logotipo

img_google
La otra cara de Finanzas.com
Acerca de
Al margen de la disciplina estrictamente económica y financiera, existen otras tantas que no entran en los gráficos y por las que hay que dejarse persuadir de tanto en cuando, por salud oigan. De esas otras tantas nos ocuparemos (y digo "nos" porque este es un blog a cuatro manos) con agrado y no con menos gusto, de darles ligeros y comedidos apuntes, casi de refilón, para que sean ustedes quienes cuestionen y creen disyuntivas...Ya saben, "lo importante es no dejar de hacerse preguntas". (A.Einstein)
Sindicación
 
Objetivo: voyeurismo
En esta época de Gran Hermano, La casa de tu vida, La selva de los famosos, El hotel Glam y el mírame y no me toques, al mentalista Anthony Blake no se le ocurre otra cosa que montar el espectáculo Lo saben todo de ti en el Teatro Nuevo Apolo. Y a mí, que como ya he dicho en alguna ocasión, me encantan los espectáculos de magia, me picaba la curiosidad por ver al gran adivinador de Gordos de Lotería en vivo y en directo. Craso error.

CRÓNICA DE UNA DECEPCIÓN ANUNCIADA

Ahora que lo pienso ya sólo el cartel tendría que haberme disuadido de ir. Esas manos en la cabeza que parece que se está tirando de los pelos no auguran nada bueno… y así fue.

Si tuviera que reducir todo el espectáculo a una palabra esta sería “pobre”. Pobre en tiempo, pobre en efectos, pobre en recursos.

Tampoco creáis que es un espectáculo patético, yo no he dicho eso, que no me vengan luego a mí a pedirme cuentas… pero sí es cierto que yo esperaba mucho más y salí muy decepcionada.

La obra dura noventa minutos, que se hacen muy cortos, y se desarrolla a partir de la idea de que oscuros mandos del gobierno y de los poderes económicos controlan nuestros actos las veinticuatro horas del día gracias al rastro electrónico de escáneres, tarjetas de crédito, códigos de barras y otros soportes informáticos.

¡NOS VIGILAN!

En los años setenta comenzó a expandirse por todo el planeta la red de espionaje electrónico Echelon para combatir el tráfico de drogas y el terrorismo, pero según Blake, lo que en realidad hace es seguir los pasos de todos nosotros.

A mí todo esto me parecen tonterías. Sí es cierto que cuando vas al supermercado un lector de códigos de barras lee qué marcas has elegido, al sacar dinero del cajero queda registrada la cantidad solicitada y al pasar por el escáner de un aeropuerto se ve todo lo que contiene nuestro bolso. Pero nadie sabe en compañía de quién disfrutarás esa comida, ni en qué gastarás ese dinero, ni quién te espera en la terminal de destino, y mucho menos lo que sentirás comiendo, gastando y viajando.

Pero él está empecinado en que sí, y a partir de esto crea una serie de efectos en los que siempre interactúa el espectador, bien desde sus asientos gracias a una gran pantalla, (que no se ve muy nítida pero su papel hace), o en la mayoría de los casos con la ayuda de voluntarios que suben al escenario.

Ni qué decir tiene que todo el mundo se prestaba a los trucos, que mucho se queja la gente de la experimentación con humanos pero a la hora de dar la nota no hay escrúpulos de ningún tipo.

EL MARAVILLOSO MUNDO DEL FORWARD

¿Lo peor de todo? Hay un par de trucos que parecen sacados de una cadena de correos electrónicos entre amigos. El típico efecto de partir de un punto cualquiera en un dibujo y tras moverse arriba – abajo, derecha - izquierda, todos acabábamos en el mismo punto y la más que conocida distorsión óptica provocada por una espiral en movimiento. Los mejor de todo es que esto de la espiral lo utiliza para dar su propia explicación sobre la publicidad subliminal, que ya que el señor se considera tan listo, debería saber que, según los teóricos de la comunicación publicitaria, la sugestión por medio de argucias subliminales no existe.

Sin embargo sí que reconozco que hay trucos verdaderamente sorprendentes de adivinación de pensamiento, magia y telepatía, que evidentemente no explicaré para no quitar el encanto ni la curiosidad a los interesados en ir, pero no sé por qué, no impresionan tanto como los juegos a los que nos tiene acostumbrados en sus apariciones en televisión.

Lo que evidentemente no falta es esa frase final, tan inevitable como su look en negro y gris de seminarista: “todo lo que han visto es fruto de su imaginación, no le den más vueltas, no tiene sentido”. Eso queda muy bien, pero de fruto de mi imaginación nada, que ya sabemos todos que estas cosas tienen siempre su truquillo, ¿pero qué más da? También sabemos el pequeño problemilla que hay con los Reyes Magos y seguimos escribiendo la carta todos los años, ¿no?

 
¿A dónde vamos a llegar?
Últimamente estoy muy comprometida con las causas nobles (e innobles). Las mujeres maltratadas, el arte del podólogo, y hoy, la exposición Un nuevo y bravo mundo, que se presenta en la Consejería de Cultura y Deporte de Madrid.

Una vez más he salido contenta de un evento. ¿Estaré perdiendo facultades? ¿Me estaré volviendo conformista y apocada? ¿O simplemente estoy eligiendo mejor?

En esta muestra, trece artistas de diferentes países reflejan en sus obras su particular punto de vista ante las contradicciones o y los valores, o la ausencia de ellos, según se mire, de la sociedad actual.

La verdad es que el loable objetivo no se ve en todas las obras, para qué nos vamos a engañar… pero cada obra en si misma consigue al menos hacerte pensar, aunque sea en lo que comiste ayer, que ya es algo.

Primero, nada más llegar te reciben una serie de lienzos en los que un grupo de jóvenes de diferentes razas se disponen, sable en mano, a degollarse unos a otros. Y no creáis que lo que impacta es ver un escenario así de duro, sino la absoluta ausencia de emoción que hay en sus rostros. Vamos como la del presidente del gobierno de turno de cualquier país cada vez que se produce un atentado o cualquier catástrofe de cierta envergadura.

Entras en la siguiente sala y de repente ves algo que a primera vista parece un montón de paja. Me acerco al cartel y leo “El perro” y antes de seguir leyendo oigo un ruido extraño, como si la paja se moviera por dentro. ¿Cuál fue mi primer pensamiento? Pues inevitablemente que había un perro ahí dentro… ¡con el miedo que a mi me dan!

Pero no, cuando ya te acercas y observas ves que sobre la paja hay dos monitores y que la paja no es tal, sino finas tiras de papel, el papel perteneciente a las páginas del libro “Reportaje al pie de la horca”, de Julis Fucik. Que no sé qué le habrá hecho el tal Fucik al tal Perro, pero debe de ser muy gordo a juzgar por la afición con la que en los monitores, un hombre al que en ningún momento se ve la cara va cogiendo bloques de papel y metiéndolas en una trituradora para que vayan cayendo por un agujero junto al montón de “paja”.

También se puede ver una serie de vídeos en los que trata con dureza e ironía algunas de las “lacras” del hombre actual: el maltrato a la mujer provocado por el complejo de inferioridad del hombre, el joven que descubre su homosexualidad y se suicida ante la incomprensión de los que le rodean, o el jefe que abusa de sus subordinadas… pero no falta a la misa dominical. ¿Conclusión? La de siempre. El español peca de noche porque tiene prevista la confesión de la mañana… y entre hipocresía y falsedad sigue construyendo su submundo.

Se puede además tocar un busto del Generalísimo, que siempre me hizo gracia la palabreja, como si fuera más general que nadie, o visionarse un vídeo de guerra subtitulado con un discurso de George Bush, lo cual, no sé por qué, también me hace pensar en generalísimos generales.

EL ARTE DE REÍRSE DE LOS DEMÁS

¿Lo más divertido de la exposición?, la constatación total de que vivimos en una sociedad… de tontos. En varias pantallas se proyectan diferentes programas que todos estamos acostumbrados a ver: Gente, de TVE, Sucedió en Madrid, de la autonómica Telemadrid, o el talk show, ya fuera de emisión, Esta es mi gente, de la misma cadena madrileña. En las proyecciones se cuenta de diferentes maneras la historia de un individuo de 31 años, Javier Núñez, que sufre esquizotipia, una enfermedad cercana a la esquizofrenia que produce pérdidas de memoria e identidad. Al sujeto en cuestión no se le ocurrió otra cosa que escribir a diferentes programas para contar cómo puso solución a su problema implantándose un microchip de los que se utilizan para localizar a perros, gatos, y otros animales domésticos.

Lo acompañaba con el vídeo de la implantación del aparatillo y pretendía, según decía, plantear un debate sobre si esa era una buena opción para enfermos de alzheimer, o con otras patologías.

¿Lo mejor de todo? Que la historia de la enfermedad, el debate y toda la parafernalia que había montado era todo una farsa. Lo había hecho con el único fin de estafar a los medios y probar cómo la prensa crea noticias y las trata de diferente forma sin comprobar la credibilidad de sus fuentes.

¿Tengo que decir lo bien que me ha caído el interfecto? ¡Eso es un hombre con recursos! Además resultaba muy curioso ver cómo le pasaban un aparato detector de chips por el brazo y este mostraba su código numérico de identificación canina, como en el supermercado que pasas el código de barras y en la pantalla aparece “cuarto y mitad de chuletas de cordero”. Yo en su lugar habría incluido “tonto el que lo lea” para así ya rematar la faena.

Él la remata con un vídeo en el que se le ve desesnifando medio gramo de cocaína, porque en lugar de ingerirla, la suelta por la nariz, formando las letras de la palabra "Felicidad".

SIEMPRE FALTA ALGO

Pero evidentemente y cumpliendo con mi estilo habitual, no todo son bonanzas, y es que ya empiezo a cansarme de que nadie sepa hacer las cosas bien del todo.

¿Por qué? Por un lado cerca de la entrada hay un enorme panel en el que se habla de la grabación de una psicofonía realizada en La Casa del Pueblo de Bucarest. Yo no hacía más que pegar la oreja a la pared y no oía nada… hasta que una amable señorita me comunicó que sólo se reprodujo el audio el día de la inauguración.

Después, al final de la muestra me metí en una sala en la que se proyectaba otro vídeo, Rinoplastia. Me senté, esperé, esperé, esperé… ¡y desesperé! No hubo vídeo por ningún lado, así que si alguno de vosotros va a ver esto, antes del domingo, que es el último día, y le proyectan la rinoplastia en cuestión… podría pasar luego por aquí, contárnoslo y así nos sacan de dudas a todos. Yo les nombraré lectores del mes… no les servirá de nada pero es un reconocimiento, que al fin y al cabo en lo que quería Javier Núñez, ¡y yo se lo doy sin microchip! que no sé si será una contradicción social de esas, pero todo sea por ver el nombre de uno en letras de imprenta, ¿no?


 
Viaje al centro de la tierra
¿Viajáis habitualmente en metro? Supongo que como altos directivos y analistas de bolsa no lo utilizaréis con frecuencia, pero seguro que en alguna ocasión, aunque sólo sea para comprar el Finantial Times, habéis hecho una pequeña excursión a este submundo.

Porque es todo un submundo, un pequeño universo con sus tiendas, sus cafeterías, su flora y su fauna, porque se pueden hacer completísi- mos estudios sociológicos en los andenes, o con sus modernísimos ascensores (o descensores, por hacer una broma fácil).

Tú te acercas a la boca de metro, ves el ascensor y piensas que si el de tu casa une plantas de tres o cuatro metros a lo sumo, aquí pasará lo mismo. Pero no, tú te montas, le das al botón del sótano uno y tardas tres minutos en bajar, con lo que descubres que ese ascensor es como la punta de un iceberg, que sólo muestra la décima parte de su volumen.

LO QUE NUNCA VI, NI ESPERO VER... ¡A UN ELEFANTE VOLAR!

Aparte están las marquesinas de la publicidad, en cuya eficacia no quiero ni pensar. ¿Por qué? Bueno no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que el Metro de Madrid es un lugar presto al estrés y que no invita demasiado a la observación. La gente cruza a toda prisa sus pasillos porque llega tarde al trabajo, al dentista, a una cita… que por mucho que Gallardón diga que el “Metro de Madrid vuela”, yo aún no he visto a ninguna lombriz desplegar las alas bajo tierra, y en el caso de un tren de varias toneladas, se me hace más cuesta arriba pensarlo.

El caso es que estaba yo esta mañana haciendo el transbordo de Diego de León, entre las líneas 6 y 5, porque esa es otra, muchas veces estás más tiempo haciendo un cambio de línea que en el tren. Podrían poner un servicio de cochecitos como los que se ven en los campos de golf de las películas americanas de las cuatro de la tarde, aunque ahora que lo pienso entre los que tocan para pedir y sacarse el pan, los que piden sin cantar, los vendedores de la manta y demás familia, sería un deporte demasiado peligroso.

¿ES USTED RESPONSABLE?

En fin que me voy del tema. Estaba yo haciendo mi maratoniano transbordo cuando veo en un cartel: “Las personas conscientes de su responsabilidad no comen nada que tenga ojos”. Ahí queda eso.

Yo he empezado a analizarme a mí misma: no tengo marido, no tengo hijos, vivo en casa de mis padres luego no tengo un alquiler que pagar, es decir, que compromisos, tengo pocos, según esto, ¿se me otorga algún tipo de permiso especial para comer entes vivos? O por el contrario, ¿las personas que paguen religiosamente sus facturas y saquen adelante a sus familias están condenadas a comer lechuga durante el resto de su vida? Es muy complejo esto…

De cualquier forma, y coman lo que coman, me gustaría saber quiénes son los responsables del hedor que correteaba a sus anchas por los pasillos de la línea 6… ¿habrían matado algún ciervo volador?



 
El primer post del año
Había mucha expectación alrededor del último post del 2005 y también alrededor del primero de 2006… y la verdad es que los dos, lo aviso ya, van a ser un auténtico fracaso.

Y este especialmente. ¿Por qué? ¡Porque estoy triste! Para empezar se nos ha marchado un compañero de la redacción. Yo creo que se ofendió cuando le pregunté si era uno de los de soporte técnico…como siempre que me cargaba el ordenador era él quien me lo arreglaba… los hay que las degradaciones las llevan muy mal…

Además… ¡ya se ha terminado la Navidad! Y a mi, que soy como una niña pequeña, me afecta mucho llegar a casa y ver una silla donde antes estaba el árbol de Navidad, aunque tuviera rotas la mitad de las bolas y despeluchado el espumillón.

LA FIEBRE DE LAS REBAJAS

De todos modos también hacía falta ya un poquito de paz… aunque ahora se haya iniciado la guerra de las rebajas, que no sé yo qué trastorna más la mente humana si tener que gastar lo poco que hay en lo que los demás creen que quieren o gastar lo que definitivamente ya no hay en lo que uno sabe que ni quiere ni necesita.

Y es que el gobierno lo que tendría que hacer es dejar a los pobres fumadores tranquilos, que también son hijos de Dios, y elaborar una Ley Antirebajas.

El otro día estaba con una amiga en una tremenda cola para pagar no sé qué cosa, porque ya llegó un momento que no distinguía una manta zamorana de una blusa de seda, y me pregunta muy seria:

- Oye, los árabes que escriben de derecha a izquierda y sin el alfabeto occidental… ¿cómo escriben los mensajes en los móviles?

Semejante duda existencial sólo podía haberla provocado las cinco horas y media que llevábamos en ese centro comercial tan bonito, tan grande, tan famoso, y que tantas pérdidas económicas acumula, todo sea dicho, que monopoliza toda zona comercial que se precie.

ARTE DE AUTOR

Para salvarla de tales problemas existenciales la llevé a visitar una exposición de la que me habían hablado días antes.

En Divergencias, que es como se llama la muestra, Susana Díaz, Casilda Mahon y Yolanda Aguilar hacen toda una poesía de denuncia en sus obras, pero de la de verdad, no de esa que cae en la demagogia fácil y recurrente que pretende una absurda invasión de conciencias aún más absurdas.

Conchas, erizos de mar, papel, tela, clavos, cuerdas… incluso las rastas de una de las creadoras sirven para hablar sobre el falso mito de la virginidad femenina, la degradación del mundo occidental o la obsesión por la estética.

También hay acuarelas, de esas que parecen no contar nada, pero que lo gritan todo con sus colores, una fuente de esas que cumplen los deseos, un cráneo de madera y un árbol que pide clemencia.

Los interesados pueden visitar la exposición hasta el 14 de enero en la calle Teruel, número 27 de Madrid. Y no penséis que os habéis equivocado si esperabais la galería de Oliva Arauna y al llegar encontráis la consulta de un podólogo, esto es para los que hacen su camino al andar.