ECOLOGÍA Y COSTES DE PRODUCCIÓN CAPITALISTAS: ¿HAY SALIDA?
Una vez mas, las catastrofes naturales asolan la Tierra, en esta ocasion se trata de Nueva Orleans quien sufre los trastornos causados en el medio ambiente por un irracional sistema de producción.
El presente artículo es un extracto de un trabajo que presenté para mi doctorado y en el que traté de explicar porque pasa eso de que el mundo se está volviendo loco..... Lee y opina:
".....En este sentido, resulta conveniente recordar como el informe Brundtland de 1987, optó por el camino fácil al señalar que tanto la pobreza como la degradación ambiental podían solucionarse a través de un crecimiento económico de carácter general. Así, se apuntó desde la Comisión, que la superación del problema ambiental podría venir por la vía de incrementar los adelantos tecnológicos para aumentar la productividad de los recursos y lograr con ello una producción menos intensa en su consumo. También las mejoras en la conservación, la eficiencia y el reciclaje podrían ser beneficiosas en este sentido. Pero a la vez que beneficiosas, estas medidas son insuficientes, y ello por las siguientes razones:
- Todo crecimiento consume recursos y produce residuos, por supuesto, también el nuevo modelo de crecimiento propuesto por la Comisión Brundtland. Dado que hemos alcanzado, o estamos a punto de alcanzar, los límites de carga del planeta, cualquier crecimiento cuantitativo escapará al objetivo de la sostenibilidad.
- Un desarrollo basado en el crecimiento del sector servicios en relación con el de producción de bienes, como el propuesto por la Comisión, presenta evidentes limitaciones.
- El crecimiento basado en consumo menos intensivo en recursos requiere de alta tecnología, por lo que de nuevo, los países ricos se encontrarían en una mejor situación, mientras que los países pobres apenas podrían expandir sus actividades. La solución se encontraría en la trasferencia de tecnología de los países del Norte a los del Sur, si bien, la historia económica reciente demuestra que estas trasferencias se realizan a una velocidad ciertamente lenta y que, en ocasiones, pueden ser causa de graves desajustes.
Hoy día, no es difícil constatar que el enorme progreso tecnológico y científico experimentado por la humanidad en su historia más reciente, no ha servido para evitar la grave degradación del entorno natural en el que vivimos. Una prueba evidente de ello, la constituye el hecho de que la ecología se haya convertido en un problema político de trascendencia en varias partes del mundo. Somos también conscientes de que no podemos confiar en el crecimiento económico para resolver tanto los problemas ambientales como el problema de la desigualdad, dado que el crecimiento ilimitado es inviable debido al factor ecológico.
Pero, si tenemos conciencia de los problemas, y contamos con el suficiente desarrollo técnico como para solucionarlos, ¿Por qué no los resolvemos?. La respuesta, como anteriormente señalé, debe buscarse en la lógica interna de funcionamiento del capitalismo.
Es necesario llegados a este punto, recordar algún aspecto básico del modo de funcionar del capitalismo histórico. En primer lugar, el capitalismo es un sistema que presenta una imperiosa necesidad de expansión continua en términos tanto geográficos como de producción total, con el objetivo de alimentar su único motor, la acumulación incesante. El segundo aspecto suele olvidarse con mayor frecuencia que el anterior. Como el propio Wallerstein afirma, “para los capitalistas, un aspecto esencial en la acumulación de capital es tratar de dejar sin pagar sus cuentas”.
Se entiende por capitalismo histórico un sistema en el que las instituciones que se construyen posibilitan que los valores capitalistas tomen prioridad. Solo a través del desarrollo de este capitalismo histórico es posible comprender que la economía-mundo en su conjunto adopte el camino de la mercantilización de todas las cosas, haciendo de la acumulación incesante de capital su único objetivo. Es, atendiendo a esta realidad, como se puede llegar a entender que, una vez somos conscientes de los graves perjuicios que nuestro modo de producción causa al medio ambiente, no logremos implementar las medidas e instituciones necesarias como para detener dicho deterioro.
La expansión característica de la economía mundo, es además, un eficaz medio para tratar de escapar a alguno de los peores efectos del sistema. Así, cuando la lucha de clases se recrudece, se recuerda que puede existir más pastel para cada parte, aun manteniendo las mismas proporciones, si se incrementa el tamaño del pastel. De igual modo, cuando los países pobres alzan la voz reclamando una mayor participación en el consumo mundial, se les anima a acelerar el crecimiento de su producción. Pero como anunciamos en el primer apartado, hoy debemos ser conscientes de que el mundo que habitamos presenta límites físicos ineludibles. Esto debe hacernos comprender, que no es posible seguir incrementando de manera ilimitada la escala de la producción, lo que supone que la tradicional receta de incrementar la actividad económica para resolver los problemas de pobreza y desigualdad ya no es válida. Ha llegado la hora de enfrentarse al verdadero rostro del capitalismo, no es ya posible seguir escapando de sus efectos a través de la promesa de un futuro de riqueza y abundancia para todos.
El poder económico, la explotación y el proceso dialéctico que enfrenta a las dos clases sociales, está en las raíces de un inevitable proceso de expoliación de la naturaleza. Dadas las insuficiencias y límites que presenta el crecimiento, es necesario superar el conflicto distributivo a través de la implementación de un nuevo sistema capaz de escapar a los conflictos de clase.
Como sabemos, desde el punto de vista de los capitalistas, el objetivo de una producción creciente es obtener ganancias. Esta ganancia está condicionada en gran medida por los costes totales de producción que para la empresa representa su actividad. A lo largo de la historia del capitalismo, los gobiernos han permitido que las empresas no asuman muchos de sus costes, renunciando a requerirles que lo hagan. Los gobiernos hacen esto a través de dos vías principalmente: de una parte, poniendo infraestructuras a su disposición, y, sobre todo, no insistiendo en que una operación productiva debe incluir el coste del medio ambiente para que este sea preservado. Los movimientos ecologistas plantean frecuentemente propuestas dirigidas a resarcir los efectos negativos de las actividades productivas y a invertir en la renovación de los recursos naturales utilizados. Estas propuestas suelen encontrar la oposición de las empresas afectadas, dado que son muy costosas y llevarían a una reducción de la producción.
En efecto, las medidas encaminadas a implementar un modelo de desarrollo sostenible podrían poner en dificultades el mantenimiento de la tasa media de ganancia en el ámbito mundial. En palabras de Wallerstein: “La puesta en práctica de medidas ecológicas significativas y seriamente llevadas a cabo, podría ser el golpe de gracia de la economía-mundo capitalista”.
Nos encontramos pues, ante una serie muy limitada de alternativas:
- Los gobiernos pueden hacer que las empresas internalicen todos los costes, lo que provocaría una grave disminución de los beneficios y podría causar una crisis económica de consecuencias insospechadas.
- Los gobiernos pueden asumir el coste de la factura ecológica dejada por los empresarios utilizando impuestos para ello. Esto puede hacerse mediante impuestos a las empresas, lo que igualmente reduciría los beneficios, o mediante incrementos de los impuestos sobre la gente, lo que además de injusto, podría provocar una intensa rebelión fiscal.
- Seguir sin hacer nada, lo que conducirá a las catástrofes ecológicas enunciadas en el segundo apartado de este trabajo.
Muchos de los gobiernos del Norte han optado por tratar de huir hacia delante para ello, tratan de desplazar el problema de los fuertes a los débiles. Esto se puede hacer, bien descargando parte de sus residuos en el Sur, o bien imponiendo al Sur la posposición de su desarrollo, forzándoles a aceptar formas de producción ecológicamente mas sanas, pero también mas caras. Esta táctica largamente usada, es ya inaplicable debido al enorme desarrollo experimentado por la economía-mundo, que provoca que la situación ya no pueda resolverse únicamente a través de su transferencia al exterior. A pesar de esta manifiesta inviabilidad, su utilización continua siendo recomendada por los adalides del capitalismo. A modo de ejemplo paradigmático, me permito citar la recomendación de choque efectuada por Summers en calidad de economista jefe del Banco Mundial y publicada en 1992. Este autor propone la transferencia de contaminantes y la exportación de desechos tóxicos hacia los países del tercer mundo, países en su opinión, “ampliamente subcontaminados” y que, en consecuencia, serían tierra de acogida privilegiada. Como, “la medida de los costes de contaminación nociva, sostiene él, dependen de los ingresos perdidos como consecuencia de una mayor mortalidad (...) una cierta cantidad de contaminación nociva debería tener lugar en los países en que el coste es menor, es decir, aquellos en los que los salarios son mas bajos”. Summers concluye diciendo “ creo que la lógica económica que incita a verter un cargamento de desechos lógicos en los países en los que los salarios son mas bajos es impecable, deberíamos admitirlo”. La falta de ética de este planteamiento no merece comentarios, sin embargo, su lógica económica en el actualmente vigente modo de producción es incuestionable, lo que hace necesario reflexionar acerca de la ausencia de ética del propio sistema.
Los anteriores sistemas históricos transformaron la naturaleza, y en ocasiones, llegaron a destruir en áreas determinadas los equilibrios ecológicos, pero solamente el capitalismo ha llegado a ser una amenaza para la existencia futura del conjunto de la humanidad. Esto ha sido así debido al carácter global que ha alcanzado el sistema y ha su capacidad para expandir la producción y la población, mas allá de lo imaginable. Se ha llegado a este punto porque en este sistema, los capitalistas han logrado volver ineficaces cualquier tipo de fuerzas que tratasen de limitar sus actividades en nombre de valores diferentes a los de la mera acumulación de capital.
El capitalismo histórico se encuentra en crisis debido a que no encuentra soluciones razonables a sus actuales problemas, de entre los que su incapacidad para remediar el creciente deterioro ambiental es de los más importantes, pero no es el único.
A este respecto, la legislación reformista presenta límites inherentes. Estos límites vienen impuestos por la feroz oposición política a la que tendrá que hacer frente, dado el impacto que sobre la acumulación de capital podrían tener estas medidas. A modo de ejemplo, cabe señalar los reiterados fracasos que experimentó el Comisario Europeo para el Medio Ambiente Ripa di Meana, en sus intentos por establecer un ecoimpuesto europeo sobre las emisiones de dióxido de carbono y sobre la energía. Sin embargo, todo cuanto se avance en este aspecto será positivo, además, cabe reseñar que el mero hecho de plantear los problemas de fondo que presenta el sistema, servirá para avanzar más rápidamente hacia su superación. Así, medidas como la reforma fiscal verde podrían, hipotéticamente, contribuir de manera decisiva a la sostenibilidad del sistema vigente, sin embargo, su implementación resulta harto compleja dado el juego de intereses que debe vencer. No conviene olvidar, que la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, lo que hace pensar que cualquier medida susceptible de perjudicar los intereses del capital en general, o de alguna de sus facciones, deberá vencer las enormes resistencias impulsadas por la clase que detenta los mecanismos del poder.
Pero, y a la vista de todo lo anterior, ¿Por donde pasa entonces la solución a los graves problemas que amenazan la vida en el conjunto del planeta?. La solución pasa necesariamente por la superación del modo de producción actualmente dominante. La incesante acumulación de capital es un objetivo materialmente irracional, frente al que se debe instrumentar un sistema basado en la racionalidad material colectiva e inspirado en criterios de sostenibilidad. No es posible seguir defendiendo políticas tendentes a incrementar el tamaño de la escala productiva en un mundo que ha alcanzado, o está próximo a alcanzar, sus límites físicos. Ha llegado el momento de discutir acerca de la forma de planificar y dirigir la actividad económica para que sus frutos se repartan con una mayor equidad entre todas los habitantes del planeta. Es hora de que la economía trabaje al servicio del ser humano y de la naturaleza, y de que la naturaleza y el ser humano dejen de estar al servicio de la economía. Por supuesto, el cambio de sistema económico no será posible ni eficaz, si no va acompañado de un cambio paralelo en la mentalidad y la actitud de todos cuantos poblamos el planeta. Los nuevos problemas tienen un carácter global y transgeneracional, por lo que requieren soluciones de carácter planetario e intertemporal, lo que significa que debemos abandonar todo tipo de actitudes chovinistas y cortoplacistas.
El reto ante el que nos enfrentamos es de dimensiones titánicas, pero la solución está en nuestras manos y las posibilidades que se aparecen si lo afrontamos de manera satisfactoria son tantas que merece la pena encararlo con determinación. Al fin y al cabo, aun estamos en posición de decidir sobre nuestro propio futuro. De no hacerlo de manera inmediata, será el futuro el que decidirá por nosotros. "
El presente artículo es un extracto de un trabajo que presenté para mi doctorado y en el que traté de explicar porque pasa eso de que el mundo se está volviendo loco..... Lee y opina:
".....En este sentido, resulta conveniente recordar como el informe Brundtland de 1987, optó por el camino fácil al señalar que tanto la pobreza como la degradación ambiental podían solucionarse a través de un crecimiento económico de carácter general. Así, se apuntó desde la Comisión, que la superación del problema ambiental podría venir por la vía de incrementar los adelantos tecnológicos para aumentar la productividad de los recursos y lograr con ello una producción menos intensa en su consumo. También las mejoras en la conservación, la eficiencia y el reciclaje podrían ser beneficiosas en este sentido. Pero a la vez que beneficiosas, estas medidas son insuficientes, y ello por las siguientes razones:
- Todo crecimiento consume recursos y produce residuos, por supuesto, también el nuevo modelo de crecimiento propuesto por la Comisión Brundtland. Dado que hemos alcanzado, o estamos a punto de alcanzar, los límites de carga del planeta, cualquier crecimiento cuantitativo escapará al objetivo de la sostenibilidad.
- Un desarrollo basado en el crecimiento del sector servicios en relación con el de producción de bienes, como el propuesto por la Comisión, presenta evidentes limitaciones.
- El crecimiento basado en consumo menos intensivo en recursos requiere de alta tecnología, por lo que de nuevo, los países ricos se encontrarían en una mejor situación, mientras que los países pobres apenas podrían expandir sus actividades. La solución se encontraría en la trasferencia de tecnología de los países del Norte a los del Sur, si bien, la historia económica reciente demuestra que estas trasferencias se realizan a una velocidad ciertamente lenta y que, en ocasiones, pueden ser causa de graves desajustes.
Hoy día, no es difícil constatar que el enorme progreso tecnológico y científico experimentado por la humanidad en su historia más reciente, no ha servido para evitar la grave degradación del entorno natural en el que vivimos. Una prueba evidente de ello, la constituye el hecho de que la ecología se haya convertido en un problema político de trascendencia en varias partes del mundo. Somos también conscientes de que no podemos confiar en el crecimiento económico para resolver tanto los problemas ambientales como el problema de la desigualdad, dado que el crecimiento ilimitado es inviable debido al factor ecológico.
Pero, si tenemos conciencia de los problemas, y contamos con el suficiente desarrollo técnico como para solucionarlos, ¿Por qué no los resolvemos?. La respuesta, como anteriormente señalé, debe buscarse en la lógica interna de funcionamiento del capitalismo.
Es necesario llegados a este punto, recordar algún aspecto básico del modo de funcionar del capitalismo histórico. En primer lugar, el capitalismo es un sistema que presenta una imperiosa necesidad de expansión continua en términos tanto geográficos como de producción total, con el objetivo de alimentar su único motor, la acumulación incesante. El segundo aspecto suele olvidarse con mayor frecuencia que el anterior. Como el propio Wallerstein afirma, “para los capitalistas, un aspecto esencial en la acumulación de capital es tratar de dejar sin pagar sus cuentas”.
Se entiende por capitalismo histórico un sistema en el que las instituciones que se construyen posibilitan que los valores capitalistas tomen prioridad. Solo a través del desarrollo de este capitalismo histórico es posible comprender que la economía-mundo en su conjunto adopte el camino de la mercantilización de todas las cosas, haciendo de la acumulación incesante de capital su único objetivo. Es, atendiendo a esta realidad, como se puede llegar a entender que, una vez somos conscientes de los graves perjuicios que nuestro modo de producción causa al medio ambiente, no logremos implementar las medidas e instituciones necesarias como para detener dicho deterioro.
La expansión característica de la economía mundo, es además, un eficaz medio para tratar de escapar a alguno de los peores efectos del sistema. Así, cuando la lucha de clases se recrudece, se recuerda que puede existir más pastel para cada parte, aun manteniendo las mismas proporciones, si se incrementa el tamaño del pastel. De igual modo, cuando los países pobres alzan la voz reclamando una mayor participación en el consumo mundial, se les anima a acelerar el crecimiento de su producción. Pero como anunciamos en el primer apartado, hoy debemos ser conscientes de que el mundo que habitamos presenta límites físicos ineludibles. Esto debe hacernos comprender, que no es posible seguir incrementando de manera ilimitada la escala de la producción, lo que supone que la tradicional receta de incrementar la actividad económica para resolver los problemas de pobreza y desigualdad ya no es válida. Ha llegado la hora de enfrentarse al verdadero rostro del capitalismo, no es ya posible seguir escapando de sus efectos a través de la promesa de un futuro de riqueza y abundancia para todos.
El poder económico, la explotación y el proceso dialéctico que enfrenta a las dos clases sociales, está en las raíces de un inevitable proceso de expoliación de la naturaleza. Dadas las insuficiencias y límites que presenta el crecimiento, es necesario superar el conflicto distributivo a través de la implementación de un nuevo sistema capaz de escapar a los conflictos de clase.
Como sabemos, desde el punto de vista de los capitalistas, el objetivo de una producción creciente es obtener ganancias. Esta ganancia está condicionada en gran medida por los costes totales de producción que para la empresa representa su actividad. A lo largo de la historia del capitalismo, los gobiernos han permitido que las empresas no asuman muchos de sus costes, renunciando a requerirles que lo hagan. Los gobiernos hacen esto a través de dos vías principalmente: de una parte, poniendo infraestructuras a su disposición, y, sobre todo, no insistiendo en que una operación productiva debe incluir el coste del medio ambiente para que este sea preservado. Los movimientos ecologistas plantean frecuentemente propuestas dirigidas a resarcir los efectos negativos de las actividades productivas y a invertir en la renovación de los recursos naturales utilizados. Estas propuestas suelen encontrar la oposición de las empresas afectadas, dado que son muy costosas y llevarían a una reducción de la producción.
En efecto, las medidas encaminadas a implementar un modelo de desarrollo sostenible podrían poner en dificultades el mantenimiento de la tasa media de ganancia en el ámbito mundial. En palabras de Wallerstein: “La puesta en práctica de medidas ecológicas significativas y seriamente llevadas a cabo, podría ser el golpe de gracia de la economía-mundo capitalista”.
Nos encontramos pues, ante una serie muy limitada de alternativas:
- Los gobiernos pueden hacer que las empresas internalicen todos los costes, lo que provocaría una grave disminución de los beneficios y podría causar una crisis económica de consecuencias insospechadas.
- Los gobiernos pueden asumir el coste de la factura ecológica dejada por los empresarios utilizando impuestos para ello. Esto puede hacerse mediante impuestos a las empresas, lo que igualmente reduciría los beneficios, o mediante incrementos de los impuestos sobre la gente, lo que además de injusto, podría provocar una intensa rebelión fiscal.
- Seguir sin hacer nada, lo que conducirá a las catástrofes ecológicas enunciadas en el segundo apartado de este trabajo.
Muchos de los gobiernos del Norte han optado por tratar de huir hacia delante para ello, tratan de desplazar el problema de los fuertes a los débiles. Esto se puede hacer, bien descargando parte de sus residuos en el Sur, o bien imponiendo al Sur la posposición de su desarrollo, forzándoles a aceptar formas de producción ecológicamente mas sanas, pero también mas caras. Esta táctica largamente usada, es ya inaplicable debido al enorme desarrollo experimentado por la economía-mundo, que provoca que la situación ya no pueda resolverse únicamente a través de su transferencia al exterior. A pesar de esta manifiesta inviabilidad, su utilización continua siendo recomendada por los adalides del capitalismo. A modo de ejemplo paradigmático, me permito citar la recomendación de choque efectuada por Summers en calidad de economista jefe del Banco Mundial y publicada en 1992. Este autor propone la transferencia de contaminantes y la exportación de desechos tóxicos hacia los países del tercer mundo, países en su opinión, “ampliamente subcontaminados” y que, en consecuencia, serían tierra de acogida privilegiada. Como, “la medida de los costes de contaminación nociva, sostiene él, dependen de los ingresos perdidos como consecuencia de una mayor mortalidad (...) una cierta cantidad de contaminación nociva debería tener lugar en los países en que el coste es menor, es decir, aquellos en los que los salarios son mas bajos”. Summers concluye diciendo “ creo que la lógica económica que incita a verter un cargamento de desechos lógicos en los países en los que los salarios son mas bajos es impecable, deberíamos admitirlo”. La falta de ética de este planteamiento no merece comentarios, sin embargo, su lógica económica en el actualmente vigente modo de producción es incuestionable, lo que hace necesario reflexionar acerca de la ausencia de ética del propio sistema.
Los anteriores sistemas históricos transformaron la naturaleza, y en ocasiones, llegaron a destruir en áreas determinadas los equilibrios ecológicos, pero solamente el capitalismo ha llegado a ser una amenaza para la existencia futura del conjunto de la humanidad. Esto ha sido así debido al carácter global que ha alcanzado el sistema y ha su capacidad para expandir la producción y la población, mas allá de lo imaginable. Se ha llegado a este punto porque en este sistema, los capitalistas han logrado volver ineficaces cualquier tipo de fuerzas que tratasen de limitar sus actividades en nombre de valores diferentes a los de la mera acumulación de capital.
El capitalismo histórico se encuentra en crisis debido a que no encuentra soluciones razonables a sus actuales problemas, de entre los que su incapacidad para remediar el creciente deterioro ambiental es de los más importantes, pero no es el único.
A este respecto, la legislación reformista presenta límites inherentes. Estos límites vienen impuestos por la feroz oposición política a la que tendrá que hacer frente, dado el impacto que sobre la acumulación de capital podrían tener estas medidas. A modo de ejemplo, cabe señalar los reiterados fracasos que experimentó el Comisario Europeo para el Medio Ambiente Ripa di Meana, en sus intentos por establecer un ecoimpuesto europeo sobre las emisiones de dióxido de carbono y sobre la energía. Sin embargo, todo cuanto se avance en este aspecto será positivo, además, cabe reseñar que el mero hecho de plantear los problemas de fondo que presenta el sistema, servirá para avanzar más rápidamente hacia su superación. Así, medidas como la reforma fiscal verde podrían, hipotéticamente, contribuir de manera decisiva a la sostenibilidad del sistema vigente, sin embargo, su implementación resulta harto compleja dado el juego de intereses que debe vencer. No conviene olvidar, que la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, lo que hace pensar que cualquier medida susceptible de perjudicar los intereses del capital en general, o de alguna de sus facciones, deberá vencer las enormes resistencias impulsadas por la clase que detenta los mecanismos del poder.
Pero, y a la vista de todo lo anterior, ¿Por donde pasa entonces la solución a los graves problemas que amenazan la vida en el conjunto del planeta?. La solución pasa necesariamente por la superación del modo de producción actualmente dominante. La incesante acumulación de capital es un objetivo materialmente irracional, frente al que se debe instrumentar un sistema basado en la racionalidad material colectiva e inspirado en criterios de sostenibilidad. No es posible seguir defendiendo políticas tendentes a incrementar el tamaño de la escala productiva en un mundo que ha alcanzado, o está próximo a alcanzar, sus límites físicos. Ha llegado el momento de discutir acerca de la forma de planificar y dirigir la actividad económica para que sus frutos se repartan con una mayor equidad entre todas los habitantes del planeta. Es hora de que la economía trabaje al servicio del ser humano y de la naturaleza, y de que la naturaleza y el ser humano dejen de estar al servicio de la economía. Por supuesto, el cambio de sistema económico no será posible ni eficaz, si no va acompañado de un cambio paralelo en la mentalidad y la actitud de todos cuantos poblamos el planeta. Los nuevos problemas tienen un carácter global y transgeneracional, por lo que requieren soluciones de carácter planetario e intertemporal, lo que significa que debemos abandonar todo tipo de actitudes chovinistas y cortoplacistas.
El reto ante el que nos enfrentamos es de dimensiones titánicas, pero la solución está en nuestras manos y las posibilidades que se aparecen si lo afrontamos de manera satisfactoria son tantas que merece la pena encararlo con determinación. Al fin y al cabo, aun estamos en posición de decidir sobre nuestro propio futuro. De no hacerlo de manera inmediata, será el futuro el que decidirá por nosotros. "
Comentario:
...Me gusta...
...Aunque me temo que hace mucho que el futuro decidió que no quiere llegar a serlo...
...Sigue escribiendo...
...Salud!...
...Aunque me temo que hace mucho que el futuro decidió que no quiere llegar a serlo...
...Sigue escribiendo...
...Salud!...

