Crónica Urbana
Era un poco más de media noche, mi primo, Camilo, estaba sentado a mi mano derecha en una banca a las afueras del conjunto residencial donde vivo. Él es de Bogotá y pasaba vacaciones en mi casa. Era 16 de julio, se celebraban las fiestas de la Virgen del Carmen. La noche estaba tranquila, llegábamos de una fiesta no muy buena, en ella, se quedaron mi hermana y una tipa que andaba saliendo con mi primo hasta aquella noche.
El 16 de julio se celebra en todo el país, el suroccidente mi ciudad se llena ese día de fuegos artificiales y equipos de sonido gigantes que alguna vez alguien llamó, (Pick Up), mejor conocidos como, Picós, colocan a bailar a cuadras enteras en medio de la calle.
Mi primo quería conocer muy bien todo lo que pasaba en la ciudad un día como ese. Fuímos a una esquina cercana donde recuerdo cuando niño siempre colocaban un castillo de fuegos artificiales mientras una procesión de personas caminaban detrás de una imagen de la virgen, moviéndose de un lado a otro para esquivar las explosiones de fuegos artificiales que salían por el aire, por el piso, por donde menos lo esperase alguien que no quiere ser quemado mientras camina en plegarias que intentan acercarlo a Dios. Además del castillo, los fuegos artificiales y la virgen, también estaba aquel monstruo gigante que colocaba a bailar y a tomar cerveza a la calle entera.
Para ser honesto, desde aquellos días, no había vuelto aquella festividad. La calle estaba vacía, no habían chispas brotando de algún castillo, ni multitudes que caminaban en busca de Dios. No sabía a donde llevar a mi primo, ni donde carajos quedaría un picó cerca. Se suponía yo era el costeño, el guía, el anfitrión.
Sabía que Camilo no estaba bien con no haberlo encontrado, él es de esa clase de personas que siempre esta buscando algo más de lo que la vida tráe, de los que no le teme a ningún lugar, ni guarda prejuicios de ninguna clase, siempre está dispuesto hacer cualquier cosa con tal de vivir algo que valga la pena recordar.
Caminamos una cuadra arriba y venía un tipo que había visto y cruzado palabras con él un par de veces. Gary, un caminar tambaleante que dejaba ver cierto estado de ebriedad, lo caracterizaba en ese instante, caminaba por la mitad de la calle evitando la oscuridad de las aceras, y supongo que procuraba tener espacio por si el alcohol en sus venas lo hacían caer.
Gary, tenía puesta una gorra de medio lado, contó que venía de un barrio muchas calles abajo donde había una fiesta de la virgen, y decidió volver a casa porque al ambiente podía ser peligroso para él. Gary ya podía respirar profundo, pues había salido de aquel lugar.
Aunque no andaba con Gary, sabía que él no era precisamente el “mejor muchacho” del mundo, pero entre todas las cosas que me habían contado de él, era un tipo al que le guardaba cierto aprecio, aún casi sin conocerlo. Después de mucha insistencia por parte mía y de mi primo, Gary accedió llevarnos al lugar. Aquel instante era uno de esos momentos donde hubiese valido la pena escuchar a la mamá, a la abuela o a esa extraña sensación en tu mente que te dice que no lo hagas.
Las calles pavimentadas comenzaron a cambiar mientras caminábamos cuadras abajo, el terreno era más dañado, una luz amarilla tenue de los postes en la calle iluminaba el camino que parecía ahora el de cualquier pueblo fantasma.
Esta no era una buena idea pero ya no había marcha atrás, entramos a una cuadra donde la música de ritmo caribeño comenzó a retumbar los oídos de forma demencial. La gente bailaba, los carros hacían sonar estruendosos sistemas de sonido, sus dueños, recostados en las puertas de los vehículos, sostenían una botella mientras tomaban a mujeres por la cintura. En el fondo, después de una barrera de humo apareció un monstruo gigante, en cuyo centro había unas luces rojas que decían, “El chileno”, era el Pick Up, que buscábamos aquella noche. La sed de verlo estaba saciada. Para mi no había nada mas que hacer allí.
Pasaron un par de minutos cuando Gary corrió delante de nosotros huyendo de algo y buscando unos amigos de él presentes en la fiesta. Mi primo estaba sentado unos metros cerca de mi en un muro y dos tipos cerca de él, lo estaban mirando de forma extraña. Ya no era el susto, comenzaba a sentirme ansioso y quería irme de allí. Sin decirle nada, mi primo se acerco a mí a decirme que saliéramos caminando y me preparara para correr por que dos tipos se estaban acercando a mi por mí espalda.
Salí de la cuadra caminando a paso rápido, y después junto con mi primo y unas gotas de sudor frío que estaba en mi frente, corrí como pocas veces lo he hecho. Las cuadras pasaron rápido y no pensaba en nada mas que en una tragedia con Gary, en su funeral, y en mi cargo de conciencia por haberlo salido del lugar y haberlo dejado allí.
Llegamos al conjunto, agitados, en silencio, nos quedamos sentados en la banca donde todo comenzó mirando por la puerta del conjunto media hora por lo menos. Mi primo intentaba convencerme que no me preocupara, que todo estaría bien. Después de unos minutos apareció Gary con su caminar tambaleante, solo le faltaba la gorra y la tranquilidad que traía la primera vez que lo vi esa noche.
Canción de la Semana
El paraguas
Te quiero regalar el cielo mi amor
mejor llevemos paraguas
yo quiero regalarte el cielo mi vida
sin inundar nuestras almas(bis)
Quiero cubrirte de cualquier rayo de sol
y dar a luz mejor después de esta canción
prefiero ver las estrellas desde el planetario
crear constelación aún no es necesario
Para ver juntos varios eclipses
mejor conmigo protección siempre utilices
ni tu ni yo nos debemos de ir al cielo
no quiero nunca nos demos golpes de pecho
Te quiero regalar el cielo mi amor
mejor llevemos paraguas
yo quiero regalarte el cielo mi vida
sin inundar nuestras almas(bis)
Con esta ráfaga de amor tan cargada
será mejor que usemos un traje antibalas
no quiero morir ni matarte de amor
quiero cuidarte y que me cuides por favor
Para ver juntos (para ver juntos varios eclipses)varios eclipses
mejor conmigo protección siempre utilices
ni tu ni yo nos debemos de ir al cielo no
no quiero nunca nos demos golpes de pecho
Te quiero regalar el cielo mi amor
mejor llevemos paraguas
yo quiero regalarte el cielo mi vida
sin inundar nuestras almas(bis)
El paraguas
Autor: Doctor Krapula.
Historia de un Naufragio

El sol empezaba a caer aquella tarde. Sus pasos eran lentos intentando hacer pasar el tiempo despacio. Ella vestía un pequeño traje de dibujos de rosas, el color de sus ojos era miel. Dos trenzas caían por su pecho y sus senos se asomaban ligeramente por el escote. Vladimir no podía parar de mirarla mientras caminaba tomando su mano derecha. Faltaba poco para la que sería la boda. Él era un tipo normal, delgado, de un caminar un poco encorbado y usualmente no tenía mucho dinero.
Mientras reía de las cosas que Vladimir le decía en el camino, Carolina pudo ver como se acercaba un gran amigo de su prometido en la distancia.
- Mira amor, hay viene Daniel. Hace mucho que no lo veía.- dijo la novia.
Vladimir solo asintió con un movimiento de su cabeza. Guardaba una sonrisa en su rostro y Daniel se acercaba a pasos rápidos.
Un abrazo digno de un festejo de año nuevo fue la huella que dejó el encuentro entre los dos grandes amigos. Daniel soltó al que era casi su hermano y se acerco muy despacio a Carolina para darle un beso en la mejilla, tomo su mano izquierda y la apretó ligeramente mientras la miraba a los ojos por un instante.
Vladimir, que se sintió un poco incomodo en ese momento, soltó la mano de su novia y la rodeo por la espalda con su brazo. Ella sonreía con él y se refugiaba en su cuerpo. Daniel bajo un poco la mirada y luego reaccionó de golpe para invitarlos a dar un paseo por el mar en bote. La pareja acepto y los tres tomaron el camino que los llevaría a un puerto cercano.
Una embarcación antigua y de pintura corroída fue lo que vieron los tres viajeros cuando llegaron al muelle. Un hombre mayor, de barba y ropas sucias les dijo que sólo podía llevarlos, siempre y cuando su amigo, un anciano indigente, viniera con ellos en el viaje.
Los tres amigos no lo pensaron mucho y accedieron fácilmente a la propuesta de Julio, el marinero. El viaje comenzó bien, el mar, y el crepúsculo sobre las aguas marcaban el final de la tarde. La pareja no dejaba de besarse mientras estaban en la proa. Daniel observaba el mar en silencio y con cierta melancolía desde otra parte del barco. Julio, que tenía el timón del barco, no dejaba de mirar las piernas de Carolina mientras la brisa soplaba y subía su vestido a cada instante.
Cuando la noche empezaba a caer. El cielo se coloco gris y en cuestión de minutos una tormenta despertó la furia escondida en el mar, mar que en poco tiempo destruyó la embarcación de viejo marinero y dejó a los tripulantes del barco a la suerte de las olas.
Era de mañana, pedazos del barco estaban regados a lo largo de la playa. Carolina abrió los ojos, sintió un gran dolor en su cuerpo cuando intento levantarse, estaba semidesnuda pues el traje se le había soltado en la parte superior. Arreglaba su vestido y se cubría el cuerpo nuevamente. Julio la miraba desde otra parte de la playa sin que ella se diera cuenta.
Carolina empezó a caminar por la playa en busca de Vladimir, su vestido estaba roto en muchas partes, se alcanzaba a ver el borde de una de sus piernas y el escote era más grande, sus senos se asomaban dejando ver los grandes atributos de la joven de 19.
Julio se acerco. Ella tomó cierta distancia mientras el hombre que no dejaba de mirarle el pecho le hablaba.
-Mira mona, ellos está en una playa de otra isla que queda aquí cerquita, yo lo sé porque vi como las olas los arrastro hacía allá cuando el barco se hundió.
Carolina rompió en llanto, coloco las manos en su rostro. Julio tenía una sonrisa difícil de ocultar. Miro a su amigo el indigente en otro punto de la playa mientras Carolina no lo veía y le hizo una señal de éxito con el dedo pulgar.
-Señor, y será que usted me podría llevar, yo me agarro de su espalda y usted me lleva nadando.
Julio tomo un suspiro,- Bueno Mona, yo llevo mucho navegando con ese indigente que ves allá sentado, que según él está disfrutando del paisaje en la isla, te imaginaras como abra sido mi vida estos últimos años, y bueno, yo necesito distraerme. – Carolina lo miraba con desconfianza, atónita intentando descubrir lo que le quería decir el Marinero -. Yo necesito distraerme, y ahora que estas tu aquí así de bonita, porque no vamos pa allá atrás y la pasamos, tu sabes como...
La virginal Joven, indignada golpeo a Julio en el rostro con la palma de su mano y sin decir palabras se fue a otra parte de la playa lejos del marinero y su amigo el indigente.
Julio quedo estático, sobándose, en su mente se repetía la frase, “ella cae, ella cae”. Su amigo el indigente lo miraba, lo señalaba y se reía de él.
En la otra playa Daniel lloraba mientras miraba el mar. – Porque lloras por Carolina, yo soy su prometido se supone que debería estar así yo, no tu, que te pasa. - dijo Vladimir -, Daniel tarareo un poco antes de dar su respuesta. - No pienses mal compadre, no pienses mal, lloro por ustedes, después de este terrible accidente seguro su boda se cancela,- dijo Daniel entre sollozos. – De donde sacas que se cancela, que te pasa Daniel, apenas me vea con ella seguiremos con nuestros planes, no digas eso. – Tranquilo Vlado, no te pongas así conmigo, ya discúlpame, son sólo cosas que pienso por los nervios.
Pasaron dos días, Carolina no podía con la tristeza. El día anterior había vuelto a pedirle a Julio que la llevara, la conversación fue la misma, aunque Julio intento tocarle los senos, lo cual hizo que terminara en peores términos que la primera. Cuando caía la tarde, no pudo más, se acerco a Julio y le dijo que fueran a una parte sola de la isla, donde el indigente no pueda verlos.
Julio retiraba sus ropas mientras caminaba. Llegaron a un pequeño monte que al principio le parecía incomodo a Carolina, pero cuando se acostó en la arena se dío cuenta que no lo era tanto. Carolina pretendía decirle a Julio que las cosas pasarían despacio, no había dicho la primera palabra cuando Julio salto encima de ella y arranco sus ropas de forma salvaje.
-Señor, espere, espere, - decía carolina mientras el marinero envuelto en sudor embestía su cuerpo contra la delicada figura de la joven. Julio se detuvo un instante,- que pasa, que pasa, le dijo. – Cuando va terminar, no ha estado mal, pero ya es suficiente.- Ya tranquila, ya casi, le dijo Julio.
3 Horas después apareció la pareja en la playa, era de noche. El marinero le dijo que saldrían por la mañana. Carolina, que ahora caminaba adolorida, acepto sin muchos titubeos y se fue a esperar el día que venía. Mientras tanto el indigente amigo de Julio lo recibía dándole un masaje en los hombros mientras le decía, - Campeón, Campeón.
El sol empezaba a salir. Vladimir pudo ver que Julio comenzaba a nadar mar adentro desde su playa y que su novia estaba en la playa hablando con Daniel. Se acerco corriendo hasta donde ellos, empujo a Daniel y abrazo a su novia. Carolina le dio un beso mientras lloraba.
Vladimir estaba feliz, la novia no había parado de llorar dos horas después del reencuentro. – Pero que te pasa amor, acaso no estas feliz de verme otra vez, que los dos estemos vivos. – Dijo Vlado -, - Si estoy feliz de verte, estoy feliz, es sólo que para venir acá, Julio me propuso que, me propuso que...-. Las lagrimas no paraban y Carolina estaba cada vez más nerviosa.- Julio qué amor, Julio qué, dime. – Julio me propuso que me acostara con él, y bueno ahora siento mis caderas un poco más anchas, casi no puedo verte a los ojos, todo lo hice porque te amo.
Vladimir guardo silencio, se levanto. Carolina intentaba detenerlo. Vladimir la empujo, y le dijo – Hasta nunca, hasta nunca, no eres digna de mi. Carolina rompió en llanto y quedo sentada en la playa mientras Vladimir se alejaba. Pasaron unos cuantos minutos cuando Daniel se acerco, tomo sus manos y le dio un beso en la mejilla, - tranquila, cuando venía hacía acá Vladimir me contó lo que pasó. Yo te amo igual Carolina, yo te amo igual, puedes estar conmigo, ahora que lleguemos a la ciudad te amare como nunca te han amado, te cuidare y cuando lleguemos a mi casa, cuando lleguemos a mi casa, ya veras, ya veras.. –. Carolina sonrío, le dio las gracias a Daniel, tomo su mano y le dijo,
- Daniel, tranquilo, estas islas tienen unos montes que parecen incómodos, pero en realidad, no lo son tanto…
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Trabajo de inferencia; Clase Cronica y Reportaje 2006.
Cancion de la Semana.
El oficio de ser mama
La vi jugando frente a mi
con su vestido a cuadrille.
Cuando dejo caer de golpe
su pañal sobre mis pies.
Ya casi basta de regalos
y una balon en cada mano.
Y asi fue como yo me declare.
Hola natalia, como estas?
llego el momento de hablar.
Deja de comerte los mococos
y escucharme de verdad.
Aunque yo estoy en prescolar
y vos estes en el jardin.
Hay algo que hoy yo te quiero decir.
Quiero tenerte junto a mi
Y desnudarnos a escondidas.
Cuando la seo no nos vea
te hare el amor en el arenero del jardin.
Te besareee
como nadie lo ha hecho hasta aqui.
Vamos a hablar con mis papas
vamos a hablar con tus papas
ellos no tienen que apoyar
si nos queremos casar.
Y si nos dicen que NO
total yo se manejar,
en mi triciclo veloz
ambos podemos escapar.
Pero el problema comenzo
despues de la prueba de amor
A cada rato vomitaba
y con frecuencia se mareaba
Su cuerpo comenzo a cambiar
en unos meses engordo
y pensamos que era exeso de Manon
Y una mañana en el jardin
ella gritaba de dolor
mientras la seo la atendia
yo caminaba por el hall.
Fumando inquieto sin saber
que pasaria en el salon.
De golpe escucho llantos
y la puerta que se abrio.
Es un varon
te felicito Juan Manuel
me saludaban las maestras
y yo que nada podia entender cuando recorde
esa mañana en que la arena la ame.
Vamos a hablar con mis papas
vamos a hablar con tus papas .....
Vamos los tres a otro lugar
para volver a empezar
Rendire libre prescolar
y me pondre a trabajar.
Vos cuidaras el bebe
le cambiaras el paal
y le daras de mamar
y poco a poco a prenderas
el oficio de ser MAMA
El oficio de ser mama
Autor; Macaferri y asociados
Un día de Artista Callejero...

Hace poco nos mandaron a escribir una crónica de imersión en clase de periodismo , eso, es asumir un roll completamente para contar una historia. Ya una vez había hecho lo que hice, pero acompañado, y con esa persona dando los discursos y tomando la iniciativa para hacer las cosas. Esta vez me tocaba a mi solo. Porque esta era mi historia....
Un día de Artista Callejero...
Por: Alberto Mario Suárez.
Era roja y en el centro tenía un degradado de negro, tenía tres cuerdas doradas y tres de plástico. Fue mi regalo de cumpleaños a los 16, uno de los mejores que me ha dado mi papá un 22 de febrero.
A final de año comencé mis primeras presentaciones en reuniones familiares y de amigos. Algo pasaba en ellas. A nadie le gustaba escucharme. Decían en un tono jocoso que había algo en mi voz que fastidiaba. Un amigo me dijo una vez que sentía como cuando iba al odontólogo, mi voz para él era como esa “fresita” que todo el mundo odia.
Por aquellos días creí que eso pasaba porque era el comienzo, pero hasta el día de hoy mi mamá hace un gesto de burlesco cuando me ve con la guitarra. Se que lo hace solo por jugarse conmigo. Pero que mi propia madre haga eso es la prueba magna que algo con mi vocación de artista anda mal
Martes, 10 de la mañana, el sol reventaba el pavimento. Camisa roja, bermuda azul y unos tenis sin media era la vestimenta que llevaba. La esquina del conjunto donde vivo en el Barrio San José era el lugar elegido.
Después de un tiempo de no cantar casi nada había llegado el día de intentarlo otra vez. Esta vez lo haría frente a gente desconocida. En aquel momento tenía ganas de ser escuchado y de cantar, no importaba como ni delante de quienes. A esa hora de la mañana creía que cantar en un bus era como arriesgarse a acercarse a una mujer desconocida, lo único que se puede perder es un poco de orgullo, y eso con los días se olvida.
Estuve unos cuantos minutos esperando el bus de Caldas Recreo, la ruta del centro. Mientras esperaba toque un par de veces la canción con la que pretendía presentarme aquella audiencia desconocida, “De Madrugada”, una canción de un grupo muy viejo llamado Ekhymosis, fue la primera que aprendí a tocar y era la “mejor” que podía representar.
El bus llego. Mi mirada lo siguió. Mis ganas también, todo menos mis pasos. No fui capaz de acercarme. Espere el segundo en la esquina, pasaron unos diez minutos. Mi mano seguía pasando por las cuerdas de la guitarra mientras tarareaba la canción con un poco de nerviosismo. “Las monedas se me quedaron en la casa, sino con mucho gusto te ayudaría”, me dijo una vecina en un tono jocoso, mientras pasaba por mi lado.
La salude, reí, mientras veía como se acercaba el bus en la distancia levantando una nube de polvo a los lados del camino. “Señor me da permiso para can...”, las palabras pasaron por el aire, mientras el bus se alejaba de mi, y me dejaba acompañado de una extraña sensación de vergüenza e impotencia en la esquina.
Tome la guitarra entre mis manos y busque un nuevo lugar, el sudor se derramaba sobre mi frente y el sol se reflejaba en el pavimento haciéndolo hervir con cada paso.
Semáforo de la calle Murillo con carrera 21, era el nuevo sitio. Pasaron quince minutos en la esquina, podía sentir miedo en ese instante, pero ya era la hora de arriesgarse. Semáforo en rojo, tome aire y unos cuantos pasos me llevaron al primer bus del día.
“Me deja cantar en el bus?”, con un ligero movimiento en su cabeza, el conductor de un bus de Coolítoral me dio la bandera verde para realizar la primera presentación de la jornada. “Buenos días a todos, les voy a cantar una canción que habla acerca la esperanza, se llama De Madrugada y si alguien le gusta y me quiere dar algo al final, se lo agradecería”, ese fue el discurso de introducción, de donde me salio no se, pero creo que en aquel instante sonó convincente.
Comencé a tocar las primeras notas y me di cuenta que era incomodo, aunque podía guardar más equilibrio del que creí iba a tener. Algunas personas me miraron, para otros el paisaje de la ventana era un espectáculo mas agradable. “No dejemos que se nos queme la ilusión antes de que muera el sol antes de que muera yo, por mi parte cambiare, donde quieras estaré…” cantaba y en la medida que avanzaba de un coro a otro me sentía como bailando con alguien al que no le puedo coger el paso.
“Bueno muchas gracias”, dije al terminar, busque los ojos de las personas a ver quien me daba algo, un señor se inclino ligeramente para sacar un par de monedas del bolsillo, cuando él lo hizo, dos más se animaron y baje con 600 pesos. Cerca de la iglesia de Chiquinquirá, en uno de los semáforos de la calle.
Me monte en el segundo bus sin pensarlo mucho. Dije mi discurso otra vez y las notas salieron. Me sentía mas seguro. Lo comencé a disfrutar, jugué con los coros y con la melodía en la guitarra.
Paso medio día, el balance; Tres buses y mil trescientos pesos en mis bolsillos. Me cambie al otro lado de la calle para tomar los buses que venían bajando. Hasta ese instante la gente me miraba cuando comenzaba a cantar y después su atención se perdía en el camino. Aquí nunca tuve la atención de nadie, y al final solo me dieron doscientos pesos. No se porque, pero eso me dolió, aunque tuviese mucho más dinero en mis bolsillos antes de subirme en el primer bus sentí que no era justo.
Cuando baje de aquel bus vi un niño de gorra y de pasos lentos que vendía dulces y me pregunte como se sentiría él cuando eso le pasara. El bus que vino fue aun peor, pues nadie me dio nada. Baje unas cuantas cuadras con el sudor que no se detenía y con el furor de artista apagado.
Tome el que creí sería el último y allí cante con todas las ganas que pude, solo dos señoras me miraban mientras cantaba y se sonreían ligeramente al escucharme. Al final nadie se movía. Un muchacho me dio una moneda de doscientos y después unas cuatro personas se animaron. Baje con 800 pesos y me sentí en paz en aquel instante por aquellas señoras que me escucharon.
Ese hubiese sido un buen momento para retirarme, pero tome otro bus del que me fui en blanco. Estaba cerca de mi casa, Murillo con 21 otra vez.
Mientras caminaba de regreso me di cuenta que hacer esa clase de cosas es un trabajo como cualquier otro, en que se sufre y se tienen momentos buenos y malos. Pero más que cualquier moneda, la mejor compensación que se puede dar aquellos que están en frente, es verlos, y saber que traen con ellos. Ya se que significa estar allí con una guitarra queriendo ser escuchado por un publico anónimo que solo pierde su mirada en la Jungla de cemento….
Cancion de la Semana
De Madrugada
No dejemos que
se nos queme la ilusión
antes de que caiga el sol
antes de que muera yo
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...
que aún podemos continuar
Una lágrima vá
deslizandose en mi piel
y no voy a permitir
que esto vuelva a suceder
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...
Que aún podemos ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya a cruzar...
Déjame un buscar, un sitio en otro lugar
donde me pueda perder
en tu cuerpo sin querer
por mi parte cambiaré
donde quieras estaré
mil caminos andaré
porque sé...
Que aún podemos ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya...
ver la mañana en la ventana,
poder escapar
de madrugada sin que nada se nos vaya a cruzar...(bis)
No dejemos que se nos queme la ilusion
antes de que caiga el sol
antes de que muera yo
por mi parte cambiare
donde quieras estare
mil caminos andare por que se.. (bis)
De Madrugada.
Autor: Ekhymosis.
Regresando a Juaruco

Por: Alberto Mario Suárez.
Pequeñas rocas y arena marcaban el camino de la calle sin pavimentar en la que estaba. El ambiente era un tanto fresco y los gallos empezaban a darle los buenos días al pueblo que apenas se levantaba. Baje unas cuadras desde el estadio, después de preguntarle a una señora que estaba en el mismo camino, encontré una pequeña casa de Puerto Colombia que alojaba a la persona que buscaba, José Taurino González.
Taurino, como es llamado por las personas que lo rodean. Trabaja en la Universidad del Norte hace 27 años. Barrer, cortar el césped, arreglar los jardines, son algunas de las funciones que día a día construyen sus manos en el campus universitario. “Hago todas las cosas bien para esperar un resultado excelente”, comenta Taurino con un tono de seguridad en su voz.
A sus 46 años, es el mayor de nueve hermanos y el padre de cinco hijos. De niño, se dedico a las labores del campo junto a su padre, “Sembrar rosas”, como le dice él, es el arte de cultivar Guandul, Yuca, Millo y Ajonjolí. De sus hijos, sólo espera que ninguno tome el camino equivocado en la vida, o como lo diría él, “que ninguno se le tuerza”
Mide un poco más de un metro con cincuenta. Su rostro es pequeño y sus ojos son medio rasgados. Tiene un bigote pequeño y el color de su piel es moreno. Por sus venas corre la sangre de un pasado indígena que sé rehusa a morir. Taurino vive en Puerto Colombia desde hace 28 años, Pero sus raíces y la esencia de su vida esta en el lugar donde nació, Juaruco, un corregimiento que busca ser reconocido como resguardo indígena Mocaná. Lugar al que vuelve cada domingo cuando el día apenas comienza. En el, todavía viven sus padres y hermanos.
Estaba apunto de amanecer, era domingo y faltaba un poco para las seis. Después de haber bajado unas dos cuadras desde el estadio por una calle de arena y pequeñas piedras, llegue a una pequeña casa de color rojo y blanco. Taurino me recibió sin camisa y asombrado de mi llegada a la hora acordada. Al igual que las otras veces que había hablado con él, se mostraba como una persona de pocas palabras pero de una amabilidad y nobleza dignas de un caballero.
La sala era pequeña, en ella, había un pequeño sillón en medio y unas cuantas sillas acomodadas en las esquinas. La mujer con la que se casó a los 17 años, Elza Rua, estaba en la cocina preparándole un café a su esposo antes de partir. Un día antes había llegado de visita Manuel González, él estaba en la sala conmigo y era el padre de Taurino.
Su estatura era pequeña, sus brazos cortos y la contextura de su cuerpo dejaba ver a un hombre saludable. Con un modo de hablar pausado, y después de haber prestado cautelosa atención a mis preguntas, me contó que si a su hijo le había ido bien en la vida era por las buenas costumbres que le había enseñado. Que si su hijo había llegado a la Universidad Del Norte fue por ser una buena persona, y de las buenas personas siempre se habla bien. Sus ojos mostraban cierto brillo y orgullo al decir que Juaruco era la tierra para él, porque fue criado allá. “Juaruco es un buen lugar para vivir, es un buen asilo”, sentencio Manuel.
Taurino termino de alistarse. Me dejo conocer el patio antes de salir, en el, había una pequeña casa de palos que guardaba a 12 patos que en ese instante corrían por todo el lugar al lado de 2 gallinas y unos cuantos pollos, juntos, armaban un caos en la parte trasera de la casa. Tenían un tamaño considerable y eran criados para ser vendidos.
Salimos de la casa rumbo a la plaza principal de Puerto Colombia, Taurino se acerco a una tienda para comprar algunas cosas y llevarlas a su familia en Juaruco. El sol ya estaba iluminando los pasos. Conseguía panela y azúcar, pues en el resguardo son más caros de lo que son en Puerto Colombia.
En la plaza esperamos cerca de media hora. Taurino me contaba que la primera parte del camino sería en un camión que nos llevaría por mil pesos hasta un municipio llamado el Morro, y allí, tomaríamos el camino a pie hacía Juaruco. Una camioneta blanca hizo su aparición. Nos montamos en la parte trasera con otras 7 personas. Una parada para meter un banco y después tomo un camino alterno a la avenida principal para evitar el peaje.
El camino estaba dañado, no se veía nada que pareciese un pueblo cerca y mientras más avanzaba la camioneta, más salían arboles a los lados de la carretera y crecían unos cuantos cerros delante de nosotros. Taurino llevaba la mirada perdida en el camino. Después de preguntarle cuanto demoraríamos, respondió que cuando nos bajáramos serían 20 minutos a pie, “eso no es nada, uno llega en un momentico”, me decía.
Después de internarse cada vez más entre los cerros y el camino convertirse cada vez más en un terreno que fácilmente podría ser el de una competencia de Rally, la camioneta salió a la avenida principal, avanzo unos kilómetros y se detuvo en un lugar de la carretera en cuya orilla había un letrero que decía, “el Morro”. Allí nos bajamos, cruzamos la calle y tomamos un camino sin pavimentar empinado de un cerro. El Morro era una pequeña población ubicada en los comienzos del cerro, unas cuantas casas y una cancha de fútbol en medio de ellas. Hombres que andaban en burros y una soledad en medio de todo, fue la impresión que tuve.
El Morro desapareció en nuestras espaldas escondido en el rastro que dejaban las faldas del cerro. Cuando comenzábamos a subir, el camino se hacía campestre, burros que comían césped, casas de palo en las orillas, montañas que empezaban a crecer en ambos lados del camino, y no dejaban más que una jungla a nuestro alrededor.
Taurino contaba que cuando estaba joven y vivía en Juaruco, acostumbraba subir y bajar ese camino en un burro para transportar, “las rosas”. Mientras caminábamos, bajaban en burro desde lo alto del cerro señores muy parecidos físicamente a Taurino, llevaban madera y carbón con ellos, todos daban los buenos días con una sonrisa. Eran campesinos indígenas del corregimiento, tal como lo fue alguna vez el pequeño hombre que me contaba sus historias.
Unos rugidos se escuchaban entre los arboles, en un principio eran leves, pero mientras avanzábamos se iban acrecentando. Sin alcanzar a preguntarle se adelanto a mi curiosidad y dijo, - Esos son monos que viven allí-, como buen citadino montefobico le pregunte, - Alguna vez esos monos han atacado a alguien?, -No, tranquilo, ellos no se meten con nadie a menos que se metan con ellos, entonces sí-, me respondió. En su voz manejaba un tono insinuando respeto por la naturaleza.
Los minutos que siguieron Taurino hablaba que montaña arriba se podía encontrar un lugar donde algunas veces se pueden ver los monos. Mientras decía esto, uno de sus hijos apareció unos metros cerca de nosotros, era Deivy, venía con un primo y traían de pie con gran esfuerzo para subir, tres bicicletas con ellos.
Los veinte minutos de los que hablaba Taurino al comenzar el viaje fueron una utopía, y el camino corto, ni hablar. Lo citadino y sedentario se comenzaba a notar con un mar de sudor sobre mi frente, y una respiración tan profunda que podría escucharse en toda la montaña. Sin embargo, Taurino estaba fuerte. Parecía una hormiga. No decía nada, sólo subía y subía sin dar queja alguna. La única razón que lo hacía deternerse era que yo tomara aire.
Taurino me pidió que me adelantara con su hijo en bicicleta, ya faltaba poco y él llegaría luego. Así fue, Deivy me acompaño un poco más adelante en la montaña, hasta llegar a un grupo de casas internadas a un lado del camino, las primeras de Juaruco, en ellas, vivían los hermanos, cuñados, y los padres de Taurino. Le pedí agua, pero me dijo que lo único que se tomaba en Juaruco era chicha. Mientras calmaba mi sed con unos sorbos de chicha de maíz, Taurino apareció, - Papá usted venía volando- dijo Deivy, - Que va ustedes venían muy despacio, respondió Taurino, mientras era recibido por su madre y hermanos.
“El siempre ha sido bastante trabajador, y cada vez que viene nos ayuda con las labores de la casa”, me contaba Adibeth, hermana de Taurino, mientras él un tomaba machete y comenzaba a bajar cocos. Adibeth preparaba algo de comer en un fogón que funcionaba con carbón, mientras Angie Paola, su hija de dos años, caminaba en medio de la cocina construida en palos por Taurino tiempo atras.
Deiby me mostró las calles de Juaruco, las casas estaban distantes las unas de las otras, los burros estaban a la orden del camino, y una pequeña cancha al final del resguardo le colocaba final al pueblo. Unas niñas de cabello largo y apariencia indígena le pedían a Deivy que le ayudaran con las tareas, el reía y les decía la hora en que podía ayudarles.
Deivy me mostró el camino que se toma cuando se va en burro para trasladarse por distintas partes del pueblo, era muy boscoso. Caminar entre los arbustos hizo que la montefobia reapareciera y le pregunté que pasaría si una culebra salía y picaba a alguien, el me respondió que las culebras sólo salían con la lluvia. Las personas picadas por culebras eran llevadas donde un señor en el pueblo que arrancaría el pedazo de piel donde la culebra mordió, y así sacar el veneno.
Deivy me decía que en el monte no solo había monos, también venados, algunos decían haber visto a un león. Deivy no creía que hubiese un león en Juaruco, pero una vez había visto la marca de unas garras en un árbol, él creía que era un puma.
En medio del pueblo y en la cima de la montaña había un paisaje hermoso, se veía un campo verde enorme, unas montañas lo rodeaban y el azul de cielo se derramaba sobre el campo llenándolo de leyenda. Por momentos quien pasase por allí se quedaría atónito, desvanecido delante su belleza.
Volví donde Taurino y me senté con él antes de partir. Le pregunté si podía resumir en pocas palabras, que era lo mas importante en su vida y el significado de Juaruco para él; “Lo mas grande de mi vida son mis hijos y mis viejos, no hay nada mas grande que eso, Guaruco es mi tierra, aquí están mis raíces, mi familia, y por eso siempre volveré”.
Cancion de la Semana
Resumen de Noticias
He estado al alcance de todos los bolsillos
porque no cuesta nada mirarse para adentro.
He estado al alcance de todas la manos
que han querido tocar mi mano amigamente.
Pero, pobre de mi, no he estado con los presos
de su propia cabeza acomodada,
no he estado en los que ríen con solo media risa,
los delimitadores de las primaveras.
No he estado en los archivos ni en las papelerías
y se me archiva en copias y no en originales.
No he estado en los mercados grandes de la palabra,
pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente.
No he estado enumerando las manchas en el sol
pues sé que en una sola mancha cabe el mundo.
He procurado ser un gran mortificado
para, si mortifico, no vayan a acusarme.
Aunque se dice que me sobran enemigos,
todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto.
Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado.
He preferido el polvo así, sencillamente,
pues la palabra amor aún me suena hueco.
He preferido un golpe así, de vez en cuando,
porque la inmunidad me carcome los huesos.
Agradezco la participación de todos
los que colaboraron en esta melodía.
Se debe subrayar la importante tarea
de los perseguidores de cualquier nacimiento.
Si alguien que me escucha se viera retratado,
sépase que se hace con ese destino.
Cualquier reclamación que sea sin membrete.
Buenas noches, amigos y enemigos.
Resumen de Noticias
Autor; Silvio Rodriguez.
¿Quién Le Debe A Quién?

Por primera vez en la ventana quiero mostrarles algo que no es de mi autorìa. Fuè algo que leì hace poco y con lo que me identifico mucho....
Con ustedes, la historia del Cacique Guaicaipuro Cuatémoc
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País: Argentina
Publicado: 18 de abril de 2002
Fuente: Universidad Nacional del Mar de Plata
¿Quién Le Debe A Quién?
Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea, el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo: "Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo quinientos años. Aquí pues, nos encontramos todos.
Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1.503 y 1660 llegaron a San lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.
Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan Marshalltezuma", para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses, que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que en ocasiones los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. .
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 484.147 Billones de kilos de oro y 42 Trillones de kilos de plata.Es decir, masas que hoy equivalen a 212.345 millones de veces la producción mundial de oro por año, y 3.164 Billones de veces la de plata. El total también corresponde al 70% de toda la corteza terrestre, o al 0,7% de todo el planeta.
Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?
Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica...."
Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc dio su conferencia ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea, no sabía que estaba exponiendo una tesis de Derecho Internacional para determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA.Ahora sólo resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el reclamo ante los Tribunales Internacionales.
http://www.comminit.com/la/dicenlosmedios/ladicen/dicenlosmedios-393.html