Dream a little dream...
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(Dream a little dream of me)
Quién me iba a decir que a mis veintiocho, a lo que yo creía a millones de años luz de la menopausia, iba a estar aquí, sentada, escuchando los greatest hits de Carly Simon.
Oh, pathetic me.
Lo cierto es que Carly Simon es tan buena salida de emergencia como la Piaff, si me apuran.
When you're alone and blue as can be...
Hace mil millones de años, Frida y yo cantábamos esta canción por los callejones insalubres del Gótico. Luego ella la cantó en mi boda, con esa maravillosa voz que le dio algún ángel antes de nacer.
Hoy se me repite en la cabeza la letra sin que pueda hacer nada para evitarlo.
But in your dreams whatever they be
dream a little dream of me.
Craig se va esta tarde a Australia. No nos veremos hasta Agosto, como muy pronto. Tengo muchos motivos para estar contenta y llena de ilusiones, sólo uno para estar triste y fíjense. Los ojos me lloran. Y no, no es ningún recurso literario. Creo que les doy pena, o les da pena estar en mi cabeza, que ahora mismo sólo les deja ver lo malo de estos meses que vienen.
Say nighty-night and kiss me
just hold me tight and tell me you'll miss me...
Y total, con la de cosas que tengo por hacer... creo que seis meses ni me van a llegar. Pero no son los meses de separación, sólo.
Es darme cuenta de que hoy estoy triste porque él se va, pero en unos meses estaré triste porque me voy yo, y darme cuenta de que al casarme con alguien de tan lejos, siempre tendré que llorar y añorar a alguien. Hoy es él, mañana el resto.
Hoy aún tengo la suficiente fuerza y mala leche como para salir airosa, pero, ¿y en Agosto? ¿Cuando tenga que decirle adiós al mejor escenario del mundo, a la gente que más quiero, a todos y cada uno de los rincones de Barcelona que han escrito mi vida, a base de recuerdos?
¿Qué haré entonces?
En fin... Como diría mi gran heroína de la infancia, Scarlett O'Hara, sentada en aquellas inmensas escaleras:
"Ya lo pensaré mañana".
Regarding Friedrich.
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(Más de dos Km rozándome la piel un avión).
Siempre quise hablar sobre Friedrich, porque es uno de mis mejores amigos, y porque es una persona a la que admiro sin tapujos. Admirar sin tapujos cuando se es yo no es tan fácil. Soy Leo por imposición, no por gusto.
Sin embargo, cuando se trata de música, no tengo reglas. Admiro a la gente que por talento o por tesón, pero sobre todo por testarudez, ha llegado a tocar bien un instrumento. Y Friedrich tiene mucho de las tres cosas: de talento, de tesón y de testarudez.
Creo que puedo decir que Friedrich y yo nos conocimos de pequeños. Él tenía trece años, y yo unos quince.
Decidí no hablar de él porque creí que para contar la historia de nuestra amistad haría falta encontrar un idioma inhablable. De muchos tiempos (de negra, de blanca, de corchea...) a esta parte, me he dado cuenta de que de todas maneras, él y yo ya lo encontramos hace tiempo, así que quizá me espere a explicar la historia de Friedrich en otra vida.
Hace unos diez años, año arriba, año abajo, Friedrich tocaba mi canción preferida de los Beatles con su guitarra eléctrica y yo asesinaba estudios de Chopin, Op. 10 y 25 (Entre otros desbarajustes musicales), en el piano más viejo y duro de tocar de Barcelona. (El mío).
Él preguntaba en trastes, yo contestaba en teclas.
Desde entonces hasta ahora, en medio del camino hubo un paréntesis de unos tres años, en que ni nos vimos ni nos llamamos, ni supimos nada el uno de la otra, ni viceversa.
Después de ese tiempo, me llamó una mañana de domingo.
-¿Qué haces?
Y le dije:
-Tocaba la guitarra. ¿Y tú?
Y me respondió:
-Tocaba el piano.
Nunca invertimos los roles, sin embargo. Yo sigo siendo la eterna estudiante de música y él, el eterno músico.
Felicidades. Todo lo que eres, ya lo eras cuando te conocí, a los trece años, con esa camisa por fuera y aquellos andares desgarbados de genio loco. Ahora sólo está saliendo, creciendo y poniéndose delante de tus ojos, para que puedas verlo mejor cada día.
Cosas por demostrar.
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(Elvis Costello. Let's misbehave).
Esto va para largo. No sé por qué (porque, en realidad, parece mentira que aún no haya escarmentado) pero siempre que emprendo una nueva aventura por esos mundos de Yupi de burocracia intensa pienso "esto es fácil", "esto en dos patás está hecho" Y es que NO, NO, y NO. No aprendo la lección: no pensar.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De clases de inglés inútiles durante toda mi vida, por lo que veo, porque del formulario PDF magnífico y estéticamente inmejorable que me bajé de la embajada australiana, para inmigrantes, no entiendo ni el dibujito del membrete.
(Joder, no tendré yo la culpa de que el dibujito del membrete lleve animales raros, también, ¿no?)
Lo de "¿Cómo se escribe su nombre en números de código comerciales chinos?" no es que no lo haya preguntado aún. Es que ni me atrevo a preguntarlo, no vaya que me digan que es que tengo que estar empadronada en Shijiazhuang para poder optar a un permiso de residencia en Australia. Cosas más raras se han visto, créanme. (Aunque sean más propias de un tebeo de Mortadelo que del mundo en que vivimos)
2. De incomprensión salpicada de fobias por aquí y por allá. Lo que más acojona de este tipo de impresos es la famosa checklist
De hecho, en este formulario, si no querías pan, toma tres tazas (de pan, sí. Creo que a estas alturas ya ha quedado claro que en este blog, de coherencia, no vamos sobrás, precisamente. Hay que administrarla en pequeñas dosis, pues).
En este formulario hay treschecklists que se salen (y por favor, no me pregunten de dónde, se salen, u obligarán a mi honestidad a citar un montón de genitales masculinos y/o femeninos, inevitablemente).
En una, el/la applicant (candidato/a) tiene que dejar claro que no tiene ninguna enfermedad chunga, ni se le ha diagnosticado nunca ningún tipo de patología mental ni de discapacidad física/mental.
Aquí ya la hemos jod...robado; a menos que:
-Las autoridades australianas no consideren patología mental jugar a los Sims a los 28 años, ni ponerse hasta el moño de buñuelos de bacalao en el Chino de Abajo.
-Las autoridades australianas no consideren discapacidad física la capacidad (válgame la contradicción) de caerse de un futón mientras se duerme.
-Las autoridades blá no consideren enfermedad grave el hecho de que las muelas del/la applicant tengan personalidad propia.
-Las autoridades blá no me nombren persona non grata después de ver la radiografía de mis pulmones (si es que queda algo, aunque sea un humillo post-bélico).
La segunda lista aún se pone mejor, no se crean. La segunda es la que te hace pensar quién, en éste nuestro Planeta Tierra, es tan imbécil como para emigrar teniendo un pasado oscuro (en fín, más que oscuro, lleno de mierda, por decirlo de alguna manera).
Porque ya sé que se sienten obligados a preguntarlo, pero de ahí a ponerme en cuarentena les falta bien poco.
-¿Ha cumplido penas o ha sido acusado/a de algún crimen u ofensa en algún país?
Penas he cumplido de todos los colores, oigan. Acusada, acusada... Bueno, me acusó mi Sra. Madre, que fue la que me pilló, de muy jovencita, cuando robé unas bragas en un mercadillo, pero excusan hacerme pagar por ellas, que ya eran robadas cuando llegaron al susodicho mercadillo y como dicen por aquí, quien roba a un ladrón, cien años de perdón.
-¿Ha sido acusada de alguna ofensa cuyo veredicto aún esté pendiente?
Sí, por supuesto. Por eso he pensado: ¡Vámonos p'Australia mientras tanto, y aquí no ha pasao ná, que seguro que con tanta crispación terrorista y tan pocos ordenadores y tan pocos servicios secretos que tiene la Commonwealth, aquí no se entera nadie, oyes! Desde luego...
-¿Ha sido acusada de algún crimen/ofensa cometido/a bajo el supuesto de hecho de enajenación mental y/o enfermedad mental?
Vale, sí, pero quedó en familia, porque la única prueba fue un vídeo casero de calidad espeluznantemente inexistente en que salía yo en una cena de Navidad intentando estrangular a mi hermano con mis propias manos. Era menor, no sabía lo que hacía y si sus Excelencias las Autoridades australianas hubieran estado sometidas a la presión que me sometía a mí mi hermano de pequeño, sus Excelentes Autoridades habrían instaurado Vos mismas la pena de muerte en todo el país.
-¿Ha sido extraditada o deportada de algún país? ¿Ha salido de algún país para evitar que la extraditaran o deportaran?
Pero bueno, ¿esta gente se piensa que una es leprosa o qué? Me fui de Londres patas para qué os quiero, sí, pero fue para evitar deportar yo a la fauna autóctona de una patada en el Q, que menuda gentuz... en fin, nada de vituperios, que no vienen al caso.
-¿Ha cometido usted, o ha estado implicada en algún crimen de guerra o crímenes contra la humanidad y/o los derechos humanos?
Sin comentarios. A Britney Spears seguro que no le hacen estas preguntas en los aeropuertos, y mira que... razones tendrían, porque díganme ustedes si "Oops I did it again" no es un crimen contra la Humanidad.
En Fin, de todas maneras, no tengo dinero para cometer ese tipo de crímenes, que es la prueba más contundente con la que cuento. (De algo me tiene que servir ser pobre, carajo).
-¿Ha estado implicada en cualquier tipo de actividad que pueda representar un riesgo para la seguridad nacional australiana?
A ver... que alguna autoridad competente me defina "seguridad nacional australiana". Si entienden por eso que mi marido tiene asegurado, por nacionalidad, que va a poder ir a emborracharse al pub cada viernes como todos los australianos, que me encierren ya, porque ya les digo que antes muerta que Maruja. Que va a haber una de violencia doméstica que la Dulce Neus va a ser un hada del bosque comparada conmigo, me cago en la leche -de canguro.
-¿Es usted consciente de que tenemos que hacerle preguntas estúpidas para comprobar el nivel de inverosimilitud de respuesta que tiene usted en la sangre?
(Esta me la he inventado, haciendo uso y virtud de mi derecho de pataleta)
(Y... redoble de tambores, que la que viene es la mejor...)
-¿Ha servido usted en algún cuerpo militar, profesional o patrocinado (whatever that means), seguido algún tipo de entrenamiento militar y/o de uso de armas militares?¡Síiiii! ¡Me confieso! ¡No soporto más esta presión, apaguen el flexo, que me confieso! ¡Llevo años jugando a la Playstation y disparando a civiles! Pero no se preocupen. Antes me atropellará una estampida de rinocerontes, que acertar yo a nada, oigan. Ni latas, ni pájaros, ni mucho menos gente. Capaz soy de dispararle a alguien, darle en un broche metálico y que rebote la bala y me agujeree la pantorrilla, porque gafes como yo no se entrenan: nacemos así.
Lo de verme setecientas cincuenta veces todas las pelis de Vin Diesel y Lara Croft no cuenta, ¿no?
La tercera lista es la de los documentos que hay que adjuntar a los impresos. (¡Dioses, estoy empezando a hablar como una funcionaria de enciclopedia!)... pero esa ya da para tres posts ella sola.
Y es que no me malinterpreten, a mí me chiflan las listas. Me encanta hacer listas de lo que sea e ir tachando componentes; da una sensación de logro, de avance, de progresos y todas esas cosas, y este blog es buena prueba de ello pero...
Un poco de coherencia, por favor.
A jerk of the knee.
¿Saben eso que ocurre cuando se dan un toquecito en un punto concreto de la rodilla y el pie se dispara hacia arriba?
Eso, en inglés, se llama knee jerk reaction, y obviamente la expresión se ha extendido a su sentido figurado, que viene a ser algo así como reaccionar a lo bonzo ante algo... que viene a ser algo así como lo que estoy haciendo esos días, por ese otro dicho de que desperate times call for desperate measures.
(Si se piensan que estoy metiendo demasiado inglés, ya, en este blog, esperen a que llegue a Australia, con todos los dichos, frases y palabrotas que tienen allí, tan elaborados).
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. Dificil de describir. Es una especie de nudo gástrico extendido por todo el cuerpo, producto del cabreo, la impotencia, las buenas intenciones, la sobredosis de queso tan desafortunada, la inutilidad para rellenar formularios gubernamentales, la frustración y las empanadillas de atún del Chino de Abajo.
Y calambres en los dedos, de tanto tecleo en el ordenador.
2. De maratón burocrática.
Nos hemos propuesto arreglar, recopilar y tener a punto todos los papeles legales (los míos para Australia y los de Craig para aquí) en esta semana, antes de que se vaya Craig.
Resultado: Aldara 2.0 (Meaner, bloodier and untamed) chillando:
a) Al ordenador, por perderme los impresos en pdf de la embajada australiana
b) a la impresora, por no funcionar una vez encontrados archivos pdf
c) al destino cruel, por hacer que se acabara el dichoso papel justo cuando el resto de cosas por fin furrulaba.
3. Luego tuve una revelación casi divina, en que se me apareció San Francisco de Asís a eso de las tres de la madrugada, la otra noche, cuando ya casi me estaba olvidando del tema, (y de abrir los ojos, también) El tío, lo juro, llevaba una camiseta über-jipi, toda desteñida y con una hoja enorme de marihuana en el centro, dentro de la cual unas letras mayúsculas decían: "pasa el canuto, Hermana Luna", y me dijo:
-Hija mía, ¿qué vas a hacer con tan adorable roedor que Dios Nuestro Señor puso en este mundo para abalanza y realización de tus cuidados maternales?
Y yo:
-¿Qué?
En fin, que me di cuenta de que aún no había hecho nada, tema Macgaiber, y ayer llamé a la embajada, donde después de preguntarme ciento y la madre de veces qué era una chinchilla, me dieron una dirección electrónica para consultas. En Australia todo funciona como un reloj. Hoy ya me habían respondido. Con un NO así de grande, pero leñe, al menos responden y rápido.
En fin, que va a ser que Macgaiber se queda en tierra.
(No, no pienso llorar. Voy a ser fuerte. Voy a ser ffff...bbblllb...)
Estaba pensando en dárselo a Giulia, mi amiga de la universidad, que fue quien primero pilló un peine para peinar al bicho (a nosotros no se nos había ocurrido nunca, pero al bicho en cuestión le chifla que lo peinen, con uno de esos minipeines que dan en los hoteles, envueltos en un paquetito de celofán).
4. De aturullamiento zarandeante y adireccionalidad paranoide (ya clásicos). Me tienen que hacer pruebas médicas y rayos X para el visado. No es nada, es sólo que como me conozco y sé que soy una finchapigos (y disléxica, para más INRI), soy capaz de ponerme lo suficientemente nerviosa como para que me diagnostiquen hasta una prostatitis aguda.
¡Y a mí no se me puede inflar nada que no tenga, exceptuando, en ocasiones, los coj...!
¡Oh, dioses, qué existencia amarga, qué dolor sobrecoge mi pecho, qué losas y cruces pesadas! ¿Qué será de mí?
Buah, de momento tengo que hacer que el cerebro me reduzca un poco la segregación hiperactivizada de subnormalina y luego ya pensaré qué hago.
5. De palabrotas varias, al darme cuenta de que pasado mañana, llueva, nieve, truene o a pie, tengo que ir a la facultad, a clase de informática.. Sí, oigan, yo, a clase.
Es que empieza, por cuarta vez, el último semestre de mi vida universitaria, y esta vez tiene que ser el último de los últimos, de verdad. A mí, ni que decir tiene, lo de ir a clase es algo que casi hasta me indigna, a estas alturas. He descubierto, no obstante (y después de veintiocho años) que con indignación no se consiguen títulos universitarios, pero con la asistencia a clase a veces sí... Así que probaremos, que dadas las circunstancias no está de más.
COSAS POR HACER:
1. Llamar otra vez a la embajada para preguntar qué quieren decir, exactamente, en el dichoso e interminable impreso del visado, con "cómo se escribe su nombre en números de código comerciales chinos". A mí hay cosas que me superan, la verdad es tanta.
2. Aprovechar para preguntar también si alguien de la plantilla de la susodicha embajada quiere hacerse cargo de Macgaiber hasta que las autoridades australianas responsables de la cuarentena de animales tengan en consideración a las chinchillas.
3. ...Y ya que estamos, que me especifiquen si montar una manifestación a los seis años contra la tutora de aquél curso de primero de EGB (id est, mi Sra. Madre) por habernos castigado injustamente a mí y a un grupillo cuenta como acto de terrorismo y/o de otro modo acción paramilitar.
Que llevo una preocupación encima que no les cuento, porque claro, al formulario no se le puede ocultar nada, que luego te investigan, esa gente.
4. Intentar, de algún modo, suavizar movimientos. Lo de la reacción brusca de la rodilla es necesario a veces, del mismo modo en que toda revolución tiene que ser radical, para ser revolución, y que las revoluciones a veces son necesarias... pero si se alargan durante demasiado tiempo, las posibles consecuencias de ese alargo no valen la pena.
Vamos, que me toca calmarme un poco.
(¿Aldara de Rodriguez? Bueno, mal, mal, lo que se dice mal, no suena... pero sólo temporalmente).
Me despido por hoy, con una sonrisa de esas de Cheshire Cat.
A.
Viajes de ida.
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(The Foo Fighters. Times like these -acústico).
I am a one way motorway
I’m the one that drives away
Then follows you back home
I am a street light shining
I’m a wild light blinding bright
Burning off alone
Hay botoncitos en internet que a veces resultan dificilísimos de pulsar.
"Haga click" aquí.
"Pinche" aquí.
Y, de repente, te encuentras con las diatribas vitales más complicadas de tu existencia:
¿Enviar o borrar? ¿Pagar o cancelar?
¿Vuelo a Australia sólo de ida o de ida y vuelta?
Desafortunadamente, lo de hoy no es un relato. Claro que lo del otro día era un relato a medias, y así estamos como estamos.
I am a little divided
Do I stay or run away
And leave it all behind?
La cosa empezó por internet, también. Nos escribió un e-mail su madre y nos cuenta lo que está pasando. No, si ya lo sabíamos. Lo que pasa es que está durando demasiado, y nadie parece encontrarle solución a nada. Creo que necesitan echar mano de algo que mala hostia gallega, pero... no me lo puedo permitir, a una asignatura de llamarme licenciada.
Mi suegra Jipi llora, y no es para menos. Pasa en las mejores familias, pero cuando pasa en la tuya, la historia adquiere otros tonos, y una nunca sabe cómo va a reaccionar cuando le toca así, tan de cerca.
En dos minutos tengo la solución, aunque a Craig le lleva bastante más rato, porque no quiere dejarme aquí sola. Durante todo ese rato en que él me mira con esa cara de impotencia y de frustración, que se debate entre la necesidad de ir con su familia y la imposibilidad de dejarme aquí, recién casados, yo me hago la Superwoman, como me enseñó mi madre, y le digo que yo aquí no le necesito (¿se puede saber de dónde coño saqué yo estupidez semejante?) y que allá le necesitan mucho más, y que yo me reuniré con él en verano. En menos de veinticuatro horas le busqué un vuelo, lloré setecientos litros de agua en sus ausencias y los deslloré en su presencia.
Esto es a lo que Maitena llamaría "Mujeres Recompuestas", supongo.
Es decir, le convencí yo para que se fuera. Y se va el día 28. Se va de ida, no de ida y vuelta.
Bueno.... Nuestros días en Barcelona estaban contados, de todas maneras.
It’s times like these you learn to live again
It’s times like these you give and give again
It’s times like these you learn to love again
Porque queda la cuestión de los planes, porque a Australia ya íbamos, aunque se haya precipitado la historia. Los planes son que aquí la menda se queda para limpiar las mesas, vaciar los ceniceros, pagarle al DJ, barrer y cerrar. (Por decirlo de alguna manera). Es decir, que no sólo me quedo de viuda do vivo (como decía mi querida Rosalía de Castro) sino que además, me tocará organizarme a lo bestia.
En fin, mejor. Así parecerá que no lo echo tanto de menos, ¿no?
Además, me han dado otro pedazo de novela, para que me entretenga.
Algo tiene que salir bien.
COSAS POR HACER:
1. Fumar. ¿Por qué no? Después de todo, y con todo lo malo que es fumar, resulta ser muchísimo mejor que un sinfín de otras cosas. Me voy a ir a Australia con un mínimo de diez cartones de Gauloises, y como alguien tenga el temerario y estupidísimo atrevimiento de decirme algo, lo de la masacre de aborígenes y las generaciones robadas va a ser una película de Disney comparado con la que voy a liar.
Qué poco espacio habitable entre desierto y océanos y cuánta subnormalidad concentrada, joder. Eso nunca te lo explican en los documentales, tantos animalitos y tanta florecilla, y nunca dicen nada de capullos autóctonos.
Lo que haga falta. (Recuerdo de A.G.)
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(K's Choice. Not an addict).
Ella llega a casa cerca de las doce, después de una película nerviosa en que ha dejado las palomitas para comerse las uñas, pensando en qué hará él mientras tanto, si ha sido buena idea dejarle solo.
–No pasa nada. Podrías confiar en mí, para variar. No saldré, no voy a hacer nada. De verdad. Me tratas como si fuera un adicto, joder. En serio, déjame. Puedo quedarme solo.
Ella llega a casa cerca de las doce, sin haberse enterado de cómo salió de casa por la tarde, cómo llegó al cine ni cómo acabó la película. Confusa, las palabras de él en los pocos momentos en que es él, se mezclan con el sinfín de subnormalidades que grita cuando no lo es, cuando se cree Lord Byron, dueño del mundo, inalcanzable e incomprendido.
Lleva un verano entero de esfuerzos intermitentes. Conoce el peligro de intentar ayudarle sin saber demasiado del tema. Conoce también el peligro de no ayudarle, porque es como no ayudarle a vivir y es como ayudarle a morir.
Al abrir la puerta ya sabe que él no está.
Luego va a su habitación. Su cama está vacía.
Luego va al salón, donde descubre tres latas de cerveza estáticas, a modo de recordatorio o de aviso.
No contesta al móvil.
Ya sabe lo que toca. Esperar.
Y espera, hasta que decide irse a la cama y hacer ver que duerme, por si llega él.
“Voto de confianza… No soy adicto…” y una mierda. Éste ha sido el último.
A las tres, y con los ojos más abiertos que tres horas antes, oye golpes. Golpes en la puerta de entrada, golpes por el pasillo, golpes contra los muebles. Y gritos. Gritos en ningún idioma, en una especie de dialecto universal de quienes viven en el cielo, de quienes son dioses por noches, de quienes pasan la vida entre vuelos magníficos en tecnicolor y la caída en picado que lleva a redescubrir las flores de la alfombra vieja de la habitación y saberse en la más trágica soledad.
Los gritos la fuerzan a levantarse. Él no se ha atrevido a entrar en su habitación, como si aquella pieza de la casa fuera una especie de santuario al que sólo tiene acceso si está sobrio.
–¡¿Dónde coño está mi dinero?! ¿Eh? ¿Eh? ¿Dónde has escondido mi dinero, puta?!!!!!– vocifera, bajo el marco de la puerta de su hermana mayor.
–Son las tres de la madrugada. ¿Para qué necesitas dinero ahora?–, le pregunta ella, con la mayor suavidad posible, pero ejercitando un tono explícito de autoridad para hacerle saber que no le tiene miedo.
–¡Para pagarle a los camellos de la entrada, que me están esperando, joder, joder, dame el puto dinero, hostia, que te mato!!–, sigue chillando él, mientras revuelve el piso entero tirando, destrozando y zarandeando botellas, botes, jarrones, cajones y estanterías.
Ése no es él, no es él, no es él, se repite ella, mientras cuenta hasta trece o quince y quince más, y sigue de pie, en camisón, inmóvil y frente a él, brazos cruzados y temidas y terribles ganas de llorar comprimidas en algún punto entre los ojos y el principio de la nariz.
–¿Qué has tomado? ¿Has tomado pastillas?–, le pregunta, con toda la calma que es capaz de fingir, y el corazón escapándosele por la espalda, donde él no pueda verlo huir.
–¿Y para qué coño iba a subir a buscar dinero si ya me hubiera comido las pastillas, imbécil, puta imbécil!!!!–, ladra él, llorando, al darse cuenta de que las palabras salen de algún sitio enorme de su cuerpo enorme postadolescente que él ni conoce, ni mucho menos controla. No quiere insultar a su hermana; nunca, en su sano juicio, le ha llamado nada más grave que tonta, jugando, cuando juegan, porque cuando él es él, juegan, hablan durante horas, se divierten, ven películas y hacen las cosas que hacen los hermanos que se quieren. Pero las palabras salen, mucho más fuertes e insultantes de lo que su boca puede soportar, y se odia. Se odia, pero ese primer hormigueo agradable de su cabeza que luego se volvió descontrol etílico se dispara y va a dar directamente en el corazón de ella, que huía, y ahora se disipa.
Ella lo abraza hacia su pecho. Le coge de la nuca y apoya la cabeza de él entre su cuello y su hombro derecho. En segundos, nota las lágrimas de él resbalándole cuello abajo, hacia el pecho.
Se está calmando, se va a calmar, se ha calmado. Por favor, por favor, por favor–, suplica ella, sin pensar a quién. Es un momento tan bueno como estúpido para creer en algún dios. Es un momento tan difícil como necesario para la fe.
–No has comprado nada todavía, ¿verdad? ¿No te han dado nada?–, le susurra ella, aún abrazada a la torre de músculos descontrolados.
Él explota otra vez. La aparta de un empujón. Comienza el segundo acto, con más gritos y más insultos, intercalados con halagos hacia el hecho de que ella es la única que sigue ahí, que no se ha rendido y que ha sabido entenderle. Te quieros entre putas, zorras y no puedo vivir sin tis.
El plan A no ha funcionado. Pasamos al plan B.
Ella vuelve a situarse frente a él, lo mira directamente a los ojos, que aquella misma tarde eran azules y ahora inyectados en sangre, rencores absurdos y pensamientos suicidas. Lo mira fijamente, sostiene esa mirada, y le pega una bofetada.
Tras el giro de cara de noventa grados, él arremete contra ella con el puño cerrado, que va a darle directamente a la cara.
Ella ya sabía a qué se exponía cuando le pidió que fuera a vivir allí. Ella ya sabía que habría algún momento así. Simplemente, no sabía cuándo, pero desde el suelo, piensa que ha estado esperando este momento durante meses, con resignación. Y aunque se pregunta cuántos puñetazos hacen falta para que él logre controlar a sus demonios hasta deshacerse de ellos, sabe que la posibilidad de que él supere todo eso compensa cualquier golpe.
–Igual en este momento te parece buena idea matarme–, dice ella, serenidad absoluta, levantándose y dirigiéndose hacia la puerta. –Desde mañana hasta que mueras, te estarás arrepintiendo, no obstante–. Dicho esto, cierra la puerta con llave, coge los tres juegos de llaves que tienen en el piso y los tira por la ventana del lavadero. Luego coge una silla del salón, atranca la puerta con ella y se sienta, a esperar.
A esperar a que él se calme, o la mate de verdad.
–Esta noche no vas a ninguna parte–, sentencia ella. Lo pronuncia con un tono de piedra milenaria que se ha mantenido en el mismo sitio durante siglos, y que ha observado, impertérrita, guerras, devastación, alegrías y tormentas a lo largo de los años, sin moverse de donde estaba. –Te puedes poner como te de la gana, me puedes matar… o puedes ir a lavarte la cara, tomarte un vaso de agua, y meterte en la cama a dormirla, que es mi consejo.
Él lleva un rato llorando, desconsolado, entre respiraciones sincopadas. Llora por tantas cosas que el ritmo de cada llanto se le enzarza con los otros y no consigue unificarlos.
–¡Me voy a matar! ¡Es lo que tengo que hacer, me tengo que matar, no merezco vivir, me voy a matar!–, chilla él, corriendo hacia el ventanal del salón.
Ella intenta ponerse de pie, pero las piernas le fallan y cae al suelo. Las piernas le fallan, pero la cabeza le dicta guerra y persistencia, y se levanta para ir tras él. Lo agarra de un brazo con la poca fuerza que le queda, cierra la mano y le rompe la nariz de un puñetazo.
–Hasta aquí. No más confianza. Se acabaron las hostias. Si quieres vivir aquí, vas a tener que ser persona. Y puedes amenazarme todo lo que quieras, pero reza por que no te oigan los vecinos, porque yo de la cárcel no te saco, te lo juro. Ni te iré a ver. Puede que te creas que tu vida ahora mismo es una mierda, y que te sientes como en una prisión, pero espérate a que te violen cinco tíos para contármelo. Eres un imbécil. Y con tu imbecilidad, me has convertido en una imbécil a mí también, por haberte creído y haberte dado el voto de confianza.
Él se echa a llorar con más fuerza, todavía.
–¡Yo sólo venía a por dinero para las pastillas, puta!–, le grita, sumido en esa posesión de alcohol mezclado con tantas sustancias pasadas que flotaban por sus venas, en espera del despertador.
Plan B, pasa al plan B. Aún no estás haciendo todo lo que puedes.
Ella piensa que es hora de demostrar la gravedad del asunto y la rabia contenida, y empieza a hacerle un resumen estentóreo de lo que piensa. Lo insulta y lo amenaza con la mano derecha cerrada y un jarrón en la izquierda, por si acaso.
–Y ahora–, dice, volviendo a su perfecta calma, tan bien fingida–, te vas a tomar esto. Si quieres pastillas, aquí tienes una buena.
Se la da porque sabe que puede. Sabe que él no ha tomado nada más que alcohol esa noche, porque se conoce sus caras de memoria, de corazón y de estómago comprimido durante aquella eternidad al lado de su hermano. Primero el rebelde, y luego el drogadicto de la familia. Le habían adjudicado la chapa antes ni de leer las cosas que él escribía, ni de escuchar lo que tenía que decir, ni de pasar con él más de cinco minutos indiferentes.
Ella no se siente culpable. Ella nunca pudo decir nada, mientras vivió allí. Pero ahora él está en su territorio, dentro de las cuatro paredes en que el bien y el mal quedaban definidos por las veinticuatro horas diarias de dedicación… hasta aquella noche, en que todo se rompió porque se relajó tres horas.
–¿No me dejas ir a comprar pastillas y me das esto!??? ¿Qué coño quieres, matarme?!–, chilla él.
Ella, de un empujón en los hombros, lo sienta en el sofá. Se va a la cocina, llena de agua un vaso, coge una pastilla y le tiende vaso y pastilla a su hermano.
–Hazme un acto de fe. Esto es mucho mejor que lo que te darían en una residencia, y sabes que puedo internarte si quiero. Sabes que puedo tener una sentencia de incapacidad con tu nombre en cuestión de días, y encerrarte donde me dé la gana, así que no hagas el imbécil, tómate esto y métete en la cama.
Él se toma la pastilla. Por un segundo, ella vuelve a verle tal como es cuando es él. Cándido, dulce, de una sensibilidad extrema y una timidez que lo reviste de una inocencia inverosímil. Pero sólo dura segundos, antes de que su otro yo lo ponga en pie y lo mande a forcejear en la puerta.
–No vas a salir; ya te lo he dicho. Puedes romper la puerta, claro. Y llamaré a la policía, les daré tu descripción, les diré que me has pegado, me has robado y mañana te despertarás en la cárcel sin hermana, sin casa y sin droga, hasta que decidas dejarte violar por los cinco tíos de antes para conseguirla. Realmente, ¿eso es lo que quieres de tu vida?
Él empieza a reírse. No es una risa histérica, ni absurda. Se ríe con ganas, por el ejemplo reincidente de su hermana. Luego la mira. Se acerca a ella, la acaricia, y se va a la cama.
Ella le sigue y se mete en la cama con él. Lo abraza fuerte y le dice:
–Mañana volveremos a hablar. Haremos lo que haga falta.
Lo que haga falta, piensa ella, es una frase infinita.
Ich bin gleich wieder da.
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(The Pitch. Spectacular, spectacular. Moulin Rouge OST).
Volveré pronto, como las oscuras golondrinas; lo prometo. (Eso sí, sin cagarme por ahí en la ropa de la gente, ni planear a un metro del suelo. Ah, no, que eso eran las palomas. Perdón, es que vivo en Barcelona. Somos una ciudad traumatizada.)
Volveré a visitar toooodos los blogs de la gente que se ha convertido, prácticamente, en maestra, compañera y conocida, a lo largo de este año y pico. Las situaciones a las que hemos llegado a través de los mundos de Blogui son de lo más rocanrolesco. Les conozco mucho más a ustedes, y ustedes a mí, que una gran parte de nuestra respectiva vecindad física. Y me encanta leerles, pero ahora mismo estoy en pleno auge de mi etapa vive le freak y esto es todo lo que tengo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN.
1. Antibiótico y analgésico. No hace falta explicarlo, lo sé. Sólo diré que voy a vencer al destino y voy a conservar la maldita muela, por mucho que la Madre Naturaleza se empeñe en ir enviándome pistas (pinchazos, más bien) de que me la tengo que arrancar. La muela es mía y no va a ninguna parte. Aunque me quede bizca del dolor In secula Seculorum. (Amén).
2. Evolucionante. He encontrado, para mi gran alegría, la manera de no volver al Chino De Abajo: ahora llamo por teléfono y me lo traen a domicilio. Para la gente de poca fe (Sacarina, concretando) que piense que no es un gran paso, sólo les diré que así evito y esquivo el Buffet libre, ergo se acabaron los buñuelos de bacalao y las empanadillas de atún, pilares fundamentales (como todo el mundo sabe) de la gastronomía y la cultura culinaria tradicionales chinas.
3. Pánico chinchillil. Me he dado cuenta de que hace mucho tiempo que Macgaiber no roe el plástico de la jaula. Se limita a quedarse sentadito sobre sus patas traseras (que son, en proporción, como las de un canguro) y esconder las delanteras en el pelamen, convirtiéndose, así, en la bolilla de pelo más perfectamente oronda y adorable de este nuestro planeta. Además, baja las orejotas y cierra los ojitos, y todo, y me he descubierto a mí misma con un hilillo de baba resbalándome barbilla abajo.
Después, segundos de reflexión y... ¡Terror! No puede ser. Este no es mi bicho, el roedor Hardcore que compré hace dos años y medio. He contemplado diversas posibilidades:
a). Está incubando la gripe aviar, pero sin alas.
b).Está incubando procedimiento para ulterior Golpe de Estado, a modo de Adolf en Viena en sus años mozos.
c).Se ha dado cuenta (por fín) de que el tamaño del agujero que él mismo ha perforado en la jaula supera las dimensiones reales de ésta, y ha calculado pros (agujero chuli) y contras (si agujero demasiado grande, techo jaula cae sobre cabeza y Macgaiber kaput)
d). Ha madurado y ha decidido comportarse y roer lo que tiene que roer: Una hoja seca de palmera, sobre la que también duerme, y un tronco del tamaño de los del Yosemite Park. Eh, que cuando dije que le habíamos tuneado la jaula no lo dije por decir. Tiene un loft que es la envidia de la comunidad chinchillosa. Bueno, eso y además, su comida, claro.
4. SECCIÓN ESPECIAL SIMS 2
Estoy orgullosa, hasta la fecha, del desarrollo demográfico y socio-económico de mis Sims. Celebridades, personajes históricos, personajes reales, altibajos emocionales, crímenes pasionales, conflagraciones, cuchicheos, amores y odios... ¡Espectacular! (De ahí la canción escogida).
Los nuevos integrantes de esa mi pequeña comunidad se detallan a continuación:
Nuevos/as integrantes y sucesos acaecidos hasta el día de hoy:
-He diseñado y metido a Clara Wiek (en honor a la pianista y esposa de Robert Schumann, que era mi compositor preferido cuando tenía ocho años), en una casa nueva que construí tras echar a Clarice Starling y Hannibal Lecter (se estaban portando mal con la gente, qué quieren que les diga). Ha muerto dos veces, ya. (Clara, quiero decir). Una por incendio, y la otra por tonta, porque cuando se te muere un personaje, aparece una tumba, y la mandé a que bailara al lado de la tumba y ardió por autocombustión espontánea. (Aún no lo entiendo). En fin, da igual porque por 100 simoleons (divisa Sims) la devolví a la vida y a su piano, a tocar el Vals del Minuto de Chopin.
(Lo que más me "plipa", como diría una que yo me sé, del piano caro de los Sims, es que la mayoría de obras corresponden al programa del Conservatorio del Liceo, ergo a lo que yo toqué en todos los exámenes de piano. ¿Casualidad?. Qué miedo).
-Bonnie Parker y Clyde Barrows. Muy retro, los dos, en una casa casi completamente roja, porque el rojo era el color preferido de Bonnie y porque supongo que si Clyde estuviera vivo, le dejaría a ella decorar la casa. Los dos se dedican al negocio del crimen; trabajo, dicho sea de paso, que encontraron por internet.
Clyde se murió el otro día de intoxicación de pescado. (nota mental: tengo que recordar darles de comer más a menudo a los peces del acuario, que luego pasan estas cosas...) Bonnie y Clyde se casaron al poco tiempo de entrar en la casa, pero sospecho que Clyde tiene una amante. Más que nada, porque yo misma lo metí en la cama con Lara Croft el otro día, después de una tórrida sesión de jacuzzi.
Seguiremos informando.
COSAS POR HACER
1. Acabar la dichosa traducción para dedicarme a mi verdadera vocación recién encontrada, que es jugar a ser Diosa Todopoderosa, manque sea con el mando de la pleisteixon.
(Apunte secundario: Need for Speed no tiene precio, tampoco).
2. Recordar que no son necesarios tres pianos en una sola casa, aunque me los pueda permitir gracias a la trampa del dinero, que luego rebaso el cupo de objetos permitidos por casa y empiezan a salirme incendios por todas partes... y los personajes, una vez muertos, no tocan. Que ya lo he intentado, y nada.
3. Volver a la Tierra y prepararme las clases de esta tarde.
El último día bueno del año.
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(Cousteau. Last good day of the year).
... No, no sé si es hoy.
Era sólo el título de la canción. La acabo de encontrar otra vez, después de mucho tiempo voluntario sin oírla.
Hay un antes y un después de esta canción, lod dos mágicos y maravillosos a su manera, porque marcó un cambio de época en mis veintipocos y supo apañar con elegancia los restos del mejor día de aquel año con los días que aún quedaban y que tenía que aprender a vivir.
Cuando la escucho se reproduce el durante con una nostalgia que me hace querer algo que nunca quiero: volver a vivir (físicamente) el pasado. Dos días: el último de antes, y el primero de después. Porque fui tan amargamente feliz como felizmente desdichada.
Sin ánimo de flagelarme ni nada remotamente parecido, creo que ha habido muy pocos días en mi existencia que haya vivido tantísimo como aquél último día bueno del año y los que le siguieron, que de tan poca expectativa que traían consigo acabaron siendo de los mejores de mi vida.
Y es que ya lo decía la otra canción, la de los días después del último mejor:
Every new beginning comes from some other beginning's end.
Un infinito al que pusieron rejas.
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(Manu Chao. Minha Galera).
Hmmmm.... Playa desierta, desiertamente infinita e infinitamente interminable.
Arena blanca, algas de plata, cobre y lino y organza.
Espuma fresca tostada, nadada de peces y pececitos de colores buscando a Venus y delfines surfeando pletóricos, de fondo.
Delfines marrones, delfines grises, delfines de colores cálidos, bajo el sol, sentado allá arriba, volando bajo.
Playa perpétua de verano inmenso.
Y eso, mucha gente estaría de acuerdo conmigo... eso es un sueño.
Un sueño verdadero, o un verdadero sueño, según las circunstancias.
ESTADO INMEDIATAMENTE PASADO QUE HA DADO LUGAR AL ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN Y ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
Ayer también me acosté hoy. Como viene pasando desde hace semanas. Resultado: búho atrapado en cuerpo humanoide con síndrome en fase terminal de fusión glútea. (ver post anterior si queda suficiente fortaleza gástrica).
Esta madrugada, tras horas (y horas) (y horas) siguiendo al personaje de mi libro por Los Angeles, Nueva Escocia, Nueva York, Amsterdam, Edimburgo y Zurich, y tras más horas (y más horas) (y más horas) soñando con una estepa rusa que ni me venía a cuento, me acosté pensando en nuestros planes de futuro, mi ilusión de pasar algunos meses en Indonesia antes de instalarnos en Australia, y mis ganas de empezar a hacer que ocurran más cosas, de pasar a una segunda fase.
Me he despertado con quemaduras a causa del sol y una sobredosis de arroz, por así decirlo, que me han hecho pensar si debería desear que se cumplan mis sueños.
Yo, en Two Rocks, playa infinita e infinitamente desierta de Australia occidental, tierra de canguros y pájaros surrealistas.
Playa de arenas blancas inmóviles, de algas que vomita la marea y peces bailando como si todo el año fuera una fiesta ininterrumpida.
Piedrecitas brillantes de colores que sólo se ven al acercarme bien a la orilla, perfilando los quilómetros y quilómetros de comisura costera como un lápiz de labios minúsculo porque soy diminuta e insignificante, en comparación a la grandeza del escenario.
Sé que existe, porque ya he estado.
No es un sueño, es mi futuro y cualquiera en mi lugar salivaría sólo de pensarlo. Es lo que he escogido hacer, porque es lo que anhelo hacer. Es decir, que no lo menosprecio ni lo desprecio.
Explico esto para entender que lo entiendo, y para saber por qué el sueño que tuve anoche (esta madrugada), que había empezado con tanta luz, tanta brisa suave y tanto lirismo se convirtió en pesadilla en cuestión de segundos.
(Segundos de conciencia, no segundos oníricos. Dicen que el sueño más largo, que a nosotros nos parece que duró horas, no dura más de cuarenta y cinco segundos, en segundos de conciencia).
No había ni pensado en robarle algunas piedrecitas a aquella orilla multimillonaria, que Sacarina me llamó al móvil.
(En el sueño, quiero decir).
Y resulta que no le podía contestar porque no tenía móvil.
Entonces corrí hacia el interior de la playa, donde acaba la arena y empieza el bosque, o donde el bosque se convierte en playa. Corrí para ver si había alguna cabina telefónica, o algún coche aparcado con mi móvil (que, por cierto, me regaló ella estas navidades) dentro.
Hay coches aparcados, sí. Y hay gente en ellos, pero son población australiana y no entienden que necesito comunicarme con mi país.
Intento salir de allí pero ocurre como en la Playstation, cuando intentas meter a un personaje por donde no puede ir: corre sin moverse.
Yo corro sin poder moverme. Estoy atrapada en una celda de prisión con forma de playa interminable. Quiero volver a Barcelona, quiero ver a mis amigos, pelearme con mi madre, hablar con mi padre, reírme en mi idioma y llorar, también, si debo, si tengo ganas, en mi idioma.
Pero allí sólo ríen, hablan, tosen, beben, comen, lloran o abrazan en australiano.
Todo es precioso y preciosamente ajeno a mis sentidos.
Mientras tanto, el móvil sigue sonando, insistentemente, y las cuerdas invisibles que me atan a uno de los paraísos más recónditos y aislados del planeta me hacen pensar que me he caído en una brecha que se abre entre un cuento psicótico de Maupassant y algún documental de Cousteau.
COSAS POR HACER:
1. No comer pizza por la noche. Es indigesta. (Y mira que me lo tengo dicho).
Freaky Friday.
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(Flabby+Carla Boni. Mambo Italiano)
Estaba pensando... debe de tener su qué, eso de trabajar bajo horario. Sobre todo cuando llega el viernes por la tarde y te puedes ir a casa. Yo no es que no pueda irme a casa. Es que no logro salir de ella.
Carajo.
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De decepción (leve). El libro que estoy traduciendo me estaba encantando hasta este capítulo, que no sé si es porque la vuelta me da cabezas o qué, pero empiezo a verles toques demasiado llanquis a los diálogos. Ya decía yo que no podía ser verdad tanto europeismo en un norteño. (Manque sea uno freak hasta la médula, que lo es).
El próximo libro, gallego, por favor, que así, si me tengo que meter con alguien, nadie se sentirá ultrajado/a.
Lo malo de las mejores figuras de la literatura gallega es que como quien más quien menos, somos emigrantes, se traducen ellos/as sus propios libros. Es para echarse a llorar y no parar hasta que se respete ese dicho catalán de cada cosa al seu lloc.
No, si tampoco los culpo. Si yo escribiera un libro, no consentiría que nadie me lo tradujera. Aprendería chino cantonés si hiciera falta, con tal de poder cambiarles yo los pañales a mis propios bebés. (Vale, ahora ya estoy pisando la raya de freak desde el otro lado. Frena).
2. De dolor de muelas. ¡DiOsEs, qué oRiGiNaLiDaaaaaDDD! Con la de males que hay por el mundo y dolencias nuevas que la medicina descubre cada día, ¿por qué no me atacan dolores más variados? No sé, una uña infectada,o algo realmente desagradable como una peritonitis, que suenan mucho más chungas, te llevan al hospital y hasta puedes pedir morfina a la carta y todo, porque respetan la seriedad de tu caso.
Lo de las muelas, nadie parece verlo como nada grave. Así les agarre una pulpitis a todo el gremio, para que vean lo que duele. Y llevo yendo a la dentista una vez por semana en las últimas cinco semanas y nada. Eso de llegar, sacar torno, lijar, pedir perdón, dormir muela, lijar-matar-empastar y pa casa va a ser que no. Yo llego, me siento, me mira a mí y sonríe, luego a la muela y la sonrisa deviene mueca y ahí se acabó la sesión odontológica por hoy. Joder, que sólo quiero olvidarme de ella, no estoy pidiendo un segundo desembarco en Normandía.
No, si no es culpa de la dentista. Estoy convencida de que alguna gitana en algún mercadillo me echó algún mal de ojo al grito de "me cagontusmuelas"... Claro que, yo no voy a mercadillos. Agorafobia.
3. De envidia cochina. El otro día me llamó Hans Magnus (mi amigo alemán) por teléfono y me dijo que a su novia la van a trasladar a la Siberia durante un tiempo, por trabajo. No, no la envidio por irse a la Siberia (Soy Freak-Freak, no Freak-oligofrénicomasoquista), válgame Trotski, lo que envidio es el viaje. Necesito un viaje pronto, me está volviendo el monkey de viajar... de viajar como lo entiendo yo, no de vacaciones. De irme cuatro meses a algún sitio a vivir.
A la Siberia no, que no les quepa duda de eso.
4. De rendición. No voy a clases de italiano desde que Mussolini jugaba a los aviones con Franco en el estrecho de Gibraltar, más o menos. He estado estudiando en casa, pero la historia está complicada, y he tenido que rendirme a las evidencias:
a)No tengo tiempo de ir a clase.
b)No puedo pillar maromo italiano de dos meses, para avanzar, porque estoy casada (como todo el mundo, literalmente, debe de saber ya). Además, con la pinta que llevo ahora mismo, me ve un italiano y seguro que me echa monedas.
El Fabio de turno:
-Guarda, che infelicità!
Y yo:
-Oiga, que las Ramblas están cuatro calles más pallá, váyase usted a graduar los catorce pares de gafas de sol que tiene a Barshkortostan, que está más barato, no te joro..de.
5. De dolor glúteo (terminal). Se me está poniendo el culo como la meseta central (no, inmenso no, PLANO). He pasado tantas horas sentada que ya no distingo el lado derecho del izquierdo, y no es sólo porque lo tenga perpétuamente dormido (aunque eso también influye), no. Es un efecto secundario del gremio, denominado terminológicamente "fusión glútea".
COSAS POR HACER:
1. Dejar de pensar en italianos de piel morena y músculos brillantes.
2. Dejar de pensar en cómo sonaría un libro escrito por mí, traducido al chino cantonés. Interesante sería, eso fijo.
Chaptel thilteen: Ba Han Ding al Chi Nu.
"Aka bál am ing, Ke ca la ho de Cul Lo Lo Ño Sing de miel da, ¿hat ta en viel neng pol la no ching? A Mi Pling, me Wel bo a ba Hal al Chi no de A Ba Ho, a vel si me le di mo".
3. Dejar de intentar pronunciar nombres de sitios rusos. Intentos de que sonaran a palabras y no a convulsiones gástricas: 4376532. Todos fallidos.
4. Dejar de mirar por internet mapas de Rusia, y punto.
¿Qué leches se me ha perdido a mí en Siberia, de todas maneras? ¿Qué leches se le puede perder a nadie allí, a parte de la percepción sensorial, a causa del pu[CENSORED]to frío que hace?
Aunque bien pensado... A Fashion Victim sí, pero sólo por el Vodka, no se crean.
La casita de muñecas.
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(Elvis Presley. A little less conversation -remixed).
Después de convencer a dos o tres especialistas, hace mucho tiempo, de que mi rebeldía/falta de madurez no se debía al hecho de que mi Sra. Madre no me hubiera dejado jugar con muñecas de pequeña, sino al mero hecho de que tenía diecisiete años, ergo derecho de sobras a ser todo lo rebelde que me pidiera el cuerpo, va y resulta que no. Que a mis veintiocho, aún me gusta jugar con muñecas. Señal de carencias infantiles, sin duda.
De entre los innumerables juegos de la Playstation 2 que existen, el que más me gusta (después del GTA 4, eso sí) es el de los Sims 2.
Sé que esta confesión me puede costar la blogovida, pero si me quiero dedicar a ponerle pegas al resto del mundo, tengo que empezar por publicar las mías propias, ¿no?
Bien. Mi historia con los Sims 2 empezó hace dos años, una tarde en que una alumna adolescente nos explicó el juego, en una de esas sesiones de "vamos a hablar en inglés". A mí aquello me metió una curiosidad en el cuerpo que para qué contar, pero me consideré demasiado mayor para ni adentrarme en tal mundillo electrónico.
Dos años después, mírenme.
Entro, diseño personajes, destrozo la casa antes existente, monto la mía propia, meto personajes, y hala. A jugar a las muñecas.
Llevo unas tres semanas así. Cuando acabo de traducir (es decir, cuando ya no me salen ni los tiempos verbales en catalán) voy directa a la PS2 (esto va a poner muy contenta a la de la óptica, la de al lado del Chino de Abajo, que se va a forrar conmigo, a este paso).
Jugar, en realidad, es un rollo, porque tienes que ir al lavabo todo el rato (o mearte en medio del salón, lo cual conlleva tener que ir a ducharte y fregar el suelo, que es un doble rollo y entonces ya no puedes realizar tus aspiraciones).
Tienes que cocinar, tienes que ver la tele o bailar, para divertirte (o más cosas, según lo que hayas comprado para la casa). Es decir, tienes que hacer un montón de cosas que a mí me dan un palo del carajo incluso en la vida real, con lo que no voy a pasar mis ratos de ocio haciéndolas virtualmente, ¿no?
Suerte que para eso se inventó el cheating (acción consistente en mamoneo de botoncitos, tras profunda investigación internauta, para conseguir todos los niveles de habilidades, pipis, cacas, horas de sueño etcétera, sin tener que pasarte años yendo y viniendo del WC) En cuanto a las relaciones sociales, tres cuartos de lo mismo. Hay que pasarse diez horas de estiras y aflojas para llegar a hacerte algún amigo, amiga, novio o novia. Vas haciendo cosas para relacionarte con los personajes y te van quitando o poniendo puntos, lo cual me está haciendo pensar que la gente que ha creado este juego recibe importante patrocinio de todas las empresas distribuidoras de fluoxetina, porque las crisis de ansiedad que te pegan al ver que estás intentando hacerte amiga de un capullo de enciclopedia son de órdago. Venga a hablar, venga a hablar, y nada, oyes.
estuve evitándolo durante un tiempo, lo de buscar las trampas. Resultado: llegué a uno de esos puntos de engorde de "a tomarporccccc....", y así, me he hecho con las trampas, y he conseguido a mis Sims toda la pasta que les da la gana, los niveles más altos de habilidad en todo y pueden dedicarse a lo realmente importante, que es el curro y la vida social.
(Soy consciente de lo triste que es mi vida, no se preocupen).
Sin embargo, jugar no es lo más interesante del juego. Lo que más me gusta es montarlo (además, para cuando lo has montado, ya no tienes ni ganas de jugar) Montarlo es como un viaje a Ikea de gratis. Puedes conseguir desde paredes hasta el electrodoméstico más absurdo, pasando por instrumentos musicales, telescopios, plantas, pecera (te comes los peces) y un interminable etcétera, de los dos catálogos que te dan.
Para muestra, una sim-biótica (la que escribe).
Ahora mismo tengo en la tarjeta de memoria:
casa 1: Clarice Starling y Hannibal Lecter. Los tengo casi enrollaos. Me salió un Hannibal casi impecable, en serio, con su pelo cortísimo y blanco, su barriguilla y su cara de psicópata peligroso.
casa 2: Thelma y Louise. Compañeras de piso y residentes en pedazo mansión. Son unas pelandruscas, para qué negarlo, pero al menos Thelma se gana una pasta pintando y vendiendo cuadros. Louise es Leo y ni tira de la cadena cuando va al baño (lo cual me provocó una crisis de orgullo Leo que no les cuento). Un consejo, si deciden jugar sin trampas: nunca acepten la opciñon Leo ,cójanlos escorpio o virgo, que son más activos (no necesitan dormir tanto) y tiran solos de la cadena. Eh, que conste que aquí una que escribe es Leo, que no intento criticar a nadie.
casa 3: Lara Croft, con aún más pasta que Thelma y Louise, viviendo sola y tirándose a cada tío que pasa por la calle, cuando vuelve del trabajo. (Trabaja en una especie de laboratorio médico o algo así, fregando suelos. Me encanta ver a Lara Croft fregando suelos, resulta exhilarante, ¿no creen?).
casa 4: Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Los casé la otra noche e immediatamente después intenté que Simone se tirara a una de sus amigas, en homenaje a la Simone de verdad. No funcionó, porque por más que Simone me haya quedado perfecta, las sims que te vienen dadas son todas unas estrechas. Así que le busqué un amante masculino, que (oh, porca miseria) había, previamente, comido algo en mal estado y se fue a vomitar, en vez de seguirla hasta la habitación. Qué paciencia hay que tener en este juego para conseguir algo, dioses.
casa 5: Craig y yo. Craig se diseñó su propio personaje, así que no se extrañen de que el muy freak lleve una americana beige con pajarita y sin nada debajo. Mi Aldara es más normalita.
casa 6: Julia Roberts y Vin Diesel. Una casa preciosa, con patio interior y todo. Julia Roberts tiene como tres o cuatro amigos con derecho a roce, aunque Vin es su amante oficial, y a su vez Vin sale por las noches como un gato en celo, a tirarse a Lara Croft.
Si esto no es jugar a las muñecas, que venga alguien y me lo explique.
Lo que más me llega a gustar de este quehacer tan dulcemente trivial no es el culebrón que se monta. De hecho, una noche estuve a punto de dejarlo, de puro aburrimiento... pero tiene un plus enorme, y es que finalmente puedo decir que tengo una casa con piano.
Pulling the plug.
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(Duncan Dhu. No puedo evitar pensar en ti).
ESTADO ACTUAL DE LA SITUACIÓN:
1. De autocabreo. Muy en mi línea, diría yo.
Durante toda mi vida, he tenido que oir a mi Sra Madre, a mi profesora de piano, a mi hermano, a mis compañeras del colegio y a un sinfín de gente repitiéndome la suerte que tenía de tener buena capacidad de retentiva.
Esas cualidades con las que nacemos (ya sean una buena memoria, flexibilidad, creatividad, mano izquierda para tratar con la gente, buena traza para la cocina o cerebro suficiente como para resolver problemas matemáticos...) siempre traen efectos secundarios, sin embargo.
En mi caso, tener buena memoria ahora mismo es un "rollo repollo". (Citando al Ilustrísimo Manolito Gafotas). Si no tuviera buena memoria para las cosas que hace falta olvidar, las olvidaría. Claro que si no las olvido, es porque necesito recordarlas. Cuando necesitas evadirte de la realidad y tu imaginación ya no te sirve, echas mano de esos recuerdos felices que sabes que te van a poner una sonrisa entre mejilla y mejilla, a pesar de las ganas de llorar que te entran, al cabo de dos minutos escasos de sonreir.
En fin, creo que lo que quiero decir es, (con toda la necedad posible, soy consciente de ello) que a veces hay que desaprender trozos de vida. Borrarlos, porque intentar recordar sin que duelan es demasiado dificil.
Como te decía ayer, o antes de ayer, si sabes que no eres capaz de tener chocolate en casa y no comértelo, no lo compres y punto. Así, se corta el problema de raíz.
Claro que no puedo (por más que lo haga contínuamente, al frivolizar) comparar el chocolate a un ser querido, o a un ser despreciado y querido, o a un ser decepcionante y querido... pero me parecía un buen ejemplo, y lo voy a dejar antes de cambiar de opinión y borrar y re-escribir mil setecientas veces.
Lo que está claro, a estas alturas, es que necesito pasar por el taller a arreglarme el starter.
COSAS POR APRENDER:
1. Discernir entre las cosas que merece la pena olvidar y las que no.
2. Olvidar las que sí.
3. Disfrutar de las que no.
4. Saber decir que no.
5. Saber despedirse con elegancia y dignidad.
6. Entregar las cochinas traducciones a tiempo (esta no venía mucho al caso, pero ahora mismo me urge más que cualquier delirio sinfónico).
Era dulce llorarla.
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(Hallelujah. Rufus Wainwright).
I have been made so miserable
by what you are keeping hushed...
(Djuna Barnes
Nightwood, 1936)
Gertrude salpica de uñas la guitarra vieja, buscando el acorde que le falta. Siempre falta el acorde, el único que es capaz de cambiar el cinismo en llanto sincero, el llanto sincero en una bombilla azul, la bombilla azul en frío y todo en un cuadro de cielos rotos, en menos de tres minutos de canción.
Siempre es ese acorde el que falta, y antes se vanagloriaba de saber encontrarlo.
Ahora no.
Ahora Gertrude se vacía los dedos de notas vacías, y se llena la frente de interrogantes sumisos que luego flotan como globos de helio, hasta tapar el techo; la lámpara de la habitación.
Sobre la cama aún deshecha, se tumba a llorarse a si misma un rato.
¿Quién era Florence, después de todo? Nunca hablaba por voluntad propia; nunca dibujaba con palabras las cosas que importan, las cosas que salen después de tres horas rebuscando en el armario.
O es, acaso, que se repitió tantas veces que Florence era la mujer de su vida, que se lo creyó sin más, sin consultar, sin abrir las orejas ni los ojos.
Y mientras tanto, Florence no sabía si quiera quién era, ni dónde buscarse.
O es que en realidad quería hacer de Florence la mujer de su vida, sin analizar, sin saber, sin querer.
Y mientras tanto, no ir en busca de mil coños de un día, tedio, miradas rituales, círculos claustrofóbicos de bocas y tetas desconocidas y gratuitas.
¡Pero qué dulce era llorarla! Quería quererla tanto, que fuera diosa, escoba, gallina o purgatorio se deleitaba añorándola, estancada en el mismo compás.
Florence no la había dejado, siquiera.
O sí.
O se habían dejado mútuamente a si mismas.
O era una parte oscura del ciclo de irremediable llanto cíclico .
¿Qué más daba? Era dulce llorarla, mientras Florence no estaba, porque se había ido, tumbada sobre la misma cama, a su lado.
Florence iba y venía, Gertrude la seguía con una zanahoria que Florence olía con precaución. A veces se acercaba, pero nunca se desabrochaba el muro que llevaba puesto.
Qué dulce era llorarla, para saberse viva al saberse triste, mientras contemplaba el vaivén del desastre hecho Florence. Qué dulce era anclarse en la dureza de una vida juntas que Florence había rasgado desde el primer capítulo.
She tied you to a kitchen chair
She broke your throne, and she cut your hair
And from your lips she drew the hallelujah...
Qué dulce era no darse cuenta de que tenerla no era el objetivo, sino el temor. Qué dulce era el amor tan roto, el amor tan frío, el amor poético de versos que no rimaban ni consigo mismos.
Se incorporó, en busca de pañuelos. Se dio casi de bruces con el espejo, que le dijo que se habían acabado los pañuelos, pero que no se preocupara, porque tampoco le quedaban lágrimas.
Pensó que al menos, era una buena ecuación.
Luego se aburrió, de saberse estucada a los puntos de la pared, y volvió a ceñirse la guitarra al pecho.
Después de una vida entera sin Florence y menos de un minuto, encontró el acorde.
A lavandeira da noite
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(Noa & Carlos Nuñez. A lavandeira da noite).
Hoy no me gusta y me disgusta, a partes iguales. Porque es un día triste. Porque hoy se cumplen años de la muerte de quien fue la persona más importante de mi vida, y no se pueden tener dos personas más importantes en una vida.
Ya he hablado de ella anteriormente. Fue mi confesora, mi mentora emocional, mi filósofa preferida, mi cuentacuentos de realidades pasadas, mi guía espiritual, académica, hedonística. Mi todo, que se evaporó una mañana de viernes maldita, sobre el césped de un jardín. Y entre desmayo y desmayo, aún tuve que oir a un ciento de sufridores gallegos repitiéndome que diera las gracias a Dios por habérsela llevado sin dolor, sin entender que para dar gracias, primero tienes que perdonar.
Hoy hace años de aquello y creo en Dios más que nunca, por enseñarme la lección más grande de mi vida: no quieras tanto. No necesites a nadie, y si no tienes más remedio porque tu debilidad, o tu ingenuidad, te fuerzan, al menos intenta no darte cuenta de cuánto les quieres ni de cuánto los necesitas.
Ella fue la flor, la vela y la silla que faltó en mi boda, y me jode sobremanera que venga alguien a decirme "no te preocupes, seguro que miraba desde allá arriba". Arriba dónde coño es, que no he vuelto a verla desde que se fue.
Y por qué me dieron veintiún años para quererla, adorarla, admirarla, necesitarla con una violencia amorosa y un egoísmo atroz, si me lo iban a quitar todo justo cuando más consciente era de cuánto significaba en mi vida. Todo.
Nada explica semejante injusticia. Durante un tiempo, estuve enfadada con ella; hasta que me di cuenta de que ella quería irse, de que llevaba muchos años queriendo irse, pero no haciéndolo por no dejarme sola. Por no dejarnos solas a mi madre y a mí, la una con la otra.
Luego, entre desmayos, seguía oyendo a la gente repetirme que el tiempo todo lo cura. Y una puta mierda. Una buena señal de ello es que sigo pensando en ella y llorando sus silencios con la misma frecuencia que aquel primer día, en su casa, rodeada de sus cosas, pero sin ver su cara por ninguna parte.
No hay consuelo para eso. No hay palabras que me pueda decir nadie, para convencerme de que ella está ahí, de que hay un cielo como si fuera una escapada turística.
Sólo hay una lección. Y me parece irónico que fuera precisamente ella la que me repitiera una y otra vez la misma frase: "No puedes controlar el hecho de tener unos sentimientos, pero sí que puedes controlar esos sentimientos". Y quizá de ahí el estado anestético de mis pasiones, y el no ilusionarme profundamente con nada ni con nadie, por si acaso.
Hoy no es un buen día para escribir. En momentos de debilidad, me la imagino como ella se describía cuando me explicaba sus días de juventud; llevando la ropa al lavadero común de la aldea, donde las mujeres se reunían para lavar, hablar y contarse noticias de los maridos, padres y hermanos en la emigración.
Ella estudiaba siempre. Estudiaba a los seres humanos y los hacía girar y moverse, siempre como ella quería, pero siempre para la felicidad de todos.
De noche, aún, la veo muchas veces en aquel lavadero de piedra, que ahora ha desaparecido, como ella.





