Vuelta al cole
Llevo bastante sin escribir aquí, aunque si he intentado mantener mi diario en una libreta durante el tiempo que estuve fuera, sobre todo como parte de mi terapia, en este tiempo he estado desconectado de Internet.
Bueno, si me he conectado algunas veces en algún ciber, muy pocas, y he pasado por otros blogs para ver qué tal van las cosas, pero casi nunca he podido pararme a escribir.
Me ha costado volver. Empezó a hartarme hablar de mi y de mí y de mí y de mí. Bueno, eso es algo que nunca me ha gustado demasiado, aunque pueda parecer lo contrario
Me da un poco de pereza tambien pasar todo lo de la libreta aquí. A veces pienso que ojalá fuera algo menos vago, me irían mejor las cosas.
Huy, ese es un pensamiento negativo sobre mi mismo. Hay que eliminarlo!
Lo sustituiré por un : “A veces estoy un poco desmotivado por las cosas”.
Queda mejor que : “Soy un perráncano integral”. Y sin carga negativa.
No han sido todo vacaciones (desgraciadamente). El trabajo tambien me ha absorbido mucho tiempo, sobre todo en viajes. Por si alguien cometía el error de sentir cierta envidia hacia mi por el tiempo que he estado fuera….
Quiero empezar este diario, tras esta parada, de manera más positiva, y por una vez evitar lo negativo que pueda haberme pasado, y centrarme en lo mejor.
Las vacaciones comenzaron con un grupo de amigos, en las que necesitaba diversión. Y la tuve. Fueron unos dias de autentico desmadre en los que no dormí casi nada, y en los que me la jugué un poquito un dia que fui a bucear sin tener ni idea. Se me juntó el cansancio con la inexperiencia, y bueno…..un sustito.
Después pasé otros días con mis padres, mis sobrinos, mi pequeño.
Tranquilidad, relax, paz.
Conocer más a mi hijo, compenetrarme con él y disfrutar de sus gracias, sentirlo mío.
Volver a Granada después de bastante tiempo y disfrutar de los piononos de Ysla y el mejor helado de cassatta que nunca he probado. Pasear de nuevo por la alhambra.
Pero lo bueno no dura siempre, vuelta al trabajo, al estrés, con las pilas cargadas por el descanso y los buenos momentos.
Menos mal que para aclimatarme al trabajo decidí asistir como ponente a algunos cursos de la empresa (con la intención de que me pagaran los gastos y poder hacer una transición más gradual de las vacaciones al trabajo).
Mi intervención se limitaba a pocas horas, pero por respeto a mis compañeros solía quedarme a casi todas las clases, aunque había momentos en los que desperdiciar las instalaciones de los hotelazos a los que te llevan en estas ocasiones me parecía un crimen.
Coincidí con un buen amigo que iba de alumno y que tenía unas ganas de fiesta tremendas. Estábamos en un hotel de costa que en septiembre ya estaba prácticamente vacío, y por la zona no había ya demasiada marcha. Mi amigo venía preparadísimo para hacer botellones en la habitación, acompañado de varias amigas de su centro de trabajo y sin ningunas ganas de curso.
Convencimos al responsable del hotel de que nos dejara las piscinas y el jacuzzi terminado el horario de baños.
El jacuzzi era para 3 personas, acabamos dos chicos y 4 chicas de botellón , y cuando estábamos ya como garbanzos nos íbamos a mi habitación, que estaba un poco alejada del resto. Sólo dormimos un día, algunas horas.
La gente por la mañana preguntaba que quienes eran los que estaban de fiesta, aunque lo decían con un poco de indignación, pero en el fondo con ganas de unirse. Nosotros teníamos un pacto de silencio y nunca llegamos a confesarlo.
Pero la verdad es que se nos notaba mucho las ganas de juerga, tanto que el director del curso me preguntó el último día, con el entrecejo fruncido: “Tu has sido el del escándalo en el jacuzzi, verdad?”. Le contesté que algo me habían contado, pero que mi habitación estaba muy lejos y no oí nada.
Despues de esta vida un poco licenciosa he cogido algunos kilos. No me venían mal, pero ahora me noto un poco extraño de ver mi cuerpo cambiado y no tan delgado.
Este verano, le puse tareas a un amigo que no sabía que escribía este blog, y quería que leyera lo que pudiera (aunque muchas cosas ya las sabía) y me dijera qué le parecía.
Fue bastante sincero.
“No sientes vergüenza por haberte mostrado tan débil, tan humillado por una persona?, tan absurdamente enamorado de alguien para quien no pasaste de ser alguien que quería tenerte cerca tan sólo porque se veía mucho mejor a través de tus ojos?”
La verdad es que no esperaba esa pregunta, esperaba algo más del estilo :”Muy bonito todo, lo has pasado fatal pero ahora estás de puta madre”.
Pensé entonces que no, no siento vergüenza de mi debilidad, ni del dolor, ni la tristeza.
A toro pasado, pienso que me sentiría peor conmigo mismo si no hubiera sido así. Si hubiera pasado por todo aquello como si nada. Sé que a veces parece lo más lógico, no vivir para no correr el riesgo de sufrir.
Dijo una vez Bertrand Russell (creo, con estas cosas siempre me hago un lío) que temer al amor es temer a la vida, y el que teme a la vida está ya muerto.
Bueno, si me he conectado algunas veces en algún ciber, muy pocas, y he pasado por otros blogs para ver qué tal van las cosas, pero casi nunca he podido pararme a escribir.
Me ha costado volver. Empezó a hartarme hablar de mi y de mí y de mí y de mí. Bueno, eso es algo que nunca me ha gustado demasiado, aunque pueda parecer lo contrario
Me da un poco de pereza tambien pasar todo lo de la libreta aquí. A veces pienso que ojalá fuera algo menos vago, me irían mejor las cosas.
Huy, ese es un pensamiento negativo sobre mi mismo. Hay que eliminarlo!
Lo sustituiré por un : “A veces estoy un poco desmotivado por las cosas”.
Queda mejor que : “Soy un perráncano integral”. Y sin carga negativa.
No han sido todo vacaciones (desgraciadamente). El trabajo tambien me ha absorbido mucho tiempo, sobre todo en viajes. Por si alguien cometía el error de sentir cierta envidia hacia mi por el tiempo que he estado fuera….
Quiero empezar este diario, tras esta parada, de manera más positiva, y por una vez evitar lo negativo que pueda haberme pasado, y centrarme en lo mejor.
Las vacaciones comenzaron con un grupo de amigos, en las que necesitaba diversión. Y la tuve. Fueron unos dias de autentico desmadre en los que no dormí casi nada, y en los que me la jugué un poquito un dia que fui a bucear sin tener ni idea. Se me juntó el cansancio con la inexperiencia, y bueno…..un sustito.
Después pasé otros días con mis padres, mis sobrinos, mi pequeño.
Tranquilidad, relax, paz.
Conocer más a mi hijo, compenetrarme con él y disfrutar de sus gracias, sentirlo mío.
Volver a Granada después de bastante tiempo y disfrutar de los piononos de Ysla y el mejor helado de cassatta que nunca he probado. Pasear de nuevo por la alhambra.
Pero lo bueno no dura siempre, vuelta al trabajo, al estrés, con las pilas cargadas por el descanso y los buenos momentos.
Menos mal que para aclimatarme al trabajo decidí asistir como ponente a algunos cursos de la empresa (con la intención de que me pagaran los gastos y poder hacer una transición más gradual de las vacaciones al trabajo).
Mi intervención se limitaba a pocas horas, pero por respeto a mis compañeros solía quedarme a casi todas las clases, aunque había momentos en los que desperdiciar las instalaciones de los hotelazos a los que te llevan en estas ocasiones me parecía un crimen.
Coincidí con un buen amigo que iba de alumno y que tenía unas ganas de fiesta tremendas. Estábamos en un hotel de costa que en septiembre ya estaba prácticamente vacío, y por la zona no había ya demasiada marcha. Mi amigo venía preparadísimo para hacer botellones en la habitación, acompañado de varias amigas de su centro de trabajo y sin ningunas ganas de curso.
Convencimos al responsable del hotel de que nos dejara las piscinas y el jacuzzi terminado el horario de baños.
El jacuzzi era para 3 personas, acabamos dos chicos y 4 chicas de botellón , y cuando estábamos ya como garbanzos nos íbamos a mi habitación, que estaba un poco alejada del resto. Sólo dormimos un día, algunas horas.
La gente por la mañana preguntaba que quienes eran los que estaban de fiesta, aunque lo decían con un poco de indignación, pero en el fondo con ganas de unirse. Nosotros teníamos un pacto de silencio y nunca llegamos a confesarlo.
Pero la verdad es que se nos notaba mucho las ganas de juerga, tanto que el director del curso me preguntó el último día, con el entrecejo fruncido: “Tu has sido el del escándalo en el jacuzzi, verdad?”. Le contesté que algo me habían contado, pero que mi habitación estaba muy lejos y no oí nada.
Despues de esta vida un poco licenciosa he cogido algunos kilos. No me venían mal, pero ahora me noto un poco extraño de ver mi cuerpo cambiado y no tan delgado.
Este verano, le puse tareas a un amigo que no sabía que escribía este blog, y quería que leyera lo que pudiera (aunque muchas cosas ya las sabía) y me dijera qué le parecía.
Fue bastante sincero.
“No sientes vergüenza por haberte mostrado tan débil, tan humillado por una persona?, tan absurdamente enamorado de alguien para quien no pasaste de ser alguien que quería tenerte cerca tan sólo porque se veía mucho mejor a través de tus ojos?”
La verdad es que no esperaba esa pregunta, esperaba algo más del estilo :”Muy bonito todo, lo has pasado fatal pero ahora estás de puta madre”.
Pensé entonces que no, no siento vergüenza de mi debilidad, ni del dolor, ni la tristeza.
A toro pasado, pienso que me sentiría peor conmigo mismo si no hubiera sido así. Si hubiera pasado por todo aquello como si nada. Sé que a veces parece lo más lógico, no vivir para no correr el riesgo de sufrir.
Dijo una vez Bertrand Russell (creo, con estas cosas siempre me hago un lío) que temer al amor es temer a la vida, y el que teme a la vida está ya muerto.