-
No te escribo con principio.
Te escribo desde la prisa que tienen mis dedos en cada tecla por matarla cada vez que la pisan. Y escribo desde el no pensamiento, desde la no predisposición. Ni leo líneas anteriores, ni me fijo en palabras repetidas, mal dichas, faltas de ortografía… Suelto, escupo, saco, echo palabras que siento, que salen solas desde dentro. De mí, para ti, aunque no las quieras.
No sé si sabes de qué va esto, no lo sé, no sé ni si quiera si me importa. Simplemente escucha desde donde viene.
Y viene desde la rabia del no saber qué hay detrás de cada una de tus miradas, y viene desde la incertidumbre de un tú creado no hace mucho, y un tú destruido hace poco que ya no sé cual es cual… Y desde el miedo de quedarme sin el que yo quiero, sin el que sabes que deberías seguir siendo.
Escribo también desde la furia contenida en cada palabra que no te he dicho por miedo a que sufras. A que no entiendas el camino por donde piso. Ni si quiera sé yo si piso fuerte y con la seguridad que debería. Simplemente piso, me da igual caer aún más bajo. Ya no duelen las heridas. No… Ya más daño no.
Y todo esto que lees tiene el porqué de las respuestas que no me das, de las preguntas que no te he hecho, que no sé si hacerte por que no sé si las entenderías…. Como las miradas que te avisan que no sé si sabes que van a ti y crees que se dirigen a la nada, o me haces creer eso. Las que te cuentan que no es lo mismo, y que me duele cada instante que ha pasado en el que no has dicho la verdad, o sí, o a medias…. ¡¡¡Ya no lo sé!!!!
Y es desde esta locura desde donde te escribo. Desde la no cordura que me obliga a todo esto pues si no lo hago no sé cómo acabará. Ni si quiera quiero que acabe. No debe hacerlo, no lo merezco. Igual que tú no mereces cada desprecio de mis “no sé porqué” y cada molestia que me produce ahora un ruido, una sonrisa, una caricia, una palabra…
¿Que de qué va todo esto? ¿Que a qué viene? ... ¿Mereces Que te lo explique? Simplemente… ¿Mereces que te lo recuerde? … ¿Mereces que se te acuse de algo sin saber ni si quiera si es verdad?
Ya es mucho el tiempo que me ha obligado a esperar sentada en la sombra de mis dudas para hacer esto o no. Me lanzo a la piscina, me he lanzado. Me da igual, ya no más esperar… Ya no más dudas.
Y sí, quizá por mi parte debo explicarte, o recordarte simplemente qué significa todo esto, tan “nuevo” para ti. Pero lo siento… La lástima, la vergüenza me corroe por dentro, al pensar en escribir estas cosas… Y cuando pienso en no hacerlo, se me pasa por la cabeza otras cuantas más que hacen que quiera eliminar lo anterior escrito.
Cuando se esfuma la rabia y se desnuda cada uno de mis sentidos… Cuando hago una pausa y abro los ojos (o los cierro, no lo sé), me doy cuenta de lo injusta que puedo ser al pincharte en ese corazón tuyo con todo esto, de una hija a un padre. Y es por eso, por lo que me calmo. Me calmaré ahora, en un segundo. Déjame echar un suspiro de esos que me recuerdan cuánto eres para mí. Déjame que me recuerde eso y los momentos vividos, y cuánto me quieres tú a mí también, que lo sepas que lo sé.
Y después de hacerlo creo que es suficiente.
No me hace falta decirte nada más que sabes que tienes aquí a tu lado día tras día, minuto tras minuto, a una persona pendiente de cada uno de tus silencios, de esos que según se mire son huecos, o te cuentan una historia de esas interminables, inteligentes, como tú. Silencios propios de ti. Y tu inteligencia, que sé que ahí está, y esa de la que estoy yo tan orgullosa desde que tengo uso de razón y hasta que muera, es la que hace que permanezca calmada ahora. Porque sé que entiendes, que comprendes que aquí estoy, a pesar de tantos pesares. Lo sé. Y es así.
Pero hace falta que te lo recuerde, que estoy, que estoy que seguiré estando y que no me iré.
Y por cada lágrima que te produzca el pensar en tu vida… Y por todo el tiempo que pase que desees que se pare, y por todas esas oportunidades que las creas perdidas (como el tiempo) Y por muchas inutilidades que veas en ti, que no las hay… Por todo eso y por todas las angustias que puedan hacerte caer en algo que no debes, que nos hace daño a ti y a los tuyos, por todo eso, gánale la batalla al enemigo y pon un granito de arena cada segundo, en un reloj, que nos hará ganar las horas que te parezcan perdidas. Que yo pondré otro, y cada persona que te quiere otro más. Y apostaremos por nosotros y por un futuro mejor, sin eso, sin caer en nada que no debemos… Porque no debes hacerlo.
Y que no te duela recurrir a mí, por muchas vayas y barreras que en nuestros caminos, los tuyos y los míos (cada uno el mismo pero diferente) hemos construido en cada despertar. Porque sin querer lo hemos hecho. No me importan hoy mis puños, con los que romperé todo eso que nos separa. Por un bien principalmente; el de no perder lo único que sé con certeza que quiero tener durante toda mi vida. Mi familia.
Y no te escribo con final. Contigo nunca.
Te escribo desde un poco de dolor acumulado que me grita todo lo que he escrito… Para poder continuar.
Te escribo desde la prisa que tienen mis dedos en cada tecla por matarla cada vez que la pisan. Y escribo desde el no pensamiento, desde la no predisposición. Ni leo líneas anteriores, ni me fijo en palabras repetidas, mal dichas, faltas de ortografía… Suelto, escupo, saco, echo palabras que siento, que salen solas desde dentro. De mí, para ti, aunque no las quieras.
No sé si sabes de qué va esto, no lo sé, no sé ni si quiera si me importa. Simplemente escucha desde donde viene.
Y viene desde la rabia del no saber qué hay detrás de cada una de tus miradas, y viene desde la incertidumbre de un tú creado no hace mucho, y un tú destruido hace poco que ya no sé cual es cual… Y desde el miedo de quedarme sin el que yo quiero, sin el que sabes que deberías seguir siendo.
Escribo también desde la furia contenida en cada palabra que no te he dicho por miedo a que sufras. A que no entiendas el camino por donde piso. Ni si quiera sé yo si piso fuerte y con la seguridad que debería. Simplemente piso, me da igual caer aún más bajo. Ya no duelen las heridas. No… Ya más daño no.
Y todo esto que lees tiene el porqué de las respuestas que no me das, de las preguntas que no te he hecho, que no sé si hacerte por que no sé si las entenderías…. Como las miradas que te avisan que no sé si sabes que van a ti y crees que se dirigen a la nada, o me haces creer eso. Las que te cuentan que no es lo mismo, y que me duele cada instante que ha pasado en el que no has dicho la verdad, o sí, o a medias…. ¡¡¡Ya no lo sé!!!!
Y es desde esta locura desde donde te escribo. Desde la no cordura que me obliga a todo esto pues si no lo hago no sé cómo acabará. Ni si quiera quiero que acabe. No debe hacerlo, no lo merezco. Igual que tú no mereces cada desprecio de mis “no sé porqué” y cada molestia que me produce ahora un ruido, una sonrisa, una caricia, una palabra…
¿Que de qué va todo esto? ¿Que a qué viene? ... ¿Mereces Que te lo explique? Simplemente… ¿Mereces que te lo recuerde? … ¿Mereces que se te acuse de algo sin saber ni si quiera si es verdad?
Ya es mucho el tiempo que me ha obligado a esperar sentada en la sombra de mis dudas para hacer esto o no. Me lanzo a la piscina, me he lanzado. Me da igual, ya no más esperar… Ya no más dudas.
Y sí, quizá por mi parte debo explicarte, o recordarte simplemente qué significa todo esto, tan “nuevo” para ti. Pero lo siento… La lástima, la vergüenza me corroe por dentro, al pensar en escribir estas cosas… Y cuando pienso en no hacerlo, se me pasa por la cabeza otras cuantas más que hacen que quiera eliminar lo anterior escrito.
Cuando se esfuma la rabia y se desnuda cada uno de mis sentidos… Cuando hago una pausa y abro los ojos (o los cierro, no lo sé), me doy cuenta de lo injusta que puedo ser al pincharte en ese corazón tuyo con todo esto, de una hija a un padre. Y es por eso, por lo que me calmo. Me calmaré ahora, en un segundo. Déjame echar un suspiro de esos que me recuerdan cuánto eres para mí. Déjame que me recuerde eso y los momentos vividos, y cuánto me quieres tú a mí también, que lo sepas que lo sé.
Y después de hacerlo creo que es suficiente.
No me hace falta decirte nada más que sabes que tienes aquí a tu lado día tras día, minuto tras minuto, a una persona pendiente de cada uno de tus silencios, de esos que según se mire son huecos, o te cuentan una historia de esas interminables, inteligentes, como tú. Silencios propios de ti. Y tu inteligencia, que sé que ahí está, y esa de la que estoy yo tan orgullosa desde que tengo uso de razón y hasta que muera, es la que hace que permanezca calmada ahora. Porque sé que entiendes, que comprendes que aquí estoy, a pesar de tantos pesares. Lo sé. Y es así.
Pero hace falta que te lo recuerde, que estoy, que estoy que seguiré estando y que no me iré.
Y por cada lágrima que te produzca el pensar en tu vida… Y por todo el tiempo que pase que desees que se pare, y por todas esas oportunidades que las creas perdidas (como el tiempo) Y por muchas inutilidades que veas en ti, que no las hay… Por todo eso y por todas las angustias que puedan hacerte caer en algo que no debes, que nos hace daño a ti y a los tuyos, por todo eso, gánale la batalla al enemigo y pon un granito de arena cada segundo, en un reloj, que nos hará ganar las horas que te parezcan perdidas. Que yo pondré otro, y cada persona que te quiere otro más. Y apostaremos por nosotros y por un futuro mejor, sin eso, sin caer en nada que no debemos… Porque no debes hacerlo.
Y que no te duela recurrir a mí, por muchas vayas y barreras que en nuestros caminos, los tuyos y los míos (cada uno el mismo pero diferente) hemos construido en cada despertar. Porque sin querer lo hemos hecho. No me importan hoy mis puños, con los que romperé todo eso que nos separa. Por un bien principalmente; el de no perder lo único que sé con certeza que quiero tener durante toda mi vida. Mi familia.
Y no te escribo con final. Contigo nunca.
Te escribo desde un poco de dolor acumulado que me grita todo lo que he escrito… Para poder continuar.





