El amor en los tiempos de la cólera
Dice el saber popular que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, pero... ¿qué se oculta detrás de un hombre inicuo, cruel y mezquino?
En nuestra sociedad de hoy vive una mujer llamada Angustias. Angustias vive en El Sardinero, en San Blas, cerca de la Plaza de Cataluña, en el barrio de Salamanca, junto a la Malvarrosa, en Neguri. Es ama de casa, gerente de una empresa, no terminó el bachillerato, ingeniera de telecomunicaciones. Rubia, morena, con el pelo grasiento, con suaves rizos castaños, huele a desinfectante y a la suavidad del jabón de una conocida casa francesa de cosméticos.
En la soledad del salón de su casa, deshoja sueños en una margarita marchitada. Mira las fotos del día de su boda con una mezcla de desesperación, amor y odio encontrados. Es una muñeca rota, un ángel mancillado lleno de ilusiones, esperanzas y amor pisados y cubiertos de alquitrán denso, pegajoso, maloliente y negro... como él.
Angustias se casó enamorada, confiando en que lograría ser la roca en la que se apoyaría su esposo, el reposo del guerrero de un Nietzsche que mataría su Dios y su esperanza. Podría determinar cuándo éste se convirtió en un Balzac que la trataba como una esclava convenciéndola de que era una reina, pero no sabe cuándo la sensación de una tierna caricia se tornó en unos ardientes garfios que abrasaban su piel. Sólo en ocasiones goza de un poco de lucidez, y tiene la certeza de que la única solución sería su propia muerte.
LAS CIFRAS DEL HORROR
El número de mujeres asesinadas en España por sus maridos, ex cónyuges o compañeros sentimentales ha descendido un 13,3% en lo que va de año, ya que desde enero hasta octubre se contabilizaron 52 muertes frente a las 60 registradas en el mismo periodo de 2004.
El 90% de ellas tiene hijos que presencian los golpes y en el peor de los casos también son víctimas u objeto de chantaje a sus madres. Estos niños se convierten en posibles maltratadores y las niñas en un futuro tendrán serios problemas para relacionarse con hombres.
Las campañas publicitarias de denuncia de este problema están protagonizadas únicamente por féminas y más de un 46% de los europeos opina que una de las principales causas de la violencia doméstica es la provocativa actitud de las mujeres.
Según los datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en el primer semestre del año se solicitaron 20.271 órdenes de protección, de las que los jueces acordaron conceder 15.330, el 76% del total. Además, desde el 1 de agosto de 2003, fecha en la que se aprobó la orden de protección inmediata contra la violencia doméstica, los jueces han recibido 7.869 solicitudes (de las que acordaron 6.004) y han dictado 4.987 órdenes de alejamiento.
El suave silencio de la casa se rompe con el sonido de la llave introduciéndose en la cerradura. Sus pasos lo llenan todo y retumban en la cabeza de Angustias. Un beso con sabor a vino o a ira y un golpe seco en sus costillas. La sopa está fría. Una nueva equivocación. Se siente una inútil, es lógico que esto ocurra. “Te quiero”, alcanza a decir, “perdóname, no volverá a suceder”; tal vez porque mañana ya no esté aquí para volver a equivocarse.
LA CULPA DEL INOCENTE
La mezcla de expresiones de afecto y violencia hace que la atacada pierda el control sobre si misma. Depresión, sentimiento de culpa, arrepentimiento y sumisión serán sus nuevos rasgos.
Un gran número de agredidas desarrollan el llamado síndrome de Estocolmo. Esto ocurre sobre todo en los bajos estratos sociales, cuando ellas casi nunca trabajan fuera de casa y es él el proveedor de la manutención: éstas mujeres se resisten a separase de sus maridos temiendo que empeore su situación y la de sus hijos. En cierto modo les compensa vivir así porque se sienten protegidas y prefieren asirse a ese clavo ardiendo aunque las consuma por dentro. También en la Edad Media los esclavos se interrogaban sobre quién cuidaría de ellos si abandonaban el feudo.
Pero la violencia doméstica también acompaña a la Angustias que viste de firma, y que no rompe con esa esclavitud por vergüenza, porque el matrimonio es para toda la vida y porque hay que guardar las apariencias. Convencionalismo y dignidad nunca fueron buenos amigos, máxime desde que alguien en algún momento borra cruelmente esta palabra de los vocabularios de estas mujeres.
OÍDOS SORDOS
¿Cuál es el remedio a este mal? Evidentemente hay que denunciar, pero ¿cuántas veces los agresores han acudido en su busca tras la separación para consumar lo que no hicieron mientras las tenían cerca o las han engañado fingiendo arrepentimiento para que volvieran a su lado?
La justicia es ineficaz y debe encrudecerse, y las agredidas deben ser protegidas y concienciadas de que no son culpablesy de que hay una respuesta y una vida diferente para ellas.
Hay muchos roles que cambiar y muchas ideas que evolucionar. La sociedad sigue siendo machista en muchos aspectos y hay que dejar de asegurar que el hombre y la mujer son iguales y llevarlo definitivamente a la práctica; empezando desde la infancia, hay que educar con la conciencia de que los niños de hoy son los pilares del mañana, y que lo que hoy sembremos será lo que en un futuro florecerá.
Un rayo de sol saludó a Angustias una mañana de abril. Hizo su equipaje de sueños y empaquetó sus ilusiones, dejando atrás una cárcel de espinos y rosas de la que es posible salir aunque Rosalía de Castro la viera perpetua en sus versos; fue al registro civil, sanó sus alas cercenadas por el odio y el miedo, y cambio su nombre por Felicidad.
25 de noviembre
Día Internacional contra la Violencia de Género
Fotografías extraídas de la exposición 18 segundos, mostrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. (Del 22 al 27 de noviembre de 2005)
En nuestra sociedad de hoy vive una mujer llamada Angustias. Angustias vive en El Sardinero, en San Blas, cerca de la Plaza de Cataluña, en el barrio de Salamanca, junto a la Malvarrosa, en Neguri. Es ama de casa, gerente de una empresa, no terminó el bachillerato, ingeniera de telecomunicaciones. Rubia, morena, con el pelo grasiento, con suaves rizos castaños, huele a desinfectante y a la suavidad del jabón de una conocida casa francesa de cosméticos.

En la soledad del salón de su casa, deshoja sueños en una margarita marchitada. Mira las fotos del día de su boda con una mezcla de desesperación, amor y odio encontrados. Es una muñeca rota, un ángel mancillado lleno de ilusiones, esperanzas y amor pisados y cubiertos de alquitrán denso, pegajoso, maloliente y negro... como él.
Angustias se casó enamorada, confiando en que lograría ser la roca en la que se apoyaría su esposo, el reposo del guerrero de un Nietzsche que mataría su Dios y su esperanza. Podría determinar cuándo éste se convirtió en un Balzac que la trataba como una esclava convenciéndola de que era una reina, pero no sabe cuándo la sensación de una tierna caricia se tornó en unos ardientes garfios que abrasaban su piel. Sólo en ocasiones goza de un poco de lucidez, y tiene la certeza de que la única solución sería su propia muerte.
LAS CIFRAS DEL HORROR
El número de mujeres asesinadas en España por sus maridos, ex cónyuges o compañeros sentimentales ha descendido un 13,3% en lo que va de año, ya que desde enero hasta octubre se contabilizaron 52 muertes frente a las 60 registradas en el mismo periodo de 2004.
El 90% de ellas tiene hijos que presencian los golpes y en el peor de los casos también son víctimas u objeto de chantaje a sus madres. Estos niños se convierten en posibles maltratadores y las niñas en un futuro tendrán serios problemas para relacionarse con hombres.
Las campañas publicitarias de denuncia de este problema están protagonizadas únicamente por féminas y más de un 46% de los europeos opina que una de las principales causas de la violencia doméstica es la provocativa actitud de las mujeres.
Según los datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en el primer semestre del año se solicitaron 20.271 órdenes de protección, de las que los jueces acordaron conceder 15.330, el 76% del total. Además, desde el 1 de agosto de 2003, fecha en la que se aprobó la orden de protección inmediata contra la violencia doméstica, los jueces han recibido 7.869 solicitudes (de las que acordaron 6.004) y han dictado 4.987 órdenes de alejamiento.

El suave silencio de la casa se rompe con el sonido de la llave introduciéndose en la cerradura. Sus pasos lo llenan todo y retumban en la cabeza de Angustias. Un beso con sabor a vino o a ira y un golpe seco en sus costillas. La sopa está fría. Una nueva equivocación. Se siente una inútil, es lógico que esto ocurra. “Te quiero”, alcanza a decir, “perdóname, no volverá a suceder”; tal vez porque mañana ya no esté aquí para volver a equivocarse.
LA CULPA DEL INOCENTE
La mezcla de expresiones de afecto y violencia hace que la atacada pierda el control sobre si misma. Depresión, sentimiento de culpa, arrepentimiento y sumisión serán sus nuevos rasgos.
Un gran número de agredidas desarrollan el llamado síndrome de Estocolmo. Esto ocurre sobre todo en los bajos estratos sociales, cuando ellas casi nunca trabajan fuera de casa y es él el proveedor de la manutención: éstas mujeres se resisten a separase de sus maridos temiendo que empeore su situación y la de sus hijos. En cierto modo les compensa vivir así porque se sienten protegidas y prefieren asirse a ese clavo ardiendo aunque las consuma por dentro. También en la Edad Media los esclavos se interrogaban sobre quién cuidaría de ellos si abandonaban el feudo.
Pero la violencia doméstica también acompaña a la Angustias que viste de firma, y que no rompe con esa esclavitud por vergüenza, porque el matrimonio es para toda la vida y porque hay que guardar las apariencias. Convencionalismo y dignidad nunca fueron buenos amigos, máxime desde que alguien en algún momento borra cruelmente esta palabra de los vocabularios de estas mujeres.
OÍDOS SORDOS
¿Cuál es el remedio a este mal? Evidentemente hay que denunciar, pero ¿cuántas veces los agresores han acudido en su busca tras la separación para consumar lo que no hicieron mientras las tenían cerca o las han engañado fingiendo arrepentimiento para que volvieran a su lado?
La justicia es ineficaz y debe encrudecerse, y las agredidas deben ser protegidas y concienciadas de que no son culpablesy de que hay una respuesta y una vida diferente para ellas.
Hay muchos roles que cambiar y muchas ideas que evolucionar. La sociedad sigue siendo machista en muchos aspectos y hay que dejar de asegurar que el hombre y la mujer son iguales y llevarlo definitivamente a la práctica; empezando desde la infancia, hay que educar con la conciencia de que los niños de hoy son los pilares del mañana, y que lo que hoy sembremos será lo que en un futuro florecerá.
Un rayo de sol saludó a Angustias una mañana de abril. Hizo su equipaje de sueños y empaquetó sus ilusiones, dejando atrás una cárcel de espinos y rosas de la que es posible salir aunque Rosalía de Castro la viera perpetua en sus versos; fue al registro civil, sanó sus alas cercenadas por el odio y el miedo, y cambio su nombre por Felicidad.
25 de noviembre
Día Internacional contra la Violencia de Género
Fotografías extraídas de la exposición 18 segundos, mostrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. (Del 22 al 27 de noviembre de 2005)
Comentario:
COMO QUE NO??!!!! VAMOS HOMBRE YA!!!!
Comentario:
yo creo que a veces se le debe de dar un aviso a algunas mujeres que de verdad se lo merecen por que algunas tambien maltratan psicologicamente que es peor.
Comentario:
Sueña con las flores nuevas
Que te traigo el amanecer
Y que el viento con tu pelo juegue
Rompe las tristes promesas
Que juraste mucho tiempo atrás
No me digas que no puede ser
Suelta tu alma y sal al balcón
Baja a la calle y sonríe
Ven déjate llevar
Rompe la costumbre de ser tan buena
Ay! Que abra un poco la verdad
Mala sin querer
Mujer, canalla pa’bien
Que te traigo el amanecer
Y que el viento con tu pelo juegue
Rompe las tristes promesas
Que juraste mucho tiempo atrás
No me digas que no puede ser
Suelta tu alma y sal al balcón
Baja a la calle y sonríe
Ven déjate llevar
Rompe la costumbre de ser tan buena
Ay! Que abra un poco la verdad
Mala sin querer
Mujer, canalla pa’bien





