¡Pónganse a cubierto!
A lo tonto, a lo tonto ya nos hemos plantado en Semana Santa… ¿qué os parece? Yo aún no he digerido el último polvorón, (que hay que ver lo empalagosos que son hablando de todo un poco), y ya estamos mareando con las torrijas.
Nunca me gustaron las vacaciones de Semana Santa. Siete días perdidos en medio del mes que pasan sin pena ni gloria. Cuando te estás acostumbrando al descanso y a no hacer nada se acaba. Así no hay quien se organice.
Mientras debatía sobre esto pasé esta mañana por la Fundación Canal y vi la nueva exposición que han traído: Christo y Jeanne Claude.
Yo leí rápido y entendí “Cristo y Jean Claude” y ya me inventé mi
historia y me imaginé toda una lucha entre Jesucristo y Jean Claude Van Damme, suponiendo que la muestra pretendía una defensa de los valores cristianos frente a la violencia gratuita del mundo del celuloide.
Rápidamente he entrado, segura de las grandes elevaciones que hallaría allí mi alma y… ¿qué fue lo que encontré, en el lugar en el que presuponía cruces de madera (y de bofetadas)? ¡Envoltorios!
¡LO QUE HACE LA IGNORANCIA!
Daba igual hacia dónde mirase, por todos lados estaban los bocetos de los proyectos de este artista. Todos ellos constaban de objetos o entornos cubiertos de tela o plástico: escaleras, monitores de ordenador (que ya me gustaría a mí llegar un día a la oficina y descubrir que no puedo trabajar porque me han camuflado la pantalla aunque sea con una bolsa de Carrefour), esculturas, caballos de juguete, rosas de plástico, teléfonos, edificios, monumentos célebres… todo aparecía envuelto por una enorme sábana en el caso de los “elementos urbanos” o de polietileno transparente en el caso de los objetos.
Y es que yo no sabía que este hombre a lo que dedica su arte fundamentalmente es a esconder cosas bajo un envoltorio durante un número determinado de días, para después desmontarlo y que la obra de arte sea precisamente el recuerdo de que ese gran símbolo, signo significativo para los habitantes de ese pueblo, estuvo tapado durante un tiempo y hoy forma parte de los libros de arte. Es decir, que la obra de arte no se concluye hasta que esta misma no desaparece del lugar “desvirtuado”. ¿Incomprensible, no es cierto? Pero no por ello menos bello.
También había por ahí una fotografía de una pared hecha con barriles de petróleo, (que ya quisieran muchos tenerla en su casa) e incluso varias islas rodeadas de tela rosa.
REDECORANDO EL PARLAMENTO ALEMÁN
Al final de la sala, en una proyección, se relataba en un documental el lento forcejeo que había tenido que sufrir este artista junto a su mujer (la famosa Jeanne Claude, igual de fea la pobre que Van Damme, pero con mucho más ingenio), con el sector político alemán para lograr envolver el Reichstag, es decir, el edificio del Parlamento Alemán.
Tras un debate en una de sus sesiones, 295 votos a favor apoyaron la ejecución de esta obra frente a los 226 que se opusieron, (que como pasa en estas cosas, se lo tuvieron que tragar).
Finalmente entre varios operarios, que sujetados por arneses iban descendiendo por la fachada como si del Everest se tratara, se cubrió el enorme edificio con varias toneladas de cuerdas y tela. Mientras, en la calle, la inevitable multitud, que el día de la apertura formaba toda una marea humana alrededor del edificio, mientras seiscientos colaboradores repartían retales de la tela que se había empleado para la envoltura, que ya sabéis, no me voy a repetir, lo que le gusta a la gente almacenar tonterías siempre que son gratis.
A los catorce días, a desmontarlo todo, que fue lo que más molestaba a los operarios, ver cómo después de horas de arrastrar metros y metros de tela y de jugarse la vida colgado como un jamón a treinta metros del suelo, todo iba a quedar en una fotito de 12 x 20 centímetros en un libro de texto. Foto que a buen seguro acabaría pintarrajeada por el púber dueño del susodicho libro.
La verdad es que me quedé verdaderamente impresionada, aunque después un compañero me dijera que era mucho más importante y difícil saber envolver un bocadillo… Sin comentarios.
Christo y Jeanne Claude decían que el privilegio del artista era trabajar para uno mismo y que llevaban a cabo sus proyectos para su propio deleite, para poderlos observar ellos y algunos pocos amigos. Si además gustaba al gran público pues eso que se encontraban, pero no estaba realizado para los demás. Yo lo veo una postura algo egoísta, aunque muy coherente teniendo en cuenta que ellos mismos financian sus propias obras.
Creo que voy a seguir su ejemplo: me compraré yo misma una bolsa, la llenaré de bocadillos y meteré en ella la cabeza de mi compañero, ¡por el mero placer de verle ahogado y hacerle callar!

Nunca me gustaron las vacaciones de Semana Santa. Siete días perdidos en medio del mes que pasan sin pena ni gloria. Cuando te estás acostumbrando al descanso y a no hacer nada se acaba. Así no hay quien se organice.
Mientras debatía sobre esto pasé esta mañana por la Fundación Canal y vi la nueva exposición que han traído: Christo y Jeanne Claude.
Yo leí rápido y entendí “Cristo y Jean Claude” y ya me inventé mi
historia y me imaginé toda una lucha entre Jesucristo y Jean Claude Van Damme, suponiendo que la muestra pretendía una defensa de los valores cristianos frente a la violencia gratuita del mundo del celuloide.Rápidamente he entrado, segura de las grandes elevaciones que hallaría allí mi alma y… ¿qué fue lo que encontré, en el lugar en el que presuponía cruces de madera (y de bofetadas)? ¡Envoltorios!
¡LO QUE HACE LA IGNORANCIA!
Daba igual hacia dónde mirase, por todos lados estaban los bocetos de los proyectos de este artista. Todos ellos constaban de objetos o entornos cubiertos de tela o plástico: escaleras, monitores de ordenador (que ya me gustaría a mí llegar un día a la oficina y descubrir que no puedo trabajar porque me han camuflado la pantalla aunque sea con una bolsa de Carrefour), esculturas, caballos de juguete, rosas de plástico, teléfonos, edificios, monumentos célebres… todo aparecía envuelto por una enorme sábana en el caso de los “elementos urbanos” o de polietileno transparente en el caso de los objetos.
Y es que yo no sabía que este hombre a lo que dedica su arte fundamentalmente es a esconder cosas bajo un envoltorio durante un número determinado de días, para después desmontarlo y que la obra de arte sea precisamente el recuerdo de que ese gran símbolo, signo significativo para los habitantes de ese pueblo, estuvo tapado durante un tiempo y hoy forma parte de los libros de arte. Es decir, que la obra de arte no se concluye hasta que esta misma no desaparece del lugar “desvirtuado”. ¿Incomprensible, no es cierto? Pero no por ello menos bello.
También había por ahí una fotografía de una pared hecha con barriles de petróleo, (que ya quisieran muchos tenerla en su casa) e incluso varias islas rodeadas de tela rosa.

REDECORANDO EL PARLAMENTO ALEMÁN
Al final de la sala, en una proyección, se relataba en un documental el lento forcejeo que había tenido que sufrir este artista junto a su mujer (la famosa Jeanne Claude, igual de fea la pobre que Van Damme, pero con mucho más ingenio), con el sector político alemán para lograr envolver el Reichstag, es decir, el edificio del Parlamento Alemán.
Tras un debate en una de sus sesiones, 295 votos a favor apoyaron la ejecución de esta obra frente a los 226 que se opusieron, (que como pasa en estas cosas, se lo tuvieron que tragar).
Finalmente entre varios operarios, que sujetados por arneses iban descendiendo por la fachada como si del Everest se tratara, se cubrió el enorme edificio con varias toneladas de cuerdas y tela. Mientras, en la calle, la inevitable multitud, que el día de la apertura formaba toda una marea humana alrededor del edificio, mientras seiscientos colaboradores repartían retales de la tela que se había empleado para la envoltura, que ya sabéis, no me voy a repetir, lo que le gusta a la gente almacenar tonterías siempre que son gratis.

A los catorce días, a desmontarlo todo, que fue lo que más molestaba a los operarios, ver cómo después de horas de arrastrar metros y metros de tela y de jugarse la vida colgado como un jamón a treinta metros del suelo, todo iba a quedar en una fotito de 12 x 20 centímetros en un libro de texto. Foto que a buen seguro acabaría pintarrajeada por el púber dueño del susodicho libro.
La verdad es que me quedé verdaderamente impresionada, aunque después un compañero me dijera que era mucho más importante y difícil saber envolver un bocadillo… Sin comentarios.
Christo y Jeanne Claude decían que el privilegio del artista era trabajar para uno mismo y que llevaban a cabo sus proyectos para su propio deleite, para poderlos observar ellos y algunos pocos amigos. Si además gustaba al gran público pues eso que se encontraban, pero no estaba realizado para los demás. Yo lo veo una postura algo egoísta, aunque muy coherente teniendo en cuenta que ellos mismos financian sus propias obras.
Creo que voy a seguir su ejemplo: me compraré yo misma una bolsa, la llenaré de bocadillos y meteré en ella la cabeza de mi compañero, ¡por el mero placer de verle ahogado y hacerle callar!
Comentario:
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Comentario:
Ya que se se dedican a envolver edificios...¿por qué no envuelven la sede de las naciones unidas? Pero que la envuelvan con todos los políticos dentro para ver si se ponen de acuerdo de una puñetera vez, y que no lo desenvuelvan hasta que tengan una solución a los problemas del planeta.
Esto también se puede aplicar al parlamento europeo y a la mayoría de comunidades de vecinos de este país.
Esto también se puede aplicar al parlamento europeo y a la mayoría de comunidades de vecinos de este país.
Comentario:
A mi me encanta este artista es muy interesante su obra. Quizas un poco egoista como bien dices pero original e interesante.
Felicidades por el blog me encanta
Felicidades por el blog me encanta
Comentario:
Debo confesar que en mi juventud, al conocer las obras de Christo me atrajo un poco su originalidad, incluso pretendió un proyecto de empaquetar la estatua de Colón de Barcelona..pero no cuajó. Hoy en día, encuentro que se repite un poco...aunque las islas con la tela rosa me sigue pareciendo magnífica..y lo mejor que ha hecho.
Un beso. Adrià
Un beso. Adrià





