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COCOLADAS
Mundos que imagené con tu película
Acerca de
Cineasta de mi vida.
 
El día que descubrí a Helio
Si de niña me hubiesen pedido que mencionase a un mejor amigo, posiblemente habría dicho Helio o Gala.
Helio y Gala eran mis amigos mayores.

Gala venía todas las tardes a recogerme del cole, me ayuda a hacer los deberes, me llevaba al parque a jugar, me curaba cuando me hacía pupas, en verano me llevaba a su casa, íbamos a la playa y me extendía la protección solar por la espalda para que no quemase, me daba permiso para que me quedase más tiempo en la bañera, me llevaba a jugar a casa de Javier...
Me contaba cuentos, me contaba lo que imaginaba, no necesitaba leer. Yo, a veces, leía en voz alta para que ella pudiese saber como eran las historias que pasaban por mi cabeza.
Desde leer, hasta los nombres de los planetas, pasando por las tablas de multiplicar. Todas las tardes aprendía algo nuevo. Recuerdo perféctamente la de veces que me hizo repetir los nombres del sistema oseo, y lo que me costó distinguir el cúbito del radio, ya no los confundiré nunca gracias a esas tardes en las que yo la veía como un ser maligno porque no me dejaba levantarme de la silla hasta que no me sabía bien la lección.

Siempre, siempre estaba conmigo. Cuando crecí ella me explicaba las cosas y me secaba las lágrimas cuando lloraba.
Era una madre a la vez que una amiga y una hermana. Podía contarle las travesuras que no confesaba a mis padres y así desaparecía mi cargo de consciencia, además me gustaba porque no esperaba nada de mí.


Helio.
Helio era de complexión fuerte, muy alto, tan alto que podía tocar el techo de mi habitación dando un saltito. Me subía en sus hombros de paseo y podía ver el suelo muy lejos.

Era nadador, nadábamos juntos y hacíamos carreras. Me dejaba ganar y yo me enfadaba.

Bueno, para hablar de Helio he de decir de dónde vino. Helio era el mejor amigo de mi tío Borja. Borjita era mi tío favorito y murió a mis cinco años. Cuando vivía Borja, Helio era su mejor amigo. Les encantaba llevarme de paseo, llevarme a cualquier sitio.
Mi tío Borja me quería muchísimo y yo a él también. El día que me dejó, hizo de tío, Helio.

Helio era muy valiente. Nadie, excepto él, hablaba de Borja, todos tenían miedo y él no.

Me sentía especialmente protegida con él.

Todo empezó un verano. Yo tenía diez años.
Nos habíamos reunidos en la casa de campo todos.
Lo pasábamos muy bien.
En la piscina, de excursiones, viendo las estrellas todas las noches...
Éramos veintidos, todos mayores, yo era la única niña. Ellos estaban de fiesta todo el día. Yo, si no leía, estaba con Gala o con Helio.

Creo que Gala y Helio se conocieron por mí, creo que se gustaron. Creía que se gustaron; ahora puedo asegurlo, se gustaron y se gustan.

Lo supe porque Gala, si Helio estaba cerca, ella se distraía de lo que yo le estaba leyendo. Siempre ponía en mí todos sus sentidos, no se despistaba a no sé que hubiese algo extraordinario.

Helio no pasaba tanto tiempo en la piscina nadando conmigo, hablaba con Gala.

Pasaron aquellos días.
Helio y Gala se habían hecho muy amigos y decidieron llevarme una semana a Barcelona. Mis padres, con ellos me dejaban ir a cualquier sitio.
En Barcelona lo pasamos muy bien, pero había algo que me intrigaba. Helio, a veces, desaparecía cuando sonaba su teléfono móvil, y no era un ratito, podía llevarse desaparecido dos horas.
Un día, mientras él se duchaba sonó su teléfono móvil y le pedí permiso para responder, me lo dio. Descolgué, escuché al otro lado la voz de Virginia, recordé quién era Virginia, ¡Cielos! Virginia era la novia de Helio, sí, no cabía la menor duda, alguna vez habíam venido juntos a mi casa. Hablé y fue muy simpática conmigo.

Olvidé la charla, no vino a mi cabeza en todas las vacaciones.
Éstas (las vacaciones) terminaron, volví de nuevo al cole.
Gala volvió a torturarme cada tarde en mi mesa de trabajo y Helio a recogerme los viernes de la piscina. Algunos días quedábamos los tres juntos.

Uno de estos días, fuimos Gala y yo a casa de Helio a darle una sorpresa. Helio se quedó realmente sorprendido, pero no parecía contento.
No tardé en descubrir el por qué, Virginia estaba en casa. Nos invitó a pasar, ellos tomaron un café, yo tomé zumo de naranja, fue el zumo de naranja más amargo de toda mi vida.

Salimos de allí Gala y yo, dimos un paseo por el río, Gala lloró.
-¿Por qué lloras?
-No estoy llorando.
-Y entonces, ¿que es eso que sale de tus ojos?
-Es por el Sol.
-¿Y el Sol te cambia las lágrimas por tu sonrisa?

Me dio un beso en la cabeza e insistí de nuevo:
-Cuéntame. Es por Helio, ¿verdad?
-¿Cómo lo sabes?
-No te había dicho que tenía novia, ¿no?
-Sí, me lo había contado, Helio nunca dice mentiras.
-¿Entonces?
-No puedo explicártelo, no lo entenderías.
-Le diste un beso, ¿a que sí?

Asintió. Yo le di un abrazo. Ella me dijo que cuando llegase el momento me lo contaría.
No podía entender como Helio no quería ser amigo de Gala. Gala era la chica más guapa que conocía, la más tierna y la que mejor sabía cuidar.

Hace cinco años de aquel día. El tiempo pasó sin que Gala y Helio se viesen, al menos eso creía yo. La recordé como una de tantas historias, pero no le di una importancia especial.

El otro día, Gala me acercaba a casa de una amiga en su coche -aunque ya no se encargue de mí, sigue haciéndome este tipo de favores-.

Yo le hablaba de mis problemas, de mis desamores; de mis historias, en general.

Ella me escuchó, y luego habló.
-¿Recuerdas que un día te dije que te contaría una cosa cuando llegase el momento?
-Pues no, Gala, la verdad es que no. Lo siento.
-No te preocupes, eras una niña.
-¿Qué pasa?
-Verás. Un día estábamos en el río, cuando eras pequeña, y...
-Sí, el día que lloraste.
-¿Te acuerdas?
-No olvidaré nunca ese día.
-Pues, te cuento... ¿Sabes? Helio y yo estuvimos saliendo, sí, estuvimos saliendo, hasta después de ese día. Fuimos novios. Pero le dejé.
-Le dejaste, ¿por qué?
-Él estaba y está con Virginia, no la quiere, pero es incapaz de hacerle daño.

Gala seguía hablando, yo ya no la escuchaba.
Helio el valiente, había pasado a ser Helio el cobarde.
Helio, el chico con el que más segura me sentía me había defraudado y disimuló muy bien su cobardía durante muchos años, durante toda mi vida, que se dice rápido.
Helio vive atrapado con Virginia, sacrifica su felicidad por la de ella, no se atreve a enfrentarse a la realidad, porque no quiere a Virginia, de eso no me cabe la menor duda.

Desde entonces, Gala es mi amiga grande, Helio es el nadador cobarde. Ya no es mi tío, estoy segura de que Borja jamás haría eso.
¡Helio, cobarde! Volveré a creer en ti cuando afrontes la realidad y luches por tu bien estar. Seré injusta, pero no tengo amigos cobardes.
Huye, corre, lucha por lo que quieres.

Helio, eres un cobarde.
No