Cartas a Marión
Tengo el plan perfecto. Hoy mismo dará comienzo.
Te buscaré por toda la ciudad, urbanización por urbanización, barriada por barriada, sé que aún sigues aquí, cerca de mí.
Podría introducir explosivos en tus pelotas de tenis. Sería una imagen deliciosa, la tarde de el miércoles, en el club, con tus amigas Clarita y la esposa de Quintanilla, oír sus gritos de espanto al ver como el rojo mancha tus zapatillas y tú saltas en mil pedazos.
¿Qué harías al ver tus preciados vestiditos bañados en pintura verde? ¿Qué dirían las chicas de “El Pineda”?
Te recomendaría usar un traje de baño lo suficientemente elegante, pues también pasa por mi mente el cambiar el agua de tu piscina por metacrilato, y sé bien lo que significaría para ti que tu cuerpo comenzase a endurecerse mientras luces una prenda indigna de un cuerpo como el tuyo, una prenda que no refleje tu situación social y económica.
Son tantas las travesuras que se me ocurren… iré sin embargo a la menos violenta y más dolorosa.
Sabes que nadie mejor que yo conoce tu secreto.
Serás tú misma la que termine huyendo, no habrá club, no habrá fundación (sí, esas en las que te gusta pasearte como si realmente pintases algo en el panorama cultural), no habrá residencia en que no conozcan la verdad. Y serás tú la que se marcha, serás tú la que huye, la que se esconde entre los suburbios de la más triste de las ciudades.
Y esta frase no forma parte de ninguno de nuestros anteriores juegos eróticos. “Corre, querida zorra, mi zorra…”
Te buscaré por toda la ciudad, urbanización por urbanización, barriada por barriada, sé que aún sigues aquí, cerca de mí.
Podría introducir explosivos en tus pelotas de tenis. Sería una imagen deliciosa, la tarde de el miércoles, en el club, con tus amigas Clarita y la esposa de Quintanilla, oír sus gritos de espanto al ver como el rojo mancha tus zapatillas y tú saltas en mil pedazos.
¿Qué harías al ver tus preciados vestiditos bañados en pintura verde? ¿Qué dirían las chicas de “El Pineda”?
Te recomendaría usar un traje de baño lo suficientemente elegante, pues también pasa por mi mente el cambiar el agua de tu piscina por metacrilato, y sé bien lo que significaría para ti que tu cuerpo comenzase a endurecerse mientras luces una prenda indigna de un cuerpo como el tuyo, una prenda que no refleje tu situación social y económica.
Son tantas las travesuras que se me ocurren… iré sin embargo a la menos violenta y más dolorosa.
Sabes que nadie mejor que yo conoce tu secreto.
Serás tú misma la que termine huyendo, no habrá club, no habrá fundación (sí, esas en las que te gusta pasearte como si realmente pintases algo en el panorama cultural), no habrá residencia en que no conozcan la verdad. Y serás tú la que se marcha, serás tú la que huye, la que se esconde entre los suburbios de la más triste de las ciudades.
Y esta frase no forma parte de ninguno de nuestros anteriores juegos eróticos. “Corre, querida zorra, mi zorra…”





