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La sabiduría de los idiotas
Cuentos, metáforas y diario de un corredor de fondo
Acerca de
Mi trabajo consiste en ayudar a que las personas solucionen sus problemas. Me gusta correr: soy un hiperfondista (que mal suena eh!, cuando has corrido muchos maratones empiezas a pensar en pruebas más largas, practico tai-chi, soy un enamorado del masaje, la sauna finlandesa y el jacuzzi. Me gusta hablar y compartir cosas con gente que sea amable y educada. Como lo que los pensadores de corto alcance imaginan que es sabiduría suele ser considerado locura por los sufíes, éstos, por contraste, se llaman a sí mismos "Los Idiotas". Por una feliz coincidencia, también la palabra árabe para designar al "Santo" (wali) tiene el mismo equivalente numérico que la palabra "Idiota" (balid). Si quieres enlazarme aqui esta el banner
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Vidas en el vertedero
El operario baldeaba las calles que rodeaban al mercado de abastos. La actividad que lo rodeaba normalmente había cesado. El agua que disparaba la manguera a presión despejaba la inmundicia que se había acumulado en suelo. El verano llegaba a su fin pero no el calor que lo envolvía todo.
Intentaba sortear los charcos y los torrentes de agua sucia que amenazaban con ponerme perdido. Mi mirada intentaba buscar la del trabajador que, de forma diligente, luchaba contra la suciedad; quería entrar en su campo visual para que, de esta forma, me permitiera pasar al otro lado de la calle. Me encontraba en esta tesitura, parado a la espera de una tregua en la riada, cuando mi mirada se posó en el trabajo de otro operario que amontonaba cartones y otros residuos en un contenedor. Fue en ése momento cuando me di cuenta que de el contenedor salía el marco de un cuadro; sólo tuve que acercarme un poco para ver que dentro, encima de toda clase de basuras, había un marco de fotos; se trataba de una foto de boda. La tonalidad de la instantánea era amarillenta. Los dos novios se miraban de una forma especial, de ésa forma única con la que miramos en los momentos transcendentales de nuestra vida. Me di cuenta de que el trabajador que amontonaba las basuras cerca del contenedor me observaba con cierto aire entre curioso y sorprendido; de esperar el momento oportuno para cruzar la calle anegada había pasado a pararme a curiosear descaradamente en el contenedor. Despertada su propia curiosidad también se acercó a ver cual era el objeto de mi husmeo. Nuestras miradas fueron descubriendo nuevos enseres personales. Parecía como si alguien hubiera metido el brazo en el armario y arrastrado con todas y cada una de las ropas que contenían. Entre las prendas, como si de adornos se tratara, aparecían todo tipo de pequeños objetos de los que adornan cualquier casa. Quien quiera que hubiese hecho la limpieza se había empleado a fondo. Mi improvisado compañero de descubrimiento ya se había percatado de lo que motivaba mi atención. En su cara se reflejaba una sonrisa y una cierta sensación de alivio; “por un momento creía, por la cara que ha puesto, que había encontrado algo importante. ¡No sabe usted lo que se puede llegar a encontrar en un contenedor de basura!” me dijo; y acto seguido, dispuesto a despejar cualquier duda al respecto y que no hubiera algún bebé abandonado o algo similar, removió con su herramienta los enseres que habían provocado mi atención. Nuevas fotos, desparramándose de una caja abierta de latón, emergían de entre la podredumbre. Algo me oprimía el estómago, imaginé a una pareja de ancianos; quizás uno de ellos murió. El otro resistió lo que pudo hasta que marchó acompañar a su pareja. Pronto sus cosas, sus enseres y propiedades quedaron huérfanas; alguien despejó de cosas inútiles la casa que pasaría a ser utilizada por alguien que, a su vez, llevaría sus propios enseres que vendrían a sustituir a los que ahora yo contemplaba.
No parecía que el operario se hubiera conmovido ni lo más mínimo, probablemente debía ser algo no demasiado infrecuente el encontrarse parte de la vida de las personas en la basura; el caso es que se marchó mirándome de reojo. Me alejé, cruzando la calle, inmerso en mis reflexiones. Imaginaba la soledad a la que tuvieron que hacer frente, el poco interés de sus hijos, si es que los tenían, o familiares que ni siquiera fueron para destruir adecuadamente sus enseres personales más íntimos.
Vivimos en un mundo en el que muchas de los fuertes lazos y vínculos familiares que conocieron nuestros antepasados se han perdido o están a punto de hacerlo en muchos casos. Hay poca cabida, en la sociedad del bienestar y del no sufrimiento, para aquello que no es útil. Sabemos que quizás nuestro destino no sea el que disfrutaron nuestros parientes hace algunas décadas. Era muy difícil que algún miembro de la familia viviera solo y desamparado. Hoy eso ha cambiado; el ritmo y la forma de vida hacen difícil esa solidaridad familiar que poco a poco va desapareciendo.
Como suele ocurrir a menudo hay situaciones, imágenes que frecuentemente dejan huella en las personas. Reconozco que las fotos de una vida en la basura han quedado en mi retina y en mi mente. Quizás no hayan sucedido las cosas como imaginé, quizás sea pensar demasiado en algo sin importancia. Lo cierto es que sus miradas y sus caras, a pesar de que ya no existan las fotos, las recordaré por mucho tiempo.
 
Comentario:
Seguramente esa pareja de ancianos no tendría hijos, nadie que tenga corazón tiraría las fotos de sus padres. De todas formas no te entristezcas, busca el lado bueno de las cosas, imagina que en lugar de encontrar retales de una vida, hubieses descubierto algo peor :-(

Besitos de gominola
No