Cayucos hechos de sueños.
Durante algún tiempo las llamaban pateras.
Al principio, nadie sabía lo que eran, luego nos acostumbramos a comer, mientras por la tele veíamos como descendían de ellas hombres, mujeres y niños, medio muertos de hambre, frío y miedo, pero repletos de ilusiones.
No hacía mucho tiempo, nuestros abuelos, tíos o primos, también habían partido hacia la avanzada Europa con unas maletas repletas de sueños.
Sin duda, ver por nuestras teles de plasma la reciente invasión subsahariana era la señal inequívoca de que habíamos entrado en el club de los ricos, y no hay peores ricos que los nuevos ricos. Los nuevos ricos desprecian a los pobres, no tanto porque los crean inferiores a ellos, sino precisamente, porque saben que nada les diferencia, y si los pobres se pueden convertir en ricos, los ricos pueden dejar de serlo.
Como nuevos ricos, comenzamos a hablar de la necesidad de reforzar la vigilancia en las costas, de repatriaciones, de alambradas, de delincuencia..... y pusimos sobre el inmigrante la sombra de la duda.
Como nuevos ricos, señalamos como uno de los problemas mas acuciantes del país a la inmigración, pero jamás se nos ocurrió pensar que en realidad, nuestro verdadero problema era la miseria de nuestros semejantes. Criticamos sus pequeños robos en nuestras calles y silenciamos nuestros tremendos expolios en sus países, criticamos su inadaptación, pero decidimos pagarles la mitad de un salario digno....
¿Y todo esto porque? ¿Con que derecho? Con el derecho que nos otorga el haber nacido unos 50 kilómetros mas arriba de Marruecos, el merito indudable de ser español. Y mientras tanto, yo no puedo dejar de pensar, que cualquiera que es capaz de cruzar un océano encima de cuatro tablas con el único propósito de llegar a esta tierra, tiene bastante mas derecho que un servidor a ser y sentirse español .
Mientras no nos demos cuenta de la mentira que suponen las fronteras, las patrias y las banderas, seguiremos señalando a la inmigración como un problema; cuando abramos los ojos, no dejaremos de señalar al capitalismo salvaje y a su engendro globalizante como el único y verdadero problema.
Hoy, los llaman cayucos, dicen que están hechos de madera, es mentira, están hechos de sueños.
Al principio, nadie sabía lo que eran, luego nos acostumbramos a comer, mientras por la tele veíamos como descendían de ellas hombres, mujeres y niños, medio muertos de hambre, frío y miedo, pero repletos de ilusiones.
No hacía mucho tiempo, nuestros abuelos, tíos o primos, también habían partido hacia la avanzada Europa con unas maletas repletas de sueños.
Sin duda, ver por nuestras teles de plasma la reciente invasión subsahariana era la señal inequívoca de que habíamos entrado en el club de los ricos, y no hay peores ricos que los nuevos ricos. Los nuevos ricos desprecian a los pobres, no tanto porque los crean inferiores a ellos, sino precisamente, porque saben que nada les diferencia, y si los pobres se pueden convertir en ricos, los ricos pueden dejar de serlo.
Como nuevos ricos, comenzamos a hablar de la necesidad de reforzar la vigilancia en las costas, de repatriaciones, de alambradas, de delincuencia..... y pusimos sobre el inmigrante la sombra de la duda.
Como nuevos ricos, señalamos como uno de los problemas mas acuciantes del país a la inmigración, pero jamás se nos ocurrió pensar que en realidad, nuestro verdadero problema era la miseria de nuestros semejantes. Criticamos sus pequeños robos en nuestras calles y silenciamos nuestros tremendos expolios en sus países, criticamos su inadaptación, pero decidimos pagarles la mitad de un salario digno....
¿Y todo esto porque? ¿Con que derecho? Con el derecho que nos otorga el haber nacido unos 50 kilómetros mas arriba de Marruecos, el merito indudable de ser español. Y mientras tanto, yo no puedo dejar de pensar, que cualquiera que es capaz de cruzar un océano encima de cuatro tablas con el único propósito de llegar a esta tierra, tiene bastante mas derecho que un servidor a ser y sentirse español .
Mientras no nos demos cuenta de la mentira que suponen las fronteras, las patrias y las banderas, seguiremos señalando a la inmigración como un problema; cuando abramos los ojos, no dejaremos de señalar al capitalismo salvaje y a su engendro globalizante como el único y verdadero problema.
Hoy, los llaman cayucos, dicen que están hechos de madera, es mentira, están hechos de sueños.
Comentario:
No se si somos xenófobos, racistas o estúpidos porque tenemos miedo, o tenemos miedo porque somos xenófobos racistas y estúpidos...
Que se sepa, ningún ser humano es ilegal...
Que se sepa, las fronteras las hacemos nosotros...
Que se sepa...
Que la globalización sólo afecta a los capitales y no a las personas...
Graciñas Luar
Que se sepa, ningún ser humano es ilegal...
Que se sepa, las fronteras las hacemos nosotros...
Que se sepa...
Que la globalización sólo afecta a los capitales y no a las personas...
Graciñas Luar

