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PERIODISMO EN CONFLICTOS
Punto de encuentro y de servicio para corresponsales internacionales en conflictos
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Hola a tod@s! Mi nombre es Juan Antonio M. Amador, tengo 22 años y soy estudiante del último curso de periodismo. Con este Blogs quiero analizar el día a día de los periodistas que se encuentran en conflictos internacionales y ofrecerles un servicio con enlaces que les sea de interés. Soy un gran amante de la radio y me interesan mucho los temas y las historias que nos llegan de los corresponsales de guerra o enviados especiales a países con situaciones difíciles de hambre, pobreza, salud o seguridad. Estáis todos invitados a participar. Bienvenid@s!
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Comunicación Social Interpersonal
Un futuro de conflictos y choques culturales donde las líneas divisorias entre las distintas civilizaciones marcarán los frentes de batalla de los próximos siglos. En concreto, se trata de un total de ocho o nueve civilizaciones: la occidental, confuciana, japonesa, islámica, hindú, eslava, ortodoxa, latinoamericana y, posiblemente, la africana.

Esta es la tesis que recoge el politólogo internacional Samuel P. Huntington, nacido en los Estados Unidos, en su obra “El choque de civilizaciones. Y la reconfiguración del orden mundial”, que apareció tras el artículo escrito por él mismo y publicado en 1993 en la prestigiosa revista Foreing Policy, de la que es fundador. Anteriormente, Huntington entró a formar parte en 1977 del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y actualmente ejerce como profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard.

Si anteriormente los conflictos mundiales mantuvieron una raíz de orden ideológico y económico, Huntington defiende en su obra que el resurgimiento de viejas civilizaciones, arraigadas a una religión, y el rechazo a la cultura occidental y a sus “falsos” valores morales, desencadenarán los próximos conflictos a escala internacional.
El filósofo y sociólogo francés Sami Naïr cree que la tesis de Huntington consiste únicamente en decir que hay que hacer todo para impedir la alianza de las dos culturas más peligrosas, las más homogéneas, el confucianismo y el islam, frente a Occidente. A largo plazo, el peligro es asiático; a corto plazo, es islámico. (1)

En “El choque de civilizaciones. Y la reconfiguración del orden mundial”, Huntington considera que a medida que la gente se vaya definiendo tanto por su etnia o religión, Occidente se encontrará más enfrentado con las civilizaciones que no sólo no comparten sus valores sino que rechazan ideales como la democracia, los derechos humanos, la libertad, la soberanía de la ley y la separación entre la Iglesia y el Estado.

En palabras de quién fuese presidente de la Comisión Europea (1985-1994), el francés Jacques Delors, el fundamentalismo religioso y cultural sólo puede ganar terreno utilizando en su propio beneficio problemas actuales como el subdesarrollo, el desempleo, las desigualdades o la pobreza.

Efectivamente, este fundamentalismo sólo puede ir ganando terreno aprovechándose de la inferioridad y el desconocimiento de los pueblos de cada civilización; pero quién ha sido el primero en utilizar dicha inferioridad, para aumentar su potencial económico y la dependencia de terceros países, que ahora son vistos como un problema, del que nadie pretende hacerse cargo, o como un riesgo para la civilización predominante, han sido las grandes potencias occidentales.

Como afirma Naïr, plantear el problema de la convivencia entre civilizaciones en términos vitalistas, confesionalistas, culturalistas, ocultando la dimensión social, económica, política de los intereses en juego, siempre conduce a posiciones extremistas, innegociables, sobre todo si no existe un marco democrático para controlar los debates en este sentido. Naïr dice que el actual sistema mundial no es democrático y no puede controlar la dinámica de los discursos extremistas y prueba de ello es que cuando la ONU intentó bloquear la invasión de Irak por Estados Unidos, ningún mecanismo democrático pudo actuar en contra del fundamentalismo americano.

En este sentido, Näir cree que la corriente que mejor representa el cumplimiento perfecto de la civilización universal, cuyo sistema se apoya en la primacía del individualismo, el liberalismo, los derechos del hombre y el mercado libre es el protestantismo disidente norteamericana, que mantiene la necesidad absoluta de imponer la cultura occidental, tal y como está definida por Estados Unidos, al resto del mundo.

Por otra parte, Huntington añade en su libro ¿Quiénes somos? (Paidós) que al Islam y al Confucianismo hay que añadir un tercer enemigo, más peligroso para la identidad americana, pues actúa dentro de Estados Unidos: los católicos hispánicos, que representan un desafío demográfico en el mismo corazón del protestantismo disidente norteamericano.

Asimismo, Huntington prevé que, por vía del desafío demográfico (en el 2025 se prevé que más del 25% poblacional mundial será musulmana) o por vía del crecimiento económico (en el 2025 Asia incluirá siete de las economías más fuertes del planeta) o por vía de la militancia con el fin de implantar inestabilidad, el poder y los controles de la civilización occidental se desplazarán hacia las civilizaciones no occidentales.

Es por ello que el director de Cambio Cultural, José Eduardo Jorge, crítica la obra de Huntington por considerar que resulta más legítimo optar por la defensa de la civilización en singular en lugar de entrar en la dialéctica de confrontación. Y opta por construir cimientos que tengan como pilares los derechos humanos de todos y el derecho internacional aplicado a todos por igual. (2)

También crítico, y con gran acierto, se mostró el ya fallecido Edward Said, profesor en la Universidad de Columbia, que críticó que Huntington insiste con imprudencia en la personificación de unas entidades inmensas llamadas Occidente e Islam y no dedica mucho tiempo a la dinámica interna y la pluralidad de cada civilización. (3)

Occidente no tiene una política exterior común ni comparte los mismos valores por igual ni sus pueblos son tan semejantes como para hablar de un único mundo occidental. De hecho, en la misma Unión Europea hay diferentes líneas en materia de Política Exterior y de Seguridad Común que muestran las divergencias entre los diferentes estados que la forman.

Por otra parte, también hay que tener en cuenta que Huntington determina que en un mundo de múltiples civilizaciones, la vía constructiva es renunciar al universalismo, aceptar la diversidad y buscar atributos comunes. Y en una entrevista realizada por Michael Steinberger, de The New York Times, el autor de “El choque de civilizaciones. Y la reconfiguración del orden mundial” decía que no creía que el Islam sea más violento que cualquier otra religión y sospechaba que es mucha más la gente que murió en manos de los cristianos a lo largo de los siglos que en manos de los musulmanes.

Del mismo modo, en la misma entrevista subraya que no cree que haya algo inherentemente violento en la teología musulmana, y asegura que el Islam, como cualquier gran religión, se puede interpretar de muchas maneras. Eso es evidente, y además constituye un primer paso para abandonar una postura general extremista de cara a dicha religión y a su vez, representa un intento positivo de acercamiento de posturas.

Pues bien, el politólogo Giovanni Sartori dijo de manera desafortunada a mi modo de ver en una entrevista al diario El País, que el Islam, que pasa ahora por un fuerte renacimiento, es hoy al cien por cien, incompatible con la sociedad pluralista y abierta de Occidente. Además, afirmó que los principios de Occidente y el Islam son antagónicos y son ellos (los musulmanes) los que nos consideran a nosotros los infieles aunque estén aquí, no nosotros a ellos. Sartori dice creer que los inmigrantes musulmanes que llegan al sur de España e Italia no tienen ningún deseo de integrarse salvo excepciones. Y aseguraba convencidamente que si entras en un país que no es el tuyo y te beneficias de ello debes atenerte a los valores básicos de la sociedad que te acoge. Si no lo aceptas, -dice- no es que yo te vaya a echar, pero no te hago ciudadano con los mismos derechos de un país cuyas reglas no aceptas. En mi opinión habría que determinar cuáles serían los valores a los que deben de atenerse porque se podría desbaratar la idea de que Occidente es una sociedad abierta y plural sino acepta los valores y tradiciones cívicas de otras culturas. (4)

¿Multiculturalismo?
Sartori defiende una sociedad pluralista, basada en la tolerancia, el consenso y la integración dentro de la diversidad, pero se opone al multiculturalismo, lo que significa una contradicción abiertamente, porque dice que entiende que dicho multiculturalismo defiende una sociedad en la que las culturas minoritarias coexisten sin interrelacionarse. Así, asegura que cuando esas subculturas rechazan el pluralismo, la sociedad abierta corre un riesgo a sí misma. Pero es aquí donde creo personalmente que hay que incidir en una convergencia cultural por las dos partes para que el posible choque no se llegue a producir.

Esta posición de Sartori, Huntington y muchos otros, tiene un defecto que comparto con Naïr y es que acepta el debate en términos culturalistas. Es por tanto una respuesta democrática, tolerante, pero al fin y al cabo culturalista, que comprende una actitud defensiva al compartir la idea de que el conflicto es cultural e identitario, aunque apueste en el reconocimiento mutuo y la tolerancia. Pero como asegura Naïr el combate en contra del identitarismo culturalista extremista no se puede ganar en términos culturalistas. Y es por tanto, que se debe cambiar de terreno, fundamentar otros presupuestos, abrir los problemas ocultos y en definitiva ser honestos y apuntar al corazón de los conflictos.

El camino, y estoy de acuerdo con Said Naïr, no es otro que educar en la diversidad para aceptar el encuentro, aprender el lenguaje del otro, correr el riesgo de la confrontación, juzgar al otro no en relación con yo mismo, sino en relación con sí mismo. Son sus parámetros los que lo definen, no los míos. Se trata de sustituir al análisis analógico la aproximación interna a cada cultura.

Esto significa precisamente afrontar, en el encuentro cultural, los problemas conflictivos y no temer analizar francamente lo que divide, lo que opone y lo que está en conflicto. Y hay que incidir en la necesidad de ver, más allá de los choques culturales, cuáles son los presupuestos escondidos: de carácter económico, social, político, etc. Aquí el diálogo es también conflicto, y hay que asumirlo.

Y me gustaría resaltar una frase que escribe Naïr bastante sencilla de pronunciar pero difícil de practicar: “Frente a todos los extremismos culturales, religiosos y terroristas, la civilización humana puede ganar; basta con elegir la franqueza en los debates, la justicia y la solidaridad como soluciones”. Pero claro, existe un problema, y es que estos valores no están hoy de moda.

¿Y cómo se puede llegar a alcanzar este grado de pluralidad y compresión con el resto? A priori es bien sencillo, sólo a través del conocimiento; de un conocimiento amplio que analice dentro de un contexto internacional la situación objetiva del espacio, donde quedarían representados los diferentes mundos, que habría que dividirlos o encuadrarlos en un tiempo, que es presente, pero que también ha tenido un pasado. No podemos mirar sólo donde nos dicten los poderes políticos, las multinacionales o los medios de comunicación de masas.

“Alianza de Civilizaciones”
Es evidente que la obra de Huntington no ha dejado indiferente a nadie y hay quien ya ha querido dar una contra respuesta política. El actual presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en su primera intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas planteó la creación de una alianza de civilizaciones entre occidente y el mundo árabe y musulmán para combatir el terrorismo internacional por otra vía que no fuese la militar. Una alianza que tendría como objetivo fundamental profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y en este momento histórico el ámbito de países árabes y musulmanes, dijo el presidente del ejecutivo español. (5)

¿Realmente es posible tal y como plantea Rodríguez Zapatero en estos términos una futura “Alianza de civilizaciones”? ¿Cuáles serían los mecanismos para conseguirla? El secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha recogido la propuesta del presidente español pero será posible llevarla a cabo en esos términos. Personalmente la propuesta no me parece más que tres lindas palabras que están muy lejos de hoy en día como para ser alcanzadas y recogida por una comunidad internacional sin rumbo.

Entonces, acaso ¿no hay esperanza para que la tesis de Samuel P. Huntington pueda ser desbaratada y terminar de este modo con el choque cultural que prevé la misma? La respuesta no es sencilla porque es preciso entender los intereses ocultos que se dan tras las acciones bilaterales o multilaterales llevadas a cabo entre estados o entre las diferentes civilizaciones.

La obra de Huntington acaba recomendando un conocimiento más sólido de las civilizaciones no occidentales, con el fin, de potenciar al máximo la influencia occidental, ya sea a través del fortalecimiento de las relaciones entre Rusia y Japón, del aprovechamiento de las diferencias existentes entre los estados islámicos o del mantenimiento de la superioridad militar en el este y sudeste asiáticos.

Lógicamente no es este el camino. El palestino Said muestra claramente su postura contraria con la tesis de Huntington al asegurar que plantear este problema en unos términos únicos como Islam u Occidente, sólo nos puede conducir a pistas falsas y a oscurecer el pensamiento cuando intentamos hallar sentido a una realidad desordenada que no podemos encasillar ni amarrar.

Y para hacer frente a la tesis de Huntington, creo que sólo hay una solución que está en las manos de cada individuo del planeta, y consiste en esforzarse por comprender a nuestro hermano y practicar de este modo la respuesta a tanta diferenciación: la comunicación social interpersonal.

(1) Sami Naïr. “Alianza de civilizaciones y diálogo para la modernidad”. El País (12-03-2005)
Pags. 14-15.
(2) Jorge, José Eduardo. (http://www.cambiocultural.com.ar/investigacion/clash.htm) Enero, 2002.
(3) Said, Edward W. El Choque de las Ignorancias. Rev. Venez. de Econ. y Ciencias Sociales, 2002, vol. 8 (ene.-abr.), pp. 259-263
(4) Sartori, Giovanni. El País (08-04-2001)
(5) El Mundo (22-09-2004). http://www.elmundo.es/elmundo/2004/09/22/internacional/1095810596.html
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