Mi primer ballet
A él acudí con una excelente amiga y bailarina.
Era la primera vez que iba a un espectáculo de esta índole.
Al llegar al Teatro de Madrid y acomodarme en mi butaca para ver el espectáculo de "Espartaco" interpretado por el Ballet Clásico estatal de Kiev, me parecía raro estar allí.
Nada más empezar me impresionó el hecho de que el escenario sólo estuviera decorado con un bloque rectangular de cartón y como fondo hubiera un enorme dibujo de un paisaje natural formado con montañas, casas y agua del mar.
Acostumbrada más al teatro o al cine, me esperaba un gran montaje, pero pronto entendí que no hacía falta, ya que lo importante del escenario eran sus bailarines.
A lo largo del espectáculo hubo un momento en el que me perdí, por más que miraba el tríptico que nos habían dado al llegar, no entendía en que acto estábamos, pero el problema era mío y es que al estar acostumbrada a que al menos una persona narre la historia que se representa, se me hacía difícil algunas veces diferenciar y entender lo que ocurría. Aunque quiero dejar claro que no era por los bailarines, sino más bien por mi inexperiencia ante este tipo de eventos.

A pesar de todo, el ballet me gustó, las dos horas que duró no se me hicieron largas y gracias a mi amiga, pude entender algo de este arte, y es que estos bailarines hacen cosas verdaderamente asombrosas, así por ejemplo, cuando un bailarín cogía en brazos a una de sus compañeras mi amiga suspiraba y decía “Uf eso es muy chungo”, yo claro lo veía y me gustaba pero no sabía qué punto de dificultad tenía, como también me ocurría con los giros y piruetas voladas (sí, me lo ha dicho mi amiga que se llaman así, no es que yo ahora sea una experta), que yo las veía y me gustaban, pero mi amiga sólo volvía a repetir ¡Qué chungo!
La verdad es que parece difícil esto del ballet y más llevar zapatillas de puntas, en definitiva, yo no me veo por ahí andando de puntillas y volando sobre los hombros de un bailarín, pero tengo que reconocer que el espectáculo me gustó y para mí ha sido una nueva experiencia, que la verdad nunca había pensado vivir porque esto nunca me había llamado la atención.
Me siento orgullosa de haber podido disfrutar de él, aunque no lo hice tanto como mi amiga, pero al menos disfruté y lo compartí con toda una experta.
Beatriz Cermeño
Era la primera vez que iba a un espectáculo de esta índole.
Al llegar al Teatro de Madrid y acomodarme en mi butaca para ver el espectáculo de "Espartaco" interpretado por el Ballet Clásico estatal de Kiev, me parecía raro estar allí.
Nada más empezar me impresionó el hecho de que el escenario sólo estuviera decorado con un bloque rectangular de cartón y como fondo hubiera un enorme dibujo de un paisaje natural formado con montañas, casas y agua del mar.
Acostumbrada más al teatro o al cine, me esperaba un gran montaje, pero pronto entendí que no hacía falta, ya que lo importante del escenario eran sus bailarines.
A lo largo del espectáculo hubo un momento en el que me perdí, por más que miraba el tríptico que nos habían dado al llegar, no entendía en que acto estábamos, pero el problema era mío y es que al estar acostumbrada a que al menos una persona narre la historia que se representa, se me hacía difícil algunas veces diferenciar y entender lo que ocurría. Aunque quiero dejar claro que no era por los bailarines, sino más bien por mi inexperiencia ante este tipo de eventos.

A pesar de todo, el ballet me gustó, las dos horas que duró no se me hicieron largas y gracias a mi amiga, pude entender algo de este arte, y es que estos bailarines hacen cosas verdaderamente asombrosas, así por ejemplo, cuando un bailarín cogía en brazos a una de sus compañeras mi amiga suspiraba y decía “Uf eso es muy chungo”, yo claro lo veía y me gustaba pero no sabía qué punto de dificultad tenía, como también me ocurría con los giros y piruetas voladas (sí, me lo ha dicho mi amiga que se llaman así, no es que yo ahora sea una experta), que yo las veía y me gustaban, pero mi amiga sólo volvía a repetir ¡Qué chungo!
La verdad es que parece difícil esto del ballet y más llevar zapatillas de puntas, en definitiva, yo no me veo por ahí andando de puntillas y volando sobre los hombros de un bailarín, pero tengo que reconocer que el espectáculo me gustó y para mí ha sido una nueva experiencia, que la verdad nunca había pensado vivir porque esto nunca me había llamado la atención.
Me siento orgullosa de haber podido disfrutar de él, aunque no lo hice tanto como mi amiga, pero al menos disfruté y lo compartí con toda una experta.
Beatriz Cermeño
Los Goyas sorprenden con “La Soledad” y Belén Rueda se queda sin premio
Tras ver “El Orfanato” y con tanto bombo que le han dado a la película y la interpretación de Belén Rueda, creía que el premio a la mejor película y a la mejor actriz correspondería a este film. Pese a todo y bajo mi pronóstico, la cinta no consiguió ninguno de estos dos premios, “La soledad”, de Jaime Rosales, se llevó el Goya a la mejor película y Maribel Verdú, por su interpretación en “Siete mesas de billar francés”, el correspondiente a la mejor actriz.
Claro, que yo no he visto éstas películas, por tanto me hice una idea vaga de todo y me dejé llevar por mi intuición, como pasa a diario en nuestra vida que hacemos las cosas más por intuición que por otra cosa y no nos informamos lo suficiente para hacernos una idea clara de todo y después poder elegir objetivamente.
En este caso, además de dejarme llevar, no ví las demás películas, por lo que me informé mínimamente.
A pesar de todo, “El Orfanato” ganó los premios Goya a mejor director novel para Juan Antonio Bayona, mejor dirección artística, maquillaje, sonido, dirección de producción, guión original y efectos especiales.
De la gala además de estos dos premios, me sorprendió el momentazo de Alfredo Landa, quien tras subir al escenario para recibir el premio de Honor a toda su carrera, se quedó sin palabras y parecía estar bajo un inquietante estado de “shock”.
A pesar de todo, me alegro de los ganadores. Maribel Verdú me gusta como actriz y la sorpresa de los premios obtenidos por la película “La soledad”, que además del premio a la mejor película, obtuvo la estatuilla al mejor director (Jaime Rosales), muestra, en mi opinión, que el cine español es impredecible no como otros premios cuyo nombre coincide con el de un primo mío que esta surcando las Américas.
Por tanto, sólo decir que lo siento, no tuve tiempo para ver estos films, pero ahora prometo que iré a ver “La Soledad” y “Siete mesas de billar francés” para poder realizar una valoración más óptima, pero no aseguro que vaya a cambiar de parecer con respecto al “Orfanato”, sólo que me informaré lo suficiente como para poder opinar con más criterio y no dejarme llevar por mi propia intuición y lo que dicen los demás (medios, amigos...).
Beatriz Cermeño
Claro, que yo no he visto éstas películas, por tanto me hice una idea vaga de todo y me dejé llevar por mi intuición, como pasa a diario en nuestra vida que hacemos las cosas más por intuición que por otra cosa y no nos informamos lo suficiente para hacernos una idea clara de todo y después poder elegir objetivamente.
En este caso, además de dejarme llevar, no ví las demás películas, por lo que me informé mínimamente.
A pesar de todo, “El Orfanato” ganó los premios Goya a mejor director novel para Juan Antonio Bayona, mejor dirección artística, maquillaje, sonido, dirección de producción, guión original y efectos especiales.
De la gala además de estos dos premios, me sorprendió el momentazo de Alfredo Landa, quien tras subir al escenario para recibir el premio de Honor a toda su carrera, se quedó sin palabras y parecía estar bajo un inquietante estado de “shock”.
A pesar de todo, me alegro de los ganadores. Maribel Verdú me gusta como actriz y la sorpresa de los premios obtenidos por la película “La soledad”, que además del premio a la mejor película, obtuvo la estatuilla al mejor director (Jaime Rosales), muestra, en mi opinión, que el cine español es impredecible no como otros premios cuyo nombre coincide con el de un primo mío que esta surcando las Américas.
Por tanto, sólo decir que lo siento, no tuve tiempo para ver estos films, pero ahora prometo que iré a ver “La Soledad” y “Siete mesas de billar francés” para poder realizar una valoración más óptima, pero no aseguro que vaya a cambiar de parecer con respecto al “Orfanato”, sólo que me informaré lo suficiente como para poder opinar con más criterio y no dejarme llevar por mi propia intuición y lo que dicen los demás (medios, amigos...).
Beatriz Cermeño
LA BELLEZA ESTA EN EL INTERIOR
Es uno de mis cuentos de Disney favoritos.
Una navidad cuando era pequeña mis amigas acudieron a verlo, pero yo no pude ir con ellas. Su canción más conocida comienza así: “Se oye una canción que hace suspirar…" Ahora soy más mayor, pero por fin he visto el musical de la Bella y la Bestia.
¡Qué espectáculo tan bonito!
“La Bella y la Bestia” es el cuento clásico de Disney que ha conquistado a millones de niños y mayores en todo el mundo, y que, por suerte para todos, ha vuelto a Madrid estas navidades y permanecerá seis meses en el teatro Coliseum.
Durante la representación de esta tierna historia de amor entre los protagonistas, Bella y Bestia, no he podido parpadear, incluso me dolía la mandíbula de quedarme todo el rato boquiabierta, ya que no sólo los actores lo hacían bien, sino que todo el musical respondía a un diseño cargado de imaginación y fantasía, que han logrado incluso, transportarme a otro lugar, a ese momento en el que yo de pequeña estaba sentada en una pequeña sala de cine junto a mis primos y ví por primera vez esta película de Disney.
De las 2 horas y 40 minutos que duró el espectáculo, me es difícil resaltar que es lo que más me gusto, pero sí recuerdo que me sorprendió la escena del “gran festín”. En la película, platos, vasos, servilletas, cubiertos… bailan alrededor de una tarta, y en el musical yo pensaba ¿Cómo representarán esta parte? Pues bien, lo hicieron perfecto, igual que en la película; incluso mejor diría yo. Platos, tazas, toda una vajilla bailaba al son de la música, y al acabar la canción se disparó incluso confeti, fue increíble y me sorprendió mucho como la imaginación humana puede llegar a conseguir cosas así.
Cabe resaltar que este musical incluye una nueva canción que no está presente en la película, se titula “Un cambio en mí”, canción que Alan Meneen compuso especialmente para Tony Braxton cuando ésta debutó en Broadway en el papel de Bella.
Al finalizar el musical, me entregaron un cupón en el que optaba a un viaje para dos personas a Barcelona, me pedían escribir en dos líneas qué había sentido al ver el espectáculo y mi respuesta fue: “según Jesulín de Ubrique esto ha sido Imprezionante”. Sé que no fui original, pero no tenía palabras para describir lo que había visto, así que tuve que utilizar las palabras de otro para valorar este espectáculo, que claramente me dejó sin palabras.
Beatriz Cermeño
Una navidad cuando era pequeña mis amigas acudieron a verlo, pero yo no pude ir con ellas. Su canción más conocida comienza así: “Se oye una canción que hace suspirar…" Ahora soy más mayor, pero por fin he visto el musical de la Bella y la Bestia.
¡Qué espectáculo tan bonito!
“La Bella y la Bestia” es el cuento clásico de Disney que ha conquistado a millones de niños y mayores en todo el mundo, y que, por suerte para todos, ha vuelto a Madrid estas navidades y permanecerá seis meses en el teatro Coliseum.
Durante la representación de esta tierna historia de amor entre los protagonistas, Bella y Bestia, no he podido parpadear, incluso me dolía la mandíbula de quedarme todo el rato boquiabierta, ya que no sólo los actores lo hacían bien, sino que todo el musical respondía a un diseño cargado de imaginación y fantasía, que han logrado incluso, transportarme a otro lugar, a ese momento en el que yo de pequeña estaba sentada en una pequeña sala de cine junto a mis primos y ví por primera vez esta película de Disney.
De las 2 horas y 40 minutos que duró el espectáculo, me es difícil resaltar que es lo que más me gusto, pero sí recuerdo que me sorprendió la escena del “gran festín”. En la película, platos, vasos, servilletas, cubiertos… bailan alrededor de una tarta, y en el musical yo pensaba ¿Cómo representarán esta parte? Pues bien, lo hicieron perfecto, igual que en la película; incluso mejor diría yo. Platos, tazas, toda una vajilla bailaba al son de la música, y al acabar la canción se disparó incluso confeti, fue increíble y me sorprendió mucho como la imaginación humana puede llegar a conseguir cosas así.
Cabe resaltar que este musical incluye una nueva canción que no está presente en la película, se titula “Un cambio en mí”, canción que Alan Meneen compuso especialmente para Tony Braxton cuando ésta debutó en Broadway en el papel de Bella.
Al finalizar el musical, me entregaron un cupón en el que optaba a un viaje para dos personas a Barcelona, me pedían escribir en dos líneas qué había sentido al ver el espectáculo y mi respuesta fue: “según Jesulín de Ubrique esto ha sido Imprezionante”. Sé que no fui original, pero no tenía palabras para describir lo que había visto, así que tuve que utilizar las palabras de otro para valorar este espectáculo, que claramente me dejó sin palabras.
Beatriz Cermeño
El tour negro
Hoy en el metro no me he podido reprimir, lo reconozco. He intentado pasar por encima de la sección de deportes, sobre todo, de la de ciclismo, pero entre tanta pretemporada, he echado un vistazo al triunfo de Alberto Contador. Y me he vuelto a enganchar.
Las fotos en los Campos Elíseos, las palabras de admiración de Indurain, Delgado y Bahamondes, la gesta de Contador en la montaña y en la vida. Creo no hay deporte tan agradecido en las crónicas deportivas, es como sentirlo como nuestros padres y abuelos, totalmente mediatizado dejando volar la imaginación y construyendo las hazañas de nuestros ídolos.
Pero la realidad nos obliga a hacer a un aterrizaje forzoso poniendo otra vez en el suelo, Iban Mayo da positivo en la ronda gala. Cuando Contador había devuelto la esperanza, otro varapalo. No sé hasta cuando aguantara la paciencia de los aficionados.
Desde el caso Festina en 1998, el ciclismo agoniza. Ahora mismo ha entrado en fase terminal, nadie le da esperanza, ni tampoco tiempo de vida, a pesar de que uno de los nuestro ha ganado. El último escándalo del Tour, le ha asestado el tiro de gracia por la espalda, de la forma más cruel.
Antes de la expulsión de Michael Rasmussen, la ronda gala volvió a encandilar a los aficionados con caras nuevas y mucho espectáculo. Un Tour abierto, sin ningún gran gallo en el corral. Pero la sombra alargada del dopaje vuelve a enviar al ciclismo a la lona. En una especie deja vú que se repite cada vez más esperpéntico. Sólo hace falta tirar de palmarés y ver que todavía a día hoy no existe ganador el año pasado.
Todo este espectáculo no es que hace podrirse a uno de los deportes más sacrificados, ni siquiera las declaraciones de Judas de ex corredores o ex directores deportivos, sino la ruptura con la afición. La traición y el engaño, mostrando una competición adulterada.
La premisa de cualquier deporte es la competición pura, el enfrentamiento individual o por equipos de igual a igual, que llena de incertidumbre el desenlace.
Es lo que más daño está haciendo al ciclismo. Uno empieza a dudar si el que más aguanta en la montaña lleva un extra más, si el ganador ha encontrado una sustancia milagrosa, hasta que uno empieza dudar si hay algún corredor que corra limpio.
Espero que Contador y los que vengan detrás devuelvan la ilusión a uno de los deportes más bellos.
Las fotos en los Campos Elíseos, las palabras de admiración de Indurain, Delgado y Bahamondes, la gesta de Contador en la montaña y en la vida. Creo no hay deporte tan agradecido en las crónicas deportivas, es como sentirlo como nuestros padres y abuelos, totalmente mediatizado dejando volar la imaginación y construyendo las hazañas de nuestros ídolos.
Pero la realidad nos obliga a hacer a un aterrizaje forzoso poniendo otra vez en el suelo, Iban Mayo da positivo en la ronda gala. Cuando Contador había devuelto la esperanza, otro varapalo. No sé hasta cuando aguantara la paciencia de los aficionados.
Desde el caso Festina en 1998, el ciclismo agoniza. Ahora mismo ha entrado en fase terminal, nadie le da esperanza, ni tampoco tiempo de vida, a pesar de que uno de los nuestro ha ganado. El último escándalo del Tour, le ha asestado el tiro de gracia por la espalda, de la forma más cruel.
Antes de la expulsión de Michael Rasmussen, la ronda gala volvió a encandilar a los aficionados con caras nuevas y mucho espectáculo. Un Tour abierto, sin ningún gran gallo en el corral. Pero la sombra alargada del dopaje vuelve a enviar al ciclismo a la lona. En una especie deja vú que se repite cada vez más esperpéntico. Sólo hace falta tirar de palmarés y ver que todavía a día hoy no existe ganador el año pasado.
Todo este espectáculo no es que hace podrirse a uno de los deportes más sacrificados, ni siquiera las declaraciones de Judas de ex corredores o ex directores deportivos, sino la ruptura con la afición. La traición y el engaño, mostrando una competición adulterada.
La premisa de cualquier deporte es la competición pura, el enfrentamiento individual o por equipos de igual a igual, que llena de incertidumbre el desenlace.
Es lo que más daño está haciendo al ciclismo. Uno empieza a dudar si el que más aguanta en la montaña lleva un extra más, si el ganador ha encontrado una sustancia milagrosa, hasta que uno empieza dudar si hay algún corredor que corra limpio.
Espero que Contador y los que vengan detrás devuelvan la ilusión a uno de los deportes más bellos.
Nacidos con más de 2.500 euros bajo el brazo
Ya se ha desatado la batalla para ver quién da más por un recién nacido. Enhorabuena papás y mamás. El pequeño retoño vendrá con 2.500 euros debajo del brazo. Pero, ahí no queda la cosa. El PP, también, a esta promoción de ‘reproducción asistida económica’, subiendo la puja a 3.000 euros en las Comunidades Autónomas en las que gobierna.
Todas las ayudas son acumulables. Incluso, con las que ya ofrecen las administraciones autonómicas. Un llamamiento a todas las parejas para que apaguen la tele y se centren en menesteres amatorios para garantizar el relevo generacional. Me temo que la medida no va a surtir efecto para aumentar la natalidad. Por mucho que se empeñen en ganar votos –digo dar ayudas directas- se siguen manteniendo los mismos problemas estructurales a la hora de plantearse el tener hijos: faltas de guarderías públicas o en las propias empresas, malos horarios laborales…
Dar a luz a un niño, además de un esfuerzo inconmensurable, requiere un ejercicio de planificación vital hoy en día, que ríete de la elaboración de los presupuestos generales del Estado.
Todas las ayudas son acumulables. Incluso, con las que ya ofrecen las administraciones autonómicas. Un llamamiento a todas las parejas para que apaguen la tele y se centren en menesteres amatorios para garantizar el relevo generacional. Me temo que la medida no va a surtir efecto para aumentar la natalidad. Por mucho que se empeñen en ganar votos –digo dar ayudas directas- se siguen manteniendo los mismos problemas estructurales a la hora de plantearse el tener hijos: faltas de guarderías públicas o en las propias empresas, malos horarios laborales…
Dar a luz a un niño, además de un esfuerzo inconmensurable, requiere un ejercicio de planificación vital hoy en día, que ríete de la elaboración de los presupuestos generales del Estado.