Contradicción
Vaya semanita!!! No he parado de ir para arriba y para abajo.
Creo que mi coche es mi sala de meditación, es donde más tiempo dedico a pensar.
Anoche, mi compañero y yo estuvimos hablando de trabajo, comentando las últimas movidas a las que nos estamos enfrentando.
Hacía tiempo que no hablábamos de nosotros, del resto de las cosas de cada uno. Me habló de la encrucijada que ahora vive, en general, y me dijo que no se encontraba bien en su situación personal.
Le confirmé que al final he decidido no irme a México. Estoy contento con el trabajo que tengo, pero es verdad que no me llena. Me voy a plantear otras posibilidades, aunque aún no es buen momento.
Me preguntó que qué tal me encontraba. Le dije que de encontrarme nada, pero que estoy bastante mejor.
Una pregunta muy interesante que me hizo fue:”Echas de menos el amor?”
Me hizo pensar bastante. Llegué a la conclusión de que no.
La echaba de menos a ella.
Es verdad que a veces, lo que echamos de menos es el amor, y ello nos hace acercarnos a otras personas, pero creo que eso siempre termina de forma decepcionante. Porque no estás enamorado de una persona, sino de un sentimiento.
No tengo necesidad de amor, y creo que tener una relación ahora con alguien, no solo porque para mí es inimaginable y no serviría de nada, sino que sería un fraude para esa persona y para mí.
El amor tiene su ritmo, y es imposible conocer sus tiempos. No sé si volverá, tampoco le necesito.
Pero me emocioné pensando en ello, y en ella. Hacía tiempo que no me pasaba.
Me comentó que admiraba la manera en la que me he enfrentado a esto, que mucha gente no se atreve a hacer las cosas que he hecho.
El asumir que parte importante de mis problemas era yo mismo, que necesitaba tratamiento, y no echar la culpa a nadie. Que lucho y no me rindo, y que además, mucha gente no se ha dado cuenta de lo que realmente me pasaba, sólo me han visto con mala cara, pero no han podido ni imaginar cuánto he sufrido. Aunque a veces he estallado y he intentado disimular. Con todo lo que ha cambiado mi aspecto…Sigo muy delgado, pero veo fotos de cuando estaba realmente mal, y el cambio es evidente, el color de piel, la expresión de mi cara. Estaba verdaderamente demacrado.
Realmente creo que no tiene ningún mérito en lo que he hecho, se trata, tan sólo, de la suerte de haberme quedado aún, el suficiente instinto de supervivencia.
Estoy seguro que también ha tenido mucho que ver el tener cerca personas que me apoyan, me conocen, me quieren. Como él.
Hace mucho tiempo ya, cuando estaba con Silvia, le dí a él una carta para que se la entregara a ella, si algo me pasaba. El motivo era simplemente que viajaba mucho, podía pasarme cualquier cosa, principalmente con el coche. En ella le contaba la realidad sobre mí, de algún modo no quería morir sin que me conociera, antes de que yo le dijera toda la verdad. Luego le daba algunos consejos sobre como tomarse mi pérdida, sobre cómo creía yo que tenía que afrontar algunos aspectos de su vida, porque en ella también había muchas contradicciones entre lo que decía, y lo que sentía (bastantes menos que en mi caso, eso está claro, pero es lo de siempre, qué fácil es ver las cosas de los demás, desde fuera). Por supuesto, al final, le decía cuanto le quería. Ésta última parte fue la que más me costó escribir, porque pensaba que quizá lo mejor era no decir cuánto la amaba, ser más frío, hacerle más fácil el duelo. Pero acabé llegando a la conclusión de que eso no servía de nada, y mejor decir la verdad.
Siguió teniendo esta carta, tras la ruptura, mientras pensaba en quitarme la vida, aunque ya no tenía tanto sentido. Ella sabía la verdad sobre mi entonces (bueno, llegó a saber parte, pero no toda, de hecho llegué a confundirla tanto que ya dudaba hasta de lo más evidente), quizá yo quería que de verdad supiera cuanto la quería. Creo que no hacía falta, creo que ella llegó a saber cuánto la amé, y de qué modo.
Le pedí a mi amigo esta carta, ya nunca tendrá que entregársela. Además, para ella estoy muerto hace mucho. Y enterrado. O mejor aún, soy una cosa que nunca existió.
Sin embargo, y no sé por qué, no la rompí. La guardé en un cajón. Quizá porque creo que es bonita.
Hablamos de que sigo lleno de contradicciones, algunas me pesan.
Espiritual pero hedonista, sincero pero reservado. Apasionado pero reflexivo.
Melancólico y vitalista. Temeroso, pero optimista.
Sí, optimista.
Defensor de la razón, y buscador de enigmas sin respuesta.
Escéptico pero con necesidad de algo en qué creer.
Incluso en este blog :Un día escribo una cosa, y al otro parece que escribo la contraria.
Bueno, a veces no aguanto tanto, en el mismo día.
Durante mucho tiempo conviví con estas discordancias sin problemas. En este tiempo más reciente me han pesado mucho, pero empiezo a encontrar una coherencia.
Aunque a veces pienso que he cambiado en muchas cosas, otras veces que sigo siendo el mismo de antes. Otras, el de antes de antes.
El psicólogo me dice que mi mejoría es evidente y clara, pero que aún persisten en mi esquemas negativos sobre la manera de juzgarme, y de pensar sobre las cosas de mi vida, el ver mis actos, siempre o blanco (a veces) o negro (casi siempre), cuando la realidad siempre es mucho más compleja… Tengo que cambiar esto, o mi depresión se puede hacer de algún modo leve, pero crónica, larga.
La otra vez que estuve enfermo, llegó un día en que decidí no volver al tratamiento.
Lo dejé. Me sentí bien y me confié. La verdad es que estaba muy bien, pero había cosas de las que no me había curado del todo, y posiblemente seguían ahí, y acabaron volviendo. Una de ellas es las expectativas de mi vida.
Admiro a las personas que tienen siempre claro lo que quieren, tienen unos objetivos definidos en la vida. Creo que yo durante gran tiempo de mi vida fui así.
Aunque ya ni recuerdo que es lo que quería entonces, o me da miedo recordarlo y confrontarlo con la realidad.
Pienso que cuando murió mi padrino, tras el esfuerzo tan enorme de cuidarlo, de intentar encontrarle una cura por todo el mundo, y que no sirvió de nada, fue tal el sentimiento de abatimiento y de desesperanza, que olvidé realmente qué era lo que deseaba en la vida. Las cosas que me pasaron tal vez me hicieron creer que no merecía la pena luchar.
Quizá llegué a tener miedo de esforzarme, porque pensaba que al final la desgracia te busca. El caso es que tampoco creo que sea del todo cierto, conseguí acabar los estudios, encontrar trabajo, cuando durante años pensé que ambas cosas eran imposibles. Sobre este miedo, Micaela me ha mandado una lectura del ICHING que me emocionó, pronto la pondré aquí cuando me haga el dibujo de la imagen.
Pero confieso que creo que iba un poco encontrándome las cosas más que buscándolas. De todos modos llegar hasta ese punto me costó un esfuerzo sobrehumano.
Es verdad que dejé de tener las ideas claras sobre qué hacer y qué no. Menos mal que debí de tener como un sexto sentido que, con excepciones (las que marcan la regla) me llevó por un camino razonable.
El caso, es que en cierto modo, me gusta esa incertidumbre, ese no saber realmente donde voy, pero saber que si, que voy a donde tengo que ir, aunque tarde en darme cuenta...
Pero también estoy en otra fase, tengo que buscar la manera de volver a hacer cosas que hacía mucho tiempo, que me gustaban y las tuve que dejar, y recuperar las cosas que tuve ganas de hacer y no hice, que casí olvidé y que, gracias a Silvia, volví a tener en consideración.
Es lo que digo cientos de veces en este blog, lo importante es sentir el amor, más que que te amen, porque ese sentimiento saca muchas cosas buenas de ti.
Así que tengo que volver a hacer cuando cantaba en un grupo. Éramos muy malos, pero lo pasaba bien.
Soul man, a mi edad….?
Despues de toda esta parrafada un poco absurda, viene lo importante:
Empiezo a oler, a presentir la primavera que se acerca......
Creo que mi coche es mi sala de meditación, es donde más tiempo dedico a pensar.
Anoche, mi compañero y yo estuvimos hablando de trabajo, comentando las últimas movidas a las que nos estamos enfrentando.
Hacía tiempo que no hablábamos de nosotros, del resto de las cosas de cada uno. Me habló de la encrucijada que ahora vive, en general, y me dijo que no se encontraba bien en su situación personal.
Le confirmé que al final he decidido no irme a México. Estoy contento con el trabajo que tengo, pero es verdad que no me llena. Me voy a plantear otras posibilidades, aunque aún no es buen momento.
Me preguntó que qué tal me encontraba. Le dije que de encontrarme nada, pero que estoy bastante mejor.
Una pregunta muy interesante que me hizo fue:”Echas de menos el amor?”
Me hizo pensar bastante. Llegué a la conclusión de que no.
La echaba de menos a ella.
Es verdad que a veces, lo que echamos de menos es el amor, y ello nos hace acercarnos a otras personas, pero creo que eso siempre termina de forma decepcionante. Porque no estás enamorado de una persona, sino de un sentimiento.
No tengo necesidad de amor, y creo que tener una relación ahora con alguien, no solo porque para mí es inimaginable y no serviría de nada, sino que sería un fraude para esa persona y para mí.
El amor tiene su ritmo, y es imposible conocer sus tiempos. No sé si volverá, tampoco le necesito.
Pero me emocioné pensando en ello, y en ella. Hacía tiempo que no me pasaba.
Me comentó que admiraba la manera en la que me he enfrentado a esto, que mucha gente no se atreve a hacer las cosas que he hecho.
El asumir que parte importante de mis problemas era yo mismo, que necesitaba tratamiento, y no echar la culpa a nadie. Que lucho y no me rindo, y que además, mucha gente no se ha dado cuenta de lo que realmente me pasaba, sólo me han visto con mala cara, pero no han podido ni imaginar cuánto he sufrido. Aunque a veces he estallado y he intentado disimular. Con todo lo que ha cambiado mi aspecto…Sigo muy delgado, pero veo fotos de cuando estaba realmente mal, y el cambio es evidente, el color de piel, la expresión de mi cara. Estaba verdaderamente demacrado.
Realmente creo que no tiene ningún mérito en lo que he hecho, se trata, tan sólo, de la suerte de haberme quedado aún, el suficiente instinto de supervivencia.
Estoy seguro que también ha tenido mucho que ver el tener cerca personas que me apoyan, me conocen, me quieren. Como él.
Hace mucho tiempo ya, cuando estaba con Silvia, le dí a él una carta para que se la entregara a ella, si algo me pasaba. El motivo era simplemente que viajaba mucho, podía pasarme cualquier cosa, principalmente con el coche. En ella le contaba la realidad sobre mí, de algún modo no quería morir sin que me conociera, antes de que yo le dijera toda la verdad. Luego le daba algunos consejos sobre como tomarse mi pérdida, sobre cómo creía yo que tenía que afrontar algunos aspectos de su vida, porque en ella también había muchas contradicciones entre lo que decía, y lo que sentía (bastantes menos que en mi caso, eso está claro, pero es lo de siempre, qué fácil es ver las cosas de los demás, desde fuera). Por supuesto, al final, le decía cuanto le quería. Ésta última parte fue la que más me costó escribir, porque pensaba que quizá lo mejor era no decir cuánto la amaba, ser más frío, hacerle más fácil el duelo. Pero acabé llegando a la conclusión de que eso no servía de nada, y mejor decir la verdad.
Siguió teniendo esta carta, tras la ruptura, mientras pensaba en quitarme la vida, aunque ya no tenía tanto sentido. Ella sabía la verdad sobre mi entonces (bueno, llegó a saber parte, pero no toda, de hecho llegué a confundirla tanto que ya dudaba hasta de lo más evidente), quizá yo quería que de verdad supiera cuanto la quería. Creo que no hacía falta, creo que ella llegó a saber cuánto la amé, y de qué modo.
Le pedí a mi amigo esta carta, ya nunca tendrá que entregársela. Además, para ella estoy muerto hace mucho. Y enterrado. O mejor aún, soy una cosa que nunca existió.
Sin embargo, y no sé por qué, no la rompí. La guardé en un cajón. Quizá porque creo que es bonita.
Hablamos de que sigo lleno de contradicciones, algunas me pesan.
Espiritual pero hedonista, sincero pero reservado. Apasionado pero reflexivo.
Melancólico y vitalista. Temeroso, pero optimista.
Sí, optimista.
Defensor de la razón, y buscador de enigmas sin respuesta.
Escéptico pero con necesidad de algo en qué creer.
Incluso en este blog :Un día escribo una cosa, y al otro parece que escribo la contraria.
Bueno, a veces no aguanto tanto, en el mismo día.
Durante mucho tiempo conviví con estas discordancias sin problemas. En este tiempo más reciente me han pesado mucho, pero empiezo a encontrar una coherencia.
Aunque a veces pienso que he cambiado en muchas cosas, otras veces que sigo siendo el mismo de antes. Otras, el de antes de antes.
El psicólogo me dice que mi mejoría es evidente y clara, pero que aún persisten en mi esquemas negativos sobre la manera de juzgarme, y de pensar sobre las cosas de mi vida, el ver mis actos, siempre o blanco (a veces) o negro (casi siempre), cuando la realidad siempre es mucho más compleja… Tengo que cambiar esto, o mi depresión se puede hacer de algún modo leve, pero crónica, larga.
La otra vez que estuve enfermo, llegó un día en que decidí no volver al tratamiento.
Lo dejé. Me sentí bien y me confié. La verdad es que estaba muy bien, pero había cosas de las que no me había curado del todo, y posiblemente seguían ahí, y acabaron volviendo. Una de ellas es las expectativas de mi vida.
Admiro a las personas que tienen siempre claro lo que quieren, tienen unos objetivos definidos en la vida. Creo que yo durante gran tiempo de mi vida fui así.
Aunque ya ni recuerdo que es lo que quería entonces, o me da miedo recordarlo y confrontarlo con la realidad.
Pienso que cuando murió mi padrino, tras el esfuerzo tan enorme de cuidarlo, de intentar encontrarle una cura por todo el mundo, y que no sirvió de nada, fue tal el sentimiento de abatimiento y de desesperanza, que olvidé realmente qué era lo que deseaba en la vida. Las cosas que me pasaron tal vez me hicieron creer que no merecía la pena luchar.
Quizá llegué a tener miedo de esforzarme, porque pensaba que al final la desgracia te busca. El caso es que tampoco creo que sea del todo cierto, conseguí acabar los estudios, encontrar trabajo, cuando durante años pensé que ambas cosas eran imposibles. Sobre este miedo, Micaela me ha mandado una lectura del ICHING que me emocionó, pronto la pondré aquí cuando me haga el dibujo de la imagen.
Pero confieso que creo que iba un poco encontrándome las cosas más que buscándolas. De todos modos llegar hasta ese punto me costó un esfuerzo sobrehumano.
Es verdad que dejé de tener las ideas claras sobre qué hacer y qué no. Menos mal que debí de tener como un sexto sentido que, con excepciones (las que marcan la regla) me llevó por un camino razonable.
El caso, es que en cierto modo, me gusta esa incertidumbre, ese no saber realmente donde voy, pero saber que si, que voy a donde tengo que ir, aunque tarde en darme cuenta...
Pero también estoy en otra fase, tengo que buscar la manera de volver a hacer cosas que hacía mucho tiempo, que me gustaban y las tuve que dejar, y recuperar las cosas que tuve ganas de hacer y no hice, que casí olvidé y que, gracias a Silvia, volví a tener en consideración.
Es lo que digo cientos de veces en este blog, lo importante es sentir el amor, más que que te amen, porque ese sentimiento saca muchas cosas buenas de ti.
Así que tengo que volver a hacer cuando cantaba en un grupo. Éramos muy malos, pero lo pasaba bien.
Soul man, a mi edad….?
Despues de toda esta parrafada un poco absurda, viene lo importante:
Empiezo a oler, a presentir la primavera que se acerca......





