, sábado normal.