Auld lang syne
Should auld acquaintance be forgot,
And never brought to mind?
Should auld acquaintance be forgot,
And days o’ lang syne!
La hora de los adioses... o los hastaluegos.
Mañana es el último día de mi intensivo en cacahuetología y me produce una gran satisfacción, y se me llena la boca cada vez que lo digo: el ÚLTIMO DÍA.
Tengo un dolor de cabeza mortal porque mi necesidad física de cafeína después de la comida no se ha visto colmada hoy, dado que:
a) Estábamos en medio de un monte (monte diferente al último monte mencionado en post anterior, por supuesto)
b) Mis responsabilidades para con los susodichos cacahuetes me impedían dejarlos allí tirados y salir corriendo al bar más cercano (que debía de estar a unos cuantos kilómetros, a juzgar por lo que pude intuir).
Así que digamos que es en estos momentos cuando por fín empiezo a volver a la vida, ingeriendo e inhalando todas las dosis diarias de cafeína y nicotina de las que no he podido echar mano antes.
A partir de mañana a las cinco de la tarde (a las cinco de la tarde, a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde, a las cinco se los llevarán sus progenitores) podré hacer un sinfín de cosas que me han sido negadas y prohibídas durante cinco semanas, de las que elaboro una lista a continuación:
1. Fumar cual carretero en paro.
2. Decir tacos a diestro y siniestro.
3. Ir al gimnasio.
4. Comer como persona adulta en mesa adulta y utilizando cubertería adulta.
5. Tomar café de verdada, y en taza, no en vaso de plástico.
6. Pasarme horas delante del ordenador traduciendo y preparándome el examen de septiembre.
7. Sonreír sólo cuando tenga ganas, no cuando el paramecio de turno viene con un escarabajo pelotero indeseable y asqueroso en la mano para enseñármelo (y es aquello que me entran ganas de decirles: "Mira cariñín, vivo en el Raval. En mi barrio hay escarabajos que miden como treinta de lo que llevas en la mano, así que no te me hagas el/la valiente").
8. No tener que pasar por el trauma diario de la recogida, donde se masca la tensión entre progenitores/as y educadores/as, y nos propinamos miradas sucias de esas que no dejan lugar a conversación, del tipo: "Qué le habrás hecho a mi niña hoy" - "mira, malfollada subnormal profunda, no conocerías a tu hija ni aunque la pobre niña saliera en televisión cada día, así que no me vengas de madre sufridora ahora, ¿estamos?" y un largo etcétera de estiras y aflojas en que los pobres cacahuetes (léase, las criaturas) quedan en medio con su mochilita, sus camisetas llenas de barro, salsa de tomate y otras sustancias en cuya enumeración prefiero no adentrarme, y sus gorritas de color naranja, marrón o marrón-naranja, según las actividades del día.
Cada vez me da más miedo traer criaturas al mundo. ¿A qué mundo van a venir? Me es muy fácil hablar de lo malos y malas que son los padres y las madres de hoy en día, porque yo no he tenido churumbeles todavía y no sé lo que es trabajar como una loca para darles un futuro mejor y no poder prestarles ni un mínimo de atención por el agotamiento causado de tanto trabajar para darles un futuro mejor.
Por otra parte también me doy cuenta de que hay criaturas cuya inteligencia sí que es estimulada en casa, y se les nota a kilómetros, porque saben cosas, preguntan incansablemente, se desenvuelven bien y sólo lloran cuando las circunstancias lo requieren (id est, en caso de aparición de sangre en rodilla u otros sitios del cuerpo, picaduras de insectos desconocidos o severa hinchazón genital por parte de compañero/a tocapelotas) Es entonces cuando pienso que aún queda esperanza para mí, y que puedo llegar a pertenecer a ese diminuto porcentaje de madres que pasan el tiempo que pueden con sus criaturas, pero que lo hacen como es debido, no a lo mecawendiez.
En fin, mañana es el día de la hora de los asioses y hastaluegos, y estoy contenta. Estoy contenta porque creo haberles aportado algo bueno de mí, porque a mí también me han aportado mucho, porque no ha habido ningún accidente grave (si no consideramos accidente grave el hecho de que un macaco de cinco años se cague en el bañador, pero eso ya es otro tema)
Y dicho esto es cuando me entra la morriña. Los besitos y abrazotes de mañana van a ser los últimos, y aunque no se lo crean, yo también tengo mi pequeño corazoncito, bajo las densas capas de mala leche, acidez verbal y esas cosas de las que me ha revestido la vida. Yo aún me derrito cuando viene un paramecio con sus andares torpes y su ropa, sucia hasta límites insospechables, y se me abraza a una pierna, que es a todo lo que llega, cual sanguijuela mortal, y me dice: "guapaaaa". Y quién no se derretiría, dioses. Quién es el chulo o la chula que se quita a esa monada de turno de encima al grito de "aparta, que das calor".
Pues bueno... luego vuelvo por el colegio y veo que ya no son paramecios, que el cacahuete se convierte en banana, la banana en chimpancé y el chimpancé en oso. Y el oso viene, me pega un abrazo y me recuerda cosas que le dije cuando era paramecio-cacahuete, y yo me deshago las neuronas para recordar cómo se llamaba la criatura de marras, que ahora mide dos metros y medio y tiene barba.
Esas cosas pasan. Por eso me gusta dejar buenos recuerdos.
Por eso he aguantado semanas sin asesinar de un borradorazo en la cabeza a una ameba que tengo en mi grupo que es más inútil que la corteza del pan bimbo. Porque esa ameba ha aprendido cosas, lo cual quiere decir que aún hay esperanza.
Me estoy poniendo triste. Estoy completamente agotada. No puedo más. Incluso he renunciado a la boldam sólo por mantener la cabeza despierta para los cachuetes. He renunciado a parecer persona, a comportarme como tal, a escribir posts con más sustancia, a hacer todas las cosas que tengo por hacer... y aún así, ahora que voy a poder llevar vida normal (normal dentro de quien soy, obviamente) me estoy poniendo de un morriñoso que no me soporto ni yo.
Lo malo es que cuando estás así sólo le puedes pegar el rollo a alguien que se dedique a lo mismo. Alguien como Sacarina, por ejemplo, que vive esto de las criaturas con el mismo masoquismo que yo (o puede que más). Alguien como Frida, que las ha pasado de todos los colores en el gremio.
Carajo, no me pregunten por qué son mis dos mejores amigas. Debe de ser patológico.
Hoy he dejado a dos monicacas sin piscina para mañana, pero ahora no me veo con fuerzas de agarrar mañana, el último día, y decirles que no se bañan. Me mirarán con esos ojitos llorosos, empezarán a hacer esa mueca pucheril con la boca, bajarán las cabecitas, les veré esos coleteros con ositos de colores y se me caerán las bragas al suelo de golpe por ser tan ogro. Creo que voy a hacer la vista gorda, por muy putas que me las hayan hecho pasar hoy.
Mañana va a ser uno de esos días de mixed feelings a tope... espero portarme a la altura. Después de todo, soy una persona adulta. Dentro de dos semanas cumpliré veintipico más uno, y ya va siendo hora de madurar.
Dentro de lo que a mí me parecerá poco veré a todos esos cacahuetes convertidos en personas adultas caminando por la calle con el zapato derecho en el pie derecho, y el izquierdo en el izquierdo, y la camiseta del derecho, y me acordaré de mis dolores de cabeza (y mis carcajadas interiores), de sus caras de incomprensión ante mi frustración, de sus saltos y sus carreras, de sus comentarios tan puntillosos, de la manera tan salvaje que tenían de vivir la vida... y me daré cuenta, otra vez, de lo rapidísimo que vuela el tiempo.
For old long ago, my dear
For old long ago,
We will take a cup of kindness yet
For old long ago.
And never brought to mind?
Should auld acquaintance be forgot,
And days o’ lang syne!
La hora de los adioses... o los hastaluegos.
Mañana es el último día de mi intensivo en cacahuetología y me produce una gran satisfacción, y se me llena la boca cada vez que lo digo: el ÚLTIMO DÍA.
Tengo un dolor de cabeza mortal porque mi necesidad física de cafeína después de la comida no se ha visto colmada hoy, dado que:
a) Estábamos en medio de un monte (monte diferente al último monte mencionado en post anterior, por supuesto)
b) Mis responsabilidades para con los susodichos cacahuetes me impedían dejarlos allí tirados y salir corriendo al bar más cercano (que debía de estar a unos cuantos kilómetros, a juzgar por lo que pude intuir).
Así que digamos que es en estos momentos cuando por fín empiezo a volver a la vida, ingeriendo e inhalando todas las dosis diarias de cafeína y nicotina de las que no he podido echar mano antes.
A partir de mañana a las cinco de la tarde (a las cinco de la tarde, a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde, a las cinco se los llevarán sus progenitores) podré hacer un sinfín de cosas que me han sido negadas y prohibídas durante cinco semanas, de las que elaboro una lista a continuación:
1. Fumar cual carretero en paro.
2. Decir tacos a diestro y siniestro.
3. Ir al gimnasio.
4. Comer como persona adulta en mesa adulta y utilizando cubertería adulta.
5. Tomar café de verdada, y en taza, no en vaso de plástico.
6. Pasarme horas delante del ordenador traduciendo y preparándome el examen de septiembre.
7. Sonreír sólo cuando tenga ganas, no cuando el paramecio de turno viene con un escarabajo pelotero indeseable y asqueroso en la mano para enseñármelo (y es aquello que me entran ganas de decirles: "Mira cariñín, vivo en el Raval. En mi barrio hay escarabajos que miden como treinta de lo que llevas en la mano, así que no te me hagas el/la valiente").
8. No tener que pasar por el trauma diario de la recogida, donde se masca la tensión entre progenitores/as y educadores/as, y nos propinamos miradas sucias de esas que no dejan lugar a conversación, del tipo: "Qué le habrás hecho a mi niña hoy" - "mira, malfollada subnormal profunda, no conocerías a tu hija ni aunque la pobre niña saliera en televisión cada día, así que no me vengas de madre sufridora ahora, ¿estamos?" y un largo etcétera de estiras y aflojas en que los pobres cacahuetes (léase, las criaturas) quedan en medio con su mochilita, sus camisetas llenas de barro, salsa de tomate y otras sustancias en cuya enumeración prefiero no adentrarme, y sus gorritas de color naranja, marrón o marrón-naranja, según las actividades del día.
Cada vez me da más miedo traer criaturas al mundo. ¿A qué mundo van a venir? Me es muy fácil hablar de lo malos y malas que son los padres y las madres de hoy en día, porque yo no he tenido churumbeles todavía y no sé lo que es trabajar como una loca para darles un futuro mejor y no poder prestarles ni un mínimo de atención por el agotamiento causado de tanto trabajar para darles un futuro mejor.
Por otra parte también me doy cuenta de que hay criaturas cuya inteligencia sí que es estimulada en casa, y se les nota a kilómetros, porque saben cosas, preguntan incansablemente, se desenvuelven bien y sólo lloran cuando las circunstancias lo requieren (id est, en caso de aparición de sangre en rodilla u otros sitios del cuerpo, picaduras de insectos desconocidos o severa hinchazón genital por parte de compañero/a tocapelotas) Es entonces cuando pienso que aún queda esperanza para mí, y que puedo llegar a pertenecer a ese diminuto porcentaje de madres que pasan el tiempo que pueden con sus criaturas, pero que lo hacen como es debido, no a lo mecawendiez.
En fin, mañana es el día de la hora de los asioses y hastaluegos, y estoy contenta. Estoy contenta porque creo haberles aportado algo bueno de mí, porque a mí también me han aportado mucho, porque no ha habido ningún accidente grave (si no consideramos accidente grave el hecho de que un macaco de cinco años se cague en el bañador, pero eso ya es otro tema)
Y dicho esto es cuando me entra la morriña. Los besitos y abrazotes de mañana van a ser los últimos, y aunque no se lo crean, yo también tengo mi pequeño corazoncito, bajo las densas capas de mala leche, acidez verbal y esas cosas de las que me ha revestido la vida. Yo aún me derrito cuando viene un paramecio con sus andares torpes y su ropa, sucia hasta límites insospechables, y se me abraza a una pierna, que es a todo lo que llega, cual sanguijuela mortal, y me dice: "guapaaaa". Y quién no se derretiría, dioses. Quién es el chulo o la chula que se quita a esa monada de turno de encima al grito de "aparta, que das calor".
Pues bueno... luego vuelvo por el colegio y veo que ya no son paramecios, que el cacahuete se convierte en banana, la banana en chimpancé y el chimpancé en oso. Y el oso viene, me pega un abrazo y me recuerda cosas que le dije cuando era paramecio-cacahuete, y yo me deshago las neuronas para recordar cómo se llamaba la criatura de marras, que ahora mide dos metros y medio y tiene barba.
Esas cosas pasan. Por eso me gusta dejar buenos recuerdos.
Por eso he aguantado semanas sin asesinar de un borradorazo en la cabeza a una ameba que tengo en mi grupo que es más inútil que la corteza del pan bimbo. Porque esa ameba ha aprendido cosas, lo cual quiere decir que aún hay esperanza.
Me estoy poniendo triste. Estoy completamente agotada. No puedo más. Incluso he renunciado a la boldam sólo por mantener la cabeza despierta para los cachuetes. He renunciado a parecer persona, a comportarme como tal, a escribir posts con más sustancia, a hacer todas las cosas que tengo por hacer... y aún así, ahora que voy a poder llevar vida normal (normal dentro de quien soy, obviamente) me estoy poniendo de un morriñoso que no me soporto ni yo.
Lo malo es que cuando estás así sólo le puedes pegar el rollo a alguien que se dedique a lo mismo. Alguien como Sacarina, por ejemplo, que vive esto de las criaturas con el mismo masoquismo que yo (o puede que más). Alguien como Frida, que las ha pasado de todos los colores en el gremio.
Carajo, no me pregunten por qué son mis dos mejores amigas. Debe de ser patológico.
Hoy he dejado a dos monicacas sin piscina para mañana, pero ahora no me veo con fuerzas de agarrar mañana, el último día, y decirles que no se bañan. Me mirarán con esos ojitos llorosos, empezarán a hacer esa mueca pucheril con la boca, bajarán las cabecitas, les veré esos coleteros con ositos de colores y se me caerán las bragas al suelo de golpe por ser tan ogro. Creo que voy a hacer la vista gorda, por muy putas que me las hayan hecho pasar hoy.
Mañana va a ser uno de esos días de mixed feelings a tope... espero portarme a la altura. Después de todo, soy una persona adulta. Dentro de dos semanas cumpliré veintipico más uno, y ya va siendo hora de madurar.
Dentro de lo que a mí me parecerá poco veré a todos esos cacahuetes convertidos en personas adultas caminando por la calle con el zapato derecho en el pie derecho, y el izquierdo en el izquierdo, y la camiseta del derecho, y me acordaré de mis dolores de cabeza (y mis carcajadas interiores), de sus caras de incomprensión ante mi frustración, de sus saltos y sus carreras, de sus comentarios tan puntillosos, de la manera tan salvaje que tenían de vivir la vida... y me daré cuenta, otra vez, de lo rapidísimo que vuela el tiempo.
For old long ago, my dear
For old long ago,
We will take a cup of kindness yet
For old long ago.
Licenciatura en ciencias cacahuetológicas.
Esta es la última semana de poner bañadores, reprimir chillidos monstruosos (y alguna que otra colleja que me gustaría dar), de cantar canciones que avergonzarían a la propia Britney Spears, de sacar mocos de narices, ojos y otros orificios de pequeños cuerpecitos humanos en proceso de cocción, de bailar reggaeton con especímenes masculinos que me llegan a poco más que las rodillas, de quince abrazos y treinta besos cada mañana y otros quince y otros treinta por la tarde (sin contar los innumerables que más que darme, me propinan, durante todo el día) de trabajos manuales que superarían los índices de pegajosidad de una fábrica de chicles, de oler un montón de pares de orejas escuchando atentamente cualquiera de mis historias... De preguntas insólitas, maquiavélicas, planeadas... ("Eso de que mataron a muchos aborígenes y montaron "puebbos" y todo eso está muy bien, pero ¿Cuándo se complica el cuento? ¿Y la "pincesa"? ¿No hay pincesa?")
La última semana de cansancio, pero la última de cariño incondicional indefinido también. Mixed feelings, qué puedo decir.
"A ella le guuustalagasoliiina, le encaaantalagasoliiiina, damemasgaso-liiiina, terén, ten, ten, terén, ten, teeen".
Tengo que dejar esto del reggaeton. Tengo una reputación. Tengo planes de futuro.
Voy a echar de menos esas caritas, esas palabras medio dichas (mi mae me ha dicho que me tengo de tomar la "misina" a las dose para no toser tanto" -apuntándome peligrosamente con bote de jarabe); esa mugre que se les acumula a sendos lados de la nariz después de una sesión de jugueteo en la arena con cubos, palas y demás parafernalia playerística, donde investigan todas y cada una de las conchitas que se encuentran (y te las traen una por una para que las investigues tú también) de descubrimientos genitales ("Halaaa, jajajajaaaaa, mira eso que le cuelgaaaa, buaajajajaaaaa" etc.); esas sonrisas y esa ilusión permanente por las cosas; esa especial obsesión por coleccionar insectos de todo tipo guardándolos en manos y bolsillos; esos ojitos brillantes, esas rodillas peladas de tanto caerse y esas manos sucias de tanto volver a levantarse...
Seguiré cantando "El monstre de Banyoles", cuando me entre la nostalgia...
En fin, me quedan cuatro días de locuras, diversión y agotamiento sin límites.
Los cacahuetes son el mejor de los libros: te lo quieres acabar de una vez porque te está matando, pero no quieres acabártelo porque te aporta demasiado.
La última semana de cansancio, pero la última de cariño incondicional indefinido también. Mixed feelings, qué puedo decir.
"A ella le guuustalagasoliiina, le encaaantalagasoliiiina, damemasgaso-liiiina, terén, ten, ten, terén, ten, teeen".
Tengo que dejar esto del reggaeton. Tengo una reputación. Tengo planes de futuro.
Voy a echar de menos esas caritas, esas palabras medio dichas (mi mae me ha dicho que me tengo de tomar la "misina" a las dose para no toser tanto" -apuntándome peligrosamente con bote de jarabe); esa mugre que se les acumula a sendos lados de la nariz después de una sesión de jugueteo en la arena con cubos, palas y demás parafernalia playerística, donde investigan todas y cada una de las conchitas que se encuentran (y te las traen una por una para que las investigues tú también) de descubrimientos genitales ("Halaaa, jajajajaaaaa, mira eso que le cuelgaaaa, buaajajajaaaaa" etc.); esas sonrisas y esa ilusión permanente por las cosas; esa especial obsesión por coleccionar insectos de todo tipo guardándolos en manos y bolsillos; esos ojitos brillantes, esas rodillas peladas de tanto caerse y esas manos sucias de tanto volver a levantarse...
Seguiré cantando "El monstre de Banyoles", cuando me entre la nostalgia...
En fin, me quedan cuatro días de locuras, diversión y agotamiento sin límites.
Los cacahuetes son el mejor de los libros: te lo quieres acabar de una vez porque te está matando, pero no quieres acabártelo porque te aporta demasiado.
THE BABYNATOR.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De severo hinchamiento de moral. Ayer, y después de jurar y rejurar que nunca en mi vida terrenal ni post-mortem volvería a un parque acuático, tuve que volver a un maldito parque acuático. Ah, pero no se preocupen, porque éste estuvo mucho mejor. En este había muchos más animales. De los enjaulados que hacen de mono de feria, como los delfines y los guacamayos, y de los que son de muchos colores y vienen en autocar desde Malgrat (tras un par de horas de Ryanair), como los leones marinos, las cacatúas, los loros... En si, el día fue un gran espectáculo. Creo que la actuación que más me gustó fue la de mis cacahuetes, que por una vez en su vida lograron hacer fila de dos sin tener que apuntarles con un borrador de madera.
(Eso último era broma. Que luego me vienen diciendo que si crueldad infantil y pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo. Quiero decir, que SÍ hicieron fila, pero no les amenazo con borradores. Les amenazo con castigos que siempre implican quedarse sin piscina. Y los cumplo, no como otras histéricas que he tenido de profesoras, que gritan mucho pero a la hora de la verdad...)
2. De profundo agradecimiento hacia aquellas gentes que aún me leen. Muchas gracias por la paciencia. Vendrán tiempos mejores muy pronto, lo aseguro. (En fin, al menos lo espero)
3. De pesadillas con macarrones de colores. Nunca se embarquen en proyectos con pinturas de colores y criaturas de cuatro años mezclados en una misma clase. Y menos con macarrones de por medio, que se rompen.
Resulta que se me ocurrió que hiciéramos collaritos surferos con macarrones cortos, pintados de colores. Les expliqué la historia del surf desde los principios de la Malibú, cuando la inventaron los indígenas hawaiianos (No sé por qué, pero les encantan las historias de indios. También les expliqué la del cacao, y la del cacao y la Malinche, versión oídos inexpertos, y la parte que más les gusta es siempre la de "Qué hacían los indios"). En fin, luego les dije que íbamos a hacer collaritos surferos, les puse unos buenos puñados de macarrones en dos platos por mesa y se lanzaron hacia ellos como perros salvajes muertos de hambre.
Entonces se me ocurrió que igual había que explicarles que los macarrones crudos no sientan bien al estómago y que además, aquellos eran para los collaritos, no de merienda.
Es que hay que explicarlo todo, joder. Luego se quejan de que les duelen los dientes.
Punto a favor: una vez pintados, a nadie se le ocurrió comerse un macarrón. En fín, que hay que mirarle siempre el lado bueno, ¿no?
4. De cansancio permanente. Pero eso es el lugar común de estos días, y ya aburrí bastante con él en otros posts, así que no lo repito.
5. De satisfacción personal secreta. Después de aquella conversación tan poco deseada con mi señora madre en que me dijo que siguiera el ejemplo de mi hermano y que no "inventara" "Inventos de los míos" (míos, no suyos, quiero decir) llegué al cole el lunes y el director me había dado un grupo para mí sola. Y no un grupo cualquiera, no. El grupo de Pre-escolar 4 (Es decir, de cuatro años), bajo mi responsabilidad.
Tres días después tengo a un paramecio que ya se pone solito los zapatos, (el del izquierdo en el derecho y viceversa, pero todo se andará) dos adoptados que ya han entendido que no pueden ir pegando puñetazos a la gente y otro que apunta dentro de la taza por primera vez en su vida estos días, so pena de pillar mocho y cargar con él si no lo hace, porque ya les he dicho que yo no soy ni su mamá ni su niñera ni su filip... criada. Así que o se espabilan, o los espabilo.
Antes de ayer ya dejé a una mocosa sin piscina, y hoy hay una Britney Spears en potencia que hoy no se baña, aunque baje Beethoven y me lo ruegue de rodillas. Me creo Bullinator, la superheroína contra los y las bullies de las clases, sí, y me da igual lo que digan de mí. No soporto que una malcriada ególatra y encantada de conocerse vaya por ahí toreando a la gente de su clase con sólo cuatro años de edad. Acabáramos. Tuvo sus avisos, eso sí. Y su segunda oportunidad. Y sus quince minutos sentada en una silla en los que se suponía que tenía que pensar en cómo estaba tratando al prójimo.
Con esta gente hay que ir revestida de algo que muy a mi pesar conozco de maravilla: mala leche y mucha adrenalina.
Así estoy.
1. De severo hinchamiento de moral. Ayer, y después de jurar y rejurar que nunca en mi vida terrenal ni post-mortem volvería a un parque acuático, tuve que volver a un maldito parque acuático. Ah, pero no se preocupen, porque éste estuvo mucho mejor. En este había muchos más animales. De los enjaulados que hacen de mono de feria, como los delfines y los guacamayos, y de los que son de muchos colores y vienen en autocar desde Malgrat (tras un par de horas de Ryanair), como los leones marinos, las cacatúas, los loros... En si, el día fue un gran espectáculo. Creo que la actuación que más me gustó fue la de mis cacahuetes, que por una vez en su vida lograron hacer fila de dos sin tener que apuntarles con un borrador de madera.
(Eso último era broma. Que luego me vienen diciendo que si crueldad infantil y pollas en vinagre, como dicen en mi pueblo. Quiero decir, que SÍ hicieron fila, pero no les amenazo con borradores. Les amenazo con castigos que siempre implican quedarse sin piscina. Y los cumplo, no como otras histéricas que he tenido de profesoras, que gritan mucho pero a la hora de la verdad...)
2. De profundo agradecimiento hacia aquellas gentes que aún me leen. Muchas gracias por la paciencia. Vendrán tiempos mejores muy pronto, lo aseguro. (En fin, al menos lo espero)
3. De pesadillas con macarrones de colores. Nunca se embarquen en proyectos con pinturas de colores y criaturas de cuatro años mezclados en una misma clase. Y menos con macarrones de por medio, que se rompen.
Resulta que se me ocurrió que hiciéramos collaritos surferos con macarrones cortos, pintados de colores. Les expliqué la historia del surf desde los principios de la Malibú, cuando la inventaron los indígenas hawaiianos (No sé por qué, pero les encantan las historias de indios. También les expliqué la del cacao, y la del cacao y la Malinche, versión oídos inexpertos, y la parte que más les gusta es siempre la de "Qué hacían los indios"). En fin, luego les dije que íbamos a hacer collaritos surferos, les puse unos buenos puñados de macarrones en dos platos por mesa y se lanzaron hacia ellos como perros salvajes muertos de hambre.
Entonces se me ocurrió que igual había que explicarles que los macarrones crudos no sientan bien al estómago y que además, aquellos eran para los collaritos, no de merienda.
Es que hay que explicarlo todo, joder. Luego se quejan de que les duelen los dientes.
Punto a favor: una vez pintados, a nadie se le ocurrió comerse un macarrón. En fín, que hay que mirarle siempre el lado bueno, ¿no?
4. De cansancio permanente. Pero eso es el lugar común de estos días, y ya aburrí bastante con él en otros posts, así que no lo repito.
5. De satisfacción personal secreta. Después de aquella conversación tan poco deseada con mi señora madre en que me dijo que siguiera el ejemplo de mi hermano y que no "inventara" "Inventos de los míos" (míos, no suyos, quiero decir) llegué al cole el lunes y el director me había dado un grupo para mí sola. Y no un grupo cualquiera, no. El grupo de Pre-escolar 4 (Es decir, de cuatro años), bajo mi responsabilidad.
Tres días después tengo a un paramecio que ya se pone solito los zapatos, (el del izquierdo en el derecho y viceversa, pero todo se andará) dos adoptados que ya han entendido que no pueden ir pegando puñetazos a la gente y otro que apunta dentro de la taza por primera vez en su vida estos días, so pena de pillar mocho y cargar con él si no lo hace, porque ya les he dicho que yo no soy ni su mamá ni su niñera ni su filip... criada. Así que o se espabilan, o los espabilo.
Antes de ayer ya dejé a una mocosa sin piscina, y hoy hay una Britney Spears en potencia que hoy no se baña, aunque baje Beethoven y me lo ruegue de rodillas. Me creo Bullinator, la superheroína contra los y las bullies de las clases, sí, y me da igual lo que digan de mí. No soporto que una malcriada ególatra y encantada de conocerse vaya por ahí toreando a la gente de su clase con sólo cuatro años de edad. Acabáramos. Tuvo sus avisos, eso sí. Y su segunda oportunidad. Y sus quince minutos sentada en una silla en los que se suponía que tenía que pensar en cómo estaba tratando al prójimo.
Con esta gente hay que ir revestida de algo que muy a mi pesar conozco de maravilla: mala leche y mucha adrenalina.
Así estoy.
Fear and loathing in Barcelona.
Estoy permanentemente cansada. Quizá esté incubando algo crónico, o muy grave, de alguna manera. Estoy cansada, me duele la cabeza por defecto y no hago más que comer y hartarme de alcohol los fines de semana. Lo peor es que en éste último fue mi propio jefe, al que llamaré Mitch (por el de los vigilantes, sí) quien me dijo: "Si quieres dedicarte a la enseñanza, más vale que empieces a acostumbrar el hígado". Con una pájara descomunal, el tío.
Quizá sea verdad. Después de todo, una profesora de la facultad nos dijo que el cincuenta por ciento de la gente que ingresa en psiquiátricos son personal docente, y el otro cincuenta, intérpretes. Qué futuro me espera.
De momento, me quedan dos semanas de cacahuetología. Semanas aún más interesantes que las tres pasadas, dado que los cacahuetes de ahora son aún más pequeños (cuatro y cinco años) y los dos personajes con los que voy a trabajar (monitoraje) aún más jóvenes que Pimpollo.
Pimpollo y Corleone se han hecho íntimos. Corleone y yo también, o casi. Surferboy acabó liado el viernes pasado con Charliesangel, una fantástica colega de borracheras (cualquiera diría, con lo que llegó a ingerir, que la moza es profe de educación física. Menuda berza llevaba. Pero claro, allí yo era la única no profesional del deporte, y la más sobria, por una vez).
Mi Bro no hacía más que beber cubatas muy dulces y muy cargados y dar saltos por el sitio como si le picaran las costuras de los calzoncillos. Y yo miraba tíos en bañador. No puedo evitarlo. Una llega a unas edades y unos estados etílicos... pero que yo sepa sólo hay dos tipos de pecados: por acción o por omisión. La biblia no dice nada de los pecados por visión.
Ring.
Acabo de tener la enésima conversación no deseada con mi señora madre. En realidad, ha sido más bien un monólogo en que ella soltaba sus verdades universales y yo me mordía hasta la camiseta para no soltarle mis sandeces universales. Que si me deje guiar por mi hermano, porque yo no tengo ni idea de criaturas, que si no haga "inventos" de los míos (me pregunto a qué se refería con eso. De hecho, se lo he preguntado a ella también, pero claro... es dificl concretar y especificar sobre algo que te acabas de sacar de... , ¿no?)
En fin. Me encanta dejarme la piel cada día, intentar analizar mis actos, mis reacciones, mi relación con las criaturas, cada noche y que mi propia madre me tire todo por tierra, un domingo cualquiera.
Me encanta esto de tener que empezar una semana entera con criaturas sabiendo a ciencia cierta, de boca de una veterana educadora infalible, que no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo, y que debo dejarme guiar por mi hermano pequeño, que sabe mucho más del tema. No estoy diciendo que no sepa. Lo único que estoy diciendo es que llevo diez años trabajando con criaturas, y que algo debo de saber cuando he conseguido tantas cosas.
Pero claro, mi señora madre nunca podría admitir nada bueno de mí. (Ni me ha preguntado por mis notas, fíjense. Y eso que tengo un sobresaliente en la pedazo megatraducción sobre el cacao y un notable en aquella asignatura horriblemente absurda y carente de utilidad).
No me ha preguntado mis notas porque sé que de aguna manera le jode que acabe la carrera. Y le jode, porque ahora tiene que encontrar otro tema con el que machacarme, ahora que ya se sentía a sus anchas con el de la carrera.
Tengo que salir de aquí.
Tengo que escaparme de este círculo vicioso. Tengo que olvidarme de ella tanto como recordarla contínuamente, para no ser nunca ni remotamente parecida, si algún día cometo el atropello de tener mi propia descendencia.
Veintipico años de arañazos, y no cicatrizan nunca. ¿Por qué le gusta tanto hacer esto? ¡Si ya no le sigo el juego del teléfono! ¿Es que no se da cuenta de lo que me llega a triturar que mi propia madre, la mujer que en teoría me ha de servir de ejemplo, la educadora omnipotente, me crea completamente inútil?
Tengo que dejarlo aquí.
Quizá sea verdad. Después de todo, una profesora de la facultad nos dijo que el cincuenta por ciento de la gente que ingresa en psiquiátricos son personal docente, y el otro cincuenta, intérpretes. Qué futuro me espera.
De momento, me quedan dos semanas de cacahuetología. Semanas aún más interesantes que las tres pasadas, dado que los cacahuetes de ahora son aún más pequeños (cuatro y cinco años) y los dos personajes con los que voy a trabajar (monitoraje) aún más jóvenes que Pimpollo.
Pimpollo y Corleone se han hecho íntimos. Corleone y yo también, o casi. Surferboy acabó liado el viernes pasado con Charliesangel, una fantástica colega de borracheras (cualquiera diría, con lo que llegó a ingerir, que la moza es profe de educación física. Menuda berza llevaba. Pero claro, allí yo era la única no profesional del deporte, y la más sobria, por una vez).
Mi Bro no hacía más que beber cubatas muy dulces y muy cargados y dar saltos por el sitio como si le picaran las costuras de los calzoncillos. Y yo miraba tíos en bañador. No puedo evitarlo. Una llega a unas edades y unos estados etílicos... pero que yo sepa sólo hay dos tipos de pecados: por acción o por omisión. La biblia no dice nada de los pecados por visión.
Ring.
Acabo de tener la enésima conversación no deseada con mi señora madre. En realidad, ha sido más bien un monólogo en que ella soltaba sus verdades universales y yo me mordía hasta la camiseta para no soltarle mis sandeces universales. Que si me deje guiar por mi hermano, porque yo no tengo ni idea de criaturas, que si no haga "inventos" de los míos (me pregunto a qué se refería con eso. De hecho, se lo he preguntado a ella también, pero claro... es dificl concretar y especificar sobre algo que te acabas de sacar de... , ¿no?)
En fin. Me encanta dejarme la piel cada día, intentar analizar mis actos, mis reacciones, mi relación con las criaturas, cada noche y que mi propia madre me tire todo por tierra, un domingo cualquiera.
Me encanta esto de tener que empezar una semana entera con criaturas sabiendo a ciencia cierta, de boca de una veterana educadora infalible, que no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo, y que debo dejarme guiar por mi hermano pequeño, que sabe mucho más del tema. No estoy diciendo que no sepa. Lo único que estoy diciendo es que llevo diez años trabajando con criaturas, y que algo debo de saber cuando he conseguido tantas cosas.
Pero claro, mi señora madre nunca podría admitir nada bueno de mí. (Ni me ha preguntado por mis notas, fíjense. Y eso que tengo un sobresaliente en la pedazo megatraducción sobre el cacao y un notable en aquella asignatura horriblemente absurda y carente de utilidad).
No me ha preguntado mis notas porque sé que de aguna manera le jode que acabe la carrera. Y le jode, porque ahora tiene que encontrar otro tema con el que machacarme, ahora que ya se sentía a sus anchas con el de la carrera.
Tengo que salir de aquí.
Tengo que escaparme de este círculo vicioso. Tengo que olvidarme de ella tanto como recordarla contínuamente, para no ser nunca ni remotamente parecida, si algún día cometo el atropello de tener mi propia descendencia.
Veintipico años de arañazos, y no cicatrizan nunca. ¿Por qué le gusta tanto hacer esto? ¡Si ya no le sigo el juego del teléfono! ¿Es que no se da cuenta de lo que me llega a triturar que mi propia madre, la mujer que en teoría me ha de servir de ejemplo, la educadora omnipotente, me crea completamente inútil?
Tengo que dejarlo aquí.
La -ejem- canción del verano.
Siempre me he considerado una melómana sin remedio. Qué digo, ni siquiera eso. Llevo la música, las notas, con sus sostenidos, sus bemoles, sus posibles compases y toda la parafernalia armónica que puedan llegar a imaginar tan dentro de mí que decir que soy una melómana es ridículo.
Escucho música de todos los tipos, o casi. Generalmente me interesan los sonidos que llenan algo más que la superficie de la oreja, es decir que se cuelan por el tímpano y van directos al cerebro, donde son procesados, desmenuzados, analizados y aplaudidos (o rechazados). Me gusta pensar en los tonos a los que pertenecen esos acordes, esas sílabas, si cambian (modulan) o no y a qué otros acordes resuelven. Me gusta separar instrumentos. Soy de esa clase de freaks que se escucha un concierto treinta veces si hay treinta instrumentos (por decir algo) para seguir a cada uno por separado, y en la trigésimo-primera, me escucho el concierto con la orquesta entera.
Así que por Dios, que alguien me explique POR QUÉ CARAJO llevo más de una semana sin poder dejar ni un solo segundo de cantar en voz alta e involuntariamente:
"És el mon-mon, mon-monstre de Banyoleeees, que men-men-men, que menjava persones, i taaaant" con coreografia (algo entre el chachachá y el baile que te entra cuando te estás meando) incluída.
¿Será esto el acabóse o simplemente el empezóse de mi decadencia total?
Escucho música de todos los tipos, o casi. Generalmente me interesan los sonidos que llenan algo más que la superficie de la oreja, es decir que se cuelan por el tímpano y van directos al cerebro, donde son procesados, desmenuzados, analizados y aplaudidos (o rechazados). Me gusta pensar en los tonos a los que pertenecen esos acordes, esas sílabas, si cambian (modulan) o no y a qué otros acordes resuelven. Me gusta separar instrumentos. Soy de esa clase de freaks que se escucha un concierto treinta veces si hay treinta instrumentos (por decir algo) para seguir a cada uno por separado, y en la trigésimo-primera, me escucho el concierto con la orquesta entera.
Así que por Dios, que alguien me explique POR QUÉ CARAJO llevo más de una semana sin poder dejar ni un solo segundo de cantar en voz alta e involuntariamente:
"És el mon-mon, mon-monstre de Banyoleeees, que men-men-men, que menjava persones, i taaaant" con coreografia (algo entre el chachachá y el baile que te entra cuando te estás meando) incluída.

¿Será esto el acabóse o simplemente el empezóse de mi decadencia total?
Ornitorrincos Sin Fronteras.
El ornitorrinco, animal raro, único y recondenadamente feo (por qué no admitirlo) tiene un hábitat natural atribuído, donde convive, juega, se alimenta y se reproduce rodeado de más ornitorrincos raros, únicos y recondenadamente feos.
Esto que acabo de decir no ha sido una aseveración gratuita. El hecho de que el ornitorrinco, que es feo, silvestre, más bien tirando a borde y raro como la madre que lo parió tenga un hábitat natural, cuando yo llevo años instintiva e involuntariamente dando por sentado que "Home is where the ashtray is", me pone de los nervios.
Qué le voy a hacer. Igual es que soy más rara que un ornitorrinco.
Odio jactarme de mi propio victimismo. Me doy náuseas, cuando me pongo así.
Igual es la crisis esta de verme a un exámen y un ensayo de llamarme licenciada, que es todo lo que realmente he deseado en la vida, además de viajar. Ahora que esto se acaba, ¿qué significa mi vida? No sé de qué quiero trabajar, no hay nada que me apasione, además de dar clase a un rebaño de especímenes en proceso de cocción que para sus progenitores pueden ser talentos en potencia, pero para mí no sobreviven fuera del cajón del material "Carne de cañón". Fíjense en un ejemplo, para que vean que a veces también acierto, a pesar del resto de veces en que alguien debería darme en la cabeza con algo contundente.
El viernes por la noche salí, y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con un antiguo compañero de la escuela primaria, al que no veía desde que yo tenía once años y él trece. El tío era el P.A. del lugar (el puto amo, vamos.) Todas las niñas se inclinaban para celebrar su presencia, y los niños lo idolatraban.
Yo pensaba que era más bien corto, porque iba a su clase (no a la misma clase que él, no, oigan, a SU clase, que no es lo mismo) y cada vez que abría la boca a mí me saltaban las lágrimas.
En fín, da igual, el viernes pasado nos encontramos, yo y él, con veintipico y treinta años, respectivamente, y dos cogorzas considerables, y empezamos a hablar.
Fíjense que el pobre hombre estaba casado, divorciado, desengañado, adicto a la coca pero muy orgulloso de sus dotes de jugador de billar... dotes que una servidora se encargó de hacerle revisar, pegándole tremenda paliza al hacer desaparecer todas mis lisas de la mesa y dejar sólo sus rayadas, la blanca y su pérdida de autoestima a la vista.
Pobre. Yo no quería cobrarme ninguna venganza. Él ni se acordaba de lo mal que me lo hizo pasar, persiguiéndome por la calle después de clases gritándome, durante un par de cursos o más. Y yo tampoco quería recordárselo, porque como todo cerdo tiene su San Martín y para este individuo ha habido más San Martines que San Fermines, poco me quedaba por decir o hacer para amargarle la vida.
Luego intentó seducirme, diciéndome que era preciosa, honesta, maravillosa, que mis ojos nosequé y mi sonrisa nosecuantos, momento en que decidí que era hora de pillar bolso y desaparecer, so pena de vomitarle encima y dejar mal recuerdo si no me iba. Una retirada a tiempo...
Bueno, eso iba para ilustrar las pocas ganas que tengo de dedicarme a una enseñanza tan llena de vicisitudes, trabas, engaños, límites e ignorancias voluntarias imperecederas. Y es cuando pienso: "Lástima, porque era lo único que me gustaba".
¿Y ahora, qué?
¿Me lío a tener y criar hijos e hijas, para ocuparme con algo?
¿Viajo?
¿Doy mi currículum a una ETT, trabajo aquí y allá en cualquier cosa que no tenga nada que ver con mis expectativas y voy a comer los domingos a casa de mis padres con el marido y los uno coma tres hijos, y luego vuelvo para hacer la plancha de la semana y preparar los almuerzos del uno coma tres de descendencia? ¿Qué medida de bocadillo necesitaría un coma tres?
¿Escribo una novela que nunca podré publicar ni mucho menos cobrar, pero con la que me podré sentir bohemia y perderé peso dada la carencia de fondos para comprar comida?
Me compro un piano, toco durante meses seguidos ininterrumpidos, y cuando salga del coma, ya decidiré.
Me tomo un café, sigo viviendo, de momento, y ya decidiré.
Esto que acabo de decir no ha sido una aseveración gratuita. El hecho de que el ornitorrinco, que es feo, silvestre, más bien tirando a borde y raro como la madre que lo parió tenga un hábitat natural, cuando yo llevo años instintiva e involuntariamente dando por sentado que "Home is where the ashtray is", me pone de los nervios.
Qué le voy a hacer. Igual es que soy más rara que un ornitorrinco.
Odio jactarme de mi propio victimismo. Me doy náuseas, cuando me pongo así.
Igual es la crisis esta de verme a un exámen y un ensayo de llamarme licenciada, que es todo lo que realmente he deseado en la vida, además de viajar. Ahora que esto se acaba, ¿qué significa mi vida? No sé de qué quiero trabajar, no hay nada que me apasione, además de dar clase a un rebaño de especímenes en proceso de cocción que para sus progenitores pueden ser talentos en potencia, pero para mí no sobreviven fuera del cajón del material "Carne de cañón". Fíjense en un ejemplo, para que vean que a veces también acierto, a pesar del resto de veces en que alguien debería darme en la cabeza con algo contundente.
El viernes por la noche salí, y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con un antiguo compañero de la escuela primaria, al que no veía desde que yo tenía once años y él trece. El tío era el P.A. del lugar (el puto amo, vamos.) Todas las niñas se inclinaban para celebrar su presencia, y los niños lo idolatraban.
Yo pensaba que era más bien corto, porque iba a su clase (no a la misma clase que él, no, oigan, a SU clase, que no es lo mismo) y cada vez que abría la boca a mí me saltaban las lágrimas.
En fín, da igual, el viernes pasado nos encontramos, yo y él, con veintipico y treinta años, respectivamente, y dos cogorzas considerables, y empezamos a hablar.
Fíjense que el pobre hombre estaba casado, divorciado, desengañado, adicto a la coca pero muy orgulloso de sus dotes de jugador de billar... dotes que una servidora se encargó de hacerle revisar, pegándole tremenda paliza al hacer desaparecer todas mis lisas de la mesa y dejar sólo sus rayadas, la blanca y su pérdida de autoestima a la vista.
Pobre. Yo no quería cobrarme ninguna venganza. Él ni se acordaba de lo mal que me lo hizo pasar, persiguiéndome por la calle después de clases gritándome, durante un par de cursos o más. Y yo tampoco quería recordárselo, porque como todo cerdo tiene su San Martín y para este individuo ha habido más San Martines que San Fermines, poco me quedaba por decir o hacer para amargarle la vida.
Luego intentó seducirme, diciéndome que era preciosa, honesta, maravillosa, que mis ojos nosequé y mi sonrisa nosecuantos, momento en que decidí que era hora de pillar bolso y desaparecer, so pena de vomitarle encima y dejar mal recuerdo si no me iba. Una retirada a tiempo...
Bueno, eso iba para ilustrar las pocas ganas que tengo de dedicarme a una enseñanza tan llena de vicisitudes, trabas, engaños, límites e ignorancias voluntarias imperecederas. Y es cuando pienso: "Lástima, porque era lo único que me gustaba".
¿Y ahora, qué?
¿Me lío a tener y criar hijos e hijas, para ocuparme con algo?
¿Viajo?
¿Doy mi currículum a una ETT, trabajo aquí y allá en cualquier cosa que no tenga nada que ver con mis expectativas y voy a comer los domingos a casa de mis padres con el marido y los uno coma tres hijos, y luego vuelvo para hacer la plancha de la semana y preparar los almuerzos del uno coma tres de descendencia? ¿Qué medida de bocadillo necesitaría un coma tres?
¿Escribo una novela que nunca podré publicar ni mucho menos cobrar, pero con la que me podré sentir bohemia y perderé peso dada la carencia de fondos para comprar comida?
Me compro un piano, toco durante meses seguidos ininterrumpidos, y cuando salga del coma, ya decidiré.
Me tomo un café, sigo viviendo, de momento, y ya decidiré.
Más elefantes de colores.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De catastrófica paranoia catastrofista. (Léase: muy jodido). Decía el otro día que cuando estoy cansada se me da por pensar que la Humanidad Entera se está confabulando en mi contra, a mis espaldas. La historia es que cuando alguien tiene mi carácter y mi mala leche, puede que estos pensamientos no sean producto de una mera paranoia, sino que sean fundados.
2. De horripilancia física. Me horripilo ayer, al llegar con setecientos cacahuetes a un parque acuático y darme cuenta de que soy la única que ha seguido los consejos del jefe y se ha llevado bañador de esos de cuello dado vuelta, en vez de algún biquini más mono y cómodo de ver. Así que todas las señoritas allí muy monas con sus biquinis, y yo como una imbécil. Casi creo que iba con las orejas en tensión, escuchando a mi alrededor para poder oír "Mira, mira, esa por lo menos es jugadora de pelota vasca, vaya pinta, la tía". Estaba por hacerme pasar por nadadora rusa, que habría colado de no ser porque no hablo ruso y porque fue entrar en la primera piscina y dejar bien claro que cualquiera que fuera mi profesión, desde luego no tenía nada que ver con los deportes. (El agua que falta en el sitio a día de hoy me la tragué yo, por todos los orificios de mi cuerpo menos por la boca.)
3. De raza dudosa. Ahora no sólo vivo como una gitana, sino que también parezco una. Me estoy poniendo morena más allá de las posibilidades de mi producción de melanina. Cada día pienso "hoy ya no me puedo quemar más" y mis poros montando la Enésima Edición del Festival del Eritema Cutáneo. Hoy me he mirado el escote y juraría que está más arrugado que el de la late Mother Queen, Dios la acoga en su seno, que seguro que no está tan quemado (el seno, no Dios, me refiero.)
COSAS POR HACER:
1. Llamar a Sacarina e irnos de fiesta o de lo que sea, las dos, este fín de semana. Tengo ganas de verla sin Birthdayboys cobardes de por medio. (si estás leyendo, que te quede clarito, niña, que para estar con escoria ya me sobro yo sola conmigo)
2. Dejar de paranoiarme con que todo el mundo me odia, me ignora y me desprecia a partes iguales y que aprovechan para ponerme verde cada vez que me doy la vuelta, aunque sea verdad.
3. Comprar big garrafa of after sun. I fucking need it.
4. Dejar de mirar si ya han salido todas las notas.
5. Dejar de fumar like there's no tomorrow cuando no estoy con los cacahuetes.
... Aunque bien pensado, si no me mata el tabaco, moriré pronto de todas maneras, aplastada por algún elefante verde de esos que veo subir por las paredes.
6. Considerar ayer como el día en que fui por primera y última vez a un fucking parque acuático de las narices. Francamente, no sé qué les ve la gente. Con la escasez de agua que hay.
7. Quemar el bañador de cuello dado vuelta.
8. Dejar de tener pensamientos impuros sobre... En fín, dejar de tener pensamientos impuros, full-stop. Es verano, es verano, Hormones are in the air...
1. De catastrófica paranoia catastrofista. (Léase: muy jodido). Decía el otro día que cuando estoy cansada se me da por pensar que la Humanidad Entera se está confabulando en mi contra, a mis espaldas. La historia es que cuando alguien tiene mi carácter y mi mala leche, puede que estos pensamientos no sean producto de una mera paranoia, sino que sean fundados.
2. De horripilancia física. Me horripilo ayer, al llegar con setecientos cacahuetes a un parque acuático y darme cuenta de que soy la única que ha seguido los consejos del jefe y se ha llevado bañador de esos de cuello dado vuelta, en vez de algún biquini más mono y cómodo de ver. Así que todas las señoritas allí muy monas con sus biquinis, y yo como una imbécil. Casi creo que iba con las orejas en tensión, escuchando a mi alrededor para poder oír "Mira, mira, esa por lo menos es jugadora de pelota vasca, vaya pinta, la tía". Estaba por hacerme pasar por nadadora rusa, que habría colado de no ser porque no hablo ruso y porque fue entrar en la primera piscina y dejar bien claro que cualquiera que fuera mi profesión, desde luego no tenía nada que ver con los deportes. (El agua que falta en el sitio a día de hoy me la tragué yo, por todos los orificios de mi cuerpo menos por la boca.)
3. De raza dudosa. Ahora no sólo vivo como una gitana, sino que también parezco una. Me estoy poniendo morena más allá de las posibilidades de mi producción de melanina. Cada día pienso "hoy ya no me puedo quemar más" y mis poros montando la Enésima Edición del Festival del Eritema Cutáneo. Hoy me he mirado el escote y juraría que está más arrugado que el de la late Mother Queen, Dios la acoga en su seno, que seguro que no está tan quemado (el seno, no Dios, me refiero.)
COSAS POR HACER:
1. Llamar a Sacarina e irnos de fiesta o de lo que sea, las dos, este fín de semana. Tengo ganas de verla sin Birthdayboys cobardes de por medio. (si estás leyendo, que te quede clarito, niña, que para estar con escoria ya me sobro yo sola conmigo)
2. Dejar de paranoiarme con que todo el mundo me odia, me ignora y me desprecia a partes iguales y que aprovechan para ponerme verde cada vez que me doy la vuelta, aunque sea verdad.
3. Comprar big garrafa of after sun. I fucking need it.
4. Dejar de mirar si ya han salido todas las notas.
5. Dejar de fumar like there's no tomorrow cuando no estoy con los cacahuetes.
... Aunque bien pensado, si no me mata el tabaco, moriré pronto de todas maneras, aplastada por algún elefante verde de esos que veo subir por las paredes.
6. Considerar ayer como el día en que fui por primera y última vez a un fucking parque acuático de las narices. Francamente, no sé qué les ve la gente. Con la escasez de agua que hay.
7. Quemar el bañador de cuello dado vuelta.
8. Dejar de tener pensamientos impuros sobre... En fín, dejar de tener pensamientos impuros, full-stop. Es verano, es verano, Hormones are in the air...





