Una definición vale más que mil palabras (siempre que tenga menos de mil palabras, si no ya no viene a cuento, porque claro, es que...BLABLABLA)
arte. (Del lat. ars, artis.) amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer alguna cosa.
2. Acto o facultad mediante los cuales, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido, imita o expresa el ser humano lo material o lo inmaterial, y crea copiando o fantaseando.
3. Conjunto de preceptos y reglas para hacer bien alguna cosa.
Esta es la definición de arte que hace la Real Academia Española, que no pongo entre comillas porque donde dice "expresa el ser humano" ponía, en el original, "el hombre", y me han entrado unas ganas muy salvajes de tirar el diccionario por la ventana. Suerte que me di cuenta a tiempo de que la ventana estaba cerrada, que si no ahora estaría nadando en un mar de cristales rotos.
En fin, la cosa iba por otro lado. Según la definición oficial de arte, desde la principal definición, traducir es un arte, indiscutiblemente. Doy por supuesto que no es lo mismo que escribir una novela, y que tiene méritos diferentes... pero una persona que traduce tiene que saber escribir bien, para empezar, y para escribir bien le hace falta imaginación y creatividad. Todo lo que acabo de decir engloba mi idea de pensamiento artístico.
1. Tenemos esa virtud, esa disposición y esa habilidad, porque todo el mundo sabe inglés (muy discutible, pero pongamos que sí, va) pero no todo el mundo sabe recrear puntillosamente una idea en un contexto, una cultura y un código diferentes.
2. Valiéndonos de la materia (libro, cd, etc) y de lo inmaterial (las ideas, los conceptos, las sensaciones, los momentos, los lugares, etc. que pueden aparecer en un libro) expresamos lo material, lo inmaterial y la bibliografía del final, si hace falta.
3. ¿Conjunto de preceptos? Seguro que nadie de aquí se leería el pedazo tocho de mil setecientas páginas sobre preceptos del arte traductoril. Créanme, las hay. Hay libros y libros para llenar estanterías y montar una granja de termitas. Si va a ser por preceptos, en traducción somos el acabóse del mundo farandulero, vamos.
Para quien todavía piense, después de leer esto, que la traducción no es un arte.... hagan una reflexión para sus adentros. Imaginen, vamos a poner por caso, a una mujer que hace una copia completa y perfectamente exacta del Campo de Amapolas de Argenteuil de Monet. ¿No la considerarían una artista, aunque la idea original de pintar a una tipa y una criatura en un campo de amapolas con unos árboles de fondo no fuera exactamente suya, sino de Monet? De hecho, la idea original, original, tampoco fue de Monet, sino de la Naturaleza, que lo inspiró, ¿no?
Y un último apunte: No existen las traducciones imposibles, sólo porque quien escribiera el original fuera una genialidad. Existen mejores y peores profesionales. Yo me esfuerzo por parecerme cada día más a las unas, a las que admiro, pero no idolatro a nadie, porque las palabras son universales y nadie tiene la verdad universal.
2. Acto o facultad mediante los cuales, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido, imita o expresa el ser humano lo material o lo inmaterial, y crea copiando o fantaseando.
3. Conjunto de preceptos y reglas para hacer bien alguna cosa.
Esta es la definición de arte que hace la Real Academia Española, que no pongo entre comillas porque donde dice "expresa el ser humano" ponía, en el original, "el hombre", y me han entrado unas ganas muy salvajes de tirar el diccionario por la ventana. Suerte que me di cuenta a tiempo de que la ventana estaba cerrada, que si no ahora estaría nadando en un mar de cristales rotos.
En fin, la cosa iba por otro lado. Según la definición oficial de arte, desde la principal definición, traducir es un arte, indiscutiblemente. Doy por supuesto que no es lo mismo que escribir una novela, y que tiene méritos diferentes... pero una persona que traduce tiene que saber escribir bien, para empezar, y para escribir bien le hace falta imaginación y creatividad. Todo lo que acabo de decir engloba mi idea de pensamiento artístico.
1. Tenemos esa virtud, esa disposición y esa habilidad, porque todo el mundo sabe inglés (muy discutible, pero pongamos que sí, va) pero no todo el mundo sabe recrear puntillosamente una idea en un contexto, una cultura y un código diferentes.
2. Valiéndonos de la materia (libro, cd, etc) y de lo inmaterial (las ideas, los conceptos, las sensaciones, los momentos, los lugares, etc. que pueden aparecer en un libro) expresamos lo material, lo inmaterial y la bibliografía del final, si hace falta.
3. ¿Conjunto de preceptos? Seguro que nadie de aquí se leería el pedazo tocho de mil setecientas páginas sobre preceptos del arte traductoril. Créanme, las hay. Hay libros y libros para llenar estanterías y montar una granja de termitas. Si va a ser por preceptos, en traducción somos el acabóse del mundo farandulero, vamos.
Para quien todavía piense, después de leer esto, que la traducción no es un arte.... hagan una reflexión para sus adentros. Imaginen, vamos a poner por caso, a una mujer que hace una copia completa y perfectamente exacta del Campo de Amapolas de Argenteuil de Monet. ¿No la considerarían una artista, aunque la idea original de pintar a una tipa y una criatura en un campo de amapolas con unos árboles de fondo no fuera exactamente suya, sino de Monet? De hecho, la idea original, original, tampoco fue de Monet, sino de la Naturaleza, que lo inspiró, ¿no?
Y un último apunte: No existen las traducciones imposibles, sólo porque quien escribiera el original fuera una genialidad. Existen mejores y peores profesionales. Yo me esfuerzo por parecerme cada día más a las unas, a las que admiro, pero no idolatro a nadie, porque las palabras son universales y nadie tiene la verdad universal.
Traducción, tracción, traducción y tracción, traducción o tracción.
Me empieza a dar la impresión de que hay algo así como una sensación tácita pero peligrosamente extendida de que la traducción es a la literatura lo que el strip-tease a la danza. Una especie de pseudoarte oscuro, inmoral para algunos sectores y amoral para otros, y que quien lo ejerce no debería considerarlo un arte, o no debería hacer pública su opinión al respecto, al menos, so pena de ser visto/a como un/a prepotente/a (esta última se me escapó. Para que vean que hay algo peor que el lenguaje políticamente correcto: el lenguaje políticamente hipercorrecto).
En fín, el caso es que pensar en esto me está llevando mucho más rápido al trágico final cancerígeno que llevo escrito en los pulmones, porque por más que considero y reconsidero factores/as (otra vez. Dichosa manía) no puedo por menos que verlo como un arte, esto de la traducción, desde cualquier dimensión.
Para que vean que mis teorías no son un mero producto de la ingestión masiva de grandes tazas de café, expondré mi teoría de manera metodológica.
Desde la dimensión conceptual (es decir, qué hace, en realidad, una persona que traduce) sepan que somos los seres más artísticos del mundo. No hablaré de lo que no sé; hablaré de mis propias vivencias ahora mismo, en que tengo que hacer auténticas piruetas gramaticales, semánticas, pragmáticas y hasta fonéticas para convertir en literatura un bodrio llanqui de novela que el tío ha escrito para que se la conviertan en película, y que de resultas, ha publicado un original que queda entre lo que yo llamo pseudonovelilla jolibudiense y (lo que también yo llamo) guión cutre incompleto. Para resumir: un Quieroperonopuedoperomelasdoyde.
Y es que Estados Unidos es la tierra prometida, que para mí equivale a decir que triunfa el más cenutrio (o la más cenutria: no olvidemos a Britney.) Pero no viene a cuento, porque yo hablaba de arte.
En ese arte, y aún dentro de la dimensión conceptual entra, asimismo, el trabajo artesano. (Para mí no hay arte sin artesanía, entendiendo por ésta la práctica sacrificada y persistente en aras de perfeccionar ese arte, o de acercarse).
Ejemplo de trabajo artesano, que comentábamos precisamente ayer Donjon (mi nuevo jefe) y yo.
TEXTO ORIGINAL:
"Blah", she said.
"Blah, blah", said he.
"Fucking blah!", she said.
"No, no fucking blah", said he.
"Go blah yourself, you blah blah", She said.
"You blah are all the same", he said.
TEXTO TRADUCIDO (DESPUÉS DE PASAR CÁUSTICAS Y DOLOROSAS HORAS CORRIGIENDO EL ESTILO)
-Recoge los calcetines del suelo- le indicó ella.
-Luego, luego- respondió él.
-¡Joder, que los recojas, que viene mi madre a vernos!- exclamó ella.
- Que no me da la puta gana, que estoy viendo el partido- sentenció él.
-Anda y que te folle un pez polla, que la tiene más fresca- espetó ella.
-Las mujeres sóis todas iguales- masculló él.
(A esto te referías, Donjon, right?)
Nótese la carencia total de sinónimos del verbo "to say" en el original, que en la traducción han sido incorporados no por la gracia de Dios, sino por el sudor neuronal de la traductora. Y no es que no tengan sinónimos en inglés, válgame Chomsky. Si hay algo que tienen en inglés son verbos diferentes. Pero si eres autor de best-sellers en USA (y tira. Broma fácil, broma fácil. No he podido resistirme) parece que con que utilices el verbo comodín ya va que se mata.
Y claro, el artista es él, que es el escritor y va a cóctels, a exposiciones y otras celebraciones gratis, en limusina y traje de Armani. Nosotras, las underdogs, las perras diamantinas de la literatura, amb prou feines (como dicen por aquí) podemos permitirnos comprarnos ropa en el Carrefour.
Lo cual me lleva a la siguiente dimensión: la dimensión social.
¿Cómo que no somos artistas? Díganme si no qué: tenemos trabajo cuando nos lo quieren dar, es decir, ahora no y luego igual tampoco, y mientras tanto haz otra cosa (vender electrodomésticos, servir cafés, repartir publicidad, cuidar cacahuetes... por citar ejemplos que conozco) fumamos y bebemos como el mejor de los pintores o la mejor de las cineastas. Sabemos relacionarnos (con gatos y chinchillas, que ya es más de lo que se puede decir de, por ejemplo, Bobby Brown, el marido de Whitney Houston), y si hace falta arrancarse una oreja o hacerle favores sexuales a algúna big sister (porque en este mundo, como ya dije un día, casi todo lo que hay es femenino... tenga o no tenga... ya saben) si hace falta, me sé de unas cuantas de mi facultad que estarían encantadas de hacerlo. Todo por un nombre en una hoja amarillenta de dentro del libro, en arial 8, si tienes muchísima suerte, o por nada y mísera pasta, generalmente, si te toca subtitular. (Claro que ese ya es otro tema, porque vistos los subtítulos que he visto, a ver quién es el chulo o la chula que se atreve a firmar esa bazofia) Lo que me lleva a la última dimensión:
La dimensión económica.
Resulta que te pasas la vida entera leyendo hasta las instrucciones para enchufar una lámpara a la corriente (insertar ambos palitos metálicos protuberantes de chisme plastificado llamado comúnmente enchufe en sendos agujeritos figurantes en pared llamados común e inexplicablemente enchufe también) para luego encontrarte con tu primo lejano de Valencia que resulta que heredó unos cuantos almendros de su padre, y unos cuantos olivos, y ahora el muy tal, al que tú creías montado en el tractor, está montado, sí, en el dólar; tiene una casa que "se te va la flapa" (como dice Fashionvictim, que también es de las que gana mucho y piensa poco) y se ríe del mundo, y en especial de ti. Y aunque no le tengo envidia, porque no se la tengo, porque es una persona encantadora, generosa, humilde y sacrificada, me corroe una rabia por dentro que me muero, de estar aquí, con mis pretensiones intelectualoides que nunca desembocarán en nada bueno, mientras a apenas doscientos quilómetros hay un tipo con un tractor forrándose.
Pero claro, el tractor tiene algo que no tiene la traducción, por lo que se ve: tracción. Tracción en las cuatro ruedas, y a-tracción de billetes nuevos. La traducción no. La traducción es, más bien, un resbalar contínuo, un patinar torpe e inseguro, un no saber qué decir cuando les dices que eres traductora e intérprete y te preguntan en qué teatro trabajas.
Para que luego me acusen de decir palabrotas, joder.
Estoy pensando que si esto de la traducción no me sale bien, igual ahorro y me compro un tractor, para ir a cultivar por esos campos, ahora que me he enterado, gracias a este sublime (léaseme con sarcasmo en ese adjetivo) escritor de pseudonovelas-casipelículas llanquis, de que lo del calentamiento global no es más que una leyenda urbana, y que cuanto más dióxido de carbono produzcamos, más prolíficas serán las cosechas.
Al menos aprovecharé lo que aprendí y seré conductora de tractor, sí, pero con mucha cultura, oyes.
En fín, el caso es que pensar en esto me está llevando mucho más rápido al trágico final cancerígeno que llevo escrito en los pulmones, porque por más que considero y reconsidero factores/as (otra vez. Dichosa manía) no puedo por menos que verlo como un arte, esto de la traducción, desde cualquier dimensión.
Para que vean que mis teorías no son un mero producto de la ingestión masiva de grandes tazas de café, expondré mi teoría de manera metodológica.
Desde la dimensión conceptual (es decir, qué hace, en realidad, una persona que traduce) sepan que somos los seres más artísticos del mundo. No hablaré de lo que no sé; hablaré de mis propias vivencias ahora mismo, en que tengo que hacer auténticas piruetas gramaticales, semánticas, pragmáticas y hasta fonéticas para convertir en literatura un bodrio llanqui de novela que el tío ha escrito para que se la conviertan en película, y que de resultas, ha publicado un original que queda entre lo que yo llamo pseudonovelilla jolibudiense y (lo que también yo llamo) guión cutre incompleto. Para resumir: un Quieroperonopuedoperomelasdoyde.
Y es que Estados Unidos es la tierra prometida, que para mí equivale a decir que triunfa el más cenutrio (o la más cenutria: no olvidemos a Britney.) Pero no viene a cuento, porque yo hablaba de arte.
En ese arte, y aún dentro de la dimensión conceptual entra, asimismo, el trabajo artesano. (Para mí no hay arte sin artesanía, entendiendo por ésta la práctica sacrificada y persistente en aras de perfeccionar ese arte, o de acercarse).
Ejemplo de trabajo artesano, que comentábamos precisamente ayer Donjon (mi nuevo jefe) y yo.
TEXTO ORIGINAL:
"Blah", she said.
"Blah, blah", said he.
"Fucking blah!", she said.
"No, no fucking blah", said he.
"Go blah yourself, you blah blah", She said.
"You blah are all the same", he said.
TEXTO TRADUCIDO (DESPUÉS DE PASAR CÁUSTICAS Y DOLOROSAS HORAS CORRIGIENDO EL ESTILO)
-Recoge los calcetines del suelo- le indicó ella.
-Luego, luego- respondió él.
-¡Joder, que los recojas, que viene mi madre a vernos!- exclamó ella.
- Que no me da la puta gana, que estoy viendo el partido- sentenció él.
-Anda y que te folle un pez polla, que la tiene más fresca- espetó ella.
-Las mujeres sóis todas iguales- masculló él.
(A esto te referías, Donjon, right?)
Nótese la carencia total de sinónimos del verbo "to say" en el original, que en la traducción han sido incorporados no por la gracia de Dios, sino por el sudor neuronal de la traductora. Y no es que no tengan sinónimos en inglés, válgame Chomsky. Si hay algo que tienen en inglés son verbos diferentes. Pero si eres autor de best-sellers en USA (y tira. Broma fácil, broma fácil. No he podido resistirme) parece que con que utilices el verbo comodín ya va que se mata.
Y claro, el artista es él, que es el escritor y va a cóctels, a exposiciones y otras celebraciones gratis, en limusina y traje de Armani. Nosotras, las underdogs, las perras diamantinas de la literatura, amb prou feines (como dicen por aquí) podemos permitirnos comprarnos ropa en el Carrefour.
Lo cual me lleva a la siguiente dimensión: la dimensión social.
¿Cómo que no somos artistas? Díganme si no qué: tenemos trabajo cuando nos lo quieren dar, es decir, ahora no y luego igual tampoco, y mientras tanto haz otra cosa (vender electrodomésticos, servir cafés, repartir publicidad, cuidar cacahuetes... por citar ejemplos que conozco) fumamos y bebemos como el mejor de los pintores o la mejor de las cineastas. Sabemos relacionarnos (con gatos y chinchillas, que ya es más de lo que se puede decir de, por ejemplo, Bobby Brown, el marido de Whitney Houston), y si hace falta arrancarse una oreja o hacerle favores sexuales a algúna big sister (porque en este mundo, como ya dije un día, casi todo lo que hay es femenino... tenga o no tenga... ya saben) si hace falta, me sé de unas cuantas de mi facultad que estarían encantadas de hacerlo. Todo por un nombre en una hoja amarillenta de dentro del libro, en arial 8, si tienes muchísima suerte, o por nada y mísera pasta, generalmente, si te toca subtitular. (Claro que ese ya es otro tema, porque vistos los subtítulos que he visto, a ver quién es el chulo o la chula que se atreve a firmar esa bazofia) Lo que me lleva a la última dimensión:
La dimensión económica.
Resulta que te pasas la vida entera leyendo hasta las instrucciones para enchufar una lámpara a la corriente (insertar ambos palitos metálicos protuberantes de chisme plastificado llamado comúnmente enchufe en sendos agujeritos figurantes en pared llamados común e inexplicablemente enchufe también) para luego encontrarte con tu primo lejano de Valencia que resulta que heredó unos cuantos almendros de su padre, y unos cuantos olivos, y ahora el muy tal, al que tú creías montado en el tractor, está montado, sí, en el dólar; tiene una casa que "se te va la flapa" (como dice Fashionvictim, que también es de las que gana mucho y piensa poco) y se ríe del mundo, y en especial de ti. Y aunque no le tengo envidia, porque no se la tengo, porque es una persona encantadora, generosa, humilde y sacrificada, me corroe una rabia por dentro que me muero, de estar aquí, con mis pretensiones intelectualoides que nunca desembocarán en nada bueno, mientras a apenas doscientos quilómetros hay un tipo con un tractor forrándose.
Pero claro, el tractor tiene algo que no tiene la traducción, por lo que se ve: tracción. Tracción en las cuatro ruedas, y a-tracción de billetes nuevos. La traducción no. La traducción es, más bien, un resbalar contínuo, un patinar torpe e inseguro, un no saber qué decir cuando les dices que eres traductora e intérprete y te preguntan en qué teatro trabajas.
Para que luego me acusen de decir palabrotas, joder.
Estoy pensando que si esto de la traducción no me sale bien, igual ahorro y me compro un tractor, para ir a cultivar por esos campos, ahora que me he enterado, gracias a este sublime (léaseme con sarcasmo en ese adjetivo) escritor de pseudonovelas-casipelículas llanquis, de que lo del calentamiento global no es más que una leyenda urbana, y que cuanto más dióxido de carbono produzcamos, más prolíficas serán las cosechas.
Al menos aprovecharé lo que aprendí y seré conductora de tractor, sí, pero con mucha cultura, oyes.
Cous-cous para principiantes.
No sé... llega un momento en la vida de alguna gente en que nos damos cuenta de que ya hemos comido suficiente carne para el resto de nuestros días; que ya no nos gusta, que no la saboreamos, que nos cuesta digerirla, masticarla y hasta verla en el plato.
Que nadie me malinterprete. Después de años y años a base de ternera gallega, ahora no me voy a poner un manto de franela e ir por ahí a lo "hermano sol, hermana luna" predicando que no se debe asesinar a los animales. Acabáramos.
Además, es que no pienso así.
Pienso en la cadena alimenticia que me enseñaron en el cole: ser humano come tiburón, tiburón come foca, foca come sardina, sardina come...
(¿Qué? ¿qué come una sardina? ¿Bollycaos? Ni puñetera idea, pero ya me entienden).
Y también pienso en que tengo colmillos: dos. Y los colmillos, desde luego, no son para la lechuga. Sin embargo, puedo pasarme meses sin comer carne, con lo cual queda demostrado que tan, tan, tan carnívora, en realidad, no debo de ser.
En fin, lo que quería decir con todo esto (y me he ido de madre tres pueblos) es que no me ha gustado NADA DE NADA la reacción de alguna gente al decirles que no iba a volver a comer carne. Para empezar, porque en realidad debería de ser una cosa que comentas y ya está, y resulta que no está, y no es que me dé rabia la reacción momentánea en sí, sino esta manía que tiene alguna gente de creer que es dueña hasta de tu estómago.
Craig, por ejemplo: "¿Ahora vamos a tener que comer kosher?" Número uno: esto es couscous.
Número dos: llevo cocinando couscous tres años y nunca te habías quejado antes.
Número tres: yo misma he ido a compraros bistecs a ti y a tu hermano al supermercado.
Número cuatro: pero qué coño tendrá que ver creer en Hashem y cantar canciones raras con que no te guste la carne?
Holden, el hermano rebelde: "Pues que sepas que los peces también son animales, aunque respiren distinto".
Que te digo por enésima vez que no lo hago por esnobismo ecológico, sino porque me sale delquetedije. Apunte: en España las criaturas también van al colegio, ese sitio donde te suelen enseñar que los peces TAMBIÉN son animales. Gracias por tu contribución a mi "bagage" cultural, de todas formas.
Mi hermano (mi hermano es más joven que yo, que lo sepan): "Buá, si ya te llevabas mal con mamá, ahora va a ser la hostia."
Pues sí, eso, que sea la hostia, traigan trompetas, tambores, panderetas y acordeones. Que sea el Armageddon de la historia entre mi madre y yo, y sí, que tenga lugar en la cocina, ya que en la cocina es donde hemos tenido las peores discusiones y donde nos hemos dicho las peores cosas.
¿Por qué no? Desafío a toda mi familia a perderme el respeto por las decisiones que tomo. Lo único que conseguirán es perderme y punto. (bastantes integrantes de mi familia extendida ya me perdieron hace tiempo por esta misma razón, así que cuatro arriba, cuatro abajo...)
No intento que nadie entienda nada. Nada que se le haga demasiado grande en esa cabecita cuadrada, completamente ocupada con gigas y gigas de costumbres impuestas, de creencias absolutas y absolutistas, de verdades universales. Como se dice aquí en Catalunya, "d'on no n'hi ha, no en raja" (que viene a ser que de donde no hay, no se puede sacar). Lo único que pido es la madurez suficiente como para respetar una decisión que sólo afecta a la persona que la ha tomado.
Una persona lo suficientemente adulta, crecidita, y dueña de su cuerpo como para decidir qué se mete en la boca y qué no.
No es acerca de la dieta, ni acerca de la carne, ni de "asesinar pobres zanahorias" (como en aquella película) o esperar a que se caigan de la mata. No se trata de eso. Se trata de que en algunos rincones de España (empezando por mi casa) y sector occidental de Australia aún hacen falta unas cuantas bofetadas para ir despertando de la siesta eterna en que parecen haber caído.
Que nadie me malinterprete. Después de años y años a base de ternera gallega, ahora no me voy a poner un manto de franela e ir por ahí a lo "hermano sol, hermana luna" predicando que no se debe asesinar a los animales. Acabáramos.
Además, es que no pienso así.
Pienso en la cadena alimenticia que me enseñaron en el cole: ser humano come tiburón, tiburón come foca, foca come sardina, sardina come...
(¿Qué? ¿qué come una sardina? ¿Bollycaos? Ni puñetera idea, pero ya me entienden).
Y también pienso en que tengo colmillos: dos. Y los colmillos, desde luego, no son para la lechuga. Sin embargo, puedo pasarme meses sin comer carne, con lo cual queda demostrado que tan, tan, tan carnívora, en realidad, no debo de ser.
En fin, lo que quería decir con todo esto (y me he ido de madre tres pueblos) es que no me ha gustado NADA DE NADA la reacción de alguna gente al decirles que no iba a volver a comer carne. Para empezar, porque en realidad debería de ser una cosa que comentas y ya está, y resulta que no está, y no es que me dé rabia la reacción momentánea en sí, sino esta manía que tiene alguna gente de creer que es dueña hasta de tu estómago.
Craig, por ejemplo: "¿Ahora vamos a tener que comer kosher?" Número uno: esto es couscous.
Número dos: llevo cocinando couscous tres años y nunca te habías quejado antes.
Número tres: yo misma he ido a compraros bistecs a ti y a tu hermano al supermercado.
Número cuatro: pero qué coño tendrá que ver creer en Hashem y cantar canciones raras con que no te guste la carne?
Holden, el hermano rebelde: "Pues que sepas que los peces también son animales, aunque respiren distinto".
Que te digo por enésima vez que no lo hago por esnobismo ecológico, sino porque me sale delquetedije. Apunte: en España las criaturas también van al colegio, ese sitio donde te suelen enseñar que los peces TAMBIÉN son animales. Gracias por tu contribución a mi "bagage" cultural, de todas formas.
Mi hermano (mi hermano es más joven que yo, que lo sepan): "Buá, si ya te llevabas mal con mamá, ahora va a ser la hostia."
Pues sí, eso, que sea la hostia, traigan trompetas, tambores, panderetas y acordeones. Que sea el Armageddon de la historia entre mi madre y yo, y sí, que tenga lugar en la cocina, ya que en la cocina es donde hemos tenido las peores discusiones y donde nos hemos dicho las peores cosas.
¿Por qué no? Desafío a toda mi familia a perderme el respeto por las decisiones que tomo. Lo único que conseguirán es perderme y punto. (bastantes integrantes de mi familia extendida ya me perdieron hace tiempo por esta misma razón, así que cuatro arriba, cuatro abajo...)
No intento que nadie entienda nada. Nada que se le haga demasiado grande en esa cabecita cuadrada, completamente ocupada con gigas y gigas de costumbres impuestas, de creencias absolutas y absolutistas, de verdades universales. Como se dice aquí en Catalunya, "d'on no n'hi ha, no en raja" (que viene a ser que de donde no hay, no se puede sacar). Lo único que pido es la madurez suficiente como para respetar una decisión que sólo afecta a la persona que la ha tomado.
Una persona lo suficientemente adulta, crecidita, y dueña de su cuerpo como para decidir qué se mete en la boca y qué no.
No es acerca de la dieta, ni acerca de la carne, ni de "asesinar pobres zanahorias" (como en aquella película) o esperar a que se caigan de la mata. No se trata de eso. Se trata de que en algunos rincones de España (empezando por mi casa) y sector occidental de Australia aún hacen falta unas cuantas bofetadas para ir despertando de la siesta eterna en que parecen haber caído.
A modo de conclusión.
He decidido clausurar el tema de esta reincidente e insistente crisis mía de los treinta (hasta agosto del año que viene, me temo) con la letra de la canción de una mujer a la que adoro, admiro, admiro y adoro a partes iguales.
Dado que no voy a encontrar, entre mis propias digresiones, ninguna solución contra el envejecimiento emocional (y epidérmico, dicho sea de paso), he creído oportuno despedir el tema con las sabias palabras de alguien con talento de verdad.
Ahí les queda, y espero que pueda serles útil, si alguna vez se ven en el mismo atolladero que yo.
"May God bless and keep you always,
May your wishes all come true,
May you always do for others
And let others do for you.
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.
May you grow up to be righteous,
May you grow up to be true,
May you always know the truth
And see the lights surrounding you.
May you always be courageous,
Stand upright and be strong,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.
May your hands always be busy,
May your feet always be swift,
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift.
May your heart always be joyful,
May your song always be sung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young."
(Joan Baez. "Forever Young".)
Dado que no voy a encontrar, entre mis propias digresiones, ninguna solución contra el envejecimiento emocional (y epidérmico, dicho sea de paso), he creído oportuno despedir el tema con las sabias palabras de alguien con talento de verdad.
Ahí les queda, y espero que pueda serles útil, si alguna vez se ven en el mismo atolladero que yo.
"May God bless and keep you always,
May your wishes all come true,
May you always do for others
And let others do for you.
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.
May you grow up to be righteous,
May you grow up to be true,
May you always know the truth
And see the lights surrounding you.
May you always be courageous,
Stand upright and be strong,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.
May your hands always be busy,
May your feet always be swift,
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift.
May your heart always be joyful,
May your song always be sung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young."
(Joan Baez. "Forever Young".)
Madurez, senilidad, madurez y senilidad, madurez o senilidad, madurez contra senilidad.
Si fuera gringa, esta sería la ocasión perfecta, sin duda, para soltar eso de "Today is the first day of the rest of my life".
Como soy gallega, me conformo con recordar a la "Negra Sombra" que perseguía a mi muy admirada Rosalía de Castro, soltar un "carallo, onde se che foron os anos, rapaza" entre dientes, y fumarme un cigarro.
(Me considero afortunada en esto último, en comparación con la población gringa, que no puede decir palabrotas ni fumar, y mucho menos publicarlo).
El recuento de glorias de mi cumpleaños no está nada mal. Lo he celebrado durante dos días, gracias a mis exclusivas amistades y a un hombre que me quiere y se desvive por mí, aunque no siempre me entienda.
La noche del catorce de agosto organizó una cena romántica para dos personas a la que asistieron nueve (Las siete restantes eran el factor sorpresa) en un restaurante sublime, precioso, bohemio con clase del Borne. A veces me hago cruces intentando comprender cómo conoce muchísimos más sitios que yo en mi propia ciudad... pero claro, la gente de fuera siempre conoce las ciudades mejor que la de dentro. Puede que no siempre se empapen de los recuerdos de sus calles, de sitios, semáforos y paradas de metro, pero sin duda saben qué restaurante te va a gustar más.
Pues eso, con mucho misterio y un sinfín de intrigas (y ya se puede decir que el hombre tuvo paciencia, porque yo no hacía más que preguntarle, intentando seguir la velocidad de sus zancadas gigantes con mis tacones, que parecíamos tal cual pastor y cabra, por la plaza Sant Jaume, beeee, beeee.
Llegué al sitio y me encuentro con una mesa fascinante en que figuraba más gente de la que yo tenía prevista, incluyendo a Frida y a Friedrich (de este ya hablaré, pero sin pasarme, que me lee). Y aún llegaron más.
Fue una noche de esas que no quieres que se acaben, y al mismo tiempo no se acababa. No se acababa porque sabía que mis amigos y amigas están ahí, que cuento con su presencia cercana, que me arropan y que dan pinceladas de riqueza a mi propia identidad, a través de las suyas. Que hay complicidades que van más allá de una noche de cumpleaños.
(Una de las cosas que más empiezo a odiar de hacerme mayor es la lagrimilla fácil. Me pregunto si habrá algún remedio de farmacia, como los pañales de la incontinencia, o las cremas antiarrugas).
La noche acabó con Sacarina y una que escribe sentadas en un taburete, en Jamboree, haciendo un profundo estudio antropológico (aunque sería más adecuado a los hechos decir "zoológico") de las gentes que poblaban la sala. Nos llegamos a reír tanto que creo que aún me duele el estómago.
En fin, para que nadie piense que exagero al creerme vieja, y que sepan que aún mantengo alguna conexión con la realidad que me permite distinguir la diferencia entre madurez y senilidad, ahí les van un par de apuntes.
SENILIDAD: pasarte dos horas en una discoteca analizando a la gente, inventando sus vidas del modo en que tú las imaginas, observando sólo aquel preciso momento de ellas. (véase momento clásico de dos abuelas sentadas en una sala de espera de la seguridad social, criticando a todo bicho pasante. La única diferencia es que en nuestro caso, al menos, había reggaetón de fondo).
MADUREZ: Hacerlo con fundamento (lo de criticar) y sólo con el fin de intentar encontrar en qué punto de su miserable infancia o adolescencia se le dió a la rubia por volverse una pelambrusca, o si ya era carne de cañón desde el principio de los tiempos, y por qué el Latin King de turno le sigue el juego y si se habrá dado cuenta o no de la condición de C.P.* de ella. Es que si nos vamos a dedicar a la educación, hay que analizar todas las dimensiones de sociabilidad -o carencia de ésta- de la población.
C.P.: Calientapollas. Que nadie me mire mal, que también se hizo lo mismo con T.O.C., T.B., MDMA... Es un término médico, o biopsicológico, como cualquier otro.
SENILIDAD: antes te regalaban tebeos de esos de tapa dura (el archiconocido "Superhumor", que contaba con lo mejorcísimo de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, etc.). Ahora, un libro de Feng Shui (buenísimo el comentario de mi padre cuando me llamó por teléfono y le hice un recuento de mis regalos: "Pero si a ti no te gusta el pescado crudo") y otro de Paul Auster... Buena combinación de lecturas: la vida es una sucesión de terribles acontecimientos que nos llevan a una decadencia progresiva, vertiginosamente rápida e inevitable, pero... si pones la papelera al lado del micro-ondas, se acabó el mal rollo.
MADUREZ: Te interesa Paul Auster; te interesa el Feng Shui... pero te paaaaaaartes de risa (y mira que te lo has leído veces) con aquel en que Mortadelo y Filemón se van a Nueva York y se oye al piloto que dice que la Ofelia mejor se vaya para el medio del avión, que hace contrapeso.
SENILIDAD: Hoy me he encontrado un paquete de arroz en la nevera. Lo que me hace llamarlo "senilidad" y no "despiste" (dado que me he llegado a encontrar unas medias en la nevera y un bote de mermelada en el cesto de la ropa sucia, y ya hace años que me pasan cosas así) es que no recuerdo cómo carajo llegó el susodicho paquete de arroz a la nevera. Igual ha sido Craig, en un intento de emulación de "Luz de gas", pero qué quieren que les diga, a mí me preocupa no acordarme de estas cosas. Igual algún día me meo en la bañera y ni me entero. Que alguien me vigile, por Dios, que no respondo de mis actos.
MADUREZ: En estas últimas semanas me he preguntado, a una media de diez veces por segundo, qué hago con Craig, si somos compatibles o si estamos perdiendo el tiempo, si debería dejarle o debería frustrarle hasta que me deje él, para no ser la mala de la película, si, si, si..... Ahora he descubierto que las cosas que a mi parecer estaban tan claras, acerca de las relaciones, de la convivencia, de la antimedianaranja... pues no: no están tan claras. En el amor no hay pasión, ni desesperación. Hay sentimientos, sí, claro, pero no necesariamente de fiebres que te arrebatan el sentido. Hay paciencia, tolerancia y un sinfín de conceptos cuyo significado real (que no significante) aún estoy aprendiendo, y tremendo camino que me queda. No voy a seguir con él por no quedarme sola, porque de hecho ya me he dado cuenta de que sola es como mejor estoy. Voy a seguir con él porque en él tengo un espejo perfecto de las virtudes de las que carezco, y me hacer aprender, día a día, a ser mejor persona. Voy a seguir con él porque quererle no significa querer tirármele encima cada cinco minutos, sino buscar su felicidad y servirle de espejo simultáneo en su desarrollo.
Voy a seguir con él, porque hay un montón de motivos, numerables e innumerables, racionales en su mayoría, para seguir con él.
Y dejaré las pasiones, las locuras y los momentos imposibles para el recuerdo, o para las películas, como quien establece un rincón lúdico dentro de su imaginación para soñar un rato, que las fantasías también son necesarias, por supuesto.
SENILIDAD: Tengo que volver a la traducción y no encuentro el puñetero libro por ninguna parte. Voy a mirar dentro de la lavadora... nunca se sabe.
Como soy gallega, me conformo con recordar a la "Negra Sombra" que perseguía a mi muy admirada Rosalía de Castro, soltar un "carallo, onde se che foron os anos, rapaza" entre dientes, y fumarme un cigarro.
(Me considero afortunada en esto último, en comparación con la población gringa, que no puede decir palabrotas ni fumar, y mucho menos publicarlo).
El recuento de glorias de mi cumpleaños no está nada mal. Lo he celebrado durante dos días, gracias a mis exclusivas amistades y a un hombre que me quiere y se desvive por mí, aunque no siempre me entienda.
La noche del catorce de agosto organizó una cena romántica para dos personas a la que asistieron nueve (Las siete restantes eran el factor sorpresa) en un restaurante sublime, precioso, bohemio con clase del Borne. A veces me hago cruces intentando comprender cómo conoce muchísimos más sitios que yo en mi propia ciudad... pero claro, la gente de fuera siempre conoce las ciudades mejor que la de dentro. Puede que no siempre se empapen de los recuerdos de sus calles, de sitios, semáforos y paradas de metro, pero sin duda saben qué restaurante te va a gustar más.
Pues eso, con mucho misterio y un sinfín de intrigas (y ya se puede decir que el hombre tuvo paciencia, porque yo no hacía más que preguntarle, intentando seguir la velocidad de sus zancadas gigantes con mis tacones, que parecíamos tal cual pastor y cabra, por la plaza Sant Jaume, beeee, beeee.
Llegué al sitio y me encuentro con una mesa fascinante en que figuraba más gente de la que yo tenía prevista, incluyendo a Frida y a Friedrich (de este ya hablaré, pero sin pasarme, que me lee). Y aún llegaron más.
Fue una noche de esas que no quieres que se acaben, y al mismo tiempo no se acababa. No se acababa porque sabía que mis amigos y amigas están ahí, que cuento con su presencia cercana, que me arropan y que dan pinceladas de riqueza a mi propia identidad, a través de las suyas. Que hay complicidades que van más allá de una noche de cumpleaños.
(Una de las cosas que más empiezo a odiar de hacerme mayor es la lagrimilla fácil. Me pregunto si habrá algún remedio de farmacia, como los pañales de la incontinencia, o las cremas antiarrugas).
La noche acabó con Sacarina y una que escribe sentadas en un taburete, en Jamboree, haciendo un profundo estudio antropológico (aunque sería más adecuado a los hechos decir "zoológico") de las gentes que poblaban la sala. Nos llegamos a reír tanto que creo que aún me duele el estómago.
En fin, para que nadie piense que exagero al creerme vieja, y que sepan que aún mantengo alguna conexión con la realidad que me permite distinguir la diferencia entre madurez y senilidad, ahí les van un par de apuntes.
SENILIDAD: pasarte dos horas en una discoteca analizando a la gente, inventando sus vidas del modo en que tú las imaginas, observando sólo aquel preciso momento de ellas. (véase momento clásico de dos abuelas sentadas en una sala de espera de la seguridad social, criticando a todo bicho pasante. La única diferencia es que en nuestro caso, al menos, había reggaetón de fondo).
MADUREZ: Hacerlo con fundamento (lo de criticar) y sólo con el fin de intentar encontrar en qué punto de su miserable infancia o adolescencia se le dió a la rubia por volverse una pelambrusca, o si ya era carne de cañón desde el principio de los tiempos, y por qué el Latin King de turno le sigue el juego y si se habrá dado cuenta o no de la condición de C.P.* de ella. Es que si nos vamos a dedicar a la educación, hay que analizar todas las dimensiones de sociabilidad -o carencia de ésta- de la población.
C.P.: Calientapollas. Que nadie me mire mal, que también se hizo lo mismo con T.O.C., T.B., MDMA... Es un término médico, o biopsicológico, como cualquier otro.
SENILIDAD: antes te regalaban tebeos de esos de tapa dura (el archiconocido "Superhumor", que contaba con lo mejorcísimo de Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, etc.). Ahora, un libro de Feng Shui (buenísimo el comentario de mi padre cuando me llamó por teléfono y le hice un recuento de mis regalos: "Pero si a ti no te gusta el pescado crudo") y otro de Paul Auster... Buena combinación de lecturas: la vida es una sucesión de terribles acontecimientos que nos llevan a una decadencia progresiva, vertiginosamente rápida e inevitable, pero... si pones la papelera al lado del micro-ondas, se acabó el mal rollo.
MADUREZ: Te interesa Paul Auster; te interesa el Feng Shui... pero te paaaaaaartes de risa (y mira que te lo has leído veces) con aquel en que Mortadelo y Filemón se van a Nueva York y se oye al piloto que dice que la Ofelia mejor se vaya para el medio del avión, que hace contrapeso.
SENILIDAD: Hoy me he encontrado un paquete de arroz en la nevera. Lo que me hace llamarlo "senilidad" y no "despiste" (dado que me he llegado a encontrar unas medias en la nevera y un bote de mermelada en el cesto de la ropa sucia, y ya hace años que me pasan cosas así) es que no recuerdo cómo carajo llegó el susodicho paquete de arroz a la nevera. Igual ha sido Craig, en un intento de emulación de "Luz de gas", pero qué quieren que les diga, a mí me preocupa no acordarme de estas cosas. Igual algún día me meo en la bañera y ni me entero. Que alguien me vigile, por Dios, que no respondo de mis actos.
MADUREZ: En estas últimas semanas me he preguntado, a una media de diez veces por segundo, qué hago con Craig, si somos compatibles o si estamos perdiendo el tiempo, si debería dejarle o debería frustrarle hasta que me deje él, para no ser la mala de la película, si, si, si..... Ahora he descubierto que las cosas que a mi parecer estaban tan claras, acerca de las relaciones, de la convivencia, de la antimedianaranja... pues no: no están tan claras. En el amor no hay pasión, ni desesperación. Hay sentimientos, sí, claro, pero no necesariamente de fiebres que te arrebatan el sentido. Hay paciencia, tolerancia y un sinfín de conceptos cuyo significado real (que no significante) aún estoy aprendiendo, y tremendo camino que me queda. No voy a seguir con él por no quedarme sola, porque de hecho ya me he dado cuenta de que sola es como mejor estoy. Voy a seguir con él porque en él tengo un espejo perfecto de las virtudes de las que carezco, y me hacer aprender, día a día, a ser mejor persona. Voy a seguir con él porque quererle no significa querer tirármele encima cada cinco minutos, sino buscar su felicidad y servirle de espejo simultáneo en su desarrollo.
Voy a seguir con él, porque hay un montón de motivos, numerables e innumerables, racionales en su mayoría, para seguir con él.
Y dejaré las pasiones, las locuras y los momentos imposibles para el recuerdo, o para las películas, como quien establece un rincón lúdico dentro de su imaginación para soñar un rato, que las fantasías también son necesarias, por supuesto.
SENILIDAD: Tengo que volver a la traducción y no encuentro el puñetero libro por ninguna parte. Voy a mirar dentro de la lavadora... nunca se sabe.
HAPPY BIRTHDAY TO ME.
No, si de "happy" tiene esto lo que yo de genio de las matemáticas. Me he despertado, he mirado por la ventana y me ha invadido una situación así como de Noriega en "Abre los ojos" (traducido: Cruise en "Vanilla Sky"). Por no salir, no ha salido ni el sol, el muy cabrón. Y yo que quería irme a la playa con Sacarina.
En fin...
Lo cierto es que la protagonista de la historia del post anterior (de madrugada y con bastante alcohol encima) llevaba una crisis considerable.
La CRISIS DE LOS TREINTA. (años, se entiende.)
Sí, ya sé que aún no cumplo treinta, pero las crisis vienen cuando vienen, y a mí la de los treinta me dura desde los veinticuatro.
Estoy en una edad dificil. Cuando mi madre tenía la edad que tengo yo ahora, yo ya corría por esos montes gallegos. (Bueno, es un decir, porque nunca he sido una amante exacerbadamente apasionada de la naturaleza... pero ustedes ya me entienden).
Por otra parte, yo tengo la misma edad que tenía mi madre cuando yo ya corría por esos montes, y sin embargo no estoy segura ni de haber superado la adolescencia.
No es que esté intentando compararme con mi madre, no... Pero en cierto modo fue ella quien me dijo un día que cuando nos sentimos viejas es porque no hemos hecho todo lo que tendríamos que haber hecho, y ELLA, claro está, ELLA se siente muy joven. ("¿Tu vida es una mierda? Ah, pues fíjate, la mía es perfecta, oye. Soy feliz como una lombriz." Repelente para matarla a escobazos, créanme).
Por eso acabo de decidir que voy a configurar una lista de cosas que he hecho en mis años de vida que mi madre no había hecho a mi edad. Para que conste por escrito, ergo pueda venir a leerla siempre que me dé el bajón.
RECUENTO DE COSAS QUE HE HECHO QUE MI MADRE A MI EDAD NO HABÍA HECHO:
1. Aprender a encender el ordenador.
2. (Vid. Anterior.) Aprender a hacer furrular algún programa, para que no se diga.
3. Viajar por EEUU, Europa y Australia. (Bueno, ella también ha viajado, pero más tarde, cuando ya no tenía que pagarme los viajes a mí, así que esa no la contamos).
4. Beberme treinta y cinco Boldams en una noche. (Yo no recuerdo haber hecho nada parecido en toda mi vida, pero si lo dice Sacarina... en fin, el caso es que mi madre no es Boldamera; le van los vinos caros, más bien).
5. Quedarme sola en el colegio con toda mi clase cuando el resto del mundo se ha ido ya con el autocar y nos han dejado encerrados dentro casualmente obliterando el simple hecho de nuestra existencia. (Ella ha ejercido durante muchísimos años y obviamente se ha chupado sus mil setecientas excursiones, pero nunca se la han olvidado en el colegio con todo el equipo, como a mí).
6. Tener setecientos amantes. (Ya, bueno, claro... pero el caso es que si los hubiera tenido, a mí no me lo habría dicho, así que esta tampoco cuenta).
7. Tener setecientos desengaños. De esta sí que estoy segura. Por su modo de comportarse se nota que en cuestión de amores nunca se ha llevado ninguna patada. Y por su carácter, es imposible que se haya llevado ninguna. ¿Quién iba a contradecir a Goeebbels, díganme?
8. Tener setecientos trabajos que odiaba pero que me hicieron crecer y madurar muchísimo más que el que quiero. Ella siempre ha sido lo que es, Supermegaeducadora Admirable; siempre se ha beneficiado de cobrar por ejercer no su vocación, sino puramente su instinto, y nunca ha tenido que luchar y enfrentarse a un millón de trabajos de mierda para darse cuenta de lo que esperaba de su vida. Siempre lo ha tenido todo claro, y su vida ha sido una autopista alemana. (Lisa y sin límites de velocidad, baches ni peajes)
9. Hacerme vegetariana. Lo decidí hace algunos días, después de mucho tiempo de calvario ascendente a causa de la carne. Cada vez me gustaba menos y se me hacía más dificil de masticar, de oler, de... de de todo. Obviamente, sólo vegetariana a medias, porque el pescado no lo pienso dejar, y a mi entender, el pescado, en tanto que animal, también es carne. A mi madre le haces una prueba de asociación mental de ideas encadenadas en que tenga que responderte a una palabra con otra palabra, la primera que se le ocurra, le dices "Vegetariana" y te contesta "extraterrestre". Durante toda mi vida me ha dicho que los seres humanos tenemos que comer carne porque nuestra dentadura está diseñada para ello. Me ha dado la excusa perfecta: ya he comido bastante carne para lo que me queda de vida (por una parte) y mi dentadura ya no está para esos trotes (por otra parte).
10. Continuar fumando como una campeona. No sé a qué alturas de la historia, mi madre se "rajó" y dejó de fumar. Cobarde. Yo no: yo, desafiando a la muerte, a las leyes de la naturaleza y blá re-blá, me mantengo firme en mis principios y valores adquiridos: Si no hay Gauloises (paquete rojo), Camel Light. (paquete azul).
En fin... Yo no he tenido una hija que me cambiara por completo la manera de ver el mundo, de entender la vida, de vivir los días... y de hecho, ahora mismo ni siquiera sé si quiero, viendo el percal, pero sí que he sacado una conclusión acerca de la lista de arriba: es una idiotez compararnos, porque hemos llevado vidas completamente diferentes. (Ahora falta que se dé cuenta ella).
Ahora lo dejo aquí. Me faltan quince minutos (aproximadamente) para tener veintiocho años (he dicho veintiocho, sí) y tres litros de café para cobrar conciencia de ello.
Un abrazo muy fuerte a quienes me leen. Los comentarios que me dejan aumentan muchísimo la calidad de este blog. Por favor, opinen más, critiquen más.... me hago mayor, y quiero que este blog crezca conmigo, "pero no puedo cantar solito... yo quiero un coro de pajaritos...."
(Lo dejo antes de ponerme a llorar de emoción, o de hacerles llorar de aburrimiento).
En fin...
Lo cierto es que la protagonista de la historia del post anterior (de madrugada y con bastante alcohol encima) llevaba una crisis considerable.
La CRISIS DE LOS TREINTA. (años, se entiende.)
Sí, ya sé que aún no cumplo treinta, pero las crisis vienen cuando vienen, y a mí la de los treinta me dura desde los veinticuatro.
Estoy en una edad dificil. Cuando mi madre tenía la edad que tengo yo ahora, yo ya corría por esos montes gallegos. (Bueno, es un decir, porque nunca he sido una amante exacerbadamente apasionada de la naturaleza... pero ustedes ya me entienden).
Por otra parte, yo tengo la misma edad que tenía mi madre cuando yo ya corría por esos montes, y sin embargo no estoy segura ni de haber superado la adolescencia.
No es que esté intentando compararme con mi madre, no... Pero en cierto modo fue ella quien me dijo un día que cuando nos sentimos viejas es porque no hemos hecho todo lo que tendríamos que haber hecho, y ELLA, claro está, ELLA se siente muy joven. ("¿Tu vida es una mierda? Ah, pues fíjate, la mía es perfecta, oye. Soy feliz como una lombriz." Repelente para matarla a escobazos, créanme).
Por eso acabo de decidir que voy a configurar una lista de cosas que he hecho en mis años de vida que mi madre no había hecho a mi edad. Para que conste por escrito, ergo pueda venir a leerla siempre que me dé el bajón.
RECUENTO DE COSAS QUE HE HECHO QUE MI MADRE A MI EDAD NO HABÍA HECHO:
1. Aprender a encender el ordenador.
2. (Vid. Anterior.) Aprender a hacer furrular algún programa, para que no se diga.
3. Viajar por EEUU, Europa y Australia. (Bueno, ella también ha viajado, pero más tarde, cuando ya no tenía que pagarme los viajes a mí, así que esa no la contamos).
4. Beberme treinta y cinco Boldams en una noche. (Yo no recuerdo haber hecho nada parecido en toda mi vida, pero si lo dice Sacarina... en fin, el caso es que mi madre no es Boldamera; le van los vinos caros, más bien).
5. Quedarme sola en el colegio con toda mi clase cuando el resto del mundo se ha ido ya con el autocar y nos han dejado encerrados dentro casualmente obliterando el simple hecho de nuestra existencia. (Ella ha ejercido durante muchísimos años y obviamente se ha chupado sus mil setecientas excursiones, pero nunca se la han olvidado en el colegio con todo el equipo, como a mí).
6. Tener setecientos amantes. (Ya, bueno, claro... pero el caso es que si los hubiera tenido, a mí no me lo habría dicho, así que esta tampoco cuenta).
7. Tener setecientos desengaños. De esta sí que estoy segura. Por su modo de comportarse se nota que en cuestión de amores nunca se ha llevado ninguna patada. Y por su carácter, es imposible que se haya llevado ninguna. ¿Quién iba a contradecir a Goeebbels, díganme?
8. Tener setecientos trabajos que odiaba pero que me hicieron crecer y madurar muchísimo más que el que quiero. Ella siempre ha sido lo que es, Supermegaeducadora Admirable; siempre se ha beneficiado de cobrar por ejercer no su vocación, sino puramente su instinto, y nunca ha tenido que luchar y enfrentarse a un millón de trabajos de mierda para darse cuenta de lo que esperaba de su vida. Siempre lo ha tenido todo claro, y su vida ha sido una autopista alemana. (Lisa y sin límites de velocidad, baches ni peajes)
9. Hacerme vegetariana. Lo decidí hace algunos días, después de mucho tiempo de calvario ascendente a causa de la carne. Cada vez me gustaba menos y se me hacía más dificil de masticar, de oler, de... de de todo. Obviamente, sólo vegetariana a medias, porque el pescado no lo pienso dejar, y a mi entender, el pescado, en tanto que animal, también es carne. A mi madre le haces una prueba de asociación mental de ideas encadenadas en que tenga que responderte a una palabra con otra palabra, la primera que se le ocurra, le dices "Vegetariana" y te contesta "extraterrestre". Durante toda mi vida me ha dicho que los seres humanos tenemos que comer carne porque nuestra dentadura está diseñada para ello. Me ha dado la excusa perfecta: ya he comido bastante carne para lo que me queda de vida (por una parte) y mi dentadura ya no está para esos trotes (por otra parte).
10. Continuar fumando como una campeona. No sé a qué alturas de la historia, mi madre se "rajó" y dejó de fumar. Cobarde. Yo no: yo, desafiando a la muerte, a las leyes de la naturaleza y blá re-blá, me mantengo firme en mis principios y valores adquiridos: Si no hay Gauloises (paquete rojo), Camel Light. (paquete azul).
En fin... Yo no he tenido una hija que me cambiara por completo la manera de ver el mundo, de entender la vida, de vivir los días... y de hecho, ahora mismo ni siquiera sé si quiero, viendo el percal, pero sí que he sacado una conclusión acerca de la lista de arriba: es una idiotez compararnos, porque hemos llevado vidas completamente diferentes. (Ahora falta que se dé cuenta ella).
Ahora lo dejo aquí. Me faltan quince minutos (aproximadamente) para tener veintiocho años (he dicho veintiocho, sí) y tres litros de café para cobrar conciencia de ello.
Un abrazo muy fuerte a quienes me leen. Los comentarios que me dejan aumentan muchísimo la calidad de este blog. Por favor, opinen más, critiquen más.... me hago mayor, y quiero que este blog crezca conmigo, "pero no puedo cantar solito... yo quiero un coro de pajaritos...."
(Lo dejo antes de ponerme a llorar de emoción, o de hacerles llorar de aburrimiento).
If you're happy and you know it... you're a freak.
- Madame?- dice la voz de ella (que no su conciencia), temblorosa, como hacia un pánico de encontrar respuestas cuyas preguntas no sabe.
- No jodas a estas horas. ¿Qué quieres? -dice el espíritu.
- Quería haceros preguntas. Muchas. Sobre mi vida.
- Y no me las puedes hacer mañana, claro. - bosteza el espíritu.
-Mañana podría repetíroslas - amenaza ella, sin querer.
-Me cag... a ver. ¿Qué es esta vez? ¿La vejez? ¿El Sudán? ¿Las batallas matriarcales? ¿Las frustraciones musicales? ¿Dolor de muelas?
-No -responde ella, taxativa -Esto no tiene nada que ver con el resto del aburrimiento de mi vida, lo prometo.
Como el espíritu lleva mucho tiempo aburriéndose, pero de verdad, casi que se quita los auriculares ( que rezumaban conciertos barrocos por todas partes) por curiosidad, no por altruismo.
- ¿Y bien?
- bueno, tengo un problema muy grande. Me acabo de dar cuenta justo ahora de que no sé exactamente cuál es mi definición del amor.
- Ah.
¿Y A MÍ QUÉ CARAJO ME IMPORTAAAA!!!?????
- Bueno, pensé que deberíais de saberlo, dado que llevo tres años y pico con este hombre, y pese a que no puedo decir nada gravemente malo de él... he vuelto a casa sola, sin él. Y no tengo muchas ganas de verle, que digamos. He vuelto sola, conmigo misma, dejándolo allí en aquel sitio, no excesivamente contento (él, no el sitio).
- ...
-Decidme algo, por favor, o acabaré comiéndome la pizza entera.
-Un momento, un momento...
Número Uno: como si te comes una pastilla de jabón untada en mostaza.
Número Dos: es muy cobarde recurrir a esto para hablar contigo misma ( y deja la puñetera pizza, que acabarás vomitando, entre tanta Boldam y tanta leche).
Número Tres: Se supone que eres lo suficientemente grandecita como para saber lo que tienes que hacer.
Número cuatro: Sácate esos zapatos, que te están matando.
- ... Es que... pensé que podríais ayudarme un poco.
- Pero tú... ¿Qué te piensas? Bonita, las historias de amor no siempre funcionan rollo "amor-desengaño-amor". A veces hay sutilezas que tenemos que superar, hombres que hacen que nos hagamos daño a nosotras mismas, sin tener culpa o participación activa alguna. Vamos, entre mil millones de ejemplos... no irás a buscar el tópico de Hollywood, ¿no?
- No sé. Ojalá me engañara; ojalá fuera malo, ojalá....
-Qué.
-Ojalá pudiera pensar con claridad. Ojalá no se me consumiera un año de vida mañana. Ojalá me duerma dentro de cinco minutos y todo este desorden mental no exista.
Ojalá no tenga que decirle eso del "No eres tú: soy yo".
- No jodas a estas horas. ¿Qué quieres? -dice el espíritu.
- Quería haceros preguntas. Muchas. Sobre mi vida.
- Y no me las puedes hacer mañana, claro. - bosteza el espíritu.
-Mañana podría repetíroslas - amenaza ella, sin querer.
-Me cag... a ver. ¿Qué es esta vez? ¿La vejez? ¿El Sudán? ¿Las batallas matriarcales? ¿Las frustraciones musicales? ¿Dolor de muelas?
-No -responde ella, taxativa -Esto no tiene nada que ver con el resto del aburrimiento de mi vida, lo prometo.
Como el espíritu lleva mucho tiempo aburriéndose, pero de verdad, casi que se quita los auriculares ( que rezumaban conciertos barrocos por todas partes) por curiosidad, no por altruismo.
- ¿Y bien?
- bueno, tengo un problema muy grande. Me acabo de dar cuenta justo ahora de que no sé exactamente cuál es mi definición del amor.
- Ah.
¿Y A MÍ QUÉ CARAJO ME IMPORTAAAA!!!?????
- Bueno, pensé que deberíais de saberlo, dado que llevo tres años y pico con este hombre, y pese a que no puedo decir nada gravemente malo de él... he vuelto a casa sola, sin él. Y no tengo muchas ganas de verle, que digamos. He vuelto sola, conmigo misma, dejándolo allí en aquel sitio, no excesivamente contento (él, no el sitio).
- ...
-Decidme algo, por favor, o acabaré comiéndome la pizza entera.
-Un momento, un momento...
Número Uno: como si te comes una pastilla de jabón untada en mostaza.
Número Dos: es muy cobarde recurrir a esto para hablar contigo misma ( y deja la puñetera pizza, que acabarás vomitando, entre tanta Boldam y tanta leche).
Número Tres: Se supone que eres lo suficientemente grandecita como para saber lo que tienes que hacer.
Número cuatro: Sácate esos zapatos, que te están matando.
- ... Es que... pensé que podríais ayudarme un poco.
- Pero tú... ¿Qué te piensas? Bonita, las historias de amor no siempre funcionan rollo "amor-desengaño-amor". A veces hay sutilezas que tenemos que superar, hombres que hacen que nos hagamos daño a nosotras mismas, sin tener culpa o participación activa alguna. Vamos, entre mil millones de ejemplos... no irás a buscar el tópico de Hollywood, ¿no?
- No sé. Ojalá me engañara; ojalá fuera malo, ojalá....
-Qué.
-Ojalá pudiera pensar con claridad. Ojalá no se me consumiera un año de vida mañana. Ojalá me duerma dentro de cinco minutos y todo este desorden mental no exista.
Ojalá no tenga que decirle eso del "No eres tú: soy yo".
Danzas de la muerte (en prosa contemporánea).
-TOC TOC
-¿Quién es?
-La Muerte.
- ¿Qué? ¿Habéis vuelto a cambiar de nombre?
- No, no vengo de FECSA-ENDESA, soy la Muerte De Verdad.
- Joder, ni me he duchado todavía. ¿No puedes pasar más tarde? ¿Qué son cinco minutillos de nada comparados con el resto de la eternidad? Te tomas un café mientras tanto.
-No, si no vengo a buscarte, sólo vengo a avisarte. Además el café me da acidez.
- Pues llévateme ya, y te ahorras viajes, que venir por venir es tontería, y además me pegas unos sustos de muerte.
-¿Lo de "Sustos de Muerte" es tu concepto de sentido del humor o te ha salido así?
-Perdona, es la falta de costumbre. (risitas nerviosas).
-Pues nada, que eso, que ya te queda menos. Que lo sepas.
-En serio, ¿Por qué no te me llevas ya, y me ahorras tiempo de sufrimiento, de hacer planes, de trabajar, de pensar en ti?
- Es que ya voy cargada, y el purgatorio no me pilla de camino.
-¿Al purgatorio? ¿Voy a ir al purgatorio? ¿Esa es toda mi recompensa después de probar mi calidad humana dejando la carrera de derecho, no yendo a comer a MacDonald's, no viendo Crónicas Marcianas, cuidando cacahuetes? Si lo sé, me licencio y me voy a celebrarlo con un menú BigMaCrata.
-Joder, no le digas a Dios que te lo he dicho, que me finiquita, por favor. Es que me he tomado un par de cervezas con esta peña que traigo, y a una se le va la lengua.
-O sea, que ya tenéis planes para mí, haga lo que haga, ¿no?
-Más o menos... a no ser que dejes es tabaco antes de cumplir los treinta. No es por los pulmones, tía, es por las compañías tabacaleras, que ha habido un follón del copón... Pero no te quejes, que si hubieras acabado derecho y hubieras ejercido ibas directa al infierno, fijo. Además el purgatorio no está tan mal, ahora. Han hecho obras, con todo esto de Iraq, y hay un montón de gente con idiomas, y podrás practicar mucho inglés.
-Qué bien me lo pones.
- En fin, chata, que me tengo que ir, que me cierran el infierno.
-Sólo por curiosidad... ¿a quién llevas?
-Tú no ves las noticias, ¿verdad?
-Pues no, no mucho, últimamente.
-Hostia, casi me haces irme de la lengua otra vez. Que no, que es información confidencial. No te lo puedo decir.
- Bueno, pues vale. A todo esto... cuando me lleves, ¿Podremos bailar, como en las Danzas de la Muerte? Es que para estas cosas soy muy folklórica, qué quieres que te diga...
- Pues claro. El baile es lo que más me mola de mi trabajo. Por eso me contrataron.
-¿Se puede pedir baile?
-Sí, pero con antelación. Es decir, que en casos de accidente, la música va por defecto y suele ser tecno si vas al infierno, pasodoble para el purgatorio y vals para el cielo.
- Ya hay que joderse, lo organizado que lo tenéis todo.
-Ya te digo, reina. No se nos escapa nada. Estas cosas hay que tenerlas bien montadas, que luego la gente se queja. En fin, ¿qué baile te apunto?
-Pensaba que érais omniscientes. Reggaeton, por supuesto. Quiero bailar reggaeton.
- Una de reggaeton marchando, pues. Pero que conste que yo, de omnisciente, ná de ná. Yo sólo soy una mandá, la que manda de verdad es la jefa.
-¿Jefa? ¿Dios es mujer? ¿ES MUJER? ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
- Joder, ya me has vuelto a liar. Me voy, antes de acabar largando que además es de raza negra.
...
...
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Yo hoy me quedo sin curro por tu culpa, verás.
- No te preocupes, sólo es satisfacción personal, no se lo contaré a nadie. Me has alegrado el día, ¡así da gusto morirse!
- Sí, bueno, eso, que se te va un poco la flapa, ¿no?
- Nada, nada, cosas de la edad... encantada de conocerte, en serio.
- Igualmente. Si da tiempo aún me paso una vez por década, para ir avisando, ¿eh?
-Vale. Has apuntado bien lo del reggaeton, ¿no?
-Sí, venga, hasta luego, bonita, que me cierran y la puta Demonia me cierra la puer... joder, joder, joder... no he dicho nada, no he dicho nada...
( )
Lo cierto es que hoy no tengo ganas de escribir. Siento una especie de sequía mental que sólo se ve empeorada por el hecho de que tengo una traducción por hacer, un ensayo por escribir y un montón de programas informáticos de tradumática por hacer furrular, como dicen en mi pueblo.
Ya no hay cacahuetes de por medio, ya se ha ido Hans Magnus, ya no tengo excusa posible y estoy aquí, cara a cara ante el ordenador, instrumento y enemigo a la vez, y la traducción al lado.
No, de verdad, no es pereza. Es sequía. Podredumbre sináptica. Atrofiamiento severo de neuronas, carencia probablemente irreversible de serotonina (causada a ciencia cierta por ingesta masiva de Boldams y botellas de cava con Hans Magnus hasta altas horas de la madrugada, con sol y todo, hablando y bañándonos en la piscina) y flaccidez y descolgamiento general de actividad cerebral.
Me pregunto cuántas neuronas se necesitan para traducir a un llanqui.
(Hum....)
En fin, el caso es que en estos últimos días han pasado muchas cosas interesantes (que no necesariamente buenas) y curiosamente, NO tengo ganas de explicarlas. Quizá porque cuando explicamos algo que llevamos dentro, se vuelve oficial, de alguna manera que no llego a entender. Y no tengo ganas de hacer oficial una crisis, ahora mismo.
Tengo ganas de dejar reposar las palabras dichas, los gritos gritados, los insultos insultados y el dolor de cabeza.
Que no, no me malinterpreten. Ni estoy triste, ni deprimida, ni nada de nada. Estoy expectante.
Claro que el hecho de que el lunes que viene es mi cumpleaños sólo hace que empeorar las cosas, porque me he revestido involuntariamente de una especie de filtro a través del cual todo se ve más imposible, más cerca del apocalipsis, más trágico, más.... viejo. Me hago vieja. No me hago rica, ni culta, ni sabia. Me hago vieja por degeneración de tejidos, no por experiencias gratas, ni por conocimientos adquiridos. Me hago vie-ja.
Por la misma regla de tres de conversión de cosas en oficiales mediante aseveración expresa de las mismas, he pensado que quizá si no celebro mi cumpleaños, puedo seguir con la misma edad un año más.
Además es que "celebrar" el cumpleaños me parece tan macabro como ponerse a bailar rocanrol en un entierro. ¿Por qué hay que "celebrar" que te queda un año menos para morirte? Seguro que se le ocurrió a alguna mente suicida y ha perdurado hasta nuestros tiempos. O igual funcionó a modo de terapia de choque: "para que te sea leve, te compraremos regalos, así mientras los miras y los disfrutas, no pensarás en lo mucho que te acercas a la muerte. Eso, eso, vamos a celebrarlo para que parezca que es una alegría y no una agonía lenta."
Y luego me acusan de ser cruel. Voy a ponerlo en perspectiva Yoda, para que me entiendan:
El cumpleaños lleva a la vejez, la vejez a pensamientos sobre la muerte, los pensamientos sobre la muerte al miedo, el miedo al causticismo, el causticismo a la crueldad.
Así que no me culpen: estoy siendo profundamente ácida con bastante gente estos días, pero es gente que lo merece, porque nunca han tenido a nadie que les dijera cuatro verdades (de esas que duelen) en un momento dado, y así están.
Me refiero a los dos especímenes de las Antígonas con los que vivo, que me traen por el camino de ya ni querer soltar todos los males de la caja de Pandora, sino más bien de querer meterme dentro de ella. En fin, el caso es que ellos son un par de surferos felices, grandes, musculosos y políticamente correctos (a su manera, claro) y yo una bruja decadente, decrépita, degenerada, y cuatro o cinco "des-" más, que lo analiza todo, que predice catástrofes (y acierta, muy a mi pesar) y que no es capaz de callarse sólo por no herir la supuesta sensibilidad de un par de corazoncitos de cartón piedra.
A la mierda con todo. Me hago vieja y voy a aprovechar los años que me quedan intentando cambiar mi pequeña parcela de vida.
Y a quien no le guste, que se aplique lo de "quien se pica, ajos mastica".
-¿Quién es?
-La Muerte.
- ¿Qué? ¿Habéis vuelto a cambiar de nombre?
- No, no vengo de FECSA-ENDESA, soy la Muerte De Verdad.
- Joder, ni me he duchado todavía. ¿No puedes pasar más tarde? ¿Qué son cinco minutillos de nada comparados con el resto de la eternidad? Te tomas un café mientras tanto.
-No, si no vengo a buscarte, sólo vengo a avisarte. Además el café me da acidez.
- Pues llévateme ya, y te ahorras viajes, que venir por venir es tontería, y además me pegas unos sustos de muerte.
-¿Lo de "Sustos de Muerte" es tu concepto de sentido del humor o te ha salido así?
-Perdona, es la falta de costumbre. (risitas nerviosas).
-Pues nada, que eso, que ya te queda menos. Que lo sepas.
-En serio, ¿Por qué no te me llevas ya, y me ahorras tiempo de sufrimiento, de hacer planes, de trabajar, de pensar en ti?
- Es que ya voy cargada, y el purgatorio no me pilla de camino.
-¿Al purgatorio? ¿Voy a ir al purgatorio? ¿Esa es toda mi recompensa después de probar mi calidad humana dejando la carrera de derecho, no yendo a comer a MacDonald's, no viendo Crónicas Marcianas, cuidando cacahuetes? Si lo sé, me licencio y me voy a celebrarlo con un menú BigMaCrata.
-Joder, no le digas a Dios que te lo he dicho, que me finiquita, por favor. Es que me he tomado un par de cervezas con esta peña que traigo, y a una se le va la lengua.
-O sea, que ya tenéis planes para mí, haga lo que haga, ¿no?
-Más o menos... a no ser que dejes es tabaco antes de cumplir los treinta. No es por los pulmones, tía, es por las compañías tabacaleras, que ha habido un follón del copón... Pero no te quejes, que si hubieras acabado derecho y hubieras ejercido ibas directa al infierno, fijo. Además el purgatorio no está tan mal, ahora. Han hecho obras, con todo esto de Iraq, y hay un montón de gente con idiomas, y podrás practicar mucho inglés.
-Qué bien me lo pones.
- En fin, chata, que me tengo que ir, que me cierran el infierno.
-Sólo por curiosidad... ¿a quién llevas?
-Tú no ves las noticias, ¿verdad?
-Pues no, no mucho, últimamente.
-Hostia, casi me haces irme de la lengua otra vez. Que no, que es información confidencial. No te lo puedo decir.
- Bueno, pues vale. A todo esto... cuando me lleves, ¿Podremos bailar, como en las Danzas de la Muerte? Es que para estas cosas soy muy folklórica, qué quieres que te diga...
- Pues claro. El baile es lo que más me mola de mi trabajo. Por eso me contrataron.
-¿Se puede pedir baile?
-Sí, pero con antelación. Es decir, que en casos de accidente, la música va por defecto y suele ser tecno si vas al infierno, pasodoble para el purgatorio y vals para el cielo.
- Ya hay que joderse, lo organizado que lo tenéis todo.
-Ya te digo, reina. No se nos escapa nada. Estas cosas hay que tenerlas bien montadas, que luego la gente se queja. En fin, ¿qué baile te apunto?
-Pensaba que érais omniscientes. Reggaeton, por supuesto. Quiero bailar reggaeton.
- Una de reggaeton marchando, pues. Pero que conste que yo, de omnisciente, ná de ná. Yo sólo soy una mandá, la que manda de verdad es la jefa.
-¿Jefa? ¿Dios es mujer? ¿ES MUJER? ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
- Joder, ya me has vuelto a liar. Me voy, antes de acabar largando que además es de raza negra.
...
...
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Yo hoy me quedo sin curro por tu culpa, verás.
- No te preocupes, sólo es satisfacción personal, no se lo contaré a nadie. Me has alegrado el día, ¡así da gusto morirse!
- Sí, bueno, eso, que se te va un poco la flapa, ¿no?
- Nada, nada, cosas de la edad... encantada de conocerte, en serio.
- Igualmente. Si da tiempo aún me paso una vez por década, para ir avisando, ¿eh?
-Vale. Has apuntado bien lo del reggaeton, ¿no?
-Sí, venga, hasta luego, bonita, que me cierran y la puta Demonia me cierra la puer... joder, joder, joder... no he dicho nada, no he dicho nada...
( )
Lo cierto es que hoy no tengo ganas de escribir. Siento una especie de sequía mental que sólo se ve empeorada por el hecho de que tengo una traducción por hacer, un ensayo por escribir y un montón de programas informáticos de tradumática por hacer furrular, como dicen en mi pueblo.
Ya no hay cacahuetes de por medio, ya se ha ido Hans Magnus, ya no tengo excusa posible y estoy aquí, cara a cara ante el ordenador, instrumento y enemigo a la vez, y la traducción al lado.
No, de verdad, no es pereza. Es sequía. Podredumbre sináptica. Atrofiamiento severo de neuronas, carencia probablemente irreversible de serotonina (causada a ciencia cierta por ingesta masiva de Boldams y botellas de cava con Hans Magnus hasta altas horas de la madrugada, con sol y todo, hablando y bañándonos en la piscina) y flaccidez y descolgamiento general de actividad cerebral.
Me pregunto cuántas neuronas se necesitan para traducir a un llanqui.
(Hum....)
En fin, el caso es que en estos últimos días han pasado muchas cosas interesantes (que no necesariamente buenas) y curiosamente, NO tengo ganas de explicarlas. Quizá porque cuando explicamos algo que llevamos dentro, se vuelve oficial, de alguna manera que no llego a entender. Y no tengo ganas de hacer oficial una crisis, ahora mismo.
Tengo ganas de dejar reposar las palabras dichas, los gritos gritados, los insultos insultados y el dolor de cabeza.
Que no, no me malinterpreten. Ni estoy triste, ni deprimida, ni nada de nada. Estoy expectante.
Claro que el hecho de que el lunes que viene es mi cumpleaños sólo hace que empeorar las cosas, porque me he revestido involuntariamente de una especie de filtro a través del cual todo se ve más imposible, más cerca del apocalipsis, más trágico, más.... viejo. Me hago vieja. No me hago rica, ni culta, ni sabia. Me hago vieja por degeneración de tejidos, no por experiencias gratas, ni por conocimientos adquiridos. Me hago vie-ja.
Por la misma regla de tres de conversión de cosas en oficiales mediante aseveración expresa de las mismas, he pensado que quizá si no celebro mi cumpleaños, puedo seguir con la misma edad un año más.
Además es que "celebrar" el cumpleaños me parece tan macabro como ponerse a bailar rocanrol en un entierro. ¿Por qué hay que "celebrar" que te queda un año menos para morirte? Seguro que se le ocurrió a alguna mente suicida y ha perdurado hasta nuestros tiempos. O igual funcionó a modo de terapia de choque: "para que te sea leve, te compraremos regalos, así mientras los miras y los disfrutas, no pensarás en lo mucho que te acercas a la muerte. Eso, eso, vamos a celebrarlo para que parezca que es una alegría y no una agonía lenta."
Y luego me acusan de ser cruel. Voy a ponerlo en perspectiva Yoda, para que me entiendan:
El cumpleaños lleva a la vejez, la vejez a pensamientos sobre la muerte, los pensamientos sobre la muerte al miedo, el miedo al causticismo, el causticismo a la crueldad.
Así que no me culpen: estoy siendo profundamente ácida con bastante gente estos días, pero es gente que lo merece, porque nunca han tenido a nadie que les dijera cuatro verdades (de esas que duelen) en un momento dado, y así están.
Me refiero a los dos especímenes de las Antígonas con los que vivo, que me traen por el camino de ya ni querer soltar todos los males de la caja de Pandora, sino más bien de querer meterme dentro de ella. En fin, el caso es que ellos son un par de surferos felices, grandes, musculosos y políticamente correctos (a su manera, claro) y yo una bruja decadente, decrépita, degenerada, y cuatro o cinco "des-" más, que lo analiza todo, que predice catástrofes (y acierta, muy a mi pesar) y que no es capaz de callarse sólo por no herir la supuesta sensibilidad de un par de corazoncitos de cartón piedra.
A la mierda con todo. Me hago vieja y voy a aprovechar los años que me quedan intentando cambiar mi pequeña parcela de vida.
Y a quien no le guste, que se aplique lo de "quien se pica, ajos mastica".
Historia de amor entre otro Flaubert y otra Colet (continuación).
Esta historia empieza en un stand-by, como la dejé. Hay muchas historias que ni empiezan por el principio, ni acaban con un final. Lo malo es que Hollywood nos tiene en engaño permanente... Déjenme que les siga contando. (Para quien no leyera el principio, está en el archivo de Junio, el 22).
Eran principios de año, más o menos, aunque daba igual, porque los meses eran una continuación alargada de aquella mañana de Septiembre del principio de los tiempos.
Igual no es necesario decir que las notas no les fueron bien, ni a él, ni a ella. Pero tampoco creo que les preocupara, con tanto trabajo que tenían llegando a conocerse más y estableciendo récords de permanencia en el bar mientras tanto.
Él, el chico de la cara imposible y físico impredecible, le hablaba de su amigo de toda la vida, su camarada, su compinche, su hermano, una especie de Lord Byron, a la vez músico excepcional y poeta inevitable. Ella, celosa de que hubiera alguien con quien competir en la amistad y la consideración de él, le decía que lo llevara algún día (al músico poeta) para compartir notas (musicales, no académicas. Acabáramos) y él siempre le respondía con alguna evasiva.
Hasta que un día sucedió lo que tenía que suceder y coincidieron los tres, en la misma dichosa parada de metro de siempre, y por pura casualidad.
Y sucedió lo que tenía que suceder y Byron y Colet fuera de tiempo se enamoraron perdida, imposible e infantilmente.
De una manera que nadie aún logra explicar (y créanme, surgieron un número considerable de analistas de esta historia) desde el momento en que nuestra Colet y nuestro Byron particulares se enamoraron, ella ya no podía concebir a uno sin el otro. La idea era poco menos que escabrosa, por el daño que podía llegar a causar, pero acechaba su cuerpo como el cáncer y no podía dejar de pensar en todas las cosas que los hacían complementarios (que no sustitutivos) y que la suma de los dos construía al hombre perfecto, el príncipe azul soñado, qué sé yo lo que debió de pensar o sentir durante semanas.
Semanas hasta que no pudo soportar más darle tantas vueltas a las cosas y actuó.
No malinterpreten la historia: ahí no empezó el triángulo. El triángulo había empezado en el momento preciso de conocerse Flaubert y Colet, porque Flaubert ya cargaba tras de sí con los años de input proporcionado por el otro. Flaubert ya llevaba consigo una especie de vacío guardado para el otro; un vacío que también se notaba en el otro cuando Flaubert no estaba.
Así fue como siguieron los meses. Ella viajaba del uno al otro, con romanticismos y sin ellos. Fría, apasionada, calculadora y perdida.
Resulta dificil determinar quién era víctima y quién criminal, dado que cada uno(/a) era víctima de sus propias flaquezas y a la vez manipulaba a los otros dos.
Byron y Flaubert, que desde el nacimiento y hasta aquel momento se lo habían explicado todo y habían confiado el uno en el otro más que en si mismos, encontraron un tema tabú: ella. Byron no quería explicar nada a Flaubert sobre su relación con ella, porque sabía que le haría daño. Flaubert no quería explicar nada de ella a Byron, porque se suponía que ella estaba con Byron y le engañaba con él.
Ella tenía miedo de hablar y confundir nombres, o decir demasiado.
Ella era un dolor de cabeza con piernas.
Ellos la amaban. No la querían: la amaban.
Ella amaba tanto a uno como al otro, pero de una manera tan diferente que era imposible decir que los engañara, si se pensaban bien las cosas.
Otros cuantos meses después, entre conciertos de piano mal dados, exámenes mal estudiados, amistades olvidadas y un verano por medio, la cosa giró ciento ochenta grados y Colet decidió dedicar todos sus sentimientos a Flaubert y olvidar al otro. El otro siempre fue el otro, de todas maneras.
Justo cuando pensaba que había roto el triángulo, apareció Byron una noche en su casa (la de ella) cuando Flaubert se marchaba, y coincidieron los tres en la cocina, a medianoche.
Nadie sabía qué decir, ni si había algo que decir.
Cuando parecía que los tres estaban a punto de tirarse por la ventana o proponer un trío, Flaubert se marchó y Byron se quedó, y vuelta a lo mismo.
Y cómo piensan que puede acabar una historia así. Ella sabía el final desde el principio. Actuó según sus sentimientos porque sabía que los había de perder a los dos.
Lo malo era que en realidad, entre tantos engaños, escondites, verdades medio dichas y mentiras medio confesadas, sólo quería a uno de verdad. Al de siempre; al del principio.
Byron fue expulsado del mapa al cabo de un tiempo, y Flaubert desapareció por racionalidad propia recién estrenada.
Ella se quedó sin él. Le escribió durante meses. Le escribió durante un año, pero nunca recibió respuesta.
Al cabo de ese año, una noche coincidió con él en una fiesta y se pusieron a hablar un rato que duró más de ocho horas. Hablaron de lo que habían hecho durante aquel año en que los dos habían cambiado de carrera; hablaron de libros, de escritos, de las cartas de ella, de las nuevas amistades de él, de lo mala que estaba la cerveza en aquel sitio y de otros sitios. No dejaron nada por hablar. O casi nada.
Se hizo de día y ella pensó "Y ahora, ¿qué?"
Y le preguntó: "Y ahora, ¿qué?
Y él pensó: "Ahora te beso como si se acabara el mundo, porque ahora sé que has entendido cuánto valían mis sentimientos y también que los compartes."
Y le contestó: "Ahora son las seis de la mañana y me voy a casa a dormir. Y cuando me despierte, esta noche no ha ocurrido."
Y la cochina casualidad, además, hizo que se despidiera en la misma parada de metro donde se habían conocido, como si el metro lo hubiera escupido un buen día y ahora se lo volviera a tragar.
No es una cuestión de conformismo: no habría funcionado, porque la esencia de la historia era madurar y aprender, no emparejarse. La esencia de la historia iba por el camino de que "lo más grande que te puede pasar es amar y ser correspondida".
Y eso, créanme, ya que soy la narradora omnisciente, le quedó bien claro para siempre.
Esta es otra de esas historias cuyo final me gustaría cambiar. Desafortunadamente, para esta no encuentro ningún final feliz. De hecho, no encuentro ningún final, de ninguna manera.
"La nuit maintenant est chaude et douce ; j'entends le grand tulipier, qui est sous ma fenêtre, frémir au vent et, quand je lève la tête, je vois la lune se mirer dans la rivière. "
Eran principios de año, más o menos, aunque daba igual, porque los meses eran una continuación alargada de aquella mañana de Septiembre del principio de los tiempos.
Igual no es necesario decir que las notas no les fueron bien, ni a él, ni a ella. Pero tampoco creo que les preocupara, con tanto trabajo que tenían llegando a conocerse más y estableciendo récords de permanencia en el bar mientras tanto.
Él, el chico de la cara imposible y físico impredecible, le hablaba de su amigo de toda la vida, su camarada, su compinche, su hermano, una especie de Lord Byron, a la vez músico excepcional y poeta inevitable. Ella, celosa de que hubiera alguien con quien competir en la amistad y la consideración de él, le decía que lo llevara algún día (al músico poeta) para compartir notas (musicales, no académicas. Acabáramos) y él siempre le respondía con alguna evasiva.
Hasta que un día sucedió lo que tenía que suceder y coincidieron los tres, en la misma dichosa parada de metro de siempre, y por pura casualidad.
Y sucedió lo que tenía que suceder y Byron y Colet fuera de tiempo se enamoraron perdida, imposible e infantilmente.
De una manera que nadie aún logra explicar (y créanme, surgieron un número considerable de analistas de esta historia) desde el momento en que nuestra Colet y nuestro Byron particulares se enamoraron, ella ya no podía concebir a uno sin el otro. La idea era poco menos que escabrosa, por el daño que podía llegar a causar, pero acechaba su cuerpo como el cáncer y no podía dejar de pensar en todas las cosas que los hacían complementarios (que no sustitutivos) y que la suma de los dos construía al hombre perfecto, el príncipe azul soñado, qué sé yo lo que debió de pensar o sentir durante semanas.
Semanas hasta que no pudo soportar más darle tantas vueltas a las cosas y actuó.
No malinterpreten la historia: ahí no empezó el triángulo. El triángulo había empezado en el momento preciso de conocerse Flaubert y Colet, porque Flaubert ya cargaba tras de sí con los años de input proporcionado por el otro. Flaubert ya llevaba consigo una especie de vacío guardado para el otro; un vacío que también se notaba en el otro cuando Flaubert no estaba.
Así fue como siguieron los meses. Ella viajaba del uno al otro, con romanticismos y sin ellos. Fría, apasionada, calculadora y perdida.
Resulta dificil determinar quién era víctima y quién criminal, dado que cada uno(/a) era víctima de sus propias flaquezas y a la vez manipulaba a los otros dos.
Byron y Flaubert, que desde el nacimiento y hasta aquel momento se lo habían explicado todo y habían confiado el uno en el otro más que en si mismos, encontraron un tema tabú: ella. Byron no quería explicar nada a Flaubert sobre su relación con ella, porque sabía que le haría daño. Flaubert no quería explicar nada de ella a Byron, porque se suponía que ella estaba con Byron y le engañaba con él.
Ella tenía miedo de hablar y confundir nombres, o decir demasiado.
Ella era un dolor de cabeza con piernas.
Ellos la amaban. No la querían: la amaban.
Ella amaba tanto a uno como al otro, pero de una manera tan diferente que era imposible decir que los engañara, si se pensaban bien las cosas.
Otros cuantos meses después, entre conciertos de piano mal dados, exámenes mal estudiados, amistades olvidadas y un verano por medio, la cosa giró ciento ochenta grados y Colet decidió dedicar todos sus sentimientos a Flaubert y olvidar al otro. El otro siempre fue el otro, de todas maneras.
Justo cuando pensaba que había roto el triángulo, apareció Byron una noche en su casa (la de ella) cuando Flaubert se marchaba, y coincidieron los tres en la cocina, a medianoche.
Nadie sabía qué decir, ni si había algo que decir.
Cuando parecía que los tres estaban a punto de tirarse por la ventana o proponer un trío, Flaubert se marchó y Byron se quedó, y vuelta a lo mismo.
Y cómo piensan que puede acabar una historia así. Ella sabía el final desde el principio. Actuó según sus sentimientos porque sabía que los había de perder a los dos.
Lo malo era que en realidad, entre tantos engaños, escondites, verdades medio dichas y mentiras medio confesadas, sólo quería a uno de verdad. Al de siempre; al del principio.
Byron fue expulsado del mapa al cabo de un tiempo, y Flaubert desapareció por racionalidad propia recién estrenada.
Ella se quedó sin él. Le escribió durante meses. Le escribió durante un año, pero nunca recibió respuesta.
Al cabo de ese año, una noche coincidió con él en una fiesta y se pusieron a hablar un rato que duró más de ocho horas. Hablaron de lo que habían hecho durante aquel año en que los dos habían cambiado de carrera; hablaron de libros, de escritos, de las cartas de ella, de las nuevas amistades de él, de lo mala que estaba la cerveza en aquel sitio y de otros sitios. No dejaron nada por hablar. O casi nada.
Se hizo de día y ella pensó "Y ahora, ¿qué?"
Y le preguntó: "Y ahora, ¿qué?
Y él pensó: "Ahora te beso como si se acabara el mundo, porque ahora sé que has entendido cuánto valían mis sentimientos y también que los compartes."
Y le contestó: "Ahora son las seis de la mañana y me voy a casa a dormir. Y cuando me despierte, esta noche no ha ocurrido."
Y la cochina casualidad, además, hizo que se despidiera en la misma parada de metro donde se habían conocido, como si el metro lo hubiera escupido un buen día y ahora se lo volviera a tragar.
No es una cuestión de conformismo: no habría funcionado, porque la esencia de la historia era madurar y aprender, no emparejarse. La esencia de la historia iba por el camino de que "lo más grande que te puede pasar es amar y ser correspondida".
Y eso, créanme, ya que soy la narradora omnisciente, le quedó bien claro para siempre.
Esta es otra de esas historias cuyo final me gustaría cambiar. Desafortunadamente, para esta no encuentro ningún final feliz. De hecho, no encuentro ningún final, de ninguna manera.
"La nuit maintenant est chaude et douce ; j'entends le grand tulipier, qui est sous ma fenêtre, frémir au vent et, quand je lève la tête, je vois la lune se mirer dans la rivière. "
Reine de joie.
"Oh what a beautiful morning, oh what a beautiful day..."

Hoy es el primer día del resto del verano. Hoy es el día de arremangarse (como quien dice, porque cualquiera se pone mangas con este calor bochornoso insoportable que hace en Barcelona) y ponerse a hacer cosas.
Hoy no hay criaturas de por medio (aunque no puedo dejar de mirar fotos... esas caritas... me pierdo.) ni horarios establecidos. Ni tengo que salir corriendo con el medio segundo café en la garganta.
Qué estarán haciendo mis cacahuetes... ¿Se acordarán de mí? ¿Me echarán de menos, como dijeron? Aún no sé cómo tomarme esta sensación de amor-odio, de estar contenta y a la vez vacía, de no tenerlos. En fín, enough is enough.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De vacío emocional a causa de desconexión cacahuetil. Prometo intentar no volver al tema, pero me siento como si hubieran secuestrado y amordazado a la niña que llevo dentro... Que no, que voy a dejar el tema; de verdad. Soy una mujer adulta. Soy una mujer curtida.
2. De ganas de llorar. Hoy no he tenido besitos ni abrazos, ni historias del fin de semana del estilo de "mira la herida que me hice en el parque el sábado cuando mi abuelo no miraba".
Basta.
3. De interrogante aplastante. ¿Por dónde empiezo ahora? ¿Quién era yo hace seis semanas y qué hacía?
4. De preocupación por Holden, el hermano rebelde de Craig. Lo estoy llegando a conocer, cada día un poco más, y me preocupa. Está bastante hecho polvo y el motivo principal de venirse a vivir con nosotros era madurar algunas cosas, solucionar problemas que había tenido e intentar empezar de nuevo. Me da la sensación de que lo único que está haciendo es continuar en la misma miseria mental, pero en un país diferente. Me gustaría poder ayudarle a superar este mal trago, hemos hablado mucho y parece que se va dando cuenta de muchas cosas... pero el viernes pasado se emborrachó y se le abrió la caja de Pandora de mala manera.
Ya volveré sobre este tema. Me preocupa, además del hecho de ser familia, porque tiene un fondo excepcionalmente bueno. Es cariñoso, gracioso, trabajador, humilde y muy, muy, muy sensible. No es capaz de escribir ni dos líneas en un e-mail, pero tiene páginas y páginas llenas de poesías buenísimas.
Qué puedo decir, es un personaje. Me estoy tomando como un reto personal esto de darle apoyo moral e intentar que siga algunos consejos básicos sobre la vida, sin resultar mandona. No quiero que piense que le estoy haciendo de mamá, pero por otra parte, el hecho es que necesita una mamá. O un mentor emocional. El chico está tan hecho trizas que no hay por dónde agarrarlo. Me recuerda a mí hace algunos años, y muchas de las cosas que está pasando me hacen pensar en mí. Por eso tengo que estar recordándome contínuamente que el hecho de que yo las haya pasado no quiere decir que le pueda ahorrar los dolores de cabeza. Que las suyas las tiene que superar él.
5. De ilusión. Hoy empiezo clases de italiano con Corleone, el monitor del summercamp con el que trabajaba. Simultáneamente, él empieza clases de castellano conmigo. Lo decidimos durante una borrachera y va a ser que ha cuajado el plan. Estoy contenta también porque me gustaría que Holden conociera a gente nueva, y como Corleone es más o menos de su edad y le gustan más o menos las mismas cosas que a él, por ahí igual se hacen amigos como quien no quiere la cosa.
(Soy algo manipuladora, no puedo evitarlo dado que viene en mi ADN por parte de madre, así que al menos lo utilizaré para buenos fines).
6. De alegría y felicidad profesionales. Gracias a uno de mis mejores amigos, Donjon, he conseguido una traducción de verdad en que igual hasta publican mi nombre y todo. Impresionante. Es una novela y es de un autor conocido, pero no puedo dar más datos, por si acaso.
7. De ilusión (parte II). El miércoles llega Hans Magnus, otro de mis mejores amigos, de Alemania. Viene a quedarse con nosotros una semana. No sé cómo lo hacemos Craig y yo, esto de acabar convirtiendo el piso en una sede alternativa de la ONU.
Recuento de nacionalidades domésticas a partir del miércoles:
a) Macgaiber: representante chileno-argentino.
b) Craig: representante australiano.
c) Holden: representante australiano-aborígen.
d) Hans Magnus: representante alemán.
f) Myself: representante gallega, ahora que las cosas en Galicia realmente prosperan y puede que no se me asocie nunca más con el PP deliberadamente. (O eso espero).
8. De desesperación. Las semanas me llevan de cabeza e inexorablemente hacia mi cumpleaños, sin que yo pueda poner talón ni remo para frenar. Me hago vieja y ni Chopin aunque baje del cielo puede hacer nada para evitarlo. Me hago mayor. Me hago mayor.
COSAS POR HACER:
1. Mirar cremas anti-arrugas, pedir mamografía, visita con ginecología (no está de más ir a ver cuánto me falta para la menopausia y si ya me han salido bultos raros en el pecho o todavía no) y esta vez sí, HORA PARA EL DENTISTA.
2. Fregar, limpiar, lavar, fregar, limpiar, lavar, fregar, limpiar, lavar...
3. Dejar de escuchar reggaeton. Ahora ya no tengo excusas válidas. Lo cierto es que el soniquete del ritmo reggaetoniano me produce un bailongo interior que no soy capaz de NO exteriorizar, y acabo bailando, y me estoy volviendo adicta al terén-ten-teeen, terén-ten-téeen, y una persona con mi reputación intelectualoido-esnobista musical no se puede permitir una caída tan baja. Con todos mis respetos hacia la gente realmente metida en este mundillo musical, pero es que por todos los dioses, las letras van invariablemente hacia el mismo lugar común, en que el Latin King de turno se queja del desprecio de la dama en cuestión mientras deja al novio de la susodicha a la altura de la Picadilly line del metro, para cuyo acceso hace falta bajar tresvcientos kilómetros de escaleras, dicho sea de paso. Que si "él no sabe nada de ti", que si es un borracho, que si le pone los cuernos, que si la tiene pequeña... You name it.
"Yo soy tu maestro, que supo enseñarte...
cómo es posible que me digas que lo amas
cuando yo sé que soy el dueño de tu cama"
Y etcétera etcétera. Comprenderán por qué tengo que dejarlo. En realidad no va conmigo. Hay músicas que son como los amores de verano. No tienen nada que ver contigo, pero te hacen disfrutar cosa mala hasta que se acaba el verano y vuelves a ser quien eras.
Además me doy cuenta de lo enganchada que estoy, porque intento escribir mientras escucho reggaeton y no puedo. No puedo escribir, sólo cantar y menear la cadera cual big mama latina por la casa.
No sólo escucho reggaeton, también escucho salsa de todo tipo. De hecho la historia se me está yendo tanto de madre que estoy planeando viaje a la Habana en Septiembre con Craig y Holden. Pa poer bailar a gusto. Para ver dónde estaba el Buena Vista Social Club.
"Qué maldita mala suerte la mía
que aquel día te encontré..."
Fíjense, las cosas que una mujer llega a hacer por la música.
Y ahora me despido hasta pronto, que no tengo la camisa negra, sino todo el piso, y no por luto voluntario, no. De pura mugre.

Hoy es el primer día del resto del verano. Hoy es el día de arremangarse (como quien dice, porque cualquiera se pone mangas con este calor bochornoso insoportable que hace en Barcelona) y ponerse a hacer cosas.
Hoy no hay criaturas de por medio (aunque no puedo dejar de mirar fotos... esas caritas... me pierdo.) ni horarios establecidos. Ni tengo que salir corriendo con el medio segundo café en la garganta.
Qué estarán haciendo mis cacahuetes... ¿Se acordarán de mí? ¿Me echarán de menos, como dijeron? Aún no sé cómo tomarme esta sensación de amor-odio, de estar contenta y a la vez vacía, de no tenerlos. En fín, enough is enough.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De vacío emocional a causa de desconexión cacahuetil. Prometo intentar no volver al tema, pero me siento como si hubieran secuestrado y amordazado a la niña que llevo dentro... Que no, que voy a dejar el tema; de verdad. Soy una mujer adulta. Soy una mujer curtida.
2. De ganas de llorar. Hoy no he tenido besitos ni abrazos, ni historias del fin de semana del estilo de "mira la herida que me hice en el parque el sábado cuando mi abuelo no miraba".
Basta.
3. De interrogante aplastante. ¿Por dónde empiezo ahora? ¿Quién era yo hace seis semanas y qué hacía?
4. De preocupación por Holden, el hermano rebelde de Craig. Lo estoy llegando a conocer, cada día un poco más, y me preocupa. Está bastante hecho polvo y el motivo principal de venirse a vivir con nosotros era madurar algunas cosas, solucionar problemas que había tenido e intentar empezar de nuevo. Me da la sensación de que lo único que está haciendo es continuar en la misma miseria mental, pero en un país diferente. Me gustaría poder ayudarle a superar este mal trago, hemos hablado mucho y parece que se va dando cuenta de muchas cosas... pero el viernes pasado se emborrachó y se le abrió la caja de Pandora de mala manera.
Ya volveré sobre este tema. Me preocupa, además del hecho de ser familia, porque tiene un fondo excepcionalmente bueno. Es cariñoso, gracioso, trabajador, humilde y muy, muy, muy sensible. No es capaz de escribir ni dos líneas en un e-mail, pero tiene páginas y páginas llenas de poesías buenísimas.
Qué puedo decir, es un personaje. Me estoy tomando como un reto personal esto de darle apoyo moral e intentar que siga algunos consejos básicos sobre la vida, sin resultar mandona. No quiero que piense que le estoy haciendo de mamá, pero por otra parte, el hecho es que necesita una mamá. O un mentor emocional. El chico está tan hecho trizas que no hay por dónde agarrarlo. Me recuerda a mí hace algunos años, y muchas de las cosas que está pasando me hacen pensar en mí. Por eso tengo que estar recordándome contínuamente que el hecho de que yo las haya pasado no quiere decir que le pueda ahorrar los dolores de cabeza. Que las suyas las tiene que superar él.
5. De ilusión. Hoy empiezo clases de italiano con Corleone, el monitor del summercamp con el que trabajaba. Simultáneamente, él empieza clases de castellano conmigo. Lo decidimos durante una borrachera y va a ser que ha cuajado el plan. Estoy contenta también porque me gustaría que Holden conociera a gente nueva, y como Corleone es más o menos de su edad y le gustan más o menos las mismas cosas que a él, por ahí igual se hacen amigos como quien no quiere la cosa.
(Soy algo manipuladora, no puedo evitarlo dado que viene en mi ADN por parte de madre, así que al menos lo utilizaré para buenos fines).
6. De alegría y felicidad profesionales. Gracias a uno de mis mejores amigos, Donjon, he conseguido una traducción de verdad en que igual hasta publican mi nombre y todo. Impresionante. Es una novela y es de un autor conocido, pero no puedo dar más datos, por si acaso.
7. De ilusión (parte II). El miércoles llega Hans Magnus, otro de mis mejores amigos, de Alemania. Viene a quedarse con nosotros una semana. No sé cómo lo hacemos Craig y yo, esto de acabar convirtiendo el piso en una sede alternativa de la ONU.
Recuento de nacionalidades domésticas a partir del miércoles:
a) Macgaiber: representante chileno-argentino.
b) Craig: representante australiano.
c) Holden: representante australiano-aborígen.
d) Hans Magnus: representante alemán.
f) Myself: representante gallega, ahora que las cosas en Galicia realmente prosperan y puede que no se me asocie nunca más con el PP deliberadamente. (O eso espero).
8. De desesperación. Las semanas me llevan de cabeza e inexorablemente hacia mi cumpleaños, sin que yo pueda poner talón ni remo para frenar. Me hago vieja y ni Chopin aunque baje del cielo puede hacer nada para evitarlo. Me hago mayor. Me hago mayor.
COSAS POR HACER:
1. Mirar cremas anti-arrugas, pedir mamografía, visita con ginecología (no está de más ir a ver cuánto me falta para la menopausia y si ya me han salido bultos raros en el pecho o todavía no) y esta vez sí, HORA PARA EL DENTISTA.
2. Fregar, limpiar, lavar, fregar, limpiar, lavar, fregar, limpiar, lavar...
3. Dejar de escuchar reggaeton. Ahora ya no tengo excusas válidas. Lo cierto es que el soniquete del ritmo reggaetoniano me produce un bailongo interior que no soy capaz de NO exteriorizar, y acabo bailando, y me estoy volviendo adicta al terén-ten-teeen, terén-ten-téeen, y una persona con mi reputación intelectualoido-esnobista musical no se puede permitir una caída tan baja. Con todos mis respetos hacia la gente realmente metida en este mundillo musical, pero es que por todos los dioses, las letras van invariablemente hacia el mismo lugar común, en que el Latin King de turno se queja del desprecio de la dama en cuestión mientras deja al novio de la susodicha a la altura de la Picadilly line del metro, para cuyo acceso hace falta bajar tresvcientos kilómetros de escaleras, dicho sea de paso. Que si "él no sabe nada de ti", que si es un borracho, que si le pone los cuernos, que si la tiene pequeña... You name it.
"Yo soy tu maestro, que supo enseñarte...
cómo es posible que me digas que lo amas
cuando yo sé que soy el dueño de tu cama"
Y etcétera etcétera. Comprenderán por qué tengo que dejarlo. En realidad no va conmigo. Hay músicas que son como los amores de verano. No tienen nada que ver contigo, pero te hacen disfrutar cosa mala hasta que se acaba el verano y vuelves a ser quien eras.
Además me doy cuenta de lo enganchada que estoy, porque intento escribir mientras escucho reggaeton y no puedo. No puedo escribir, sólo cantar y menear la cadera cual big mama latina por la casa.
No sólo escucho reggaeton, también escucho salsa de todo tipo. De hecho la historia se me está yendo tanto de madre que estoy planeando viaje a la Habana en Septiembre con Craig y Holden. Pa poer bailar a gusto. Para ver dónde estaba el Buena Vista Social Club.
"Qué maldita mala suerte la mía
que aquel día te encontré..."
Fíjense, las cosas que una mujer llega a hacer por la música.
Y ahora me despido hasta pronto, que no tengo la camisa negra, sino todo el piso, y no por luto voluntario, no. De pura mugre.





