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Al margen de la disciplina estrictamente económica y financiera, existen otras tantas que no entran en los gráficos y por las que hay que dejarse persuadir de tanto en cuando, por salud oigan. De esas otras tantas nos ocuparemos (y digo "nos" porque este es un blog a cuatro manos) con agrado y no con menos gusto, de darles ligeros y comedidos apuntes, casi de refilón, para que sean ustedes quienes cuestionen y creen disyuntivas...Ya saben, "lo importante es no dejar de hacerse preguntas". (A.Einstein)
Sindicación
 
Come hear the music play, Life is a cabaret
Ahora que la fiebre del musical se ha instaurado en Madrid, y tras saber que ésta es su última temporada, decidí que no podía perderme el espectáculo Cabaret después de que llevara tanto tiempo en cartel y de que tuviera una crítica tan buena.

¿Impresión que saqué? Bueno, la puesta en escena es casi incalificable, porque adjetivos como “precioso” resultan absolutamente vacíos. Por otro lado, aunque está muy bien montado el patio de butacas, fundamental para poderlo disfrutar, no está bien organizado, mejor dicho, no es que no esté bien, es que directamente no está.

¿DÓNDE ME SIENTO?

Y es que yo no sé que tendrán previsto los del Nuevo Teatro Alcalá para cuando termine la temporada de “Cabaret” (que ahora que lo pienso, después de casi dos años ya, lo de “nuevo” suena un poco a publicidad engañosa…), pero en el lugar donde deberían situarse los asientos sólo hay mesas, sillas y lamparitas al más puro estilo de un cabaret de los años 20. El efecto visual es incuestionable, pero después de reformar todo el teatro tendrán que cerrar un tiempo, al menos hasta que solucionen el problema “sentarse”.

El vestuario resulta un poco pobre, aunque el escenario y la puesta en escena son verdaderamente impactantes, y no sólo por lo bonitos que son sino por la ceguera que te causa tanta bombilla. El problema es que yo, que acudí a ver el espectáculo con una persona de cierta edad, tuve que recurrir al “gallinero” porque las sillas serán muy originales, pero no son aptas para personas con problemas de espalda. Además, desde arriba no se aprecian tan bien los detalles.

SIEMPRE HAY LUGAR PARA LA DECEPCIÓN...

El caso es que cuando salió la protagonista, Sally Bowles, encarnada por Natalia Millán, yo veía una chica muy alta, muy delgada y muy de todo pero que no se parecía a ella… y después de alargar el cuello, inclinarme hacia delante y casi caer y aterrizar sobre alguno de los de abajo, (los del dolor de riñones), descubrí que nos había tocado el día en que la estrellita descansaba y evidentemente el espectáculo te gusta igual pero no es lo mismo…

Es como ir al Motel Bates y encontrarse una bañera con jacuzzi, o como estar en pleno Coliseo con Russel Crowe y que te asalten dulces gatitos en lugar de tigres o que en “Con faldas y a lo loco” el millonario se vaya de luna de miel con Jesulín de Ubrique. Vale, a lo mejor me he pasado un poco, pero verdaderamente nos sentimos estafados. En el musical “Mamma Mía” hay un gran cartel en el que se especifican cada uno de los actores alternativos, pero aquí nadie nos avisó, y aunque como he dicho antes, el espectáculo nos gustó igual, tenía su morbillo ver cómo se desenvolvía la chica del local de alterne después de que en la serie “El Super” la quisieran matar, le pusieran los cuernos, los pusiera ella, descubriera padres desconocidos y llorara mucho, ¡¡pero mucho mucho!!

¿Lo mejor de todo? El maestro de ceremonias, que constantemente se tima con el público, saca a algunas al escenario y no para de decir frases con doble sentido y mucha gracia.

¿La conclusión de la noche? Que quien todavía no haya ido a verlo que no se lo pierda porque vale la pena, y es que aunque alguno se escandalice y otros digan que la nueva moda de los musicales es una horterada (que en el fondo no digo yo que no lo sea), hay que ver un poquito de todo, ¡aunque sólo sea para poder criticarlo después!


 
A mí lo que me gusta es el arte moderno
En más de una ocasión habréis oído eso de que “la mejor escuela es la de la vida” y otras sentencias geniales por el estilo... Yo la verdad es que no entiendo mucho de esas cosas, pero sí sé que ir por la calle atento y con las orejas desplegadas y los receptáculos encendidos puede provocar más de un sobresalto.

Lo digo porque el otro día dos respetables señores de unos setenta años miraban libidinosamente la foto de una espectacular modelo en la parada del autobús. –“Fíjate Manolo, ¡menuda obra de arte!”. ¿Obra de arte? Sí, me parece que la creó un tal Photoshop, famoso por la fidelidad a la realidad de sus pinceles...

Después de tamaña degeneración, he corrido al diccionario en busca de una definición fehaciente del término “arte” y esto ha sido lo que he encontrado: “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. No voy a hacer pues, comentarios, pero sí diré que cuando más abajo he visto "arte cisaria: la de trinchar”, no he podido evitar recordar a la muchachita en bikini en cuestión. ¡Y que conste que yo no soy envidiosa!

Como veía que mi ignorancia sobre temas artísticos no había desaparecido, decidí acudir a una galería de arte segura de que al fin, desaparecerían mis dudas. Pero creo que no lo logré...

A CUALQUIER COSA LLAMAN... CUALQUIER COSA

Como no quiero sacarle los colores a nadie, sólo diré que la galería se ubica en el centro del barrio “rosa”, es decir, muy cerca de la plaza de Chueca, en el lugar donde antes había un irreverente local de copas.

Al entrar el espacio se compone de tres salas no demasiado grandes todas ellas pintadas de blanco. La muestra pretendía reflejar la evolución del hombre pero sólo había un pequeño televisor en el que se veía un ratoncito negro tratando de salir sin éxito de un laberinto blanco; una grieta en el suelo dentro de la cual se veían varios libros rotos, apiñados desordenadamente; una foto en blanco y negro de una niña desnuda de rodillas mirando al suelo y siete grandes bolas de pizarra verde en cuya superficie, en tiza, se había dibujado el fruncido de un sillón, una pelea de perros o las palabras “HISTORIA – HISTERIA”. Aquello sería arte pero a mí me recordó al patio de un colegio después de haber leído los artículos de la nueva ley de Educación.

¡MAMÁ QUIERO SER ARTISTA!

Salí tan aturdida, o más, que cuando entré y me encaminé hacia otro centro cultural al que se ha traído por primera vez la obra sobre papel de Keith Haring. Este artista sólo se produjo durante diez años, pero creó más de 215 obras.

El caso es que yo estaba allí, mirando para todas partes, empapándome de la obra de aquel hombre, que según el folleto, calificaban de artista, y sólo veía que aquellos dibujos los podía hacer mi sobrino de seis años. Bueno, él y el diseñador de las carátulas del grupo andaluz Siempre así, ese que no puede faltar en todo festejo de la alta sociedad española que se precie, como por ejemplo la despedida de soltera de la infanta Elena.

Y yo que creía que para esas celebraciones bastaba con ir a un local de striptease y ponerse un velo en la cabeza con un atributo masculino (¡¡no os escandalicéis que lo he dicho muy fino!!), pero contratar a estos, que tienen en uno de sus trabajos un “remix” de las canciones del circo de la familia Aragón ,tiene mucho más glamour, ¡dónde va a parar!

En fin que después de mi infructuoso intento de conocer a fondo el arte, y tras estudiar las conclusiones sacadas... ¡a ver quién se atreve a decirme después de esto que tocar las narices no es un arte!
 
El deporte es sano
Hoy estoy cansadísima, verdaderamente agotada, no tengo ninguna gana de escribir. ¿Que por qué? Bueno el otro día acudí al médico a pasar una ITV rutinaria y me dijo que debería hacer más deporte. Yo le miré con cara de póquer, que nunca he jugado al póquer y no sé qué cara es esa, pero es lo que se suele decir en estos casos de estupefacción suprema...

Y es que si me levanto a las seis y media, acudo al trabajo, salgo a las siete, hago la compra, limpio mi casa y hago la cena... ¿qué deporte quiere que haga? Puedo ir correteando por el pasillo mientras paso la aspiradora o puedo proponerme hacer flexiones mientras limpio el polvo pero no sé si eso es a lo que se refiere el señor doctor...

DEPORTES DE ALTO RIESGO

Claro que si tenemos en cuenta lo que algunos clasifican como deporte, yo ya tengo el puesto asegurado para las próximas Olimpiadas. Estoy hablando de cierta noticia que vi hace un tiempo en el informativo de una cadena privada, que no pienso nombrar, más que nada porque con tanta huelga, no tengo ganas de que se persone ante mi mesa un piquete mosqueado y me abra la cabeza, que yo lo respeto todo pero siempre y cuando no me salpique...

En fin que me voy del tema. La noticia en cuestión trataba sobre unas increíbles carreras de caracoles que arrastran pesos de hasta 240 gramos. El “evento”, porque no sé como llamarlo, ya va por su decimocuarta edición, y esperemos por los pobres animalitos que no vaya a más.

DEPORTES PARA PRACTICAR SENTADO

Otro deporte curioso donde los haya es el fútbol – chapa, aunque esto ya es otra cosa porque tiene su liga, su asociación, su junta directiva y hasta tienen seguidores, que es lo que veía yo menos claro...

Según dicen, el deporte en cuestión es una forma de rememorar los juegos de los tiempos de nuestros abuelos, y la verdad es que tienen razón. Más les valdría aprender a los padres de ahora. Los niños ya no vienen con un pan debajo del brazo, sino que vienen equipados con un móvil, una moto, un reproductor de CD, un MP3, un PC, el ADSL, el PDA, el IRPF... uy no! ¡eso sólo lo llevan de serie otros “elementos” del nudo familiar!


Yo lo que veo es que esto es un deporte para frustrados. “Como estoy un poco gordito y no me gusta moverme pues juego al fútbol – chapa, que se suda menos”, vamos como un niño de cinco años que con una capa y una camiseta azul ya es Superman, sólo que aquí el emulado es Raúl, Ronaldinho o Pirri (según la generación). Aunque la verdad es que aquí hay que echarle bastante más imaginación que con el niño de cinco años, aunque supla con su entusiasmo.

Encima, y por si fuera poco, estos del fútbol – chapa pretenden ahora que se les considere como un deporte olímpico... lo que ya es tocar mucho las narices... que ahora que lo pienso también se puede considerar un deporte, por todo lo que desgasta (los nervios), y dado que requiere cierta destreza (y mala uva) incluso un arte. Por un lado elevas el espíritu y por otro descargas adrenalina, ¿qué les parece? Se lo voy a proponer a los de la sección de deportes a ver cómo lo ven...
 
Ejercicios para practicar en solitario
El otro día me dio por recordar esas lecciones de colegio en las que el profesor nos decía: “el hombre es un ser sociable y necesita comunicarse por naturaleza”. Esta obviedad, por muy científica que parezca, yo no la comparto.

Y es que si realmente fuera así el hombre no habría inventado el juego del solitario, la siesta, la evasión, la lectura... es decir, todos esos ejercicios individuales que nos aislan de los demás.

Yo descubrí el otro día un ejercicio que no debe practicarse en compañía: ir a ver una película de las “de llorar” con personas con las que no tienes confianza.

La cosa es que fui al cine con algunas personas a ver una película muy triste, tristísima, (o al menos a mí, que lloré con Bambi, así me lo pareció).

Imaginaros la situación de estar en el cine con cuatro o cinco individuos absolutamente insensibles mientras la nariz te empieza a gotear y los ojos te flojean.
- ¿Estás llorando?- pregunta divertido el de al lado.
- No, es que estoy algo resfriada.

PEQUEÑAS GRANDES PELÍCULAS

Tuve la suerte de acudir hace unos días a una exhibición de cortos. Antes del visionado, una peculiar maestra de ceremonias de esas de pelo muy rubio, escote muy amplio y tontería muy profunda, llamó al escenario a los cuatro directores de las muestra que íbamos a ver.

En la presentación de estos, que se sucedió en la más depurada improvisación, uno de ellos tuvo el simpático detalle de hacer una foto al público para poder mostrarle a sus amigos que era posible llenar una sala de cine para un espectáculo como ese. Pero olvidó decir que todos estábamos allí con invitación, que ya conocéis todos mis teorías causa y efecto sobre gratuidad y aglomeraciones.

Las películas, todo hay que decirlo, estaban muy bien y eran muy originales, a pesar de que a mi acompañante no le gustaron... -simplemente porque no las entendió... -¿pero qué quería? Arnold Schwarzenegger no hace cortos y ya se sabe cuando se va a ver uno que no va a entenderse, ¡porque así lo ha organzado la industria del cine y punto!

Saqué un pañuelo de papel y disimuladamente me limpié las lágrimas... teniendo la seguridad de que ni mi abuela montaba la que yo estaba liando con el serial de las cuatro.
- ¿Te encuentras bien?
- Nada que se me habrá metido algo en el ojo, ¡me pica un montón!

MÁS VALE CAER EN GRACIA QUE SER GRACIOSO

Estuve también en la sala Galileo viendo el espectáculo de Faemino y Cansado. Y esto es todo lo que tengo que decir sobre esto.
¿Desilusionados?
Llamadme rara, aburrida, sin sentido del humor, o lo que queráis, porque no me importa, lo único que puedo decir es que jamás he asistido a un espectáculo tan absurdo y falto de gracia. Cierto es que en la oficina, tras un debate previo en el que se rememoraron algunos de sus sketchs, saqué en claro que era un humor más propio para hombres que para mujeres. Fíjate tú que yo creía que el humor era de las pocas cosas que se podían disfrutar en formato unisex...

A GRANDES PROBLEMAS, GRANDES SOLUCIONES

La película llegaba a su fin y, evidentemente, la cosa se ponía más triste, los diálogos se tornaban más sentidos y mi llorera aún más incontrolable. Pero ‘YO’ no podía permitir, de ninguna de las maneras, que se manifestara tan claramente esta debilidad mía que, por otra parte, era desconocida para los allí presentes.

Pensando en lo anterior tomé la determinación de ir preparándome para el final de la película aunque a la estúpida que aparecía en la pantalla no pararan de ocurrirle calamidades. Así, cuando la no menos estúpida que estaba sentada a mi lado, que además no dejaba de mirarme y de medir el grado y la frecuencia de mis hipos, me preguntó “¿pero te pasa algo?”, yo le contesté:

- Nada... ¡que me sudan los ojos!