La infancia amenazada
Con motivo del día internacional de los derechos humanos, UNICEF ha publicado su informe mundial sobre el Estado mundial de la infancia, que han titulado: “la infancia amenzada”. El informe se centra este año en la triple amenaza contra la infancia que representan la pobreza, la guerra y el VIH/SIDA e indica que a más de 1.000 millones de niños y niñas (es decir uno de cada dos) se les priva de la crianza sana y protegida que promete la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989 y ratificada por casi todos los gobiernos del mundo, y que muestra el fracaso y la falta de interés de los gobiernos para cumplir con las normas de la Convención. La Directora Ejecutiva del UNICEF, Carol Bellamy, que presentó oficialmente el informe denunció que “hay demasiados gobiernos que toman decisiones deliberadas y con conocimiento de causa que en realidad perjudican a la infancia”, y añadió: “La pobreza no surge de ninguna parte; la guerra no estalla por ninguna razón; el SIDA no se propaga por sí solo. Todo esto son decisiones nuestras”.

¿Por qué no entonamos de una vez por todas el MEA CULPA y luchamos de verdad porque cada niño del planeta sea de donde sea pueda tener una infancia como la que todos hemos tenido o querido tener? ¿Os habéis preguntado que sería de nosotros si al llegar a casa después del colegio o el trabajo no tuviésemos nada que comer, y al día siguiente al levantarnos siguiese sin haber nada? Y qué sería de nosotros si nadie nos enseñara nada, ni siquiera lo más elemental, leer y escribir, para poder comunicarse con el resto de personas, nos sentiríamos indefensos, ¿verdad?. O si una enfermedad estuviese acabando con nuestra vida poco a poco y hubiera acabado con la de alguno de nuestros más queridos amigos cuando somos pequeños, qué pensarías cuándo os dijesen que ya no lo volverás a ver, que se fue.
Todos hemos sido niños y seguro que a muchos de nosotros nos gustaría seguir siéndolo, porque hemos tenido la fortuna de vivir una infancia feliz. Pero pongámonos por un momento del lado de esos pequeños y como adultos asumamos la responsabilidad que nos toca. Las cifras son estremecedoras, más de la mitad de los niños y las niñas en el mundo en desarrollo están gravemente privados de uno o más de los bienes y servicios esenciales para la infancia:
640 millones de niños y niñas carecen de una vivienda adecuada
500 millones de niños y niñas no tienen acceso al saneamiento
400 millones de niños y niñas no consumen agua potable
300 millones de niños y niñas carecen de acceso a la información (televisión, radio y periódicos)
270 millones de niños y niñas no tienen acceso a servicios de atención de la salud
140 millones de niños y niñas, la mayoría estas últimas, nunca han acudido a la escuela
90 millones de niños y niñas sufren graves privaciones de alimentos.
Creo que los datos lo dicen todo, y vuelvo a repetir que uno de cada dos niños de este mundo, la mitad, vive en la pobreza (lo dice el informe). Ya está bien de discutir sobre nuestro crecimiento económico y el crecimiento de la economía mundial ¿para qué sirva que la economía mundial crezca? ¿No os dais cuenta de que no tiene ningún sentido?. ¿Qué ideas, fórmulas o actuaciones creéis que serían más eficaces para evitar esta tragedia humana? ¿No deberíamos exigir que la primera promesa de los programas políticos recogiese un acuerdo de compromiso real para evitar esta situación y que los niños de este mundo puedan vivir como niños?

¿Por qué no entonamos de una vez por todas el MEA CULPA y luchamos de verdad porque cada niño del planeta sea de donde sea pueda tener una infancia como la que todos hemos tenido o querido tener? ¿Os habéis preguntado que sería de nosotros si al llegar a casa después del colegio o el trabajo no tuviésemos nada que comer, y al día siguiente al levantarnos siguiese sin haber nada? Y qué sería de nosotros si nadie nos enseñara nada, ni siquiera lo más elemental, leer y escribir, para poder comunicarse con el resto de personas, nos sentiríamos indefensos, ¿verdad?. O si una enfermedad estuviese acabando con nuestra vida poco a poco y hubiera acabado con la de alguno de nuestros más queridos amigos cuando somos pequeños, qué pensarías cuándo os dijesen que ya no lo volverás a ver, que se fue.
Todos hemos sido niños y seguro que a muchos de nosotros nos gustaría seguir siéndolo, porque hemos tenido la fortuna de vivir una infancia feliz. Pero pongámonos por un momento del lado de esos pequeños y como adultos asumamos la responsabilidad que nos toca. Las cifras son estremecedoras, más de la mitad de los niños y las niñas en el mundo en desarrollo están gravemente privados de uno o más de los bienes y servicios esenciales para la infancia:
640 millones de niños y niñas carecen de una vivienda adecuada
500 millones de niños y niñas no tienen acceso al saneamiento
400 millones de niños y niñas no consumen agua potable
300 millones de niños y niñas carecen de acceso a la información (televisión, radio y periódicos)
270 millones de niños y niñas no tienen acceso a servicios de atención de la salud
140 millones de niños y niñas, la mayoría estas últimas, nunca han acudido a la escuela
90 millones de niños y niñas sufren graves privaciones de alimentos.
Creo que los datos lo dicen todo, y vuelvo a repetir que uno de cada dos niños de este mundo, la mitad, vive en la pobreza (lo dice el informe). Ya está bien de discutir sobre nuestro crecimiento económico y el crecimiento de la economía mundial ¿para qué sirva que la economía mundial crezca? ¿No os dais cuenta de que no tiene ningún sentido?. ¿Qué ideas, fórmulas o actuaciones creéis que serían más eficaces para evitar esta tragedia humana? ¿No deberíamos exigir que la primera promesa de los programas políticos recogiese un acuerdo de compromiso real para evitar esta situación y que los niños de este mundo puedan vivir como niños?





