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La otra cara de Finanzas.com
Acerca de
Al margen de la disciplina estrictamente económica y financiera, existen otras tantas que no entran en los gráficos y por las que hay que dejarse persuadir de tanto en cuando, por salud oigan. De esas otras tantas nos ocuparemos (y digo "nos" porque este es un blog a cuatro manos) con agrado y no con menos gusto, de darles ligeros y comedidos apuntes, casi de refilón, para que sean ustedes quienes cuestionen y creen disyuntivas...Ya saben, "lo importante es no dejar de hacerse preguntas". (A.Einstein)
Sindicación
 
Y ahora unos consejos publicitarios y enseguida volvemos
¿Alguien ha visto el nuevo anuncio de Clio?Sí hombre, ese que salen los caballitos de carrusel correteando por el campo, y un chihuahua del tamaño de la catedral de Burgos. Pues venía yo pensando en qué me gustaría ser a mí si volviera a nacer... y la verdad es que no lo tengo muy claro todavía.
Desde luego lo que no quiero es tener tres brazos y tres piernas como el protagonista del spot... no digo yo que la campaña no sea original pero no tiene mucha lógica. ¿Cómo subiríamos a una moto? ¿Y cuando abrazáramos a una persona que pasaría con tanto brazo? Mejor lo dejo.

Recientemente acudí a una exposición en el que pude continuar mis científicos estudios sobre la lógica de la publicidad. La muestra se llamaba “La Publicidad Vive la Moda” y presentaba 459 carteles publicitarios desde 1880 hasta hoy.

CÓMO SER MUJER... SIN MATAR A NADIE

¿Que si saqué algo en claro? Para empezar salí de allí con un considerable ataque de feminismo. Descaradamente me miraba desde una de las paredes un cartel de 1939 con el siguiente mensaje: “¡Mujer! La llave del triunfo, la modestia. Ni escotes, ni brazos desnudos, ni vestidos cortos, ni abiertos, ni ceñidos”, ¿les parece bien un mono azul de trabajo, bien holgadito? Si en los inicios de la posguerra se dedicaban a estas cosas, normal que ahora estemos como estamos...

Más adelante, en torno a los años 60, además de tapadita, había que estar mona, (que si se lo dijeran a más de una de esas que me encuentro yo en Joy, no sé qué dirían): “9 de cada 10 estrellas utilizan Lux”... daban ganas de preguntar lo que usaba la décima para no comprarlo yo tampoco...

Pero lo mejor fue un anuncio de prensa, auténtico alegato a la liberación femenina, y oda a la esposa abnegada y trabajadora que encontré cerca de los cosméticos de las estrelladas: las camisas Fibrelene, que tenían un tejido especial que no necesitaba plancharse, una tarea verdaderamente tediosa para la mujer, (especialmente en verano). Lo mejor de todo es que estás magníficas prendas que libraban a las féminas del yugo de las labores del hogar pretendían atraer compradoras con el pretexto, atractivísimo, de que dispondrían de más tiempo para, literal, ocuparse de sus hijos y su marido. Estoy que no quepo en mí...

POR SI NO HABÍA TENIDO SUFICIENTE...

Salí de allí indignada contra el mundo publicitario y por aquello de “si no quieres caldo, toma dos tazas” (o algo así), días después acudí a una feria en IFEMA, “Sign”, segura de que destaparía los más oscuros trucos publicitarios, pero una vez más las cosas no fueron lo que parecían.

El salón estaba dedicado sobre todo a los profesionales del cartel... por reducirlo de alguna manera. Lo digo porque no vi ningún truco, pero me topé con más de veinte máquinas para crear carteles de todos los tamaños, colores y olores. Sí, también olores, no me he vuelto loca.Lo digo porque una de ellas, mediante un punzón especial grababa logos y dibujos en madera, bronce, vidrio, piedra, espuma... vamos que le faltaba hacer tatuajes y poner cafés. Justo cuando la vi estaba grabando unas letras en metacrilato, y todos sabemos cómo huele el metacrilato al ser cortado, (y si no lo saben, se lo creen).

Otra maquinita curiosa era una especie de máquina de coser con apariencia de caja registradora antigua que conectada a un ordenador hacía un dibujo en algo parecido al punto de cruz... "Alucinador".

¿La conclusión que saqué? Pues que en esto del marketing y la publicidad no hay nada mejor, nuevamente, que un buen catering. El stand en el que más gente había era, inevitablemente, uno en el que ofrecían un apetecible aperitivo con el que mi régimen estableció un pacto de no agresión y sobre el que yo volví a mis teorías de que da igual lo profesional que sea uno, cuando hay regalos de por medio, no hay feria, ni estrategias empresariales ni colas suficientemente largas.

¿Lo mejor? Un Mini Cooper rojo en el que reparé cuando me marchaba. Tenía grandes tiras de algo parecido a cinta aislante sobre el capó y esperaba a que se le impresionaran unos logotipos... eso parecía hasta que me acerqué y comprobé que los cristales estaban llenos de dedos y las ruedas considerablemente sucias. Gallardón debería considerar ampliar las plazas de parking en IFEMA...
 
Ya soy una mujer de alta alcurnia
¡Estoy emocionada! ¡No me lo puedo creer! Ayer, por fin, pude cumplir uno de mis sueños. ¡ESTUVE EN UN SARAO CON FAMOSOS!

La fiesta fue en Joy Eslava. Vinicio Pajaro presentaba su nueva colección de abrigos de piel, de cuyo gusto prefiero no acordarme, y Norma Duval, imagen de la firma, y sus amigas, acudieron al evento.

¿Qué por qué pude asistir? Después de destapar los secretos de Artépolis esto era pan comido para mí, bueno y que aproveché la coyuntura de que un familiar recibiera una invitación después de haber entregado sus datos en una de sus tiendas al adquirir uno de sus abrigos, eso sí, durante las rebajas.

Pues ahí me planté yo con una amiga, ansiosas de empaparnos de todo el glamour de la alta sociedad española y esperando dar el pego entre las personalidades que esperábamos encontrar.

UNA ELEGANCIA TAN ETÉREA... QUE NO SE VEÍA

¿Que si las encontramos? Pueeesss... había mucha peluquería, mucho brillo, mucho collar y algún que otro chaquetón de pieles bastante despistado teniendo en cuenta la agradable noche que hacía. Pero al ver la cantidad de apuestos sesentones que franqueaban la entrada del brazo de hermosísimas señoritas, que a buen seguro eran sus nietas, me embargó tal sentimiento de amor filial y fraternidad que no le di más vueltas.

Los famosos los contamos con los dedos de la mano, mezlados con
algún que otro “casposillo”, sí, ese término que utilizan en la prensa del hígado para designar a la gente cutre que pretende pasar por elegante, sin conseguirlo y que llenan las portadas y los programas esos que nadie asume que ve, -yo por supuesto, tampoco-.

A lo que íbamos, allí estaban Rappel, el señor don Jaime Ostos y su señora, Mª Ángeles Grajal –seamos educados que dicen que tiene muy mala leche-, Bárbara Rey, que no estaba muerta, estaba de parranda, la periodista Paloma Barrientos, que rompió un vaso, la inevitable , y elegantisssssima,Marivi Coll o Lita Trujillo, ex mujer de Jaime Ostos y viuda de Ramfis Trujillo, ahí lo lleva. Ramfis era el primogénito del dictador dominicano Leónidas Trujillo que con sus perlas ha provocado que la pobre Lita viva exiliada en España.

Bueno, que me pongo muy seria. Si podíamos tener alguna duda sobre la ausencia o presencia de glamour allí, esta se disipó después del desfile. Cuando un grupo de camareros empezó a sacar grandes bandejas con jamón ibérico, lomo, queso, croquetas y demás aperitivos, la gente abandonó aquella pantomima de buena educación y pseudodistinción para abalanzarse sobre aquellas pobres personas que se sentían salchicha ante el perro de Pavlov.

LA BATALLA DEL JAMÓN SERRANO

La gente se levantaba de sus asientos para, literalmente, guardar amontonamiento, que no cola, frente a la puerta por la que salían las bandejas. Yo finalmente desistí, y me limité a tomar un par de refrescos mientras a mi lado dos jovenzuelos apuraban sus whiskys. A buen seguro celebraban su primer afeitado...

¿La guinda? Cuando abandonaba finalmente después de que una señora me miró con odio porque mi cuerpo se interponía entre ella y la fuente de los pasteles. Fue entonces cuando vi cómo un matrimonio metía en una bolsa varias manzanas de las que se habían colocado en torno a una columna, como adorno. ¿Se guardarían también jamón en los bolsillos?
 
La magia no sólo es cosa de niños
Después de un día de fiesta, la inevitable pregunta al llegar al trabajo hoy ha sido ¿qué hiciste ayer? Lo que no me imaginaba yo es que mis planes originaran semejante estupor en mis compañeros.

Sí, ya sé que soy algo más jovencita que ellos... ¡pero no es para tanto!

DÓNDE IR UN DÍA DE FIESTA...

En fin, supongo que ya os habrá picado la curiosidad a vosotros también por saber lo que hice... y si no es así yo os lo cuento igualmente porque si no lo digo... ¡reviento! ¿Preparados? Bien, asistí a un espectáculo de magia.

¿Sorprendidos? Yo en un primer momento me sentía ridícula y estaba segura de que saldría con un globo en la mano y pisoteada por cientos de fierecillas con la boca –aún- manchada de chocolate.

Pero salí encantada, aparte de porque el espectáculo fue de lo más entretenido (y no, no vi ningún niño), porque donde de verdad había magia era en el local. Se trata de un pintoresco sitio llamado Artépolis, situado entre la plaza de Lavapiés y Atocha (más o menos desde mi nula orientación).

Tuve la suerte de que mi acompañante conociera al dueño, que nos enseñó todos los rincones de este exponente de la sociedad multicultural que en la calle pretendemos ser, sólo que aquí, sí se consigue. Y lo consigue porque todos los tipos de cultura son válidos aquí. No sólo se imparten clases de expresión corporal, danza del vientre, maquillaje para televisión o escritura árabe, sino que se exponen las obras pictóricas o fotográficas de sus alumnos, se proyectan cortos, se dicen monólogos cómicos, se escriben guiones y además... ¡¡SE TOMAN COPAS!!

COMO VICTORIA BECKHAM EN LA BOUTIQUE DE DOLCE & GABBANA

En definitiva, “un cajón desastre” muy organizado en el que había algo muy parecido a un Yelmo de Membrino colgado sobre la puerta de “No pasar”, que no me preguntéis por qué pero me pareció que resumía el espíritu de todo aquello. Por esa puerta, por supuesto, también pasé, y es que ya se sabe... unos se cuelan en el teatro, a otros les cierran centros comerciales para comprar a sus anchas y otros, los más afortunados, pasamos de colarnos en el baño o en la cola del fatídico ‘super’a ser invitados de excepción de este curioso lugar.

Seguro que a aquellos magos, que venían de la escuela de Ana Tamariz, pronto se les puede ver en la Sala Houdini, otro templo de la magia (y no me acusen de hereje que hay muchos tipos de templos), en el que tampoco me importa disfrutar como una niña pequeña, y en el que he visto personas que ya peinan canas junto a algún tierno infante de unos 9 años, que tampoco desentonaba.

En fin, espero haberos convencido de que mi noche no fue tan extraña, si no es así, - que tampoco me quita el sueño - espero que os animéis, si no a acudir allí, a planear algo diferente para este fin de semana. A lo mejor descubrís nuevas aficiones (en Houdini celebran sesiones de espiritismo que es un entretenimiento como otro cualquiera), y dejáis la rutina de “brokers” para que un conejo mágico rompa la copa de vuestra chistera...
 
Los madrileños se llevan mal
Que el hombre es el animal más extraño de todos, ya se sabía, pero el español y en concreto el madrileño, lo es mucho más.
Para comprobar esto, basta con echar un vistazo a las calles de Madrid: La población madrileña es el máximo esponente del prejuicio y el estrechamiento mental, -y eso que, menos mal, somos la capital del reino...-
En las calles de Madrid hay estratégicamente colocadas unas verjas electrificadas invisibles. Semejantes armas de destrucción masiva existen para que los diferentes subgrupos, con sus costumbres y clases, habiten sin mezclarse. Eso sí, la mayoría de las veces despreciándose entre ellos según dicta una normativa, infundada y absolutamente falta de fundamento, sobre la superioridad y la inferioridad de todos ellos. Como si de una reunión de la OTAN se tratara, esas en las que todos están presentes en cuerpo pero no en ánimo.

MADRID ES LO MEJOR Y PUNTO

A pesar de todo, el “gato” se siente muy castizo y defenderá su ciudad con uñas y dientes –sobre todo cuando alguien le diga, como recientemente se me dijo a mí, que Madrid es un pueblo en mitad del campo-.

Pero, ¿qué habría de cierta en esta última afirmación? Cuando he viajado fuera de la piel de toro -que bien curtida que está, porque si no nos entendemos dentro de nuestra Comunidad, mucho menos fuera de ella-, la situación es siempre la misma. Salvado el trámite sobre nuestra nacionalidad, ya que al español medio, y debido a algún mecanismo de la ciencia de la generación espontánea que no conocemos, le surge un cartel en la frente que dice “SOY ESPAÑOL” (y además hago mucho ruido), la pregunta llega: - You are from Barselona, aren’t you?
Y es que aunque nos duela, Barcelona es mucho más cosmopolita y representativa -y eso, estoy segura de que es porque se llevan mejor que nosotros-.

MODOS DE PASAR LA TARDE

En fin, que me lío... Enmimismada en estas teorías me dirigía yo al Museo Reina Sofía el sábado. La verdad es que no iba a ver ninguna exposición en especial, pero los sábados por la tarde la entrada es libre, y ya se sabe que yo en cuanto se regala algo...
Me di cuenta de que medidas del tipo “museos gratuitos los fines de semana” a buen seguro debían responder a algún nuevo método de acercamiento intercuidadanil. Personas de todo tipo, edad, sexo y condición (parezco un artículo de la Constitución Española), se mezclaban con el arte, sin arrugar el hocico ni mirar por encima del hombro. Qué reconfortante.

Con todo, sólo permanecí allí unos 40 minutos. Lo justo para poder ver la película “Un perro andaluz” de Luis Buñuel y Salvador Dalí, que se proyecta en una pequeña sala, en la que una pequeña multitud de madrileños compartíamos la sensación de hacer lo mismo durante unos minutos.

Al salir y tomar mi coche, envuelta en una agradable nube de concordia, un coche me devolvió a la realidad cuando su conductor casi me arrolla mientras me gritaba –con cara de madrileño-: ¡En esta ciudad conducís como...!¿Cómo? ¡Pues como madrileños!
 
La aventura del supermercado
Recientemente en un diario gratuito de esos que se consiguen en las bocas de Metro acompañadas de una mirada que perece decirte “te podrías llevar 3 o 4 y así termino antes”, publicaban un reportaje sobre los trucos que se utilizan en los supermercados y otras superficies dedicadas a la alimentación para que el consumidor compre lo que al establecimiento desea haciéndole creer que ha hecho la elección de su vida.

MI REINO POR UNA OFERTA DE ATÚN EN ACEITE

¡Y yo, igual que usted, que creía que compraba galletas porque lo había apuntado en mi lista! Pues no es así, que sepan que se exagera el olor del pan recién horneado o de los dulces para fomentar su compra. ¿Que se le ha llenado el carro de fruta? Pues no es por lo saludable que es sino porque unos focos estratégicamente situados la hacen más apetitosa. ¿Y por qué la leche o los huevos están tan lejos si es lo único que necesito y tengo tanta prisa? Porque así me veré obligada a recorrer todo el local mientras una música de fondo de ritmo lento y tranquilizador pretende que me quede otro ratito más...

¡Pero es que yo tengo mucha prisa!y he jurado que ni los tentadores bombones que se han colocado junto a la caja podrán detenerme. Menos aún desde mi fatídica experiencia en el Salón del Chocolate que me provoca ataques de histeria ante el color marrón...

Entonces, cuando ya has sorteado amas de casa, dejado pasar entre tus piernas niños corriendo e ignorado las ofertas de marcas blancas colocadas, por supuesto por casualidad, junto a las marcas de mayor precio para intuir, una espléndida oferta, se erige ante ti...LA CAJERA.

MENOS TÉCNICAS Y MÁS CAJERAS

Estás pagando. Es un día lluvioso porque siempre que tienes prisa, llueve, para provocar el consiguiente atocinamiento de los conductores y tu –también- consiguiente desesperación.

Tú llevas el abrigo y el paraguas colgados del brazo, tres o cuatro bolsas llenas de cosas y como puedes, entregas el dinero a la cajera que a continuación -e invariablemente- te pondrá en la palma de la mano el ticket de compra y sobre él, todas las monedas del cambio que te hacen mover los dedos compulsivamente para tratar de que no se escurran y rueden por el suelo.

Es el momento en el que deseas gritar: - “¡¿No ves que tengo las manos llenas de cosas?!”

Pero nunca obtendrás respuesta alguna y sabes que la próxima vez que hagas la compra se repetirá la misma escena.
Te marchas y ella se te queda mirando con cara de insatisfacción, mientras piensa por qué se supone que tiene que aguantar tu complejo de superioridad y llamarte “señor Don... Francisco” (por ejemplo) mientras ella tiene que vestir un uniforme ridículo y ostentar una placa con su nombre para terminar respondiendo a la voz de “oye tú!”

¡Pero qué bien se estaba dentro del super con la calefacción!
 
¿Y allí, que regalan?
Hemos nacido en la era de la comunicación, de la tecnología punta y de los últimos avances científicos, y entre todas las cosas nuevas y geniales que nos dejó el siglo XX, está el marketing.

Pero, ¿qué es el marketing? Según la Real Academia de la Lengua Española -y tras referirnos a mercadotecnia-, sería el: “conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda”.

Eso sí, hoy en día todo aumento del comercio -especialmente si es de la demanda (ver todo lo de antes que decía la RAE)- viene de la mano del monstruo de las promociones. A saber:

1- “Llévese 3 y pague 2”.
2- “Acuda a una charla sobre las costumbres del lince ibérico y le regalamos un DVD”.
3- “Visite nuestra exposición y entrará en el sorteo de un apartamento en Torrevieja”.
4- Todas las anteriores son correctas.

Y como es de bien nacido ser agradecido y a caballo regalado no hay que mirarle el diente, los españoles somos capaces de atesorar botellas de lejía o perder toda una tarde escuchando aburridas disertaciones si a cambio -muy importante- nos regalan un llavero. Y eso aunque el viaje en autobús cueste más que ese llavero.

HABLANDO DE MARKETING... ¡CHOCOLATE!

Así pues, como buena española me acerqué al II Salón del Chocolate pensando, por un lado, en que aprendería muchas cosas sobre la historia y elaboración del chocolate y, -FUNDAMENTAL-, convencida de que merendaría a costa de los encargados de los stands que allí me esperaban.

Pero no fue así.

Eso sí, vaya panorama. En alrededor de diez stands de algunas de las más famosas casas de repostería españolas se alineaban tabletas, cajas de bombones, pasteles y otras delicias, que sí que se podían degustar... bajo previo abono de su precio -como siempre...- Todo aquello me recordó a un mercadillo de barrio. Eso sí, muy fino.

Comer, comer, lo que se dice comer, sólo pudimos sacarlo en claro en tres sitios: En uno se podían picar pastillas de chocolate, en otro había una gran fondue en el que te daban una trozo de fruta mojado en cacao y en el último, además de pequeños bombones te obsequiaban con una copa de cava.

TODO MUY BONITO, PERO...

Pero... -efectivamente- para acceder a este oro negro, era necesario aguardar una formidable cola de personas a los que nada importaba -qué curioso...- la espera.

Lo que sí que queda claro es que el centro comercial Moda Shopping es elegante, pero nada adecuado como "pista de carreras" para los niños que corrían frenéticamente con la cara y las manos cubiertas del chocolate líquido con el que habían pintado en el taller infantil, intentando ganar una gimkana que había organizado una conocida marca suiza.

Pero, eso sí, disfrutamos mucho con unas preciosas esculturas -que naturalmente tampoco se podían comer- y aprendimos que cacao viene de “cac” que se refiere al rojo de la cáscara y “cau”, que sugiere fuerza y fuego -el saber no ocupa lugar en la mente...pero en el estómago tampoco-.

En resumen: Una hora después me fui, pisada, agobiada, hambrienta -con la boca hecha agua después de tanto chocolate a mi alrededor- y sobre todo, decepcionada, porque no me habían regalado nada.

¿Un bombón?