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La ventana
Como veo las cosas y unos cuantos cuentos.
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Leyenda.
Esta es una historia que escribi el año pasado. No es nada personal es solo inspiracion de cosas que he escuchado y visto a lo largo de mi vida. Aunque seguire con mis publicaciones normales cada semana, publicare un capitulo de esta cada fin de mes. Espero que les guste.


Mire mijo allá en el valle donde se ven esas vacas. Es la sabana del cesar, y mas para allá están otras tierras muy buenas para el cultivo de arroz, de Papa. Esas prometen algo para el futuro de la región. A pesar de todo , a pesar que las cosas no pinten bien por acá Esteban, mantenga el sueño que algún día las cosas van a cambiar en este país.

Me contaba mi padre con orgullo y tristeza acerca las tierras que lo habían visto crecer. Hay estábamos sentados en esa montaña, con un inmenso sol frente a nosotros. El tenia puesto un sombrero, y a su lado se encontraba la mochila y algunas pequeñas piedras.
La tarde estaba anaranjada. Era ese momento del día donde el tiempo comienza a pasar rápido y todo se ve bonito. Casi no había brisa y mis oídos escuchaban atentos todo lo que decía.

Cuando digo me contaba con tristeza, lo digo porque nos vamos a vivir a Nuevo horizonte, un pueblo del interior. Donde no se ven esas cosas de violencia, así dice mi papá. Cuando termino de explicarme, me pidió me montara al carro para ir a recoger a mi madre e iniciar el trasteo. En el camino observaba el paisaje se veía caer la noche sobre el valle, a lo lejos se podían observar los árboles con un tono oscuro, mientras en el fondo, un anaranjado hermoso entre nubes montañas.

Cuando llegamos a casa mi padre pidió que me bajara para recoger unas cosas que necesitaba de la finca del señor Carlos. En realidad no me gusto que me dejara, siempre iba con el a todos lados, pero alguien tenia que cuidar a mi madre y organizar las cosas. Mi madre es una señora joven, de ojos cafés oscuros ella quiere mucho a mi padre, espera un niño al cual no sabe que nombre colocarle.

ya habían pasado dos horas desde que mi padre había ido a realizar su diligencia, me la pase sentado esperando en la terraza, al lado de mi madre escuchándola hablar acerca el nuevo miembro de la familia que estaba por llegar al mundo. Mientras hablábamos se podía ver en la distancia a Joaquín, un muchacho de nuestro pueblo. Joaquín era amigo mío desde niño, aunque el era unos cuantos años mayor, y le ayudaba a mi padre en las tareas del campo, jugábamos casi todos los días se me hizo raro que viniera con cara de preocupación, casi no podía hablar tomaba aire una y otra vez muy rápido, y señalaba un sitio en el horizonte ;

-Hay doña Sofía, niño Esteban, don Manuel cayo.
-Como así cayo en que!, exclamo mi madre.
- En un reten lo acusaron de rebelde y le dieron de baja.

En ese momento sentí como el mundo se redujo a lo que mis oídos escucharon, un desvanecer incesante. Dentro de mi todas las imágenes de mi padre transcurrieron en un segundo, y brotaron las primeras lagrimas de dolor en mi vida, mas que de mis ojos brotaban de mi alma, por primera vez sentí miedo, por primera vez sentí lo que sentían los demás cuando querían huir de ese lugar, por primera vez sentí la guerra a la cual mi padre tanto le temía.
 
Cronica de una noche en carnaval
Antes que nada hay unas palabras que tengo que explicar para la gente que no es colombiana.
pico: es un equipo de sonido gigante que se utiliza en fiestas de barrio.
guacharacas: es un instrumento musical propio dela cumbia colombiana.
maizena: es un polvo blanco que la gente se echa por todos lados durante las fiestas, algo asi como la espuma en otros lugares.
volteao hace referencia a un sombrero tipico colombiano.
y toda la historia se desarrolla durante una fiesta de los carnavales de Barranquilla.

Lunes ocho de febrero 07:30 PM. Desde el balcón de mi edificio puedo sentir que la noche esta un poco fría, el cielo estrellado. Se escucha tanta música de todos lados que por momentos no distingo una canción de la otra. Parece un todo lleno de tambores, flautas, y guacharacas. Hacia el centro del parqueadero de en frente se puede ver un mounstro gigante llamado “pick up” mejor conocido como el “picó”. Su ruido se desprende por todo el lugar arrasando con los tímpanos de los que quieren y los que no quieren escucharlo. Una fuerte vibración viene de él y hace que las ventanas y puertas vibren también.

Un amigo baja por las escaleras y me saluda, lo sé porque me dio la mano y sonrió pero en realidad la música del mounstro de enfrente no me dejó escuchar nada. Era como si me hablara un mudo sin las manos. Después de observar todo desde el balcón por mucho tiempo ingresé despacio a mi aposento, tome unos rollos fotográficos con los cuales había pasado trabajando durante el día y los dejé en un cajón de mi alcoba.

Ya se habían hecho las ocho de la noche. Me cambié de ropa, una camisa oscura y un sombrero “volteao” que sólo uso por esos días iban a ser parte de mí durante la noche; cuando pasé por el balcón nuevamente un compañero de estudio hizo señas desde abajo. Se encontraba en uno de los extremos del parqueadero. Tenía una camisa de la cual no se sabía muy bien el color, estaba tan sucia y llena de maicena que era imposible saberlo. Poco a poco haciéndome espacio entre la gente llegue a donde estaba.

- Que mas Albert, me dijo.

En tono un poco sarcástico conteste

-Hay viendo que tal esta la “fiesta carnavalera”.


Debido a que desde que tengo recuerdo. No soy un simpatizante de las fiestas que se ven en estos días, el entre risas me dijo

-Hay estas pintado tu.

Suelo beber de vez en cuando pero por alguna razón que hasta el día hoy desconozco, detesto los carnavales.

Cerca de las nueve de la noche después de haber tomado unos cuantos tragos con mi amigo y acabando tener una de las pocas pero definitivamente más larga conversación con señas que he tenido en mi vida se acerca un sujeto, un poco gordo del cual tampoco podía reconocer los colores de su camisa. No distinguía ni su cara. Si fuese sido Hallowen no hubiese dudado en decir que estaba disfrazado de Gasper, claro luego de su retiro del cine y haber subido unos cuantos kilos. En fin este sujeto se acerca

-Ven pa´ca pa que te animes!, me dice .
Y de repente me llena de maicena y agua, muy cordialmente me quitó el sombrero para echarme espuma en la cabeza, al ver mi atónita expresión me dice:

-No me coloques esa cara “porque estamos en carnavales hey”.
Realmente no podía decir nada de haberlo hecho todo el barrio me habría enmaicenado también. Muy sonriente el tipo se fue. Con mi estúpida apariencia y mucha impotencia esa frase quedó sonando en mi cabeza “porque estamos en carnavales hey”, “porque estamos en carnavales hey”.
Bueno la noche transcurrió eran las 10:30 pm. Después de haber subido a lavarme la cara por lo menos unas tres veces decidí resignarme y seguir adelante con mi blanco rostro, casi no podía distinguirme en el espejo, pues tenía maicena hasta en los ojos.

Ya acercándose las doce y treinta de la noche y después de muchos más tragos y ver la gente me di cuenta que no lucía como un estúpido. Simplemente era uno mas que comenzaba a entrar en ambiente. Estaba aun lado del parqueadero lejos del amigo que saludé hace poco tiempo, miraba las personas todas se echaban maicena, agua, y bailaban sin importar nada.

Ante tanta tolerancia me di cuenta que en realidad me agradaba la idea de que nadie dijera nada ante la actitud de los demás con ellos, que nadie dijera nada ante un extraño que quiere hacerte un broma pesada, es un extraño y una broma pesada pero al fin y al cabo una broma qué más da.

A eso de la 01:00 AM se reducía la tensión en mi mente y después de tomar el ultimo sorbo de una cerveza se acerca esta bella mujer, que apenas había saludado un par de veces antes, aquellas veces fue un poco esquiva ante mi cortesía.

Cuando se acercaba parecía increíble pero escuchaba el ruido del pick up a kilómetros, todo pasaba lento y la fuerza de todos mis sentidos se encontraban en aquella esbelta figura, sus bellos ojos me miraron fijamente y sin hablar con señas por primera vez en la noche se acerco a mi oído y suavemente dijo:

-ven.

Me llevó al centro del lugar, comencé a sentir la música en todo su esplendor. Un ritmo caribeño seducía el ambiente. Ella se acercó mucho, bailábamos tan cerca que rozábamos nuestras almas. Ya no me molestaba nada, ni el ruido, ni la maicena, es mas solo deseaba que cada vez sonara más fuerte aquel picó que se había hecho mi amigo y me llevaba a construir un gran recuerdo.

En ninguna otra clase de fiesta había bailado tan cerca de alguien, en cualquier otra situación mi pareja que no conocía bien no se hubiese juntado tanto hacía mi y yo a ella, pero para todo esto existía una gran razón “ porque estamos en carnavales hey”. Con una gran sonrisa en mi rostro seguí bailando mientras esa frase venia una y otra vez a mi mente, esta vez de una forma picara y agradable, “porque estamos en carnavales hey” “porque estamos en carnavales hey”.
Definitivamente nunca olvidare esa noche del ocho de febrero, pues esa fue la noche que los carnavales tomaron otro significado para mi. Esa misma noche estrellada que ahora miraba atenta lo que me pasaba, y aquella brisa fría que colocaba sus cabellos en mi rostro. Aquella noche me gritaba que todo pasaba porque estábamos en carnavales, y una sonrisa me decía que esa noche del ocho de febrero me uní a la maicena, la guacharaca, el picó y a mi gente por la mejor causa de todas, la alegría.
 
Mi orgullo
Ayer colocaste una parte de mi vida. Hoy veo tu figura En mis manos, en mis ojos, en mi ser. Porque eres tu, eres mi orgullo. Un día me cantaste para dormir otro día me mostraste la melancolía en tu partir.
Pero por mas lejos que estuvieras bastaba una llamada para Que me hicieras sonreír, para guardar la esperanza de un buen vivir. Gracias a ti aprendí a ganar gracias a ti aprendí a vencer Cuando todo andaba mal, cuando había perdido la fe, me ayudaste caminar me ayudaste a colocar en pie, Me hiciste comprender que aun había mucho Por caminar, mucho por aprender. Y que por mas nublado que parezca el día Debo permanecer en pie. Y es por eso que te quiero, y es por eso que te amo. Porque eres tu, eres mi papá, eres mi orgullo.

Mario