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COCOLADAS
Mundos que imagené con tu película
Acerca de
Cineasta de mi vida.
 
La cadena global de singulares incidentes
En una tarde de primavera, exactamente en la tarde del día 14 del cuarto mes del año, abril.
Los ojos de Joan se llenan de lágrimas tras ver el cinco que ha obtenido en su examen de matemáticas, el líquido difumina su alrededor, lo que le imposibilita la visión y a causa de esto pierde los interesantes incidentes que se acechan hoy en el patio de recreo.
Hay partido de fútbol, los de quinto contra los de sexto curso. Un niño corre, chuta el balón y este se eleva restallante hasta llegar a la portería, allí espera el portero, Julio, un espléndido jugador, el mejor de todos los que han competido en ese campo; se tira a por la pelota, cae al suelo y la esfera atraviesa la línea blanca del suelo. El niño que había chutado salta, alza los brazos y grita gol. Julio se levanta, le sangran las rodillas, llora, pero no por sus rodillas, si no por el balón que no frenó. No dice nada y se marcha lentamente del terreno de juego, entra en el edificio y camina hasta la enfermería, allí, el enfermero coge la mercromina y un pedacito de algodón. Lo que no saben es que ese trocito de algodón antes de ser sometido a los adecuados tratados de desinfección y de higiene absorbió una lágrima de una chica camerunés de un pequeño pueblo, de Kozalocated, lloraba porque un mosquito, y no uno cualquiera, un mosquito anopheles infectado con plasmodium picó hace unos meses a su hermano y este contrajo la malaria, Salem, que así se llama, ha dedicado su vida a detectar minas antipersonas, minas antipersonas que matan a cualquier despistado que se entretenga en dar un paseo por los campos. Ésta es la preocupación de Benoît, un buen señor francés que ha decidido marcharse de su país y prestar ayuda humanitaria en uno de estos lugares, donde las minas no favorece precisamente al desarrollo de la población. La marcha de Benoît ha sido la causa de que el pequeño Guillaume, su hijo, se haya convertido en un niño enmadrado y con excesivos mimos, desde que se fue, su mujer se dedica única y exclusivamente al niño. Es un asunto que preocupa a la psicóloga del chico, tal es su preocupación que no le concedió una cita al hombre incapaz de aceptarse así mismo, al que le disgusta su cuerpo, está tan disgustado que desde hace mucho que no tiene sexo con su compañero sentimental, Imanol, un chico sensato, un centrado ingeniero que a causa de la falta de cama está inquieto y es incapaz de terminar los planos de la nueva carretera. El retraso de esta construcción se comenta hoy en el informativo de las dos lo que inspira a un escritor fracasado a crear una aburrida de historia con la que intenta aclarar las causas del incidente.
Y así, cada detalle, se une a una interminable cadena que comunica todos los hechos, todas las catástrofes.
Mañana quizás sea un diez, o un gol de Julio, puede que no estallen más minas antipersonas porque ya lo hayan hecho antes, también podría ser que Imanol cambiase de pareja. Todo ello acarrearía una seríe de consecuencias que afectaría al resto, al desarrollo de Kozalcated o a la madurez de Guillaume, o el escritor fracasado triunfe relatando la historia de este hombre y su amante, quién sabe.
 
El día que descubrí a Helio
Si de niña me hubiesen pedido que mencionase a un mejor amigo, posiblemente habría dicho Helio o Gala.
Helio y Gala eran mis amigos mayores.

Gala venía todas las tardes a recogerme del cole, me ayuda a hacer los deberes, me llevaba al parque a jugar, me curaba cuando me hacía pupas, en verano me llevaba a su casa, íbamos a la playa y me extendía la protección solar por la espalda para que no quemase, me daba permiso para que me quedase más tiempo en la bañera, me llevaba a jugar a casa de Javier...
Me contaba cuentos, me contaba lo que imaginaba, no necesitaba leer. Yo, a veces, leía en voz alta para que ella pudiese saber como eran las historias que pasaban por mi cabeza.
Desde leer, hasta los nombres de los planetas, pasando por las tablas de multiplicar. Todas las tardes aprendía algo nuevo. Recuerdo perféctamente la de veces que me hizo repetir los nombres del sistema oseo, y lo que me costó distinguir el cúbito del radio, ya no los confundiré nunca gracias a esas tardes en las que yo la veía como un ser maligno porque no me dejaba levantarme de la silla hasta que no me sabía bien la lección.

Siempre, siempre estaba conmigo. Cuando crecí ella me explicaba las cosas y me secaba las lágrimas cuando lloraba.
Era una madre a la vez que una amiga y una hermana. Podía contarle las travesuras que no confesaba a mis padres y así desaparecía mi cargo de consciencia, además me gustaba porque no esperaba nada de mí.


Helio.
Helio era de complexión fuerte, muy alto, tan alto que podía tocar el techo de mi habitación dando un saltito. Me subía en sus hombros de paseo y podía ver el suelo muy lejos.

Era nadador, nadábamos juntos y hacíamos carreras. Me dejaba ganar y yo me enfadaba.

Bueno, para hablar de Helio he de decir de dónde vino. Helio era el mejor amigo de mi tío Borja. Borjita era mi tío favorito y murió a mis cinco años. Cuando vivía Borja, Helio era su mejor amigo. Les encantaba llevarme de paseo, llevarme a cualquier sitio.
Mi tío Borja me quería muchísimo y yo a él también. El día que me dejó, hizo de tío, Helio.

Helio era muy valiente. Nadie, excepto él, hablaba de Borja, todos tenían miedo y él no.

Me sentía especialmente protegida con él.

Todo empezó un verano. Yo tenía diez años.
Nos habíamos reunidos en la casa de campo todos.
Lo pasábamos muy bien.
En la piscina, de excursiones, viendo las estrellas todas las noches...
Éramos veintidos, todos mayores, yo era la única niña. Ellos estaban de fiesta todo el día. Yo, si no leía, estaba con Gala o con Helio.

Creo que Gala y Helio se conocieron por mí, creo que se gustaron. Creía que se gustaron; ahora puedo asegurlo, se gustaron y se gustan.

Lo supe porque Gala, si Helio estaba cerca, ella se distraía de lo que yo le estaba leyendo. Siempre ponía en mí todos sus sentidos, no se despistaba a no sé que hubiese algo extraordinario.

Helio no pasaba tanto tiempo en la piscina nadando conmigo, hablaba con Gala.

Pasaron aquellos días.
Helio y Gala se habían hecho muy amigos y decidieron llevarme una semana a Barcelona. Mis padres, con ellos me dejaban ir a cualquier sitio.
En Barcelona lo pasamos muy bien, pero había algo que me intrigaba. Helio, a veces, desaparecía cuando sonaba su teléfono móvil, y no era un ratito, podía llevarse desaparecido dos horas.
Un día, mientras él se duchaba sonó su teléfono móvil y le pedí permiso para responder, me lo dio. Descolgué, escuché al otro lado la voz de Virginia, recordé quién era Virginia, ¡Cielos! Virginia era la novia de Helio, sí, no cabía la menor duda, alguna vez habíam venido juntos a mi casa. Hablé y fue muy simpática conmigo.

Olvidé la charla, no vino a mi cabeza en todas las vacaciones.
Éstas (las vacaciones) terminaron, volví de nuevo al cole.
Gala volvió a torturarme cada tarde en mi mesa de trabajo y Helio a recogerme los viernes de la piscina. Algunos días quedábamos los tres juntos.

Uno de estos días, fuimos Gala y yo a casa de Helio a darle una sorpresa. Helio se quedó realmente sorprendido, pero no parecía contento.
No tardé en descubrir el por qué, Virginia estaba en casa. Nos invitó a pasar, ellos tomaron un café, yo tomé zumo de naranja, fue el zumo de naranja más amargo de toda mi vida.

Salimos de allí Gala y yo, dimos un paseo por el río, Gala lloró.
-¿Por qué lloras?
-No estoy llorando.
-Y entonces, ¿que es eso que sale de tus ojos?
-Es por el Sol.
-¿Y el Sol te cambia las lágrimas por tu sonrisa?

Me dio un beso en la cabeza e insistí de nuevo:
-Cuéntame. Es por Helio, ¿verdad?
-¿Cómo lo sabes?
-No te había dicho que tenía novia, ¿no?
-Sí, me lo había contado, Helio nunca dice mentiras.
-¿Entonces?
-No puedo explicártelo, no lo entenderías.
-Le diste un beso, ¿a que sí?

Asintió. Yo le di un abrazo. Ella me dijo que cuando llegase el momento me lo contaría.
No podía entender como Helio no quería ser amigo de Gala. Gala era la chica más guapa que conocía, la más tierna y la que mejor sabía cuidar.

Hace cinco años de aquel día. El tiempo pasó sin que Gala y Helio se viesen, al menos eso creía yo. La recordé como una de tantas historias, pero no le di una importancia especial.

El otro día, Gala me acercaba a casa de una amiga en su coche -aunque ya no se encargue de mí, sigue haciéndome este tipo de favores-.

Yo le hablaba de mis problemas, de mis desamores; de mis historias, en general.

Ella me escuchó, y luego habló.
-¿Recuerdas que un día te dije que te contaría una cosa cuando llegase el momento?
-Pues no, Gala, la verdad es que no. Lo siento.
-No te preocupes, eras una niña.
-¿Qué pasa?
-Verás. Un día estábamos en el río, cuando eras pequeña, y...
-Sí, el día que lloraste.
-¿Te acuerdas?
-No olvidaré nunca ese día.
-Pues, te cuento... ¿Sabes? Helio y yo estuvimos saliendo, sí, estuvimos saliendo, hasta después de ese día. Fuimos novios. Pero le dejé.
-Le dejaste, ¿por qué?
-Él estaba y está con Virginia, no la quiere, pero es incapaz de hacerle daño.

Gala seguía hablando, yo ya no la escuchaba.
Helio el valiente, había pasado a ser Helio el cobarde.
Helio, el chico con el que más segura me sentía me había defraudado y disimuló muy bien su cobardía durante muchos años, durante toda mi vida, que se dice rápido.
Helio vive atrapado con Virginia, sacrifica su felicidad por la de ella, no se atreve a enfrentarse a la realidad, porque no quiere a Virginia, de eso no me cabe la menor duda.

Desde entonces, Gala es mi amiga grande, Helio es el nadador cobarde. Ya no es mi tío, estoy segura de que Borja jamás haría eso.
¡Helio, cobarde! Volveré a creer en ti cuando afrontes la realidad y luches por tu bien estar. Seré injusta, pero no tengo amigos cobardes.
Huye, corre, lucha por lo que quieres.

Helio, eres un cobarde.
 
Me gustas tú
Me gustan los aviones, me gustas tü.
Me gusta viajar, me gustas tú.
Me gusta la mañana, me gustas tú.
Me gusta el viento, me gustas tú.
Me gusta soñar, me gustas tú.
Me gusta la mar, me gustas tú.

¿Qué voy a hacer? Je ne sais pas.
Qué voy a hacer? Je ne sais plus.
¿Qué voy a hacer? Je suis perdu.
Que horas son, mi corazón.

Manu Chao



(Así de simple, así de claro)
 
El señor que no tuvo historia
Oscuro traje de chaqueta, zapatos brillantes, corbata correctamente anudada, camisa blanca sin la presencia de la menor de las arrugas.
Lleva un paso rápido por los pasillos marcando cada uno de ellos y haciendo ruido con los zapatos.
Es una de estas personas capaces de mantener la mente en blanco, capaz de no pensar nada, capaz de mirar letras y no leerlas.
Desde su punto de vista todo es digno de mención, aunque no de repetición. Las cosas se piensan una sola vez.
Cree en la célebre frase de "lo bueno, si es breve, dos veces bueno".
Cuando era niño se había limitado a saber que existía, sin haber mostrado interés por la historia de la cigüeña que trae a bebés de París, sin haber pensado que vino del amor de sus padres, sin que éstos hubiesen hecho nada por despertar su curiosidad
Nunca destacó en nada.
Los resultados escolares se mantuvieron en el notable, los universitarios también; ningún sobresaliente, ningún suspenso.
Los martes y los jueves, clase de natación. Los sábados jugaba al tenis, costumbre que aún conserva.
Todos los veranos viajaba con sus primos a una casita al sur de España cerca del mar. En navidades practicaba esquí en Los Alpes. Formaba parte de la rutina anual.
El día de su decimoctavo cumpleaños bebió su primera cerveza, se sorprendió con una película de terror y perdió su virginidad. Terminó con su infancia después de haber soplado las velas del pastel de la fiesta de cumpleaños, fiesta a la que asistieron chicos correctos, buenos, finos, guapos y educados.

Su vida se mantiene, no sabe donde se sitúa el centro de gravedad pero es consciente de que existe.

Tiene carisma. Atrae a mujeres con su elegancia, pero el amor hacia ellas nace cada noche para morir con el sonido del despertador que anuncia que el día ha comenzado. Jamás ha permitido que la velocidad de las palpitaciones de su corazón aumenten por nadie. Siempre ama con lógica.
No compra rosas,no confunde con margaritas, si ha de regalar flores, serán tulipanes.

Una educación esquisita.
Días con
Su vida se mantiene, no sabe donde se sitúa el centro de gravedad pero es consciente de que existe.

Envejecerá, y un día, no ha temprana edad ni demasiado tarde, morirá. A sus familiares le será indiferente incinerarlo o enterrarlo aunque acabará en una tumba elegante, que no llamará la atención y que nadie que pasée ante se detendrá a observar por algún motivo concreto.