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Al margen de la disciplina estrictamente económica y financiera, existen otras tantas que no entran en los gráficos y por las que hay que dejarse persuadir de tanto en cuando, por salud oigan. De esas otras tantas nos ocuparemos (y digo "nos" porque este es un blog a cuatro manos) con agrado y no con menos gusto, de darles ligeros y comedidos apuntes, casi de refilón, para que sean ustedes quienes cuestionen y creen disyuntivas...Ya saben, "lo importante es no dejar de hacerse preguntas". (A.Einstein)
Sindicación
 
Mi primer ballet
A él acudí con una excelente amiga y bailarina.

Era la primera vez que iba a un espectáculo de esta índole.
Al llegar al Teatro de Madrid y acomodarme en mi butaca para ver el espectáculo de "Espartaco" interpretado por el Ballet Clásico estatal de Kiev, me parecía raro estar allí.

Nada más empezar me impresionó el hecho de que el escenario sólo estuviera decorado con un bloque rectangular de cartón y como fondo hubiera un enorme dibujo de un paisaje natural formado con montañas, casas y agua del mar.

Acostumbrada más al teatro o al cine, me esperaba un gran montaje, pero pronto entendí que no hacía falta, ya que lo importante del escenario eran sus bailarines.

A lo largo del espectáculo hubo un momento en el que me perdí, por más que miraba el tríptico que nos habían dado al llegar, no entendía en que acto estábamos, pero el problema era mío y es que al estar acostumbrada a que al menos una persona narre la historia que se representa, se me hacía difícil algunas veces diferenciar y entender lo que ocurría. Aunque quiero dejar claro que no era por los bailarines, sino más bien por mi inexperiencia ante este tipo de eventos.



A pesar de todo, el ballet me gustó, las dos horas que duró no se me hicieron largas y gracias a mi amiga, pude entender algo de este arte, y es que estos bailarines hacen cosas verdaderamente asombrosas, así por ejemplo, cuando un bailarín cogía en brazos a una de sus compañeras mi amiga suspiraba y decía “Uf eso es muy chungo”, yo claro lo veía y me gustaba pero no sabía qué punto de dificultad tenía, como también me ocurría con los giros y piruetas voladas (sí, me lo ha dicho mi amiga que se llaman así, no es que yo ahora sea una experta), que yo las veía y me gustaban, pero mi amiga sólo volvía a repetir ¡Qué chungo!

La verdad es que parece difícil esto del ballet y más llevar zapatillas de puntas, en definitiva, yo no me veo por ahí andando de puntillas y volando sobre los hombros de un bailarín, pero tengo que reconocer que el espectáculo me gustó y para mí ha sido una nueva experiencia, que la verdad nunca había pensado vivir porque esto nunca me había llamado la atención.

Me siento orgullosa de haber podido disfrutar de él, aunque no lo hice tanto como mi amiga, pero al menos disfruté y lo compartí con toda una experta.

Beatriz Cermeño
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