Tra le ultime parole d'addio e quando va la musica.
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(Fine, tra le ultime parole d'addio... Dulcísimo madurito interesante Claudio Baglioni.)
Parece que va llegando la hora de recoger las mesas, barrer, apagar la música, las luces, cerrar persianas...
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De desesperación: Pelo naranja-Pumuky, resultante de segunda sesión Magnolias de Acero en peluquería de barrio. No pregunten, que estoy muy vulnerable ahora mismo. En intento de verle el lado bueno he pensado, "no te quejes, Nicole Kidman lleva el mismo color y le queda bien" y hasta he mirado fotos de la susodicha, sólo para mi further depression, al comprobar que a la buena mujer le quedaría bien el pelo aunque lo llevara de los colores de la bandera jamaicana, por decir algo.
2. Muela sin resolver, ni empastar, ni nada. Aún queda infección. La dentista me ha mirado de una manera que he tenido que salir corriendo antes de que me pidiera hacerle de conejillo de Indias para algún estudio odontológico chungo.
3. Macgaiber viaja en estos momentos en un bolsito de Candem Town hacia la suntuosa morada de su tía Sacarina, que lo va a sufrir durante estas dos semanas. Desde aquí le hago llegar mi más sentido pésame. (No, ya sé que no he especificado a quién, ya. Estoy practicando a ver si me vuelvo diplomática algún día).
(que noooo, que el pésame era para Sacarina, por supuesto. Recen porque no existan cárceles para chinchillas delincuentes.)
4. Voy a echar de menos a mis amigos y amigas, y a mi hermano, pero realmente necesito el cambio. Aunque llueva cada día y no haya olas (cosa bastante dificil, al menos la confluencia de las dos) será otro ambiente. A ver si mejora mi portugués.
COSAS POR HACER:
1. Dejar de fumar como si fueran a prohibirlo de verdad y empezar a hacer las maletas, que el vuelo resultó ser a las 07:25 y no a las 17:25, como me pensaba.
(Apunte para próxima vez, no pensar: consultar billetes.)
2. Ir corriendo a casa de mi sra Madre a despedirme y esas cosas.
3. Despedirme también de todos y todas ustedes, y desearles, si no feliznavidadyprosperoañonuevoyquelosreyestetraiganmuchascosas, al menos sí unos cuantos días de paz y sosiego, y recuperación de energías para empezar el año. Que volvemos a tener doce meses por delante, no se crean.
Un abrazo fortísimo y hasta pronto.
A.
Never is a promise
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I'll never glow
the way that you glow...
(Never is a promise. Fiona Apple.)
Últimamente se me repiten muchísimo los temas. No puedo evitarlo. El que más me mata es el de darme cuenta, por enésima vez, de que mi madre y yo somos tan idénticas como irreconciliables.
No, no he tenido ninguna bronca con ella desde hace cinco o seis días (esto ya lleva camino de récord vital, casi). Es, simplemente, algo estático, algo que va a seguir ahí a pesar de nuestro amor recíproco y desequilibrado.
La observo mientras trabaja y se me cae la baba de admiración. Luego se gira, me pega uno de esos cortes que sólo yo pegaría, me doy cuenta de mis propios defectos y nos odio a las dos: a mí por tenerlos, y a ella por recordármelos sin tener que recordármelos.
Intento explicarle todo esto y no me escucha ni me entiende, porque está demasiado ocupada repitiéndome lo bien que me conoce y lo mucho que me escucha.
Sé que si no fuera mi madre sería mi mejor aliada. Nos tomaríamos la una a la otra con más calma, desde una distancia mucho más práctica e inteligente.
Cuando voy a trabajar a su colegio, incluso criaturas que no me conocen de nada saben que soy su hija, porque "es que os parecéis muchísimo", y realmente, en el fondo, no puedo evitar un cierto regustillo de satisfacción cuando me dicen esto.
No, no quiero ser como ella porque es mi madre... pero si no lo fuera, de mayor querría ser ella. Con otros defectos, quizás.
Con esto, estoy más que convencida de no haber superado aún ni infancia, ni adolescencia. Pero eh, qué puedo decir: forma parte de mis principios. Cada día, al levantarme, mucho antes del café, hago una especie de lista mental de todos mis fallos, mis inseguridades, mis desconciertos y mis manías. Es bueno tenerlos presentes.
Puede que ella nunca llegue a conocerme, pero haberla conocido ya ha sido todo un privilegio.
Y es que en realidad, no sé quién sería yo sin ella.
Coplas a la muerte de mi vida (tal como la conocía).
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(Dire Straits. Sultans of Swing. Una de las mil setecientas canciones que marcaron mi vida).
Recuerde la fiera dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
como se pasa la fiesta,
cómo se viene el marido
tan callando;
cuán presto se va el rocanrol;
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer;
cualquiere Boldam passada
tuvo mejor sabor.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De pánicos y pavores desenfrenados. No soy una persona dada a hacer cálculos de ningún tipo (como ya sabrán bien) pero he cometido el error de hacerlo y, contando, resulta que me quedan menos de dos semanas, a efectos prácticos, para casarme. Me quedan cuatro, más o menos, pero dos me las voy a pasar de retiro surfero en Albufeira (costa sur de Portugal), así que sudando, he llegado a la conclusión de que mi vida de soltería agoniza.
No más miradas lascivas a extraños en la noche; no más correrías anónimas con mis colegas (besitos, Donjon, Sacarina) por las calles de esta ciudad que me ha visto cometer tantos pecados tan horriblemente divertidos...
Dejo mi reinado de fiera nocturna. Cedo el trono a aquella que crea que puede heredarlo con el honor y la resistencia etílica que no me han caracterizado hasta ahora.
2. De consideraciones (vid: anterior) Soy idiota. ¡Pero si llevo siglos diciendo y repitiendo que no va a cambiar nada en nuestra vida!
...¿no?...
3. (vid: 1 y 2): De sobredosis de queso, inducida por gran estrés ante terribles y temibles cálculos, que me han causado severa crisis nerviosa. Apunte para próxima vez: de cálculos, los renales, y punto.
4. De nostalgia (vid. 1, 2 y 3). Que no, que no me va a cambiar la vida real... pero la oficial sí, y de qué manera. Esto debe de ser, digo yo, como la muerte: sabes que te vas a morir y no te importa. Lo aceptas porque es tu destino. Lo que jode es cuando te la ves tan de cerca.
5. De exageración y dramatismo. (vid: anteriores, todos.)
COSAS POR HACER:
1. Dejar de estresarme.
2. Dejar de comer queso.
3. Vencer a la tentación de desvelarle a mi sra. Madre la música que he escogido para la ceremonia: Wagner no me gusta por motivos políticos que no vienen a cuento (sí, soy una esnob, no tengo problema ninguno de dejarlo por escrito, mal que me pese) y Mendelsohn me recuerda demasiado a un examen final de música de cámara del que casi no salimos vivas ni la violinista que tocaba conmigo, ni aquí la que relata.
De modo que de marchitas nupciales precocinadas, nada de nada. Me costó otro cabreo con pataleta incorporada y público presencial, pero le hice entender que
a. nadie me va a hacer caminar con una música que no me gusta.
b. soy muy capaz de oir un tatata-cháaaaaan (introducción típica) y largarme, vestido puesto, tacones en mano, a lo versión cañí de Julia Roberts en Runaway Bride.
Pues eso, o acepta mis preludios y fugas, o se va a tener que quedar la cosa en Fuga y re-contra-punto.
4. Probar el juego nuevo de la PS2 que me ha traído Craig.
Sí, bueno, lo curioso que tiene esto de la PS2 es la capacidad de hacerte sentir como una cría, después de todo. Igual aún no he perdido del todo mi trono de Sultan of Swing...
Por una cabeza
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(Carlos Gardel. Por una cabeza. Instrumental)
Medianoche en el salón del dinero y el lujo.
Él, a juego con los millones etéreos que emanan de todos y cada uno de los poros de la piel de la gente presente. Esmoquin negro hecho a medida por sastre, pañuelo blanco, zapatos italianos, Patek Philippe mimándole la muñeca derecha. Y una copa de algún champagne de precio aberrante y exquisito estallido en los labios.
Él, aburrido de glamour, de bellezas incompletas, de gente de negocios que habla demasiado y orquestas de fondo casi todas las noches. De aquel gigantesco salón de puertas enormes, enormemente pesadas, y las pretendidas almas de la beneficencia que lo llenaban con vestidos carísimos y risas falsas.
Él, un ganador implacable de riquezas merecidas y cabezas cortadas sin piedad por el camino.
Él, hastío, sentado en una de las cien mesas redondas, envueltas de paredes de cortinas de terciopelo rojo, velas, luces, trajes, vestidos, guantes largos y camareros con pajarita.
Se gira en un momento y sus ojos le obligan hacia ella.
Ella, una desconocida vestida de negro, con cara de primer baile.
Ella, un cuello interminable cuya suavidad podía respirar desde su mesa.
Ella, una musa de largo jónico, elegancia dórica, facciones carolingias, ojos inmensos y pasos tristes. Se diría que está fuera de lugar, que alguien la puso allí para deslumbrar el salón.
Él es consciente de levantarse para dirigirse hacia una mujer de verdad por primera vez en su vida. Luego la conciencia de sus años vuela y se pierde entre todos los terciopelos, las gasas y las sedas.
Intenta trazar un plan a medida que sus ojos le rinden a los pies del hada recién aparecida.
Imposible hablar con ella: la perdería.
Porque ella no es como él. Es imposible. Ella es pura, clásica, de una divinidad involuntaria que la reviste de un ensueño infantil irresistible.
Ella, delante de él, se da cuenta de su presencia intencionada.
Él se ve, de repente, a si mismo por primera vez. Y descubre que se odia exactamente con la misma pasión con la que ha empezado ya a amarla. Se pregunta, en un segundo fugaz, si puede dejar de ser él para merecerla.
Y llega un violín, para rescatarle.
Empieza el tango.
Él, elegancia intimidatoria, deseado por muchas y envidiado por todos, le tiende la mano a aquella ninfa de perfección dolorosa e intenta no desmayarse al exhalar su perfume.
Ella le sigue, como hipnotizada, hasta el centro de la pista.
Se miran, claro. Es imposible no mirarse al bailar un tango. Es imposible no seguir mirándola para siempre al haberla visto una vez.
Y, mientras sus pies y piernas se entrelazan, sus rodillas se esquivan, sus mejillas, hombros y pechos se atraen y más de un centenar de personas hace un corro enorme en torno a aquella imagen celestial de pasos y giros, él sabe que por aquella cabeza bellísima y única, acaba de perder la suya propia.
¡LOS REYES SON LOS [CENSORED]ADRES, LOS REYES SON LOS [CENSORED]ADRES!
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-Brenda Lee. It's my party (and I cry if I want to). -
No se me ha ocurrido mejor título de canción (en lo que a pataletas históricas se refiere) para ambientar los hechos que dieron pie a lo que después bauticé como "Incidente de los padres comegalletas a las 3 a.m. de la noche de Reyes". Incidente que, dicho sea de paso, marcó un antes y un después en mi tierna infancia, que dejó de serlo (tierna, e infancia, quiero decir) desde aquél fatídico momento.
Como ya expliqué en otros posts, algo que muy a mi pesar siempre me ha caracterizado ha sido la puñetera manía que tengo de ser puñetera. Y meona. Manías que en realidad no son manías, son manifestaciones salvajes de ADN en su estado más puro.
A mis tres años de edad, además, todo lo que ahora es puro ADN, antes era purísimo (en tanto que más nuevo y menos corrupto, que no corrompido. Ay, que me voy del tema otra vez).
Cada cinco de Enero por la noche, antes de meterme en la cama, participaba con gran ilusión y esplendor emocional en un peculiar ritual que tenían mis progenitores (los míos y los de casi toda España, claro) de preparar tres platos con galletas (uno para cada rey mago), tres copas de cava (una para cada rey mago) y un cubo de fregar lleno de agua que dejaban en el balcón (para los tres camellos).
Cada cinco de Enero, durante todo el día, iba preguntándole a cada persona adulta que me encontraba
1. si existía posibilidad (científica y real, no las trolas que me soltaban mi padre y mi madre) alguna de que tres pedazo de camellos subieran hasta un sexto piso con entresuelo y no sólo eso sino que además, cupieran los tres en el balcón, y no sólo eso, sino que les cupiera a los tres el morro en el mismo cubo, y no sólo eso, sino que un sólo cubo fuera bastante para tres camellos. (Ssssí, si, criaturica, aparta, que no me dejas ver el parte)
2. si los pajes no eran hijitos de Dios o qué, que no les dejábamos nada. (los pajes se quedan abajo, lo sabe todo el mundo. ¿Lo de hijitos de Dios a quién se lo has oído?)
3. si no les retrasaría el trabajo, pararse a beber alcohol y comer galletas. (que no, que no, que son MA-GOS, niña, MA-GOS).
4. a qué hora exacta llegaban. (Sí, claro, anda que.... y el número del gordo del año que viene? ¿No lo quieres saber también?)
Cada cinco de Enero me encontraba con respuestas que me hacían pensar que definitivamente, al hacerte mayor, te volvías idiota del culo.
Allá por mis cuatro o cinco tiernos añitos de edad (lo de tiernos era licencia literaria, pero recuerden que este es un post-pataleta) repetimos el mismo procedimiento operación Reyes Magos de cada año, id est:
1. Sacar galletas.
2. Disponer galletas en platos.
3. Sacar cubo.
4. Llenar cubo de agua.
5. Colocar cubo en balcón.
6. Abrir botella de cava.
7. Sacar copas.
8. Llenar tres copas de cava.
9. Preguntar si el cava no perdería las burbujitas de ahí a que llegaran los Reyes, como decía mi abuelo en cada fiesta familiar "no lo abras aún, no, que luego pierde las burbujitas"...
10... Lavar dientes e irme a la cama sin respuestas válidas ni convincentes.
A eso de las tres de la madrugada (eso lo concretó mi sra Madre años después, yo obviamente no lo recuerdo) así como que me giré en la cama y me desperté. No me desperté de la emoción de los Reyes, ni de la de dulces que me daban (básicamente porque mis emociones nunca me quitaban el sueño, y mis dosis diarias de dulce iban medidas con cuentagotas).
No, no. Me llamaba la Madre Naturaleza.
Hablando de lo cual, si me disculpan, ahora vuelvo.
--
Bien, la historia es que me desperté, hice lo propio, y cuando volvía para mi cama, siendo consciente de lo tarde que debía de ser, vi un renglerillo de luz escapándose del salón, por la puerta.
¿La luz encendida, a aquellas horas? ¡Si ya había salido Casimiro hacía horas!
Me asomé, y cuál no sería mi sorpresa al comprobar que eran mis mismísimos progenitores, comiéndose las galletas que tan devotamente yo había preparado para los Reyes. Y bebiéndose el cava.
En aquel momento lo supe. Sentí la certeza invadiéndome hasta el último dedo de frente, y me dije:
Este año te quedas sin Reyes. En cuanto lleguen y vean que no quedan galletas ni cava, se largarán y olvídate de los cuentos que pediste.
Y luego, claro: métete en la cama, aquí no ha pasao ná, y duerme hasta que el sol justiciero desfaga el entuerto. No te jode.
Aquella fue Mi Primera Noche de Insomnio Chispas.
Me desperté, con los ojos pegados a las rodillas, y recuerdo que pensé:
No te levantes. Quédate en la cama.
Y se iban sucediendo las imágenes terroríficas en que me levantaba, llegaba al salón y el sofá rojo (donde solían dejar los regalos) estaba vacío.
Aquello era yo, hecha un ovillo en la cama, aquel seis de Enero:
1. Un diez por ciento de frustración.
Sofá vacío, sofá vacío, y Reyes Magos cabreados. Dioses, dioses, dioses.
2. Un veinte por ciento de resaca de no haber pegado ojo.
A aquellas tiernas edades. No tiene nombre. Eran tiempos difíciles para pasar la infancia. No existía la psicología moderna.
3. Un cincuenta de cabreo/incomprensión filial.
¿Por qué se habrán comido las galletas y se habrán bebido el cava? ¿No me quieren? ¿No quieren que los Reyes me traigan regalos, como a todo el mundo? ¿Por qué no les habré pegado la bronca ayer, en vez de correr a la cama como una cobarde? Ñññññññññññññ...
El resto, re-cochina curiosidad que me recomía por dentro. Esa energía incontenible que hace de las criaturas, auténticas obras de relojería.
Bueno, además de todo eso, me tuve que levantar, a riesgo de mearme en la cama si no salía pitando al lavabo.
Llegué al infernal salón con los ojos tapados, el corazón abrumado, mi infancia agonizando tras mis pasos y unos padres que no sólo no me querían, sino que además me hacían la putada del siglo. Y se sucedieron en mi cabeza, a una velocidad frenética, todos aquellos posibles momentos del año en que no había sido buena.
El sofá rojo, repleto de regalos. Cuentos, juegos, playmobils, etcétera.
Aquí está pasando algo muy, muuuuy raro.
Salté sobre la cama de mis padres putativos (porque a aquellas alturas hasta me planteaba si serían mis padres verdaderos, no se crean) a las siete y media de aquella traumática mañana de Reyes y los trituré con todas las preguntas que me habían surgido durante la noche.
Volví a preguntar lo de los camellos en el sexto con entresuelo, pero nada.
Al final, después de unas tres horas de "pregunta existencial-respuesta evasiva" que desembocaron en lágrimas y recriminaciones (mías todas, tipo: ahora os chincháaaais, porque por mucho que me la jugárais los Reyes son buenos y como saben que he sido buena me han dejado los regalos igualmenteeee) y de preguntarles un total de diez mil cuatrocientas cincuenta y ocho veces si me querían como hija, mi madre se dio por vencida y me lo contó. Acabáramos. Y yo que pensaba que aquella mañana ya no me podría cabrear más.
Los Reyes ya no existían. Acababan de morirse de golpe y desaparecer. Fllllsssssss....
Con ellos, un buen trozo de infancia, a la que vino a relevar un buen trozo de reticencia.
Esto va para que entiendan lo que sucedió años después, y que mi sra Madre tachó de crueldad (que yo sigo considerando buena fe, simplemente).
Mi hermano, de tres añitos, se acostó una noche después del Sacrosanto ritual de la PataterísimaTrinidad (galletas, cava, cubo, quiero decir) y justo cuando estaba ya en la cama, el angelito, recibió visita de Aquí La Menda Toda Una Mujer. Yo debía de tener unos ocho años, pero ya estaba curtida de patadas emocionales y ya me había comido hasta al Ratoncito Pérez con ketchup y pepinillos, después de preguntarle a mi padre cómo era que el susodicho roedor y mi padre tenían la misma letra, en las notitas que me dejaban.
Por dónde iba...
Me senté en la cama y le dije (a mi hermano, no al Ratoncito Pérez):
-Ahora duérmete, para que mamá y papá puedan ir y comerse las galletas y beberse el cava y así te despiertes mañana y te pienses que han sido los Reyes. Fuá, que los Reyes no existen. Son papá y mamá, que compran los regalos y se montan todo este rollo.
Ante los lagrimones de mi hermano y los razonables gritos histéricos con efecto subguófer de mi sra Madre qué-me-le-has-dicho-al-pobre-niño (en gallego, que mi sra Madre cuando se histeriza le sale el rapapolvo siempre en gallego), yo sólo pude responder con La Verdad:
-Es para que no crezca engañado, como yo.
Winter Wonderland
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(Diana Krall, una de mis diosas predilectas)
Tin, tin, tin... cascabeles. Otra vez.
Éste ha sido el primer año en que he oído cascabeles, por ahí, en algún centro comercial, o no recuerdo dónde y en vez de ponerme de mal humor, que es lo que me suele pasar cada año por estas fechas, me he puesto de peor humor. Porque estas Navidades no son sólo Navidades, sino un mero cacho de la cuenta atrás que supone este mes en mi vida.
Así, he oído tin, tin, tin, y en vez de pensar Ahora es cuando mueres atropellada por carro infernal tirado por los puñeteros renos he pensado Ahora es cuando mueres, para renacer, presuntamente, en otra vida con un anillo en el dedo y alguien al lado con quien has firmado un contrato de intercambio de almas. Yo te vendo la mía, tú me vendes la tuya. Hala, pa dentro, bienvenida al mundo de las casadas. Ya puedes comprar revistas de muebles sin que nadie te mire mal. Ya puedes ir a tu pueblo como mujer respetable, y no como oveja negra viviendo en concubinato.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Conforme. Tin, tin, tin... Lo de casarse en Enero está bien. Es así como lo de la lista de cosas por hacer... Dejaré de fumar, ya no bebo más, me casaré...
2. De autoindignación. A quién quiero convencer. Me lo sopla el soplo de mi corazón: Estás acojonada. Quieres hacerlo, pero estás acojonada.
3. De dudas existenciales (Capítulo milylamadre). ¿Tener miedo es de valientes, como dicen en las pelis llanquis? Por una vez, espero que las pelis llanquis tengan algo de razón.
Prometo comprarme una gorra de los Mets.
4. De insoportable antilevedad. Cada día, cuando me levanto, le pregunto a Craig si no se lo ha pensado mejor. Al final, hoy me ha dicho:
-Oye, ¿no será que estás esperando a que te diga que no me quiero casar, para no tener que decírmelo tú?
Y yo:
-No, ¡no! quévaquévaquévaaaa.... Yo no tengo dudas. Yo estoy convencidísima, pero claro, es sólo que pienses que lo que vamos a hacer es bastante bestia, porque fíjate que ya es de oligofrenia rozando la náusea firmar un contrato con Movistar, conque figúrate tú un contrato de este calibre, que...
Y él:
-Mi miiiiiimimimimimimimimi (frunciendo el ceño y riéndose de mí, que viene a querer decir algo así como ñañaña, que viene a querer decir algo así como "cállate ya que eres más pesá que un collar de melones").
5. De cavilaciones metafísicas. ¿Soy la única que piensa como yo?
Hagamos una prueba. Yo les digo una palabra y automáticamente piensen en otra palabra que les sugiera esta palabra primera.
(Ejemplo: a mí me dicen "MAÑANA" y la primera palabra que se me ocurre es "CAFÉ").
¿Preparados/as? Allá voy:
MATRIMONIO.
¿Qué otro concepto les ha venido automáticamente a la cabeza?
Si ha sido "CONTRATO CIVIL", por favor, comuníquenmelo. En estos tiempos difíciles, me encantaría tener algún alma gemela... aunque sólo sea en esto.
COSAS POR HACER:
1. Dejar (ahora de verdad, de verdad) de pensar en subnormalidades de una manera tan seguida. Intentar alternarlas con pensamientos más útiles, como "¿Puede Craig conducir legalmente en Portugal, o tendremos que hace algún apaño?". O... ¿Dónde carajo he metido mi pasaporte?
2. Dejar de imaginarme a mi sra Madre y mi sra Tía hablando con el MUTE puesto (gracias, Sinclair, ahora no hay dios que me lo quite de la cabeza). No niego que me he reído yo sola unas cuantas horas, no obstante.
3. Comprar big caja of Valeriana 1200mg con fin de evitar pesadillas infernales que me han hecho sudar estas últimas noches. De repente iba con un letrero de "mujer casada" colgado del cuello con un cordel más cutre que las minifaldas de Britney Spears, y nadie me veía. El puto cartel era como la capa de Harry Potter, con la única diferencia que Harry Potter se puede quitar la capa cuando quiera ser visto, y yo no podía quitarme el cartel.
¿Qué significado tendrá un sueño así, que además, se repite?
Freud no sé qué diría, pero de la respuesta de mi sra. Madre no me cabe la menor duda: Que madures.
4. Potenciar pensamientos positivos, de la suerte de: Angelina Jolie se casó y sigue estando fenomenal.
5. ...Y evitar pensamientos negativos, tales que: La Aurelia del Genaro de la ferretería de mi pueblo se casó y se puso como un fenómeno.
6. Agradecerle una vez más a Sacarina el resfriado ecuestre que me facilitó, a base de robarme el puñetero nórdico toda la noche. Citando a uno de mis clásicos preferidos (id est, Manolito Gafotas), es mi mejor amiga, pero es una cerda traidora.
(que no, que la quiero mucho. Achís.)
It had to be you...
Queridos Reyes Magos...
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(Mis amados, mis admirados, mis mentores Beatles...)
Queridos Reyes Magos:

Por la presente, expongo:
1. Que he sido buena casi todo el año, excluyendo:
1.1. un total de unos noventa y siete días en que casi mato a mi cuñao rebelde a espumaderazos (alegato: existen importantes y sustanciales circunstancias atenuantes: me lo pedía. Él me lo pedía, en serio)
1.2. el último mes del último curso de carrera, que me colgué y resultó no ser el último, sino el penúltimo, y así estoy. (alegato: ya estoy cumpliendo penitencia por ello, repitiendo la maldita asignatura de informática de marras, así que no merezco ser castigada de nuevo)
1.3. un total de unos 298 días de cabreos con mi sra. Madre, que no son competencia de SSMM, sino exclusiva de la susodicha y mía, con lo que les agradecería tuvieran a bien no meterse.
1.4. un total de unas 156 horas de cenas en el buffet del Chino de Abajo (para esto no tengo alegatos ni excusas, pero les advierto que traerme carbón no lo va a solucionar, porque soy muy capaz de comérmelo también).
1.5. un total de 363 días en que la Desidia me impidió personarme en el gimnasio con los fines para los que éste fue inventado.
1.6. un total de 37569287465820937563,7 vituperios pronunciados contra el gremio odontológico. Enajenación mental semi-transitoria. (El carbón aquí tampoco funcionaría, por el razonamiento silogístico: si como carbón duelen muelas, si duelen muelas tengo que ir a dentista, dentista hace daño, me cago en madre que parió a dentista, y vuelta a empezar. Avisados quedan SSMM.)
1.7. un total de 38276585908587265389874847683568,9 pensamientos satánicos acerca de por qué me echaron del trabajo siendo dedicada trabajadora. Pero ya estoy limpia: tiré la muñeca vudú de plastilina con la cara de mi jefa, la semana pasada. (No recuerdo si le quité los palillos del estómago o no. Espero que sí, porque la pobre mujer está embarazada).
1.8. doce cafés de Starbucks ingeridos. Ya me he arrepentido, lo prometo. Arrepentirse es bueno, y para arrepentirse hay que pecar primero, así que...
1.9. cuatro coma cinco visitas al Corte Inglés. Esta es dificil. Para esta no tengo excusa, atenuantes ni alegatos, exceptuando el hecho de que no encontramos tallas ni para Craig de traje, ni para mí de zapatos. No teníamos salida alguna.
2. Que me he preparado todas las clases de inglés que he dado y he corregido casi todos los deberes que me han entregado mis alumnos/as, exceptuando unos exámenes finales de junio sin importancia, que perdí por motivos que no logro explicar.
3. Que he intentado amar al Prójimo, pero no lo he visto por ningún lado. Sus Majestades, es que aquí en Catalunya, los tíos no tienen nombres tan enrevesados. Miren a ver de cambiar los Mandamientos y poner algo así como "Ama al George (Clooney) como a tí misma", que es más fácil de entender y me evitaría tener que pasarme la vida en Plaça Catalunya preguntándole a cada tío bueno que veo: ¿Te llamas Prójimo? ¿No? Lástima de polvo que te habría.... En fin...
4. Que le he dado de comer a Macgaiber religiosamente siempre que me he acordado, las 24 veces que me he acordado este año. (Alegato: Macgaiber es posesión de Craig, yo sólo soy su tutora legal).
5. Que he sufrido muchísimo este año y he sido víctima de dentistas asesinos, de abuelas colonas en la Seguridad Social, de un grupo de Killer Barbies peligrosísimas (aprovecho para solicitar que queden completamente obliteradas este año por SSMM, que no les traigan ni carbón, que son capaces de construir armamento nuclear con él), de un despido improcedente, de una madre hiperultramegaüberprotectora, de más abuelas colonas en la Caixa, de los potentes efectos de la Boldam, de un grupo de despiadadas vendedoras de vestidos de novia, y de una sra. Tía Yeyé a la que ni comprendo ni comprenderé (olé).
Ante lo expuesto, solicito:
Tengan a bien traerme:
1. kit de sistema inmunitario contra infecciones (y no se me vuelvan a equivocar, que el año pasado ya lo pedí y me trajeron sistema inmunitario, sí, pero inmunitario contra antibióticos, menuda gracia)
2. kit resistencia gástrica contra ibuprofeno 600mg y diclofenaco sódico (cantidad estándar).
3. Chip cerebral Matrix para conocimiento y procesamiento súbito de programas y aplicaciones de tradumática. (o en su defecto, hagan que se produzca el milagro directamente y que apruebe la condenada asignatura)
4. Botón rojo MUTE para conectar en cabeza de sra. Madre. En su defecto, a control remoto.
5. (ver núm 4) otro para mi sra Tía, de diferente color, no vaya que los confunda. Tengan a bien concretar cuál es cuál, en cada caja.
6. kit de electroshock autoinstalable para cabeza de Macgaiber, que se accione automáticamente cada vez que al susodicho se le ocurra ponerse a roer el plástico de la jaula. A ver si empieza a parecerse menos a Steeve McQueen y más a un puto pollo a l'ast.
7. (ver: anterior) Lo mismo, en medida ajustable a cerebro humano, para vencer tentación de volver a buffet Chino de Abajo.
8. Día de sol el trece de Enero. No me malinterpreten, me da igual que llueva el día de mi boda, y de hecho me gusta la lluvia. Es que no quiero pillar pulmonía con el puto vestido de Cenicienta.
9. Dos pulmones de recambio.
10. Dos riñones con velocidad ajustable, que los que me trajeron el año pasado seguían siendo hiperactivos, como los de hace dos años, y tres, y cuatro... cambien de proveedor, oigan.
11. Un par de pies (derecho e izquierdo, nada de bromitas) del cuarenta. Es que no encuentro zapatos del cuarenta y dos...
12. tres cajas de paciencia 1200mg, en sobres, no en cápsulas, que no me hacen efecto hasta al cabo de dos horas, cuando ya es demasiado tarde y la sangre ha llegado al río.
13. Un Grotrian lacado en negro de media cola (Y una casa con un salón enorme, para colocarlo, claro).
Sin más, me despido, aprovechando para enviarles a SSMM un saludo cordial y mis mejores deseos para estas fiestas, tanto para SSMM como para sus respectivos camellos.
También aprovecho para agradecer a Sinclair la inspiración que me ha brindado para escribir este post.
Feliz Navidad al mundo entero.
Godé, gué gadibaddia.
Godé, gue debdiado deggo. Do bueddo di hablad. Ed bo gubba de Dagadida, gue dobbí adyé go eya y be dobaba ed budo dóddigo doda da buda doche.
Ed bíd, abiga bada eddo. Be boy a bed di hago adgo de bdobecho.
Aaad-yíííí.
Bedóddebbe.
A.
Ed bíd, abiga bada eddo. Be boy a bed di hago adgo de bdobecho.
Aaad-yíííí.
Bedóddebbe.
A.
¿George Clooney lleva empastes?
De pequeña sabía, a ciencia cierta, que hacerte mayor era algo que sucedía de golpe un día. Lo que me mataba era la curiosidad por saber exactamente qué día. Qué día era aquél en que te levantabas y ya te habías hecho mayor.
Así que hice lo que hacía siempre que tenía una duda existencial: recurrir a mi padre, que es un filósofo pero no lo sabe.
Aún recuerdo su respuesta, porque aún no he sido capaz de interpretarla. Me dijo:
-Sabrás que te has hecho mayor el día en que te mires al espejo y veas que te salen pelos de la nariz.
Por supuesto, me pasé infancia entera y media adolescencia levantándome cada mañana sólo para ir a mirarme al espejo.
No, a mis veintiocho aún no ha ocurrido el milagro. El único sitio de mi cuerpo donde el pelo es abundante es la cabeza. En lo que al resto respecta, debo de ser una inmadura de carajo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Pre-nuclear: Es lunes, falta poco para Navidad y encima tengo visita con la dentista. ¿Se puede poner peor?
2. Post-nuclear: (Ver anterior) Sí, se puede poner peor. El estado de mi piso en estos momentos me hace pensar en cómo debieron de sentirse los japoneses y las japonesas en aquella mañana de siete ( y diez) de agosto, después de las bombas:
-No Fu King, ¿Por dónde empezamos?
-Cállate y trae una escoba. Y que recen por que no me toque el viaje a Disney World del concurso del paquete de arroz, esos hijos de...
En fin, que he ido dejando lo de limpiar, barrer, fregar etcétera para mañana y eso es en lo que se ha convertido el piso: en una versión Hard Core de "El día de mañana".
Lo malo es que cuanto peor se pone, menos sé por dónde empezar. Craig ha encontrado el stick de pegamento que llevaba tres meses buscando. En el estuche del maquillaje. Sin comentarios.
3. Nuclear: de confusión y paranoia. No sé dónde he puesto las gafas (capítulo 376534958252,3) y noto cómo se me van arrugando los ojos hasta enganchárseme a la nariz. Debo de parecer Willow en un mal día.
4. Contenta. Hablando de Willow, ayer quedé con Strawberry. (No es que Strawberry se parezca a Willow, válgame la Madre Naturaleza, es que es una de sus pelis favoritas). No la veía desde antes de que me echaran del trabajo, y pasamos una tarde muy agradable en un bar del Gótico. Strawberry siempre me lleva a descubrir bares mágicos en mi propia ciudad. Me encantan estas cosas que pasan sólo en Barcelona. Entre los temas interesantes que descuarinjamos entre Boldams (eh? qué he dicho, qué? descuar....eso existe?) estaba, cómo no, el First Certificate.
Examen curioso (y chungo) donde los haya...
En fin, fue una tarde divertidísima que acabó con Strawberry mangándole el taxi a una pandilla de borrachos que se quedaron allí plantados y que por poco la toman conmigo por tener una amiga tan rápida.
Eh, haberlo visto antes, qué queréis que os diga. Life's a bitch.
COSAS POR HACER:
1. Ducharme, vestirme y tomarme siete diazepanes para ir a la dentista.
2. Encontrar caja de diazepan.
3. Encontrar estampita de vírgen de los dolores ofrecida por señor que encontramos en Madrid. En estos momentos, creo hasta en el Fúmbol Todopoderoso, si hace falta.
4. Encontrar rosario. No para rezar, sino para estrangular a dentista si hace daño.
5. No pensar en "ñíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii". Pensar en rumor de olas atlánticas cuando llegue a Portugal en Navidades. Pensar en pajaritos entonando canciones. Pensar en sonrisa Kemphor de George Clooney, que seguramente le costó algún litro de sudor que otro en alguna consulta que otra.
Dioses... quién fuera dentista en Hollywood... o en la Toscana... quién fuera ni empaste, que ya me conformaba...
6. Dejar de escribir sandeces. Ser empaste, aunque sea de George Clooney, no figura en mi carpeta de ambiciones. Es que hice sesión omnibus de Ocean's Eleven/Twelve hace unos días y aún tengo la cabeza perdida por sus trajes, esa elegancia, esa sonrisa pilla, esos gestos, ese cuerpo serrano....
7. Nada. Pensar "ñíiiiiiiiii", que al menos es más realista.
Así que hice lo que hacía siempre que tenía una duda existencial: recurrir a mi padre, que es un filósofo pero no lo sabe.
Aún recuerdo su respuesta, porque aún no he sido capaz de interpretarla. Me dijo:
-Sabrás que te has hecho mayor el día en que te mires al espejo y veas que te salen pelos de la nariz.
Por supuesto, me pasé infancia entera y media adolescencia levantándome cada mañana sólo para ir a mirarme al espejo.
No, a mis veintiocho aún no ha ocurrido el milagro. El único sitio de mi cuerpo donde el pelo es abundante es la cabeza. En lo que al resto respecta, debo de ser una inmadura de carajo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Pre-nuclear: Es lunes, falta poco para Navidad y encima tengo visita con la dentista. ¿Se puede poner peor?
2. Post-nuclear: (Ver anterior) Sí, se puede poner peor. El estado de mi piso en estos momentos me hace pensar en cómo debieron de sentirse los japoneses y las japonesas en aquella mañana de siete ( y diez) de agosto, después de las bombas:
-No Fu King, ¿Por dónde empezamos?
-Cállate y trae una escoba. Y que recen por que no me toque el viaje a Disney World del concurso del paquete de arroz, esos hijos de...
En fin, que he ido dejando lo de limpiar, barrer, fregar etcétera para mañana y eso es en lo que se ha convertido el piso: en una versión Hard Core de "El día de mañana".
Lo malo es que cuanto peor se pone, menos sé por dónde empezar. Craig ha encontrado el stick de pegamento que llevaba tres meses buscando. En el estuche del maquillaje. Sin comentarios.
3. Nuclear: de confusión y paranoia. No sé dónde he puesto las gafas (capítulo 376534958252,3) y noto cómo se me van arrugando los ojos hasta enganchárseme a la nariz. Debo de parecer Willow en un mal día.
4. Contenta. Hablando de Willow, ayer quedé con Strawberry. (No es que Strawberry se parezca a Willow, válgame la Madre Naturaleza, es que es una de sus pelis favoritas). No la veía desde antes de que me echaran del trabajo, y pasamos una tarde muy agradable en un bar del Gótico. Strawberry siempre me lleva a descubrir bares mágicos en mi propia ciudad. Me encantan estas cosas que pasan sólo en Barcelona. Entre los temas interesantes que descuarinjamos entre Boldams (eh? qué he dicho, qué? descuar....eso existe?) estaba, cómo no, el First Certificate.
Examen curioso (y chungo) donde los haya...
En fin, fue una tarde divertidísima que acabó con Strawberry mangándole el taxi a una pandilla de borrachos que se quedaron allí plantados y que por poco la toman conmigo por tener una amiga tan rápida.
Eh, haberlo visto antes, qué queréis que os diga. Life's a bitch.
COSAS POR HACER:
1. Ducharme, vestirme y tomarme siete diazepanes para ir a la dentista.
2. Encontrar caja de diazepan.
3. Encontrar estampita de vírgen de los dolores ofrecida por señor que encontramos en Madrid. En estos momentos, creo hasta en el Fúmbol Todopoderoso, si hace falta.
4. Encontrar rosario. No para rezar, sino para estrangular a dentista si hace daño.
5. No pensar en "ñíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii". Pensar en rumor de olas atlánticas cuando llegue a Portugal en Navidades. Pensar en pajaritos entonando canciones. Pensar en sonrisa Kemphor de George Clooney, que seguramente le costó algún litro de sudor que otro en alguna consulta que otra.
Dioses... quién fuera dentista en Hollywood... o en la Toscana... quién fuera ni empaste, que ya me conformaba...
6. Dejar de escribir sandeces. Ser empaste, aunque sea de George Clooney, no figura en mi carpeta de ambiciones. Es que hice sesión omnibus de Ocean's Eleven/Twelve hace unos días y aún tengo la cabeza perdida por sus trajes, esa elegancia, esa sonrisa pilla, esos gestos, ese cuerpo serrano....
7. Nada. Pensar "ñíiiiiiiiii", que al menos es más realista.
Mi blog más una velita.
Vaya por Dios.
Resulta que hoy es el cumple de mi blog. (Estoy por llamar a sus amiguitos para organizarle una fiesta en algún Chiquipark de esos de piscina de bolas y pelotas gigantes).
Hoy, que coincide justo con el día en que Craig ha decidido empezar el suyo propio.
Yo, por mi parte, les enlazo aquí mi primer post (que no era Chispas, pero sí que las echaba).
Un abrazo a quienes aún siguen leyendo...
A.
Resulta que hoy es el cumple de mi blog. (Estoy por llamar a sus amiguitos para organizarle una fiesta en algún Chiquipark de esos de piscina de bolas y pelotas gigantes).
Hoy, que coincide justo con el día en que Craig ha decidido empezar el suyo propio.
Yo, por mi parte, les enlazo aquí mi primer post (que no era Chispas, pero sí que las echaba).
Un abrazo a quienes aún siguen leyendo...
A.
Magnolias de acero (versión española)
Es curioso el ambiente que se produce en las peluquerías de barrio. A mí, si no fuera porque lloré como un cocodrilo con Steel magnolias, igual no me gustaría. Demasiado marujerío.
Siempre hay, como mínimo, tres señoras que visten mal, que se distinguen del resto, que visten fatal.
Y el peluquero metrosexual (casado con la peluquera asexual) que pasea su presunta masculinidad por delante de la parroquia como si nadie dudara de ella.
(Susurros de magnolia:)
-Este muy machito, muy machito, Herminia, pero pa mí que le van la carne y el pescao por igual.
La Herminia:
-Diiigo.
Entonces llega una peroxirubia que se cree Meryl Streep (sesenta, con optimismo) La divinidad le llegó en dosis bastante más abundantes que el orden de los dientes o la calidad cutánea. Sus imperfecciones, opuestamente proporcionales a su presuntuosidad, se pavonean en stilettos por el establecimiento durante unos veinte minutos de cloc, cloc, cloc en los que intento engancharme los ojos a alguna revista cuyos/as figurines figurantes no merezcan el más fervoroso de mis desprecios. Imposible.
Y yo, que había llegado al sitio una hora antes que ella, y que ya sé (porque todas las mujeres de mi familia van a la misma peluquería) que no reservan hora, tengo que ver, delante de mis narices, como cogen a la Erotic Queen antes que a mí, sólo porque había empezado a quejarse de tener que esperar.
Divina de la Muerte. Menudo morro. Así le haga reacción el tinte y se le caiga el poco pelo que le queda a matojos.
Calva tampoco perdería tanto, a decir verdad.
Cada una habla de sus cosas a intervalos. Intervalos en que las otras hacen ver que escuchan, sólo para poder saber cuándo la hablante respira y pueden decir la suya también.
Entre los temas destacados figuraban
1. La ciática (quería preguntar, pero me callé por vergüenza. Son esos temas que a mi edad no se entienden muy bien, pero se oyen tanto que hasta está mal no saber de qué carajo va la cosa)
2. El reuma (tres cuartos de lo mismo).
3. Los nietos y las nietas.Que no, que no, Amalia, que te digo que el mío, eso de sumá y dividí ya lo hasia a lo tré año.
4. Los maridos. Me abstengo de comentarios, pero sí diré que se me quitaron bastante las ganas de casarme.
5. Bodas de hijos/as. Entonces llegó el momento más temido. Mi sra. Madre, presente, aún no había hablado. A mí me daba un miedo atroz, porque sabía que estaba aguantando la respiración como quien pilla carrerilla en la decathlón de las olimpiadas, para dar el pedazo salto mortal.
Y vaya si lo dio.
Media ciudad sabe que me voy a casar, ahora. Y no sólo eso, sino que además también saben la historia entera. Y eso que mi sra Madre, si hay algo que tiene (o había algo que tenía, a su favor) es que no era cotilla ni iba por ahí explicando su vida.
No, claro, de hecho no estaba explicando su vida. Estaba explicando la mía.
Ahí fue donde la cosa empezó a irse de madre, y nunca mejor dicho. A mi sra Madre, la relevó otra señora que dio un seminario intensivo acerca de los antis y contras del matrimonio, de lo asquerosos/babosos/inutiles/subnormales que eran los hombres, que tenía que ir con cuidado, que la convivencia era muy dificil, qué sé yo qué más, (las otras cacareaban, de corillo de fondo, como si aquello fuera operación triunfo) hasta que le dije que no se preocupara, que yo ya llevaba viviendo con el susodicho caracol (¿baboso, inútil, subnormal? A punto estuve de pedirle que me enseñara la foto del marido que, a bien seguro, llevaba en el monedero. Todo un clásico.)... eh... que Craig y yo ya llevábamos viviendo juntos unos tres años y pico, porque ahora que Franco ha muerto y se pueden hacer estas cosas, ¿por qué no aprovechar? y se calló todo el mundo de golpe.
Joder, sólo intentaba quitarle un poco de hierro al asunto. Sue me.
Mi sra. Madre se quedó callada, y yo aproveché para dedicarle una de esas miradas matriarcales sólo inteligibles entre nuestra especie. Una mirada de "Se ti non empezaras, eu excusaba remata-lo..." (Si tú no hubieras empezado, yo no tendría que acabarlo)
El resto de la tarde, para mi deleite y calma de cualquier ansiedad que hubiera estado sufriendo en el pasado, los temas de conversación oscilaron entre cuernos y la infidelidad (que viene a no oscilar mucho, que digamos). Me explicaron tres o cuatro historias ricas en detalles, presuntos diálogos entre los personajes, pelos, señales, etcétera, sobre matrimonios acabados de formar, que se habían separado al cabo de meses porque:
a) él se fue con la amiga de ella. (pobrecico, el amor no se pué controlá)
b) Ella se fue con otro. (será puta, si es que tolmundo le decía al pobrecico que era una pelandrusca...)
c) Ella no estaba por su casa
d) none of the above.
No me pregunten acerca de las contradicciones de mis magnolias recién conocidas, de por qué ponen a parir a los maridos porque son unos inútiles y apestosos paramecios y luego el tío es un pobrecico, y la tía una puta. No tengo aún todas las respuestas, pero me quedan dos seiones más de peluquería, aún, así que las aspiraciones a completar el curso con honores son bastante altas.
Abstrayendo, sí que pude observar que todas ellas tenían una fortaleza especial: la de haber formado una familia, haber pasado las tormentas, los días de calma, los de problemas, los de malos humores y los más difíciles: los de Navidad, sin matar a nadie y siendo conscientes de un amor familiar que la mayoría de las veces es bastante dificil de ver.
Y me acordé de aquella película, Magnolias de acero, porque mejor o peor vestidas, más o menos divinas, más o menos cultas, todas ellas eran un ramillete admirable.
Siempre hay, como mínimo, tres señoras que visten mal, que se distinguen del resto, que visten fatal.
Y el peluquero metrosexual (casado con la peluquera asexual) que pasea su presunta masculinidad por delante de la parroquia como si nadie dudara de ella.
(Susurros de magnolia:)
-Este muy machito, muy machito, Herminia, pero pa mí que le van la carne y el pescao por igual.
La Herminia:
-Diiigo.
Entonces llega una peroxirubia que se cree Meryl Streep (sesenta, con optimismo) La divinidad le llegó en dosis bastante más abundantes que el orden de los dientes o la calidad cutánea. Sus imperfecciones, opuestamente proporcionales a su presuntuosidad, se pavonean en stilettos por el establecimiento durante unos veinte minutos de cloc, cloc, cloc en los que intento engancharme los ojos a alguna revista cuyos/as figurines figurantes no merezcan el más fervoroso de mis desprecios. Imposible.
Y yo, que había llegado al sitio una hora antes que ella, y que ya sé (porque todas las mujeres de mi familia van a la misma peluquería) que no reservan hora, tengo que ver, delante de mis narices, como cogen a la Erotic Queen antes que a mí, sólo porque había empezado a quejarse de tener que esperar.
Divina de la Muerte. Menudo morro. Así le haga reacción el tinte y se le caiga el poco pelo que le queda a matojos.
Calva tampoco perdería tanto, a decir verdad.
Cada una habla de sus cosas a intervalos. Intervalos en que las otras hacen ver que escuchan, sólo para poder saber cuándo la hablante respira y pueden decir la suya también.
Entre los temas destacados figuraban
1. La ciática (quería preguntar, pero me callé por vergüenza. Son esos temas que a mi edad no se entienden muy bien, pero se oyen tanto que hasta está mal no saber de qué carajo va la cosa)
2. El reuma (tres cuartos de lo mismo).
3. Los nietos y las nietas.Que no, que no, Amalia, que te digo que el mío, eso de sumá y dividí ya lo hasia a lo tré año.
4. Los maridos. Me abstengo de comentarios, pero sí diré que se me quitaron bastante las ganas de casarme.
5. Bodas de hijos/as. Entonces llegó el momento más temido. Mi sra. Madre, presente, aún no había hablado. A mí me daba un miedo atroz, porque sabía que estaba aguantando la respiración como quien pilla carrerilla en la decathlón de las olimpiadas, para dar el pedazo salto mortal.
Y vaya si lo dio.
Media ciudad sabe que me voy a casar, ahora. Y no sólo eso, sino que además también saben la historia entera. Y eso que mi sra Madre, si hay algo que tiene (o había algo que tenía, a su favor) es que no era cotilla ni iba por ahí explicando su vida.
No, claro, de hecho no estaba explicando su vida. Estaba explicando la mía.
Ahí fue donde la cosa empezó a irse de madre, y nunca mejor dicho. A mi sra Madre, la relevó otra señora que dio un seminario intensivo acerca de los antis y contras del matrimonio, de lo asquerosos/babosos/inutiles/subnormales que eran los hombres, que tenía que ir con cuidado, que la convivencia era muy dificil, qué sé yo qué más, (las otras cacareaban, de corillo de fondo, como si aquello fuera operación triunfo) hasta que le dije que no se preocupara, que yo ya llevaba viviendo con el susodicho caracol (¿baboso, inútil, subnormal? A punto estuve de pedirle que me enseñara la foto del marido que, a bien seguro, llevaba en el monedero. Todo un clásico.)... eh... que Craig y yo ya llevábamos viviendo juntos unos tres años y pico, porque ahora que Franco ha muerto y se pueden hacer estas cosas, ¿por qué no aprovechar? y se calló todo el mundo de golpe.
Joder, sólo intentaba quitarle un poco de hierro al asunto. Sue me.
Mi sra. Madre se quedó callada, y yo aproveché para dedicarle una de esas miradas matriarcales sólo inteligibles entre nuestra especie. Una mirada de "Se ti non empezaras, eu excusaba remata-lo..." (Si tú no hubieras empezado, yo no tendría que acabarlo)
El resto de la tarde, para mi deleite y calma de cualquier ansiedad que hubiera estado sufriendo en el pasado, los temas de conversación oscilaron entre cuernos y la infidelidad (que viene a no oscilar mucho, que digamos). Me explicaron tres o cuatro historias ricas en detalles, presuntos diálogos entre los personajes, pelos, señales, etcétera, sobre matrimonios acabados de formar, que se habían separado al cabo de meses porque:
a) él se fue con la amiga de ella. (pobrecico, el amor no se pué controlá)
b) Ella se fue con otro. (será puta, si es que tolmundo le decía al pobrecico que era una pelandrusca...)
c) Ella no estaba por su casa
d) none of the above.
No me pregunten acerca de las contradicciones de mis magnolias recién conocidas, de por qué ponen a parir a los maridos porque son unos inútiles y apestosos paramecios y luego el tío es un pobrecico, y la tía una puta. No tengo aún todas las respuestas, pero me quedan dos seiones más de peluquería, aún, así que las aspiraciones a completar el curso con honores son bastante altas.
Abstrayendo, sí que pude observar que todas ellas tenían una fortaleza especial: la de haber formado una familia, haber pasado las tormentas, los días de calma, los de problemas, los de malos humores y los más difíciles: los de Navidad, sin matar a nadie y siendo conscientes de un amor familiar que la mayoría de las veces es bastante dificil de ver.
Y me acordé de aquella película, Magnolias de acero, porque mejor o peor vestidas, más o menos divinas, más o menos cultas, todas ellas eran un ramillete admirable.
De cómo ser hiperdiurética te puede sacar las castañas del fuego en según qué situaciones.
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(Hooverphonic - Mad about you. A lot like love OST)
Su propia imagen, disuelta, casi digital, vuelve a aparecer en un reflejo vago del cristal de la ventana, entre el vaho (interior) y los restos de gotas embarradas de lluvias de otros días (exteriores). Luego vuelve a la realidad y espera que nadie se haya dado cuenta de que miraba distraída por la ventana.
Y ahora, ¿qué hacemos?
Le aprietan los zapatos. ¿Será una señal? No. ¿Quién cree aún en las señales? No. Está haciendo lo correcto. ¿Por qué todo tiene que ir tan a cámara lenta?
De repente, se acuerda de su profesora de literatura de bachillerato; de cuando les explicaba lo desproporcionado que en realidad es el tiempo. Cinco segundos (el tiempo que se puede tardar en recorrer aquel pasillo hasta llegar a la puerta de salida) pueden durar una eternidad. O puedes estar viviendo el mejor mes de tu vida y escribir un bolero que le ruegue a un reloj que no marque las horas, mientras los días chorrean a borbotones y se te acaban sin que puedas remediarlo.
Cinco segundos para salir de allí, cosa que ha empezado a hacer sin haberla decidido aún. Él la mira, entre la sorpresa, la incomprensión y el disgusto aún no asumido.
El resto de gente no existe. Se van disipando a medida que gana pasos hacia la puerta. Concentra sus ojos, su mente, su frente, sus manos en el pomo de esa puerta. Detrás: la alternativa. El tan añorado ignorar qué va a pasar después. Segundos después. Minutos. El resto de su vida.
Sale a la calle con la cara encendida, el descontrol latiendo bajo el vestido, como Cenicienta buscando alguna calabaza de guardia, esperando que aún sea carroza para escapar corriendo de allí.
A veces huyes de alguien esperando que venga detrás de ti y te coja de la mano para que no te vayas. Ésta no es una de esas veces. Ésta es de esas veces en que un taxi solucionaría, de momento, el bache.
Pero no lleva dinero. Obviamente, el vestido no tiene bolsillos. Vestido anti-fuga. Mierda.
Mierda.
Mierda. ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué?
Vuelve a entrar, sube las escaleras lo más rápido que puede y llega, en un segundo a la sala que tardó cinco años en abandonar. Allí se encuentra a todas las personas, sentadas aún, murmurando.
Vuelve a recorrer el pasillo hasta llegar a su lado de nuevo.
Y tiene que intentarlo. Sabe que todo el mundo la creerá, porque la sala está repleta de gente que la conoce bien. Empezando por él. Claro. Por eso ha vuelto, ¿no? Se gira y se excusa ante el público:
-Perdón. Tenía que ir al baño.
Y se produce un suspiro general de alivio, mezclado con risas y algún reproche leve.
Y tarda apenas unos cinco minutos en decidir toda una vida.
La plus belle pour aller danser.
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(La plus belle pour aller danser. Sylvie Vartan).
"La más guapa para ir a bailar". Ese debe de ser el objetivo, me figuro.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Habemus puros cubanos. Estoy por fumarme uno en la boda, sólo para poder ver la cara de mi Sra. Madre. Lástima que me estropearía el día enormemente y me pasaría dos semanas con náuseas, que si no...
2. Habemus velitas y paquetitos de cigarros, estos últimos confeccionados por una servidora (paquetitos. Los cigarros son comprados, que si pudiera hacerlos yo, ya habría muerto hace años de cáncer de pulmón).
3. Habemus écharpe de las narices. Ahora sé (ver: anterior) que no moriré de cáncer de pulmón a los cincuenta en piso podrido del Eixample y acompañada únicamente de un gato, sino mucho antes, a mis veintiocho, y de pulmonía. Pero hey, antes morir que dejar de presumir.
4. Habemus zapatos en proyecto. Digo en proyecto porque resulta que me los tienen que hacer a medida. Como normalmente voy con bambas y hace lustros que no compro zapatos de tacón de esos a los que suelo calificar como "fuck-me-tonight shoes", no me había dado cuenta de que hago un cuarenta-y-dos oficial de pieses. En fin, que la historia era parecerse a la Cenicienta en el baile, el día de mi boda, y ahora mismo tengo el perfecto perfil, válgame la cacofonía, de la Hermanastra de Cenicienta. Nos vamos acercando, nos vamos acercando.
Tuve una segunda sesión con mi Sra Tía, personaje mítico y estilístico donde los haya, para ir a comprar los sacrosantos zapatos. De ésta sí que salí con lágrimas en los ojos. Lágrimas de dolor de pies, quiero decir, porque por no volver a oir el sermón de "las mujeres tenemos que ser femeninas, re-blá y re-contra-blá", me vestí que te cagas, (como dice Fashion Victim cuando me cuenta de sus noches de juerga) con botas a lo stiletto (de punta), los vaqueros nuevos, chaqueta negra y maquillaje y todo. Resultado: ampollas del tamaño de la Patagonia argentina, al día siguiente.
La primera parada fue en la casa del vestido, antes de ir a buscar a mi tía. Fui con Sacarina, para pillar algún trozo de tela del color del vestido y poder mirar zapatos a juego.
La muy incalificable señora de la tienda dijo que no me había reconocido, argumentando que claro, como siempre vas sin arreglar, hoy vas tan guapa... es que menudo cambio, hija, si te vieras, con lo alta que eres, ñññrrrblá. Lo que decía. Hacen cursillos especiales para vender, sin pararse a pensar que quizá hay gente que se siente incómoda y al borde del insulto cuando empiezan a pelotearla tan condescendientemente. Quería decirle que me cagaba en su madre tres veces por no ver la belleza de las personas más allá del maquillaje y tratarme diferente sólo por habérmelo puesto, pero me callé porque Sacarina, al contrario que yo, es una perfecta lady y la habría avergonzado.
En fin, pillamos trozo de tela, que resultó ser algo más que mero trozo de tela. Resultó ser dos flores cosidas, de tela. Y le pregunto a la mujer de la tienda:
- Anda, ¿de dónde ha sacado esta flor tan grande, del mismo color que el vestido?
Y me dice:
-De tu vestido. La flor va en el vestido.
Y noto como las piernas me abandonan, y estoy a punto de desmayarme. Decido parecer calmada y preguntar, antes de sacar la AK-47 y liarme a balazos.
Y pregunto:
-Pero mi vestido no la llevará, ¿nooooooo? (en el no iba implícito un cierto tonillo amenazante que sugería la respuesta que quería oir, eso sí.)
-No, no, no, ya lo hemos pedido sin flor, pero como te la cobrarán igual, te la puedes llevar.
Entonces llega una gota de colmo de vaso en forma humanoide y permanente barata, que había estado escuchando la conversación no sé con qué permiso, y suelta:
-Oyyy, qué moooona la flooor, mira, así te la podrás poner en el pelo.
Segundos hacia fuera: Se apagan todas las luces y un foco me ilumina, subida a un púlpito. Voy vestida con la sotana esa de Doctora Honoris Causa, agarro un micrófono y pronuncio:
-Lo que voy a poner en el pelo es gasolina, pero en el suyo, y me esperaré, después de encenderlo, a ver cómo le arde a usted la puta cabeza, y piense que aún le haré el favor, al dejarla calva, de obligarla a que descubra qué coño hacer con ella a partir de ese momento.
Entonces sí, entonces me lo pienso mejor, lo de la gasolina ya no se lleva. Me deshago de la sotana y saco AK-47, cargo, apunto y la dejo, a la puta maruja bocazas, como una media de rejilla. Y mientras salgo de la tienda, miro a mi alrededor todos esos vestidos, antes de un blanco virginal e impoluto, ahora cubiertos de sangre. El orgullo y la nicotina invaden mis pulmones al dejar el escaparate, Gauloises entre los labios, AK-47 en mano derecha y mis botas de tacón.
Para chula yo.
Segundos hacia atrás. Intento controlarme, repitiéndome el mantra que suelo repetirme: "Lara Croft no existe. Lara Croft no existe...." y me limito a mirar a la zorra insidiosa de una manera que hasta un monocelular cerebro como el suyo entienda que acaba de mear siete kilómetros fuera del tiesto.
Nos vamos con las flores, a buscar a mi sra. Tía, y nos pateamos el centro entero en busca de unos zapatos que aún no se han fabricado: los míos. En todas partes oigo lo mismo:
-Nena, tú tienes un cuarenta y dos. Aquí no nos llegan.
En fin, la historia ha acabado en que me los tendrán que hacer a medida.
5. Habemus terrorífico dolor de muelas, causado por infección ecuestre. Me han dolido tanto que hasta he ido a la dentista. A una diferente, la que me visitaba de pequeña, que ya me conoce y sabe cómo tratarme. El lunes que viene vuelvo, a ver si han hecho efecto lamierdalosantibioticos.
6. Habemus estómago pegado ininterrumpidamente a la espalda. Y un hambre atroz, aunque no sé qué es causa y qué, consecuencia.
Hace días que sueño que nado en una piscina de bocadillos de atún y queso, de esos de la panadería de abajo, con su tomate untadito, y su aceite de oliva, y su sal, y.... agghhhhh

Tampoco sé si esto de las dietas funcionará o no, pero en el día de ayer fui más veces al lavabo que cigarros me fumé, y eso, señoras y señores, equivale a decir que me pasé un 93% de las 24 horas de ayer metida en el baño.
Lo malo es que me olvidé de pesarme, cuando empecé, así que no sé si estoy perdiendo peso o raciocinio.

Si sé que llevo más de una semana a base de un único café diario, y lo noto. Estoy más relajada, me siento más optimista, la vida me sonríe y...
Pero por todos los Dioses, ¿realmente se creen todo lo que leen en este blog?
(Risillas. Era broma. Sí que estoy optimista, sí, aunque la vida no me sonríe. Más bien se descojona de mí.)
En fin, a mí me han dicho que tengo que ser la más bella del baile, porque es la tradición que la novia sea la más bella (me pregunto qué carajo pasó en la boda de la Infanta Elena. Supongo que la tradición y los milagros no siempre van unidos) y ea, me lo he propuesto. Si hay que ir, se va una a brillar, que como dicen por ahí, ir por ir es tontería.





