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Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.
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Odio mi trabajo
Sí, definitivamente lo odio. No es raro, ¿no? Quien más quien menos odia lo que hace, odia a sus jefes o a sus compañeros o todo al mismo tiempo.
Pero no, yo no es que simplemente lo odie. Es que me deprime.

Todos los trabajos que he tenido han sido cien veces más duros, más estresantes, peor pagados y aún así con este es que no puedo. Sólo el hecho de ir me provoca el mismo efecto que el cole en los niños pequeños; no es sólo la desgana es que lo que daría yo por no tener que ir!!

Definitivamente estoy hasta los cojones.
 
Tengo tantas cosas que contar
y tan poco tiempo y ganas de hacerlo que no le veo mucho sentido a este blog ni a muchos. He perdido el contacto con mucha gente de por aquí y de por allá y eso me lleva a pensar en lo que ha cambiado todo y en las prioridades que se presentan y en que si no me apunto las cosas más tontas en la agenda, se me olvida hacerlas.
Y eso es por una razón: mi mente no da para más.

Me paso el día a medio gas, me despisto, me hablan y no escucho, desconecto sin darme cuenta, me quedo en off mirando a la nada demasiado a menudo y por mucho sueño que tenga, me tumbo y no me duermo. Sólo pienso.

Y encima paso de todo. No me preocupan ciertas cosas por las que debería tener cierto respeto, sino todo lo contrario. Espero a que las cosas las haga otro, cuando eso nunca ha sido así; siempre he querido encargarme de las cosas.

Menos mal que dentro de 15 días estaré de vacaciones.