"El que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide"
Existen muchos factores que están destinados a provocar el tambaleo de una estabilidad que, queda claro, es siempre momentánea. Uno de ellos es la toma de decisiones a contracorriente, a contrarreloj y encima a contrapelo. Lo bueno de tomar decisiones que afectan irreversiblemente a la naturaleza de las circunstancias, es que se sabe que la última palabra recae en exclusiva sobre uno mismo, y sobre la experiencia que uno ha inhalado en cada soplo de vida. Lo malo de tomar decisiones, es que nunca queda del todo claro si se ha tomado la buena, y sólo con el paso tajante de los días (para algunos basta el paso imperceptible de un par de horas, bendito pulso), se conoce la respuesta, pero sólo en lo más profundo se revela.
Pero de todo ello, lo más importante es saber cómo afrontar lo más intrínseco de cada decisión, que es su consecuencia. Por supuesto, no hablo de decidir entre vainilla o fresa, hablo de una decisión que cambia la trayectoria (ya antes curvilínea) que sigue tu vida hasta un momento determinado. Si tan fácil resultara, ay! porqué tantos vaivenes, porqué la búsqueda infructuosa del consejo espléndido, porqué los psicoanalistas.
Mi decisión más inmediata ha obligado a plantarme y mirar sobre mis pasos (esos que nunca se pierden de vista) y, por ahora, a lo más que llego es a limar la carga de las consecuencias, dejarla impoluta de arrepentimientos y continuar mirando más allá de mis pasos (los que vociferan que la vida sigue).
Pero de todo ello, lo más importante es saber cómo afrontar lo más intrínseco de cada decisión, que es su consecuencia. Por supuesto, no hablo de decidir entre vainilla o fresa, hablo de una decisión que cambia la trayectoria (ya antes curvilínea) que sigue tu vida hasta un momento determinado. Si tan fácil resultara, ay! porqué tantos vaivenes, porqué la búsqueda infructuosa del consejo espléndido, porqué los psicoanalistas.
Mi decisión más inmediata ha obligado a plantarme y mirar sobre mis pasos (esos que nunca se pierden de vista) y, por ahora, a lo más que llego es a limar la carga de las consecuencias, dejarla impoluta de arrepentimientos y continuar mirando más allá de mis pasos (los que vociferan que la vida sigue).





