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La otra cara de Finanzas.com
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Al margen de la disciplina estrictamente económica y financiera, existen otras tantas que no entran en los gráficos y por las que hay que dejarse persuadir de tanto en cuando, por salud oigan. De esas otras tantas nos ocuparemos (y digo "nos" porque este es un blog a cuatro manos) con agrado y no con menos gusto, de darles ligeros y comedidos apuntes, casi de refilón, para que sean ustedes quienes cuestionen y creen disyuntivas...Ya saben, "lo importante es no dejar de hacerse preguntas". (A.Einstein)
Sindicación
 
¡Navidad! ¡Navidad! ¡Ebria Navidaaaaaaaaaaaaaaad!
Quién nos lo iba a decir… ¡Hace sólo unos días estábamos sacudiéndonos la arena de la playa y ya estamos en Navidad!
¿Y qué es lo más característico de la Navidad, después de los turrones, las peladillas, la cena en casa de la abuela, los niños meones cantando villancicos o ese regalo horrible que siempre te hace alguien (y que probablemente recibió el año pasado)? Pues… ¡¡¡las cenas de empresa!!!

El otro día llegué a mi mesa y me encontré una invitación para la cena de Navidad de Ya.com y yo, que como todos ya sabéis estoy siempre muy informada, o por lo menos lo intento, recordé una noticia que salió esta misma semana en uno de esos periódicos gratuitos que tanto gustan a la gente que nunca compra el periódico: un 31,9% de los participantes en la encuesta “Sexo y gastronomía” afirma que su principal arma para ligar y cautivar al sexo opuesto es invitar a una buena cena.

Como podréis suponer los sudores fríos y el temblor de piernas no se hicieron esperar ante la perspectiva, por un lado, de cenar gratis (muy importante) y por otro, de que los altos cargos de la empresa me invitaran a una magnífica fiesta llena de apuestos mozalbetes con los que a buen seguro añadiría una nueva alegría a mis fiestas navideñas.

DIOS MÍO... ¿QUÉ ME PONGO?

El gran día llegó, y la fiesta se celebraba una hora después mi salida de la oficina en una discoteca super pijííííííííísima de Madrid. Allí llegué, tarde, como toda mujer que se precie, y con mis mejores galas, que para una persona como yo se reducen al pantalón de Zara y a la blusilla del mercadillo de los domingos. Arreglá pero informal, a la par que discreta y elegante, que no sé si estaba bien, pero seguro que mejor que el individuo que te recibía en la entrada, al que obligaron a disfrazarse de mano, rosa, rosísima, y gigante.

Afortunadamente mucha gente llegó más tarde aún que yo (lo que por otro lado me dio la oportunidad de comer más, importante para estar bien alerta a todo lo que por ahí se cocía).

El catering estuvo muy bien, las camareras muy monas ellas y muy educadas; las fuentes muy bien decoradas; lo frío, frío; lo caliente, pues frío también pero no importaba; barra libre; música para bailar… Todo muy bonito y muy abundante.

Entre bandeja y bandeja no pude evitar recordar aquella fatídica fiesta en Joy Eslava en la que los asistentes se abalanzaban sobre los indefensos camareros del catering. Aquí la gente comía mucho más despacio y con mucha más educación… que ya quisiera mi amiga Norma Duval tener a la gente de Ya.com en sus fiestas y no a toda esa panda de estirados que parece no haber comido en su vida.

LOVE IS IN THE AIR...

¿Lo mejor? Bueno, pude comprobar que eso de que la Navidad une a las personas y las hace más amables y generosas es una absoluta falacia. El amor realmente está en el aire cuando el alcohol corre por el suelo, y es que verdaderamente puedo asegurar que ni yo ni ninguna de las chicas presentes habíamos sido abrazadas nunca tan fuerte y tan repetidas veces.

No ligué, aunque desde luego que sí comí, lo cual ya cumplía mis modestas expectativas. Lamentablemente yo tuve que irme bastante pronto. El sueldo de “pseudobroker” no da para muchos lujos y una tiene sus ocupaciones matutinas… Hubo algún compañero solidario que aseguró que me acompañaría en mis quehaceres del día siguiente, pero no apareció… no se por qué…

Conclusión, una noche muy divertida, mucha bebida, nuevas amistades, algún Alfredo Astaire despistado con su Gregoria Rogers particular, alguno que directamente no bailaba porque estaba ocupado en la ardua tarea de sujetar una columna y yo, que puedo asegurar sin ningún rubor y con absoluto orgullo que fui la única que no ingirió ni una gota de alcohol, me dediqué a observar, para contároslo después, desde el satisfactorio complejo de superioridad que proporciona ser la única persona consciente en medio de una sala embriagada por los efluvios del whisky.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!