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El Confidente
Televisión, viajes, música y gastronomía
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Inquilino del mundo
Sindicación
 
Fiesta de guay
El chalet no podía ser más grande. Y encima estaba vacío. Algún que otro sofá y una mesa larga para comida y bebidas. En el salón, un grupo tocó sin cesar hasta las siete de la mañana. Versionaba...
El cantante iba y venía y, por el camino, se morreaba con la más guapa de la fiesta, como si le diera un sorbo a una copa. Perdonando vidas...
El chico creía que cantaba realmente bien, pero no se daba cuenta de que lo único que le diferenciaba del resto es que se sabía las letras. Es lo que tienen las fiestas de guay...
-Fernando, recoge el violín que me duermo...
 
Soneto desgarrado
Corazón de lluvia
nube de sangre derramada
respiro cristales de púrpura
con aliento de ira amarga.

Ayuno de dolor pasado
presente de duelo que embriaga.
Una lámpara de agujas
perfora el aire que me atrapa.

Corazón de niebla,
luces de tinta salada,
alma con tronco de piedra.

Dimito del miedo que atenaza,
del orgullo que oprime
corazones de fina nevada.

R. Lara
 
Pásalo
Señores políticos, directores de periódico, micrófonos de oro, tertulianos, directivos de fútbol, bloggers de la verdad suprema, y demás personajes empeñados en sembrarlo todo de confrontación,

DÉJENNOS VIVIR EN PAZ
 
Sin complejos
Dijo hasta aquí hemos llegado. Tomó las riendas del espectáculo a falta de una semana para el estreno. La compañía, incluidos los artistas invitados, se pusieron de su lado y, cuando se echó el telón, tenía a todo el público que llenaba el teatro Villamarta de Jerez, en la misma palma de su mano. Fui el primero en tocar la puerta de su camerino.
-¿Qué ha pasado? -me preguntó.
Era la primera vez que no le veía lamentarse por el más mínimo detalle, víctima de su perfeccionismo. Estaba noqueado. El esfuerzo había sido brutal. En los ensayos, en las noches sin sueño, en casi dos horas de estreno trepidantes.
Javier Barón, el bailaor más premiado y con mejores críticas del momento (he encontrado una del espectáculo en www.deflamenco.com), lleva más de treinta años bailando, triunfando. Y aún se lo sigue jugando todo en cada estreno.
En el hotel, media hora antes, me encontré recién llegada de Sevilla a Matilde Coral (la gran maestra del baile sevillano), que casi no podía andar.
-Me tienen que operar de esta pierna, hijo. Son 74 años los que pesan. Estoy incapaz, pero a Javier no me lo pierdo. Es lo único que nos queda...